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lunes, 10 de agosto de 2015

Lili Dujorie: El cuerpo como acción la imagen como palabra


Amerikaans Imperialisme, 1972.

La frase completa de la que extraigo la que utilizo para titular este artículo, dice: “Ella intenta crear un lenguaje artístico consistente a través de la exploración de nuevos caminos utilizando el cuerpo como acción, la imagen como palabra”. Y es que esta artista belga, nacida en 1941, no solo utiliza el cuerpo como acción sino que busca, al mismo tiempo, la acción del cuerpo.

Caresse l'horizon de la nuit, 1983.

Eso lo hace en una serie de obras en formato de vídeo, realizados en los albores de esa técnica de grabación, que hoy se han convertido en auténticos hitos para comprender la evolución posterior del uso artístico del vídeo. Unas obras a las que Dujorie presta su cuerpo desnudo a la acción, al uso autocomprensivo de las distintas partes que forman un todo único, al mismo tiempo que la artista se convierte en actriz y espectadora a la vez.

Jeu de Dames, 1987.

El hecho de ser mujer y de haber nacido en un país tan pequeño como Bélgica, no fueron precisamente dos factores que contribuyeran a la difusión de su obra, obligándola a hacer un esfuerzo extra para ver su nombre puesto al mismo nivel que el de sus compañeros masculinos, especialmente en unos años en los que la abstracción norteamericana de postguerra se estaba imponiendo con fuerza, y ese era un coto masculino.

Passion de l'été pour l'hiver (Oostende), 1981.

Consideraciones de género al margen, de lo que no puede sustraerse Dujorie es del pasado artístico de los Países Bajos, y así es fácil descubrir en sus obras reminiscencias de algunos de los pintores flamencos más relevantes de los tiempos medievales, renacentistas o barrocos, en una serie de trabajos en los cuales la artista rompe las barreras entre escultura y pintura, remarcando la teatralidad de sus montajes y la propia solidez de los materiales que utiliza.

Maagdendale, 1982.

Son obras nacidas con el fin de crear un vínculo intelectual y sensorial con el espectador, a través de una crítica o reflexión sobre las categorías tradicionales del arte. Ya desde sus primeras esculturas de los años 60, entronca en cierta medida con los postulados del minimal o del povera, para pasar en los 70 al formato vídeo y en los 80, a las grandes instalaciones escultóricas, dicho todo esto con gran precipitación.

La Traviata, 1984.

Lo que nunca deja de lado son los aspectos decorativos y ornamentales de su obra, trabajando para potenciar los aspectos sensoriales y sensuales del material que utilice, planteando una suerte de tensión entre pintura y escultura, resuelto felizmente en un diálogo fructífero para ambas, y la presencia física que tienen sus obras en correlación con el espacio que las alberga para generar una relación intelectual con el espectador, una conversación entre el arte del pasado y el actual

 Más información: Museo Reina Sofía, Galerie Micheline Szwajcer [en], Wikipedia [en], Mu.Zee [en], Afterall [en].

jueves, 4 de junio de 2015

Katia Kameli, la artista multicultural


Rebeldes.

Creadora francoargelina radicada en París, Katia Kameli utiliza la fotografía, el video, las instalaciones y el dibujo para desarrollar su talento artístico. Las dos primeras técnicas son las más utilizadas por Kameli, como ella misma ha explicado alguna vez, por razones de espacio ya que su estudio no tiene capacidad para albergar la creación de obras de gran formato.




De todas formas el video, primero en Súper 8, siempre ha sido el medio más utilizado por Kameli, seguidora en buena medida de algunos de los postulados de la Internacional Situacionista, fundada por el francés Guy Debord en 1957, sobre la base de que la situación era la parte fundamental, esa en la cual los individuos asumen un papel activo en la explicación del territorio en el que desarrollan su existencia.




De esa forma Kameli busca en los barrios de Marsella o en las calles argelinas, esos espacios mestizos, esos lugares en los que tradición y modernidad se dan la mano, barrios fronterizos en permanente proceso de aculturación, de superposición de formas contemporáneas con las más profundas tradiciones, lugares de personalidades efímeras, siempre en cambio, que no terminan de ser ni una cosa ni otra, sino que alumbran una nueva realidad.





Eso se debe “a mi propia historia, porque siempre he viajado mucho, he conocido muchos países y nunca me he sentido atada a una única región, y eso se ve reflejado en mi trabajo”, según reconocía la propia artista en una entrevista de 2008.


Aicha.

Más información: Taymour Grahne [en], Delfina Foundation [en], Universe.org [en].