martes, 8 de mayo de 2007

Eduardo Galeano


Mensaje a los padres

Hoy en día, la gente ya no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley… La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas.

(Declaraciones de Al Capone al periodista Cornelius Vanderbilt Jr. Entrevista publicada en la revista Liberty el 17 de octubre de 1931, unos días antes que Al Capone marchara preso.)

Mundo infantil

Hay que tener mucho cuidado al cruzar la calle, explicaba el educador colombiano Gustavo Wilches a un grupo de niños:
- Aunque haya luz verde, nunca vayan a cruzar sin mirar a un lado, y después al otro.
Y Wilches contó a los niños que una vez un automóvil lo había atropellado y lo había dejado tumbado en medio de la calle. Evocando aquel desastre que casi le costó la vida, Wilches frunció la cara. Pero los niños preguntaron:
- ¿De qué marca era el auto? ¿Tenía aire acondicionado? ¿Y techo solar eléctrico? ¿Tenía faros antiniebla? ¿De cuántos cilindros era el motor?

La fuga / 1

Charlando con un enjambre de niños de la calle, de esos que se trepan a los autobuses en ciudad de México, la periodista Karina Avilés les preguntó por las drogas.
- Me siento muy bien, me quito de los problemas – dijo uno.
- Cuando bajo a lo que soy –dijo-, me siento encerrado como un pajarito.
Esos niños eran habitualmente acosados por los policías y los perros de la Central Camionera del Norte. El gerente general de la empresa declaró a la periodista:
- No dejamos que los niños se mueran porque, de alguna manera, son humanos.

La fuga / 2

En las calles de México, una niña inhala tolueno, solubles, pegamentos o lo que sea. Pasada la tembladera, cuenta:
- Yo aluciné al Diablo, o sea que se me metía el Diablo y en eso, ¡pus!, quedé en la orillita, ya me iba a aventar, de ocho pisos era el edificio y ya me iba yo a aventar, pero en eso se me fue mi alucín, se me salió el Diablo. El alucín que más me ha gustado es cuando se me apareció la Virgencita de Guadalupe. Dos veces la aluciné.

La excepción

Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fútbol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerao, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro tiempo en el norte.

Textos extraídos del libro Patas arriba (La escuela del mundo al revés) de Eduardo Galeano. La primera edición es de noviembre de 1998. Siglo XXI de España Editores S.A.

lunes, 7 de mayo de 2007

Gilda (Charles Vidor, 1946) (I)

Gilda es un guante que se quita con sensualidad. Gilda es una bofetada. Gilda es una canción. Gilda es la historia de dos seres atrapados. Gilda es un drama pasional. Gilda es alguien que tiene problemas con las cremalleras. Gilda es alguien que ama. Gilda es… Rita Hayworth (“Los hombres se acuestan con Gilda pero se levantan con Rita”, llegará a decir con un deje amargo.)

La química que pusieron en pie Rita y Glenn Ford (Johnny Farrel) en esta película la elevaron al Walhalla de los títulos imprescindibles de la historia del cine. Ellos dan vida a dos personajes enamorados el uno del otro hasta el tuétano, tan profundamente que en ocasiones creen odiarse, porque es sabido que los extremos se tocan, y los amores más profundos y los odios más profundos tienen formulaciones que a veces dificultan conocer donde está la frontera.

Son dos personajes a la deriva “rescatados” por el mismo hombre, Ballin Mundson (George Macready), quien será, a su pesar, el catalizador de la nueva toma de contacto entre Gilda y Johnny, después de una tormentosa separación de la que nada sabemos de las causas. Sólo sabemos que la distancia en este caso no es el olvido, sino que los rescoldos del incendio siguen ahí, esperando un mínimo soplo de aire para volver a devastarlo todo con la mayor de las virulencias.

La relación está plagada de emociones, a veces contradictorias, de reproches, resentimiento, pero también de sentimiento, de magnetismo, en una espiral imposible de superar, de polos opuestos que se atraen con una fuerza irresistible, y que se tornará especialmente extraña en un momento determinado. Una relación lastrada por el pasado y por el presente, y que solo cuando el presente desaparezca de sus vidas podrá volver a la normalidad.

Una relación tan azarosa como los juegos del casino, tan oscura como las sombras en las que se mueven, tan dolorosa como la vida, tan amarga como el café, tan magnéticamente peligrosa y tan sensualmente irresistible. Acostumbrados a crearse su propia suerte empiezan a navegar por mares procelosos en los que las arboladuras de sus frágiles naves sufrirán todos los embates posibles, hasta quedar al pairo de fuerzas incontrolables, de tormentas que les sacudirán todas las cuadernas hasta dejarlos náufragos y exhaustos y con la única posibilidad de poner la vista en el horizonte para emprender una nueva singladura, libres de lastres y con todas las velas al viento.

Todo ello en un casino del Buenos Aires de postguerra mundial, con una breve escapada a Montevideo (todo de estudio y decorado), en el que se dan cita una galería de personajes que, en cierto modo, recuerda a la que se puede ver en Casablanca. Caracteres de cine negro con matones toscos, contrabandistas de materias primas esenciales con ínfulas de dueños del mundo, alemanes de oscuro pasado, policías demasiado sensibles para serlo que se sienten cómodos teniendo a la ley de su lado, un más que entrañable Tío Pío que desde su puesto en los baños es el único que lo ve y lo sabe todo y que tendrá un papel decisivo en el desenlace de la historia.

Trama negra, mucha pasión y unos duelos de esgrima dialéctica absolutamente inolvidables, dan a Gilda ese aire de clásico inmortal.

Gilda (Charles Vidor, 1946)


- Un bastón así resulta muy útil.
- Es un amigo fiel y obediente. Guarda silencio cuando quiero que esté callado y habla cuando quiero que hable.
- ¿Es esa su idea de la amistad?
- Esa es mi idea de la amistad.
- Muy alegre su vida.
- Llevo la vida que me gusta.
- Es un hombre de suerte.
- Yo hago mi propia suerte.
- ¿Qué está haciendo en un barrio como este?
- Vine para salvarle la vida.
- No exagere. No me habría matado si le hubiese entregado el dinero.
- Pero usted no pensaba entregárselo.
- No, sospecho que no.
- ¿De dónde lo sacó?
- ¿El qué?
- El dinero que iba a costarle la vida.
- Jugando.
- Bueno, le dejo (saca una pitillera)
- Hombre, gracias (le coge un cigarrillo)
- No faltaba más.
- Algún día haré lo mismo por usted.
- Salvarme la vida.
- Darle un cigarrillo.

Johnny Farrel (Glenn Ford) y Ballin Mundson (George Macready)

- Tengo que saber una cosa. Que no hay una mujer en su vida.
- No hay mujeres en mi vida.
- El juego y las mujeres no van bien.
- Eso es lo que yo digo siempre. ¿Qué? ¿Cambiamos de conversación?
- Así es que la ha habido.
- Oiga señor Mundson. Yo nací anoche cuando le encontré en ese callejón. No tengo pasado, sólo futuro, así quiero que sea.

Johnny Farrel y Ballin Mundson

B.- ¿Qué te pasa?
F.- Que estoy confuso.
B.- ¿Confuso? ¿Por qué?
F.- Porque hace unas semanas también brindamos por nosotros tres.
G.- ¿Quién era el tercero entonces? ¿Debo sentir celos?
B.- No, mi amor, era un amigo mío.
G.- ¿Amigo o amiga?
B.- Una pregunta muy interesante ¿Tú qué dirías Johnny?
F.- Una amiga.
B.- ¿Por qué esa conclusión?
F.- Porque parece una cosa y ante nuestros propios ojos se convierte en otra.
B.- ¿No tienes mucha fe en la estabilidad de las mujeres, verdad?
F.- Ninguna.
B.- Sabe dios quién sería la mujer que le volvió tan escéptico, ¿eh, Gilda?
G.- Sí. Odiémosla ¿La odiamos, Ballin?
B.- Sí. ¿La odiamos, Johnny?
F.- Sí, de acuerdo. Por eso sí que brindo.

Ballin, Farrel, Gilda (Rita Hayworth)

- Con tanta gente se siente uno solo, ¿verdad?
- ¿Cómo lo sabe?
- Usted fuma demasiado. Lo he visto. Las personas frustradas fuman demasiado y la causa de la frustración es la soledad.

Tío Pío y Gilda

- Tengo que darte una noticia. No solamente te compró, está enamorado de ti.
- ¿Y eso te extraña tanto?
- Y tú no harás nada…
- Yo también te voy a dar una noticia. Pienso hacer lo que me parezca cuando me parezca. Una vez fui fiel a un hombre y mira lo que pasó. Entonces me dije a mí misma…
- No estoy hablando de nosotros, estoy hablando de él.
- ¿Ah, sí? ¿No me digas?
- Escucha con atención. Tu harás lo que de de la gana, pero yo me ocuparé de que él no lo sepa. Desde este momento irás donde te parezca y con quien te parezca, pero yo te llevaré, te iré a buscar y te traeré otra vez a casa ¿entendido? Exactamente igual que si fuera a buscar su ropa sucia.

Farrel y Gilda

- Según las estadísticas hay más mujeres en el mundo que otra cosa, excepto insectos.

Farrel

- ¡Vístete! Te vas de aquí.
- ¿Nos vamos Johnny? ¿Los dos?
- Los dos no. Tú.
- ¿Tú me odias, verdad?
- No tienes idea hasta qué punto.
- El odio es una emoción muy intensa ¿No lo has notado? Muy intensa. Yo también te odio, de tal modo que… que creo que voy a morir. ¡Cariño! (se besan) Creo que voy a morir. Te odio.

Farrel y Gilda

- Vamos.
- ¿A dónde Johnny? No volveremos a esa casa.
- ¿Qué clase de hombre crees que soy?
- La clase de hombre que eres no lo sabe nadie más que yo. Ni siquiera tú.

Farrel y Gilda

viernes, 4 de mayo de 2007

La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia, Zhang Yimou, 2006)

En esta ocasión el cineasta chino, Zhang Yimou traslada su película hasta el siglo X de nuestra era, momento en el que la dinastía Tang era la dueña de los destinos de China. Esta dinastía pasa por ser una de las más suntuosas del país, algo que se refleja muy bien en esta película en la que todo es excesivo. La ambientación en la Ciudad Prohibida de Pekín, muestra con mucha claridad esa suntuosidad en el colorido de los pasillos, la riqueza de los vestidos, la complejidad de los interiores, un enorme patio decorado con millones de crisantemos.

La utilización del color es una constante, con ejércitos negros, rojos, amarillos o grises; con un palacio imperial de fuerte luminosidad frente a otro palacio de tintes negros, encajonado entre montañas, en un lugar de esos donde no puede uno más que sentirse enterrado en vida. Los crisantemos, las alfombras, los faroles, todo parece combinarse al servicio de una película donde lo aparente acaba imponiéndose a un guión bastante flojo.

En medio de ese ambiente tan recargado que llega a cansar a la vista, se desarrolla una historia de celos, ambición, amor, traición, todas ellas emociones básicas en el ser humano que combinadas en las dosis adecuadas pueden provocar un estallido de proporciones incalculables.
La tragedia que se desarrolla a lo largo del metraje adquiere en su culmen una dimensión shakesperiana, próxima a Otelo, ese personaje al que un pañuelo (aquí un pañuelo bordado también tendrá un papel importante) es capaz de despertar los celos más demenciales y que acaban provocando la muerte de aquello que más quiere, entre otras muertes. Tragedia que el director no explota hasta sus últimas consecuencias dejándonos con la sensación de que le falta ese algo que redondee la película y de que sobran alardes visuales.

La pretensión es la de hacer un melodrama de dimensiones épicas, cuando lo único de épico que tiene esta película, es el aburrimiento que por momentos se apodera del espectador ante la excesiva lentitud con la que se van desarrollando los hechos, en un desarrollo de la historia que en ocasiones se para totalmente y parece que no volverá nunca más a coger un cierto ritmo que la lleve hasta el final.

Final ciertamente apoteósico con una batalla en la que antes de las posibilidades informáticas habrían tomado parte en ella miles de extras, para dar vida a unos ejércitos que despliegan un arsenal coreográfico que despierta por un instante del sopor del resto de la película, para terminar con océanos de sangre en medio de un mar de crisantemos dorados.

La que se dice que es la película más cara de la historia de China (algo fácil de creer una vez vista), naufraga por la falta de complejidad de unos personajes más bien planos, a que siempre están a un mismo nivel tanto psicológico como interpretativo, a excepción de Gong Li que si hace una interpretación destacada, en unos actores ante los que uno se queda con la sensación de que no están aprovechados al máximo, pero es que los personajes son como son y hacer más con ellos sería una tarea casi para titanes. Habrá que esperar a la próxima.

jueves, 3 de mayo de 2007

Carta de una mujer desconocida (Yi geng mo sheng nu ren de lai xin, Xu Jinglei, 2004)

Premiada con la Concha de Plata a la mejor dirección en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en el año 2004, Carta de una mujer desconocida es una historia de amor hermosamente triste que se desarrolla en la convulsa China de los años 30 y 40, tomando como base una novela de Stephen Zweig titulada Carta de una desconocida que ya había sido llevada al cine en 1948 por Max Ophüls. Xu Jinglei adapta, dirige y da vida al personaje femenino central.

En 1948 China está viviendo un momento crucial de su historia contemporánea, ya que el país está sumido en una guerra civil que va a modificar radicalmente el rumbo de su devenir histórico. En medio de las ruinas de la guerra, un hombre recibe una carta sin remitente. La abre y ese simple gesto traerá a sentarse a su lado un pasado nunca recordado, un pasado desparecido en la neblina del olvido y que ahora toma una corporeidad absoluta para no volver a marcharse nunca más.

Cuenta la historia de un amor hecho de casualidades, transformado desde un ímpetu casi infantil hasta una madurez adulta, desde el hechizo hasta la pasión, un amor tan convulso y azaroso como el propio contexto histórico en el que se desenvuelven los personajes, una jovencita de clase humilde y un escritor y periodista de renombre y gustos refinados y occidentales.

Un amor que también se hace de renuncia, de lejanía, de tiempo, que crece con la distancia y el recuerdo, entregado absolutamente al objeto amado, un objeto que llega a hacerse real pero que luego se escapa entre los dedos, a pesar de los esfuerzos por mantenerlo pegado a la piel.

Una historia de final triste que habla de momentos, de esos que son los más felices pero que también
son los más angustiosos, de interiores llenos de luz, de flores blancas que marcan el paso del tiempo y que piden mantener vivo el recuerdo, y sólo cuando el florero aparezca vacío sabremos que el tiempo del amor ya ha pasado. Ya es demasiado tarde, las palabras escritas convierten al sentimiento en algo aún más profundo si cabe.

Una película de extrema sensibilidad, de silencios cargados de intenciones, de palabras que nadie pronuncia porque se saben innecesarias, en esos momentos en los que hay que dejar que las miradas, los gestos, los cuerpos, dejen de lado la imperfección de las palabras y se dejen sentir, hablar con el lenguaje más profundo que existe y con el que no podemos mentir.

La alegría por el reencuentro se troca en tristeza, en olvido (los que se van, cuando vuelven lo han olvidado todo) y lo que por un momento parece posible termina estropeándose por la torpeza, la falta de memoria. El anciano es el único que recuerda, el único que mantiene viva la memoria, el que sabe y en unos segundos preciosos todo eso se pone de manifiesto sólo con las miradas y unas parcas palabras en un momento de extrema belleza.

La habitación ya no nos parece suntuosa, ni llena de luz como antaño. Ahora las sombras se han apoderado de la estancia, parece fría, decadente, y por ella camina una sombra de ser humano, una persona rota que camina sin rumbo (ya no hay a dónde ir) con el pasado a su lado y con la derrota esperando detrás de la próxima puerta.

Las rosas ¡ay! las rosas. "Sólo te tengo a ti, aunque tú no lo sepas".

Carta de una mujer desconocida (Xu Jinglei, 2004)

En ese mismo instante me enamoré de ti. Sé que las mujeres suelen decir palabras como estas a hombres como tú, pero créeme, no ha habido mujer alguna que haya amado de forma tan profunda y sincera como yo. Porque en el mundo no hay nada comparable al amor guardado en secreto e inadvertido para todos, de la chiquilla oscura que era yo. Ese tipo de amor no abriga esperanza, es respetuoso y tranquilo, expectante y arrebatador. Es totalmente diferente al amor ardiente del deseo inconsciente e insaciable de las mujeres adultas. Sólo una niña solitaria puede concentrar toda esa pasión. Sin experiencia alguna, sin preparación, me zambullí en mi destino. Como si hubiera caído en un abismo, desde ese mismo instante en mi corazón sólo ha habido una persona.

No creo que puedas entenderlo. En ese momento, en tu casa, los recuerdos del pasado se abalanzaron sobre mí como un torrente devastador. Mi infancia, mis sueños, mi vida entera estaba allí. Había observado millones de veces aquella puerta con expectación y deseo y ahora estaba del otro lado, envuelta en tus brazos. Era un sueño hecho realidad. Un sueño que no se iba a desvanecer al despertarme.

Ella.- ¿Qué pasa? ¿Por qué no bailas?
Él.- No me gusta bailar. Sólo lo finjo.
Ella.- Y ¿por qué vienes?
Él.- Por aburrimiento. En casa me aburro. Aquí al menos el tiempo pasa más rápido.
Ella.- Entonces ¿cuándo escribes? ¿Cuándo escribe un escritor?
Él.- En mi caso, sólo cuando estoy muy aburrido.
Él.- ¿Cómo os conocisteis?
Ella.- Conocerme es fácil. Está al alcance de todos.
Él.- Ahora yo también te conozco.
Ella.- Por supuesto.
Él.- Mucho gusto.
Ella.- El gusto es mío.
Él.- ¿Cuándo podemos volver a vernos?
Ella.- Podemos… cuando tú quieras.
Él.- ¿Qué tal ahora?
Ella.- Muy bien, vamos.

¿Qué importan los amigos? ¿Qué importa el amor propio? Si volviera a ocurrir actuaría de la misma forma. Tu voz tenía una fuerza misteriosa que no podía resistir. Después de más de 10 años de cambios continuos todo seguía igual. Bastaba con que me llamaras y yo, aunque estuviera en la tumba, sacaba fuerzas para levantarme y seguirte hasta cualquier sitio.

Él.- Debo ir a Zhang Jia Kou. Estaré un par de semanas.
Ella.- ¡Qué lástima!
Él.- ¿Te refieres al país o a nosotros?
Ella.- A ambos. El hombre a quien amo también se ausenta con frecuencia.
Él.- ¿El capitán? Es normal en el ejército.
Ella.- No hablo de él.
Él.- Los que se van siempre regresan.
Ella.- Sí, vuelven, pero al regresar han olvidado todo.
Él.- ¿no sientes que esto ya había ocurrido antes?
Ella.- ¿El qué?
Él.- Tú y yo, desayunando, hablando de la guerra, de alejarme de ti, de separación. Es muy extraño ¿No te parece? Sé que algunos explican este fenómeno de forma científica, pero yo creo que se trata del destino, seguro que tú y yo fuimos amantes en otra vida. ¿Qué te pasa?
Ella.- Nada. Tengo que irme.
Él.- Espera. Cuando vuelva te iré a buscar.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Happy Birthday, Miss Monroe

Cuando la supuesta realidad nos empuja alegremente al abismo y el mundo se sumerge en una espiral de manipulaciones cotidianas, la opción de la locura adquiere el mayor de los vigores. Cuando el día a día se transforma en prolongada noche, los recovecos de la mente hierven ideando una escapatoria instantánea. Cuando la ausencia de un futuro escalda a los bienpensantes, los que no piensan –ni bien ni mal- reivindican el pasado que nunca fue. Cuando los ídolos de barro, los mitos de cartón piedra y las esperanzas prefabricadas hacen aguas en el desierto del Primer Mundo, se abre paso la religión de un Séptimo Arte mesiánico. Cuando el baile de máscaras global oculta nuestras verdaderas intenciones, una sonrisa desquiciada sirve de refugio a los que abandonan. Cuando finaliza el rodaje de la vida, la muerte reivindica su dirección. Es entonces cuando todos podemos ser –o no ser- Marilyn.

Ese es el texto que el grupo gijonés Konjuro Teatro incluye en el programa de Happy Birthday, Miss Monroe, su último montaje hasta la fecha, sobre un texto de Jorge Moreno (también director del montaje y actor) que fue galardonado el año pasado con el Premio Carlos Arniches, que se falla en la localidad de Alicante.

A lo largo de su andadura, Konjuro Teatro se ha venido consolidando como una de las "apuestas seguras" del teatro asturiano, con una serie de espectáculos puestos en pie con dignidad, y con textos que se apartan un tanto de los habituales en el resto de grupos. La referencia de Jorge Moreno como uno de los mejores, sino el mejor, dramaturgos de la región y también como uno de nuestros mejores actores, es fundamental para analizar la trayectoria de Konjuro Teatro.

Happy Birthday… plantea la disolución de las fronteras entre locura y normalidad, en momentos de contornos difusos, y en los que los presuntos cuerdos parecen más desquiciados que los enfermos a los que se supone que tratan de ayudar. También es un texto sobre la hipocresía, la traición y sobre como somos capaces de dejar en la cuneta a las personas si con eso obtenemos un oropel que, por un instante fugaz, nos saque del anonimato camino del altar efímero de una fama conseguida a costa de los otros.

Todo eso, y algo más, oculto bajo un texto aparentemente amable, pero que oculta una gran carga de profundidad, donde predomina el tono de comedia, y una ingenuidad muy en consonancia con la que se otorgaba al personaje de Marilyn (bajo el que se ocultaba una persona llamada Norma Jean que tal vez nunca nadie se esforzó en conocer), que terminó por fagocitar a la mujer real más por imposición externa que, probablemente, por elección personal. Eso que muchas veces nos pasa a todos, cuando por la mañana nos ponemos la máscara, trágica o cómica, con la que nos enfrentamos a la vida y nos relacionamos, o no, con los demás, en un debate interminable y quien sabe si irresoluble entre ser o no ser.

lunes, 30 de abril de 2007

N8 OHX

Dos seres. Distinto sexo. Cruzan el espacio en ausencia de luz. Lentamente. Sin prisa. Sus movimientos son apenas perceptibles en la penumbra. Se encuentran. Luz. Separación. Cada uno a su propio universo. Universos luminosos cercanos y lejanos al mismo tiempo, no se tocan. Los mismos movimientos. Lejanía. Movimientos telúricos. Cuerpos que se arrastran, giran, golpean, en ritmo casi laberíntico. Se encuentran.

Seres humanos convertidos en muñecos, hilos extraños dirigen sus movimientos. Bailan. Despojan a su humanidad de ropajes que les dan una apariencia humana, para encontrar… ¿qué? Tan pegados y tan alejados. Él se marcha.

Ella sola. La luz se vuelve roja. Busca placer adulto solitario. Placer del que venimos y al que vamos. Pasión, descubrimiento, vida, orgasmo liberador de tensiones. Los pies descalzos hollan un suelo negro, mientras la luz se rompe, cambia, se transforma. Los cuerpos se encuentran, caminan al filo de la pasión, buscando, encontrando, se separan. Rechazo, olvido, se da paso a la soledad. Solos en el mundo, ante el mundo, caminando por el filo del abismo.

Él se queda solo. Torso desnudo. Atlante de espalda curvada por el peso… ¿de la culpa? ¿propia? ¿ajena? ¿quién fue el culpable? ¿existen los culpables? El ritmo se vuelve frenético por momentos, prisa, agobio, tensión, sin posibilidad de escapar. No hay nadie, todos se han ido. Sólo un cuerpo medio desnudo que busca y no encuentra.

Ella, vestida, regresa. Apariencia de felicidad. Por un momento todo parece posible, la normalidad, convivencia, sonrisas de complicidad. Alcanzan la belleza y a ella se aferran. Luego salen los egoísmos, cada uno para sí, el otro no importa, los antiguos amantes ahora son enemigos a los que aniquilar. Sonrisas que se vuelven cínicas, que forman la máscara de hipocresía que nos ponemos todos los días por la mañana. Se abrazan, y eso se transforma en agresión. Caricias que golpean, empujan, buscan aniquilar. La belleza se rompe y sólo queda la máscara, la mentira, la hipocresía con las que seguir manteniendo una apariencia ¿humana?

Y el silencio. Varios momentos en los que el silencio cobra vida. Cuerpos que se mueven, agitan, bailan, y la música no suena, poniendo ritmo al silencio, a la ausencia de sonidos que no sean los producidos por el cuerpo en libertad. Acostumbrados al ruido constante, el silencio desconcierta. Silencio interrogante, colgado en el vacío, inquietante en unas vidas que sin ruido parecen nada. "Yo hablo con mis silencios, pero nadie me escucha", leí una vez en un sito imposible de recordar.

Manos que buscan una luz blanca apenas insinuada, cabezas que quieren emerger a la luz, sobras enormes que se proyectan al fondo, en una espesura en la que la luz está proscrita. ¿Hay algo más allá? ¿Para qué buscar más allá si aquí no encontramos? Lejos, cerca; luz, sombra; esperanza, realidad. Elementos de peculiar caja de Pandora que abrimos y cerramos todos los días.

Final. Dos pares de zapatos. Rojos, negros. Es todo lo que queda.

N8 OHX es el título del espectáculo que la compañía gallega de danza contemporánea Pisando ovos, trajo a la gijonesa colegiata de San Juan Bautista el pasado viernes dentro de la programación de teatro y danza Encuentros en Asturias.

Estas son algunas de las sensaciones que recibí.

viernes, 27 de abril de 2007

Días de radio (Radio days, Woody Allen, 1987) (I)

Joe Needleman es un niño judío de 10 años que vive inmerso en el seno de familia numerosa de Rockaway Beach, en el barrio neoyorquino de Brooklyn, y donde la radio es un miembro más de la familia, siempre omnipresente y auténtico protagonista de una película nostálgica, de recuerdo de los tiempos dorados de la radio en los que marcaba gran parte de los ritmos cotidianos de los oyentes, y donde sus locutores, actores y cantantes eran auténticas estrellas.

Años en los que la radio era la forma que tenían los humildes de evadirse de su realidad, de dejar volar su imaginación hacia casas lujosas, fiestas en las que se daba cita lo más granado del panorama social, donde sueños y anhelos parecían posibles y las frustraciones desparecían llevadas a través del éter por las ondas de radio.

Recuerdos ligados a la radio, podría ser la definición de esta película del genial Woody Allen, cuya voz sirve de hilo conductor de esta historia poliédrica y coral donde aparecen algunos de los momentos estelares de la historia de la radio en los Estados Unidos, como la enorme broma que gastó Orson Welles cuando hizo creer a la nación que estaba siendo invadida por naves extraterrestres con el consiguiente pánico entre los ciudadanos, o el caso de la niña caída en un pozo y los intentos desesperados por lograr su rescate con vida, finalmente infructuosos y que puso el corazón en un puño a todo el país.

Una radio en la que se podían escuchar jingles publicitarios, y la mejor música de jazz o swing, en una de las mejores bandas sonoras de las películas de Allen.

Un recuerdo de una sociedad con un cierto grado de ingenuidad en los años 30 y 40, en la que un niño sueña con aventuras que tienen que ver con submarinos alemanes asomándose a las playas de la ciudad y con el anillo del Vengador, mientras mira a su profesora de sexto con una sonrisa más que justificada y uno de sus compañeros ya se ve en el infierno.
Mientras desde el otro lado del aparato todo suena a perfecto, detrás de los micrófonos hay estrellas que nacen, crecen y desaparecen del firmamento, carreras profesionales que avanzan hacia un futuro en el que las cosas ya nunca volverán a ser de la misma manera, pero eso no podrá acabar con la magia que dejaron atrás. Precisamente la voz que encarnaba al Vengador se pregunta en un momento determinado, si las personas recordarán en el futuro lo importantes que llegaron a ser en sus vidas. Viendo esta película, al menos Allen lo sigue recordando y para ellos esta película divertida, tierna y entrañable.



Días de radio (Radio days, Woody Allen, 1987)

- Tess, no sé si irme de vacaciones en un crucero o a la montaña. Los hombres son más ricos en un crucero pero hay más en las montañas.
- Yo conocí a mi marido en la montaña, así que te recomiendo un crucero.

Tess (Julie Kavner) y Bea (Dianne Wiest)


- Ten cuidado. La hija cree en el amor libre.
- ¿Porqué lo dices?
- ¿Has oído lo de la señora Silverman? Una noche no podía dormir. Se levantó a tomar una taza de té, y oyó un coche pararse a las 3 de la madrugada. Ya conoces a la señora Silverman. Le gusta enterarse de todo. Se asomó a la puerta, y vio a la chica de enfrente llegar de un concierto de música folk con un hombre alto y de color. No te lo vas a creer, Ceil. Le dio un beso largo y apasionado. Ya te puedes imaginar cómo reaccionó Rose Silverman. Tuvo un derrame cerebral en el acto. Se le endurecieron las arterias. La mujer quedó paralizada, con la taza de té en la mano. Nunca habían visto nada igual en el hospital. Te digo, Ceil, que estaba más tiesa que una tabla.

Tess (Julie Kavner) y Ceil

Joe.- ¿Qué trabajo tienes papá?
Martin.- No es asunto tuyo.
Joe.- Mis amigos saben el trabajo que tienen sus padres.
Martin.- ¿No tienes deberes?
Joe.- ¿Me das 15 centavos para el anillo del Vengador?
Martin.- ¿Crees que soy una máquina de hacer dinero?
Tess.- Presta más atención a tus estudios y menos a la radio.
Joe.- Tú estás siempre escuchando la radio.
Tess.- Es diferente. Nuestras vidas ya están destrozadas. Tú tienes la oportunidad de llegar a ser alguien.
Martin.- ¿Quieres acabar trabajando en lo que yo?
Joe.- No sé el trabajo que tienes.

Joe (Seth Green), Martin (Michael Tucker) y Tess (Julie Kavner)

- Casarse por amor es una idea muy reciente. En los viejos tiempos no se casaban por amor. Un hombre se casaba con una mujer porque necesitaba otra mula.

Tess a Bea

- Abe, ¿has visto la dentadura de mamá? La ha dejado en un vaso de agua y no la encuentra.
- Los niños estaban jugando al jockey con ella.
- ¿Con la dentadura de mamá?
- Es del mismo tamaño que el disco.

Ceil y Abe

Tess- Escuchad eso ¿No suena maravilloso en ese club?
Ceil.- Sí ¿porqué no estamos ahí, Abe?
Abe.- Por que estamos aquí.
Ceil.- ¿No quieres salir y beber champán de mi zapato?
Abe.- No puedo beber tanto. Además, sólo los cretinos y los chiflados salen en Nochevieja.
Ceil.- Entonces, seguro que deberías salir.