lunes, 17 de marzo de 2014

John Boutté: La voz de Nueva Orleans.


Son muchos los descubrimientos musicales que depara la serie televisiva de la HBO norteamericana Treme (1ª Temporada, 2ª Temporada), ambientada en la ciudad de Nueva Orleans que lucha por recuperarse del paso del huracán Katrina, y en la que la música brilla con una intensidad absolutamente maravillosa. Cada capítulo es una auténtica lección sonora acerca de la riqueza musical que alberga la ciudad, y a la que se agarra con todo lo que puede para recuperar el esplendor que el Katrina pugnó por llevarse por delante.

Una de esas sorpresas, al menos para mí, es la voz de John Boutté (Nueva Orleans, 1958), que realiza varios cameos en la serie además de ser el autor de la canción que abre todos y cada uno de los episodios. Un tema que se le ocurrió mientras veía pasar por delante de su casa una de esas comitivas fúnebres tradicionales acompañadas por una banda de música.


Y es que John Boutté es un típico fruto musical de Nueva Orleans, una ciudad en la que la música se empieza a aprender en unas calles en las que lo mismo cabe el gospel, que el jazz, el blues, los ritmos hispanos, el country y así hasta el infinito. En los patios y en las segundas líneas fue donde Boutté hizo sus primeros pinitos musicales, además de formar parte de la sección de viento de la banda de su instituto.

Después de pasar por la Universidad, se enroló en el ejército como una forma de devolver el préstamo de estudios y estuvo destinado en Corea del Sur, en la llamada zona desmilitarizadas que separa las dos Coreas, y ahí fue, paradójicamente, donde adquirió una conciencia musical definitiva para terminar regresando a los Estados Unidos, concretamente a su ciudad natal donde sigue viviendo muy cerca de la casa donde nació, para empezar una carrera como músico profesional.


Otra parte de la formación musical de Boutté, fue la iglesia y los coros gospel, pieza fundamental en los cultos. A toda esa base, nuestro protagonista sumará a figuras como Stevie Wonder (de hecho será éste quien le anime a iniciar su carrera profesional), Marvin Gaye, Roberta Flack o Allen Toussain, entre otros, incluidas dos de sus hermanas, Lillian y Lorna.

Fiel a una forma personal de entender la industria musical, Boutté ha ido desarrollando su carrera artística en sellos pequeños, que le permiten tener un control grande sobre su música, y con Nueva Orleans siempre como punto de referencia, una ciudad en la que el título de “músico callejero” está lleno de dignidad. Como ha dejado dicho el propio músico “vivir en Nueva Orleans y encontrarme con el público que viene a mis conciertos allí, es menos estresante y un mejor modelo de negocio.”

Una de las anclas culturales a las que se agarraron los habitantes de una Nueva Orleans post huracán, fue precisamente la de Boutté, como ha dejado narrado un periodista norteamericano que vio como un grupo de personas golpeadas por la tragedia, en un momento determinado, empezaron a cantar una de sus canciones, y al poco rato estaban dando palmas y sus estados de ánimo habían cambiado radicalmente.


Relación que Boutté ha devuelto en forma de canciones que tienen al huracán como protagonista, como ha hecho con un tema que Randy Newman dedicó al huracán que golpeó el estado de Louisiana en 1927. Su manera particular de devolver a la ciudad un poco de lo mucho que ha recibido de ella.


Más información: Inside Treme [en], Wikipedia [en], Best of New Orleans [en].

miércoles, 12 de marzo de 2014

Sophie Taeuber-Arp: La artista oscurecida

Círculos y líneas, 1932.

“Su asombrosa aportación consiste en terminar con los enfrentamientos entre las diferentes formas de concebir el arte y entre sus soportes. No olvidemos que con ella no existían las artes menores. Sus tapices, trajes o muebles tenían el mismo tratamiento que sus cuadros o esculturas. ¿Por qué un figurativo no puede ser abstracto?, ¿por qué trabajar con arpillera es menos noble que hacerlo con el lienzo? Ella acaba con esos enfrentamientos y, lo más importante, logra que su punto de vista sea entendido por su entorno. De hecho, ella lo concilia todo: arquitectura, baile, fotografía…”.

Composición con círculos, 1937.

Palabras de la comisaria artística Estrella de Diego para hacernos una primera idea de la talla artística que alcanzó la suiza Sophie Taeuber-Arp (Davos, 1889- Zurich, 1943). Una artista capaz de moverse con soltura en el mundo de la danza, las marionetas, la pintura, la fotografía, la escultura, el diseño de vestuario y de interiores, e incluso la arquitectura.

Composición con círculos y ángulos rectos, 1930.

Estamos ante una mujer que fue capaz de romper los moldes sociales de la época, gracias a la posibilidad que tuvo de estudiar en las principales instituciones artísticas del momento. Última de una familia de cinco hermanos, su padre, farmacéutico prusiano, falleció cuando tenía dos años de edad, y su madre sacó adelante a la familia abriendo una pensión.

Cabeza Dadá, 1920.

Después de haber estudiado en Zurich, Sophie Taeuber lo hizo en Munich y Hamburgo, además de recibir clases de danza de Rudolf Laban, cuya base de enseñanza se centraba en que sus alumnos bailaran con total libertad, sin pasos preconcebidos. Una enseñanza basada en la libertad que Sophie llevará con todas sus consecuencias al campo del arte, desarrollando una carrera determinada por la conjunción de estilos y por mostrar una clara personalidad, más allá de su natural reserva y timidez.

Círculos dinámicos, 1934.

Su trabajo con el textil es otra de las claves a la hora de entender sus otras obras artísticas, y ello se reflejará tanto en la forma de sus cuadros como en los elementos abstractos que le sirven, con muy poco, como un vehículo de transmisión de su visión del mundo.

Guardias militares, 1918.

Integrada en el movimiento dadá afincado en Zurich, conocerá al que luego será su marido, el también artista Hans Arp, con el que establecerá, además de la sentimental, una gran complicidad artística con el desarrollo de obras conjuntas. A lo largo de su corta vida, truncada por le inhalación de gas procedente de una mala combustión en una estufa, Sophie Taeuber hizo aportaciones determinantes al movimiento Dadá, pero también al Constructivismo, al Surrealismo, a todo ese amplio espectro de vanguardia geométrica desarrollado en el periodo de entreguerras.

Composición horizontal y vertical, 1916.


Un tanto oscurecida por su propia timidez, por la obra de su marido, y por su condición de mujer, a nada que se analice la obra de Sophie Taeuber o se conozca la opinión que de ella tenían alguno de sus contemporáneos, nos damos cuenta de que nos encontramos ante una de las figuras cumbre de aquellos fértiles años 20 y 30, nacidos de una tragedia y que iban camino de otra aún mayor.