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viernes, 10 de agosto de 2007

Circo del Sol. Alegría


Hace ocho años el Circo del Sol se presentaba en nuestro país, concretamente en Madrid, con su espectáculo Alegría, el mismo con el que está cerrando la gira europea en Gijón (con la inclusión de dos números nuevos en relación a aquel primero), donde estará hasta el próximo día 26, para luego dar el salto al continente iberoamericano.

Alegría es un espectáculo que busca recuperar la esencia tradicional del circo, a excepción de los animales, con números de acrobacia, contorsionismo y malabarismo, sin que falten los imprescindibles payasos, los personajes que tienen más que ver con el teatro y la música en directo.

Un montaje en el que el aire parece tomar la forma humana, donde lo que nos parece posible se torna real, y en el que la magia toma carta de naturaleza buscando que los espectadores nos traslademos a aquellos cuentos en los que la Dama de las Nieves aparece de blanco virginal y casi convertida en una muñeca de caja de música, con su contrapunto en la Dama de la Noche, siempre entre las sombras proyectando su imagen inquietante desde la distancia.
En un engarce sin fisuras entre los distintos números, los payasos tienen una presencia fundamental, con una pareja que juega como lo hacen los niños, desplegando un sentido del humor capaz de parodiar a todo y a todos, espectadores incluidos, alcanzando momentos realmente divertidísimos y tiernos al mismo tiempo. Magia en estado puro cuando un caballo-cebra de peluche se niega a seguir siendo gobernado por el humano, y se planta, y dice no a saltar un ridículo obstáculo. Dice no, rehúsa, toma sus decisiones y causa el regocijo general.

Aviones de papel de ida y vuelta, llevan y traen sueños etéreos también hechos del aire que los sustenta, y que sirve para recordarnos lo estúpido de vanagloriarse de nada porque siempre habrá alguien que tenga un avión más grande. También metáfora de un viaje que cabe en una gran maleta, mientras el sonido de un tren se va acercando y marca el ritmo de la despedida, de un adiós porque todo lo que empieza tiene un final. Y entonces llega el frío y una nieve de papelitos invade el escenario y las butacas, se oscurece con luz invernal, mientras el viento sopla y crea una atmósfera surrealista en una noche de agosto.

Fleur, un jorobado agarrado a su bastón y seguido por una cortejo que parece salido de una más qeu barroquizante corte versallesca, ejerce de silencioso maestro de ceremonias, de personaje que se mueve al límite de la maldad, mientras las luz toma cuerpo y acróbatas, contorsionistas y malabaristas asombran con su sublime habilidad. Destaca con luz propia el número de barras rusas (unas barras de un material elástico, sostenidas por dos personas, de 10 centímetros de ancho al igual que las barras de gimnasia) sobre las que ejecutan acrobacias de una dificultad máxima rompiendo el aire con posturas de enorme plasticidad y belleza.

La música en directo viene a subrayar cada uno de los momentos por los que pasa el espectáculo, con temas que tienen que ver con el jazz, el tango, el pop o la música judía de la Europa Oriental, con las Damas poniendo sus voces a unas letras construidas en base a sonidos más que a palabras.

Alegría es el segundo de los espectáculos que el Circo del Sol trae a Gijón, después de que hace unos años viniera con Saltimbanco, un montaje para mi gusto mucho más atractivo visualmente, más teatral en el sentido de que los personajes que no intervienen en los números tenían una presencia mucho mayor, e incluso musicalmente era más brillante, sin que eso suponga que Alegría no sea un espectáculo que no merezca la pena ir a ver. Ni mucho menos.

Pasen y vean el maravilloso mundo del circo.