miércoles, 10 de julio de 2019

Lovis Corinth (Tapiau [Gvardeysk], Prusia [hoy Rusia] 1858 – Zandvoort, Holanda, 1925): Del realismo al expresionismo

Morgensonne, 1910.

Estamos ante un pintor que recorrió, artísticamente hablando, dos de los grandes movimientos de las vanguardias de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, como son el impresionismo y el expresionismo, partiendo de un realismo aprendido en las academias de Königsberg y Munich, en las que daría sus primeros pasos en el aprendizaje de oficio de pintor, para luego pasar a la faceta de maestro, con la particularidad de que su primera alumna, Charlotte Berend, veinte años más joven que él, terminaría por ser su mujer y su musa de referencia convirtiéndola en protagonista de muchas de sus obras.

Mar, La Spezia, 1914. 

En 1884 inició un viaje que le llevará a Amberes y París, donde podrá conocer de primera mano la obra de los impresionistas y la pintura al aire libre que luego verán su reflejo en los paisajes de Corinth, además de adentrarse en los secretos de la pintura del desnudo que tanta relevancia tendrá en su obra.


Die Hexen, 1897.

Unos desnudos los de Corinth desprovistos de connotaciones heroicas, históricas o religiosas, que les dieran una coartada, pasando a ser desnudos que le permiten al artista profundizar en algunos de los temas más recurrentes de su obra, como son el amor, el sexo o la muerte, en los que se aprecian ecos claros de otros compatriotas suyos como Otto Dix, George Grosz o Ludwig Meidner.


Las Tres Gracias, 1904.

La figura de Jesucristo, papel en el que se llegó a retratar en alguna ocasión, será una de las fijaciones de Corinth, para reflejar, no la alegría por el sufrimiento que desemboca en la resurrección, el sufrimiento sin disimulos de un hombre sometido a una tortura intensa. Una forma de contar que le enmarca claramente como un pintor subversivo, decidido a romper los convencionalismos por medio de un estilo lleno de dramatismo y con un punto visionario. 


El Nacimiento de Venus, 1923.

Los cuerpos y la carne, entendido esta última al modo de las escenas de matadero de Rembrandt, las fusiona Corinth en obras en las que aparecen unidos los desnudos con los esqueletos de los animales, en obras en las que nos parece estar oyendo, a través de una pintura ya sí plenamente expresionista, los gritos rompiendo nuestros oídos.


Mujer con lirios.

Posiblemente sea en sus paisajes en donde se muestre Corinth como más abiertamente impresionista, al menos en el concepto de pintura al aire libre, en la plasmación en el lienzo de un mismo paisaje en distintos momentos del día o en diferentes estaciones, obras en las que el color cobra una autonomía absoluta, donde las formas se difuminan y la pincelada se pone al servicio de la expresividad de la obra.

Eduard von Keyserling, 1900.

En sus retratos y autorretratos es donde mejor se percibe la evolución estilística del prusiano, con la particularidad de que todos los años en el momento de acercarse su cumpleaños tiene la costumbre de retratarse a sí mismo, una costumbre que no tiene parangón en la época. En 1911 sufrió una apoplejía que, sin embargo, no le impidió seguir pintando, momento a partir del cual la vertiente expresionista de su pintura será hegemónica.

Con todo ello no es para nada extraño que los nazis declararan su pintura como arte degenerado.

Más información: Wikipedia, Museo Thyssen, Museo de Orsay.

2 comentarios:

Ikana dijo...

Son obras curiosas las de este hombre :O

Alfredo dijo...

Bastante, sí.