lunes, 19 de febrero de 2007

El sueño eterno



- No me gustan sus modales, señor Marlowe.

- A mí no me enloquecen los suyos y no he pedido esta entrevista. Me tiene sin cuidado que no le gusten mis modales, ni siquiera me gustan a mí. Me hacen llorar en las noches de invierno y me importa tanto que se meta conmigo como que coma la sopa con tenedor, así que no trate de confundirme.

Philip Marlowe (Humphrey Bogart) a Vivian Sternwood (Lauren Bacall).

- Me gusta usted. Sí me gusta.

- Sí, pues aún no ha visto lo mejor. Tengo una danzarina balinesa tatuada en el pecho.

Marlowe a Carmen Sternwood (Martha Vickers).

- ¿Qué propina le dará a la chica del guardarropa?

- Estoy pensando en algo apropiado. ¿Cómo entró aquí?

- Puede adivinarlo.

- Apuesto a que sí. Por el ojo de la cerradura como Peter Pan.

- Y ¿quién es ese?

- Oh. Alguien que conocí en la piscina.

- Es usted guapo.

- Y cada minuto que pasa lo soy más.

Carmen y Marlowe.

- Bueno, adiós sabueso, deseeme suerte, tuve una mala racha.

- Como todas las de su clase.

Inés y Marlowe.

viernes, 16 de febrero de 2007

Onno


Los músicos armenios Arto Tuncboyaciyan y Ara Dinkjian, son los artífices de esta joya musical al que pusieron por título Onno. Un título homenaje al hermano mayor de Arto, de nombre Onno, fallecido el 14 de enero de 1996 en un accidente de avioneta. De ahí que todas las canciones estén relacionadas con ese hecho y con el recuerdo de un hermano muy querido, también músico, en lo que termina por ser el más hermoso disco de sentimientos que yo he escuchado hasta el momento, junto con el Tears in heaven de Eric Clapton.

"Esta música que están a punto de escuchar no es la música que yo esperaba sentarme a escribir. Es mi reacción ante la tristeza más grande de mi vida. Este disco habla de mi experiencia acerca de lo importante que es aprender a reir, incluso cuando estás llorando".

Son 10 temas absolutamente fantásticos, de una sensibilidad extraordinaria y de un virtuosismo musical difícil de encontrar, con dos músicos entregados en cuerpo y alma en hacernos llegar una pléyade de sentimientos hasta conseguir que nos sintamos acariciados por la música, que nos dejemos llevar y caigamos en brazos de una cierta nostalgia.

Arto y Ara son dos músicos nacidos en Turquía pero de orígenes armenios, los cuales están siempre presentes en su música, y con fuertes contactos con Grecia. De hecho, este disco está editado por el sello ateniense Libra Music en 1998, y es frecuente encontrarles tocando en discos de músicos griegos.

Un ejemplo de esto último sería el Live de Eleftheria Arvanitaki, un recopilatorio de temas en directo de esa gran voz de la música helena, en el que Ara Dinkjian tiene una presencia muy importante, especialmente con una improvisación de oud que estremece por su virtuosismo. En uno de los temas, Arto aparece en los coros y varios de los temas del disco tienen que ver con danzas o músicas de Armenia, un país con una posición casi única para ser un auténtico crisol entre Oriente y Occidente y con una riqueza musical y de músicos realmente fabulosa.

En Onno aparece la siguiente frase, parece que salida de la imaginación de Setrak Seto Tuncboyaciyan cuando tenía 9 años de edad:

La vida es como un sueño;
Un día nos despertaremos y nos encontraremos con la realidad...
Ese es el lugar donde todo tiene su origen.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Los optimistas

Con ese engañoso título (Optimisti en serbio) firma el director Goran Paskaljevic la que es su última película hasta el momento. Y digo engañoso porque el propio director ha dicho en alguna ocasión que el punto de partida de esta película está en la frase de la obra de Voltaire Cándido que dice: "El optimismo es la manía de sostener, cuando todo va mal, que todo va bien".

Los optimistas es la película que cierra la trilogía formada por El polvorín y el Sueño de una noche de invierno, dedicadas a captar el estado de ánimo de la sociedad serbia de la postguerra balcánica. En el caso de Los optimistas, estrenada el pasado año, se trata de cinco historias sin un hilo narrativo común pero unidas por un hilo invisible y algunos elementos visibles como son el agua, una mesa de billar y un acordeonista.

Quinteto de historias de personas sencillas que se inicia en un pueblo inundado al que llega un peculiar personaje que promete darles esperanza por medio de la hipnosis. Los habitantes de la aldea desesperados creerán ver en él una parte de sus problemas hasta que la verdad se vuelve a imponer con crudeza y el mesías salvador pasará a ser otro falso mesías.

En la segunda, un mafioso, al que suponemos enriquecido con la guerra, reconvertido a empresario, si puede llamársele así, viola a la hija de uno de sus empleados y la familia, víctima incluida, tendrá que tragarse el orgullo para seguir con su triste existencia, en la que es la historia más amarga de las cinco. Sobrevivir es tan miserable que ya ni el orgullo es posible.

En la historia del niño genocida de animales, no podemos por menos que ver una metáfora de los genocidios acontecidos en las guerras balcánicas. La historia se desarrolla en un granja-matadero porcina, con un padre orgulloso de haber inculcado a su hijo la afición por matar cerdos hasta que observa como el niño se convierte en un auténtico genocida de todo tipo de animales a los que mata por el puro placer de hacerlo. El sabor de la sangre acabará incluso por afectar al médico que entra en contacto con él.

La narración del ludópata se inicia con un cortejo nupcial pasando por delante de una funeraria bautizada con el sugerente nombre de Eternitas. Allí está el difunto padre del protagonista esperando su entierro, el cual tendrá que ser modificado sobre la marcha, ya que su hijo ludópata, continuador de una saga familiar de varones nacidos bajo el signo de la mala suerte, se jugará los 2.000 euros de su entierro en las máquinas tragaperras de un particular Casino, mientras sueña con que una anciana sea su pasaporte para Las Vegas.

Finalmente, un viaje en autobús, guiado de nuevo por un gurú que promete curarles de todos los males con un baño en una charca milagrosa, se convertirá en una historia de desolación y autoengaño.

Todo ello conforma un panorama para nada optimista de la situación por la que está pasando la República de Serbia y Montenegro, después de la guerra de Bosnia y la de Kosovo, en un país dominado por buscavidas de diversa calaña y mafiosos de postguerra, mientras el resto de ciudadanos sobrevive como puede en una situación que les hace tremendamente vulnerables, y donde el verdadero optimismo apenas si tiene cabida en el mar proceloso de las ilusiones perdidas.

lunes, 12 de febrero de 2007

Ángel González (I)

MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


DONDE PONGO LA VIDA PONGO EL FUEGO

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo y juego.

Lo que queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, mi fe segura:
jamás o llanto, pero mi fe fuerte.


ESO LO EXPLICA TODO

Ni Dios es capaz de hacer el Universo en una semana.
No descansó el séptimo día.
Al séptimo día se cansó.

Balthus

"La técnica del tiempo de David al servicio de una inspiración violenta, moderna, y que es también la inspiración de una época enferma, en la que el artista que conspira únicamente se sirve de la realidad para criticarla mejor"

Antonin Artaud, 1934

"Más allá de la revolución surrealista, más allá de las formas del academicismo clásico, la pintura revolucionaria de Balthus se integra en una especie de misteriosa tradición"

Antonin Artaud, 1936

"El color amargo de Balthus significa ante todo que la vida de esta época es amarga"

Antonin Artaud, 1936

"Una sociedad, una crítica, un público apartado del drama no pueden comprender la pintura de Balthus. En torno a esta paleta más que en las otras pinturas disimuladas, (...) de estas escenas de interior no tomadas de la realidad como pudiera pensarse a primera vista, sino como desenvueltas de un vendaje embalsamador y reinstauradas en una realidad, ella misma en postura crítica y que pronto no las soportará, existe un drama, un espantoso drama vivido (...)"

Antonin Artaud, 1946-1947

"Balthus dice que él nunca ha dejado de ver las cosas tal como las veía en su niñez"

Pierre Klossowski, 1957

"Hay que mantener en la memoria la amplitud de su trayectoria y el anacronismo de su pintura. Desde el principio, en el contexto de los años treinta, ha hecho gala de una resistencia irreductible a las metas revolucionarias del arte total y de su disolución en la vida. Su trabajo intenta mantener la distancia respecto de las abstracciones idealizantes, sin llegar, no obstante, la calma chicha de los retornos al orden. Su realismo, de una brutalidad tierna, arranca y erige, en la brutalidad de lo cotidiano, poderosas figuras inscritas en la realidad urbana o campesina, toda la evocación de un universo más cercano de Louis-Ferdinand Céline que de los arabescos poéticos del surrealismo o del bonnardismo abstractizante de la escuela de París"

François Rouan, 2001

viernes, 9 de febrero de 2007

Time

"El amor puede hacer que una mujer coja un autobús o puede aplastar a un hombre bajo el peso de una pluma".

Esa frase extraída de la novela de Martin Amis Campos de Londres, me sirve como introducción a esta entrada dedicada a comentar la última película del director coreano Kim Ki-duk, que lleva por título Time.

Porque, entre otras cosas, Time es una historia de amor, pero también de posesión, celos enfermizos, obsesión, dolor, mentira, esperanza, maltrato, sexo deseperado. Son muchos los ingredientes que agita Kim Ki-duk en su peculiar coctelera para conseguir una película que baja a los más bajos fondos de la pasión amorosa para componer una historia de esas que se ven muy de tarde en tarde por la potencia que logra.

Todo rodado con una extrema sensibilidad, incluso en aquellas escenas que pueden resultar más desagradables para el espectador, los momentos violentos o las virulentas discusiones que se generan casi siempre en el mismo café. Eso unido a una luz especial consigue que el espectador se sienta incómodo, casi tanto como unos personajes perdidos, en un entorno donde se ofrece una vida nueva, novedad que termina por convertirse en una sombra amenazadora, siempre vigilante, miradas profundas y deseos que terminan por cumplirse haciendo verdad ese adagio que advierte: "Tened cuidado con lo que soñais porque puede convertirse en realidad".

Belleza fría de esculturas acogedoras que señalan horizontes imposibles de alcanzar por el ser humano, mientras buscan el reconocimiento a través del tacto, del contacto físico, también mentiroso, porque también es posible mentir con el cuerpo, pero nunca con la mirada aunque los ojos se nieguen a reconocer.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Grbavica

Grbavica es la película ganadora del Oso de Oro en la Berlinale de este año, y a tenor de lo visto, premio más que merecido para una historia sobre el miedo, los traumas, la violencia, la soledad, la incomprensión pero también sobre la esperanza en un futuro que pasa por las manos de los jóvenes porque los adultos que vivieron la guerra de Bosnia, ya ni siquiera tienen presente, sólo pasado.

Un pasado imposible de exorcizar, que acompaña a los personajes como una alargada sombra que nunca se termina de ver, pero que intuimos detrás de cada esquina del barrio, de cada fachada marcada por la viruela de los disparos, de cada mirada.

Historia que transcurre en un tempo lento, sin estridencias, que conduce al espectador a una cierta sensación de incomodidad a la espera de que ocurra el desenlace, al cual nos conduce la directora, Jasmila Zbanic, casi con ternura, cogiéndonos de la mano y animándonos a que compartamos el dolor inmensamente profundo de la protagonista, Esma, interpretada con una contención absolutamente magistral por Mirjana Karanovic. Una mujer torturada pero que todavía es capaz de amar, un amor que no puede ser, en medio de un paisaje frío, desolado, en el que la huida parece la única salida y en el que permanecer es un gesto de resistencia, de no querer olvidar, de buscar respuestas que puedan servir para alumbrar un futuro que necesariamente tiene que ser mejor.


Los adultos del mañana, muchos de ellos huérfanos de guerra, tampoco se pueden librar de los fantasmas de sus padres y juegan en medio de las ruinas de un país que busca volver a ser lo que alguna vez fue, buscando su propio camino, un camino nuevo, sin referencias claras en un proceso que les tendrá que llevar, necesariamente, a una madurez no exenta de sobresaltos emocionales.

Grbavica también es un canto a la reconciliación que da voz a unas mujeres valientes, probablemente a su pesar, y que luchan por sacar adelante a unos hijos que no han podido llegar a conocer a sus padres, muchos de ellos enterrados en fosas comunes a la espera de poder descansar definitivamente en paz.

martes, 6 de febrero de 2007

Ángel González

ESO ERA AMOR

Le comenté:
- Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo::
- ¿Te gustan solos o con rimel?
- Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.


CUMPLEAÑOS

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso, disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.


DATO BIOGRÁFICO

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por mi dormitorio,
lugar hacia el que
- por oscuras razones -
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja
al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo
- pero de corazón, sinceramente -,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que - lamento decirlo -
hablan poco en favor de esos ortópteros.

viernes, 2 de febrero de 2007

Pregúntame por qué bebo

Y por fin le tocó al teatro. Juan Carlos Ordóñez es un dramaturgo donostiarra, nacido en 1941 y autor del monólogo que da título a esta entrado, texto publicado por la Fundación Autor de la SGAE en 1999, en un volumen en el que también aparece la obra La orquesta toca para mí, inédita hasta ese momento.

Se trata de un monólogo en un acto, estrenado en el madrileño Teatro Maravillas un 12 de agosto de 1997, bajo la dirección de Juan Polanco y con los actores Ramón Langa, en el papel de Adriano Alaya y de Osky Pimentel en el de Luis.

A pesar de que aparecen dos personajes, el que lleva la voz cantante es Adriano, ya que Luis es un barman que habla con sus silencios, sus miradas y sus gestos, pero sin esbozar la más mínima de las palabras a todo lo largo del texto.

La historia está ambientada en un bar, a medio camino entre el local de copas y el pequeño restaurante, con un cliente habitual, un solitario de esos que todos los locales de este tipo tienen entre su clientela, especialmente entre la noctívaga. Un solitario disfrazado de triunfador de nada, de persona que ha alcanzado las más altas cotas de la miseria y que se esconde detrás de los vapores alcohólicos para escapar de una realidad tozuda.

Para ello el autor utiliza la sobriedad como elemento fundamental para poner de manifiesto la degradación progresiva de Adriano, mientras que Luis calla, incluso cuando es directamente insultado por su cliente, y se comporta como un auténtico profesional, atendiendo a todos los caprichos de un Adriano cada vez más borracho, más consciente de su soledad y de su fracaso.

Un perdedor en estado puro al que el alcohol no le lleva más que a un viaje a la degradación personal, hasta quedar a la altura de la basura que el barman saca del bar con la fría profesionalidad que le caracteriza.

Adriano.- Soy un romántico. Sí, un romántico. (Se sienta y empieza a comer) Los románticos comemos compulsivamente, ¿lo sabías? Es una forma de compensar nuestra insatisfacción espiritual. (Se va agudizando el efecto del alcohol) Por ejemplo: a mí me gusta levitar; y cuando lo intento y no lo consigo, me meto "pal" cuerpo un codillo y se me va la frustración. (Come y bebe sin parar) Para el desengaño amoroso, nada como el salchichón; para la nostalgia un donut, y para la melancolía, una ración de boquerones. Oye, no falla; proporciona un equilibrio perfecto. (Breve pausa. Ensimismado) Y para los sueños no realizados y las quimeras inalcanzables... que crean un desasosiego suave y lento... pero largo y casi incurable... ¡lo más indicado es el bacalao al pil pil! Lo que yo te diga: entre versos, rabo estofado, suspiros y chicharrones, vamos sobreviviendo los seres sensibles como yo.

Y no me negarás que alguna vez no te has preguntado, "¿Quién soy yo?", al levantarte por la mañananita, ¿eh? (Canturrea y mima la acción de afeitarse) ¿Quién soy? ¡Y qué angustia te produce no poder contestar! Claro que, en mi caso, más angustia me produce decir "Adriano Alaya", porque enseguida se me viene aquí (Se toca la cabeza) lo que me espera esta mañana. Algunos días he tenido la tentación de contestar; y, por si las moscas, me he clavado de un golpe el frasco del "after shave". (Transición) Sin embargo, bebiendo no hay problema. "¿Quién soy?", me pregunto yo ahora. Y sin comedura de coco contesto rápidamente: "Un borracho"; y se acabó la historia. (Perdiendo fuelle) ¿Comprendes ahora que me guste beber? ¿Qué sólo bebo... porque me gusta?.

¿Nunca has sufrido una desilusión? ¿Nunca has sentido añoranza, melancolía? ¿Conoces el desamor? (En la radio suene una música intrascendente) No, ¿verdad? Ésa es la ventaja de los simples. (Énfasis) Los idiotas, y te lo digo cariñosamente, ponme una copa, desconocéis las penas del amor. (Luis le pone la copa) Sois como un electrocardiograma plano. ¡Gloriosa ignorancia la ignorancia del desamor! ¡Bendita comodidad la de la estulta condición! (Pausa) Mi querido y estólido Luis, nunca sabrás lo feliz que eres. Y eso me indigna. Me indigna que no tengas paladar para la angustia ni para la dicha; para lo exquisito y para lo aberrante. (Pausa) Me desprecias: los ignaros lo desprecian todo; en envidias: la vulgaridad envidia lo anómalo. Soy un borracho ilustrado, lo sé, y anteayer escribí un poema sensacional. Tú nunca has percibido ni de lejos una emoción como ésa. Me regodeo en esa incapacidad tuya, pero me irrita tu indiferencia por ser un enano. Tú eres un bulto que respira y yo un poeta que llora. (Se sienta en una mesa de la derecha) Lo indignante es que para vivir, a ti te basta con el fuelle de tus pulmones; y, sin embargo, a mí no me alcanza ni con el beso de aquella vez.

jueves, 1 de febrero de 2007

La gata sobre el tejado de zinc (I)

- ¿Tú sabes cómo me siento? Como una gata sobre un tejado de zinc caliente.
- Pues salta del tejado. Salta. Los gatos saltan desde los tejados sin hacerse daño. Anda, salta.
- ¿Cómo he de saltar y a dónde?
- Búscate un amante.
- ¿Cómo puedes decirme eso? Yo no puedo más que pensar en tí. Aún con los ojos cerrados te veo sólo a tí.

Maggie (Elizabeth Taylor) y Brick (Paul Newman)

El animal humano es una bestia que un día u otro tiene que morir, y si tiene dinero todo se le vuelve comprar, comprar, comprar y comprar. La razón de que compre todo lo que pueda sólo obedece a la absurda esperanza de que algo de lo que compra durará eternamente y eso es imposible.

Gran Papá (Burl Ives)

La gata sobre el tejado de zinc (Cat on a hot tin roof, Richard Brooks 1958), es una película a la que se le nota, y para bien, que tiene su origen en una obra de teatro homónima escrita por Tennessee Williams (también autor de Un tranvía llamado deseo) , y que se había estrenado en 1954 con la dirección de Elia Kazan, quien prácticamente obligó a su autor a dar más peso al personaje interpretado por Elizabeth Taylor, Maggie la gata, entre otros cambios. Williams cumplió con las peticiones, y se sintió tan mal con ellos que acabó achacándoles su afición a las drogas y el alcohol. Todo ello no impidió que se le concediera el Premio de la Crítica y el Pulitzer, premio éste último que ya había obtenido en 1948 por Un tranvía llamado deseo.

Las cosas fueron a peor cuando el texto se llevó al cine, ya que la carga homosexual que contiene la relación entre Brick y Skipper, en unos años en los que todavía se recordaba la famosa "caza de brujas" del macarthysmo, transformándola en una amistad, si se quiere algo enfermiza pero sin la carga sexual, carga que el propio Williams no había desarrollado en demasía en el texto original, en un acto que probablemente fuera más de autocensura que de otra cosa.

En España no se tradujo el título en su totalidad, ya que se le eliminó el adjetivo "caliente", probablemente para no dar pistas acerca de la tensión sexual que se genera entre Maggie y Brick, en medio de una atmósfera en el que el calor y la humedad tienen una fuerte presencia.