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domingo, 29 de agosto de 2010

Fuenteovejuna (Compañía Antonio Gades, Teatro Jovellanos, Gijón 2010)



Dentro de la programación de danza del gijonés Teatro Jovellanos, el pasado día 28, se pudo ver la que fue la última coreografía de Antonio Gades, y que no es otra que la traslación al lenguaje de la danza de la historia de Fuenteovejuna, ese pueblo cordobés que durante el reinado de los Reyes Católicos se levantó contra los abusos del comendador, y que narró de forma tan genial Lope de Vega.

La obra se estrenó en la Ópera Carlo Felice de la ciudad italiana de Génova en diciembre de 1994, y al año siguiente se pudo ver en el Teatro de La Maestranza en Sevilla, y ahora la Fundación Antonio Gades, de la mano de la directora artística Stella Araúzo, que formaba parte del elenco de bailarines de esta obra en 1994, ha recuperado la coreografía original.

Un montaje que transcurre sin interrupciones, con un ritmo fluido, con las transiciones ocurriendo de una forma natural, sin estridencias, donde todo ocurre con naturalidad, con sencillez al servicio de una historia de fuertes sentimientos en la que nos encontramos con el amor, con la rabia, la fuerza, la rebeldía, también con la resignación y con una gran solidaridad entre los miembros de un pueblo que deciden poner fin, todos a una, a los abusos.


Y en eso las mujeres tienen un papel fundamental, ya que son ellas las que impulsan a todo el pueblo a actuar, a no permanecer impasibles ante un comendador canalla que piensa que es omnipotente y que los campesinos sólo tienen que obedecer y resignarse.

Cada estampa tiene su propia música, y así nos encontramos con canciones de trabajo, con jotas, guitarras andaluzas, percusiones, la música de Modest Mussorgsky o el romance asturiano Ay un galán de esta villa. Músicas y ritmos de distintas esquinas de este país para acompañar a unos bailarines que rayan a gran altura, algo especialmente palpable en los cuatro protagonistas principales: Cristina Carnero (Laurencia), Ángel Gil (Frondoso), Alberto Ferrero (Alcalde) y Joaquín Mulero (Comendador).


La única pega vino por la parte de uno de los cantaores que no tenía la garganta en perfectas condiciones, y dejó escapar unos gallos espantosos, poniendo el único lugar a una obra por lo demás redonda y llena de grandes momentos, como las estampas que nos regalaron a los espectadores a modo de saludo, con los bailarines componiendo una suerte de fotografías fijas de algunos de los momentos cumbre de la historia.

martes, 14 de agosto de 2007

Adiós hermano cruel (Julio Bocca)



Ensayo de Adiós hermano cruel. Julio Bocca y Eleonora Cassano.

Dos años lleva el extraordinario bailarín argentino Julio Bocca retirándose de los escenarios. Gira de despedida que le trajo hasta el Teatro Jovellanos de Gijón. El adiós definitivo será el próximo 22 de diciembre con un espectáculo al aire libre en la capital argentina.

Antes de eso nos dejó en la memoria los últimos coletazos de un genio, los últimos dibujos en el aire, la magia efímera de un espectáculo en el que los bailarines se vuelven ingrávidos en medio de una escenografía de luz que libera todo el espacio para dejar vía libre a la tragedia, para teñirse de color sangre en la culminación de una tragedia de incesto, venganza y muerte.

La historia está basada en la película del mismo título del italiano Giuseppe Patroni Griffi (1972), quien, a su vez, toma el argumento de una tragedia de los tiempos isabelinos, que se desarrolla en la ciudad de Mantua durante el Renacimiento titulado Pitty she is a whore (Lástima que sea una puta) de John Ford (1633).

Marco (Julio Bocca) y Lucía (Cecilia Figaredo) son hermanos, y Franco (Lucas Oliva) y Pedro (Lucas Segovia) son sus amigos. Forman un grupo de amigos que comparten juegos hasta que la vida les hace cambiar los caminos. Marcos irá por las letras, Franco por las armas y Pedro por la religión. Al paso de 10 años se produce el reencuentro, y Marco y Lucía descubren que aquella primera pasión adolescente se ha convertido en un amor adulto que finalmente consuman con el resultado del embarazo de Lucía.

Su padre le exige que se case y elegirá a Franco, enamorado de ella desde siempre; pero Franco descubre que ella no es virgen y además está embarazada lo que desatará su cólera. La única salida que queda a los amantes, en virtud de un viejo juramento, es que Marco quite la vida a su hermana. Luego reconocerá su acción ante la familia lo que desencadena la tragedia cuando Franco decida vengarse en toda la familia dejando a Marco para el final. Sobre un fondo de muerte y desolación, el pasado viene a atormentarle.

Todos los ingredientes de las tragedias de Shakespeare se dan cita en este espectáculo: amores imposibles, celos, venganza y muerte. No hay esperanza para los amantes y las heridas del orgullo sólo se pueden lavar con sangre, el honor pide una satisfacción en un ambiente de reminiscencias medievales. En un espacio etéreo, hecho de luz proyectada sobre el fondo con un diseño muy cuidadoso y que nos sumerge con total eficacia en el ambiente de cada escena.

Escenas en las que la belleza, amable o dramática, está siempre presente gracias a los cuerpos de los bailarines que logran transmitir, sin palabras, toda la emoción y la tragedia de una historia que está más allá del reino de las palabras, al otro lado de la frontera en la que solo los cuerpos tienen capacidad para contar. Las palabras son innecesarias, inútiles, ante unos cuerpos que rompen el aire siguiendo la música de Lito Vitale.

Los cuerpos se hicieron aire y tierra, elevándonos a los espectadores a un mundo de pasiones desatadas, en estado puro, sin matices, con la mirada flotando por encima de esos oscuros abismos en los que laten los instintos más primarios, aquellos en los que el amor y el odio más intensos se tocan, se confunden, comparten fuerza y expresión.

Al final la tragedia se consuma con toda su crudeza y el recuerdo del pasado feliz lo llena todo de una pesadumbre infinita. El telón se cierra y un coro de aplausos rubrica el éxito, y nos marca el camino del regreso.

Sos grande don Julio.



Tango. Carlos Saura. Bailan Julio Bocca y Carlos Rivarola.