El hombre invisible acción 5
Performer, fotógrafo, y video creador, el hispano-mexicano Santiago Sierra, es un artista que saltó a la fama internacional gracias a la obra que presentó en la 50 Bienal de Venecia, celebrada en el año 2003, muestra a la que ya se había asomado en dos ocasiones anteriores. En ese año 2003, Sierra levantó un recinto delimitado por un muro de ladrillo sin acabado a cuyo interior se accedía por medio de una pequeña puerta de servicio en la parte posterior. Ante la puerta se colocó un vigilante uniformado que tenía instrucciones de permitir el paso sólo a aquellas personas que exhibieran un DNI o pasaporte españoles, negando la entrada al resto de posibles espectadores, lo que generó considerables olas de protesta oportunamente aireadas en diferentes medios de comunicación.

Los que pudieron acceder al interior, se encontraron con un espacio vacío con los restos que quedan después de cualquier obra, tirados por doquier. Con ello, el artista quería criticar la política de elevación de muros, de blindaje de fronteras para impedir la llegada de inmigrantes. De esa manera, convirtió a ese espacio en un lugar de fuerte contenido metafórico, relacionado con unas leyes que son arbitrarias en relación al extranjero ya que no todos son tratados por igual, ni tienen que cumplir los mismos requisitos.
Esa es solo una pequeña muestra de la producción de un artista como Santiago Sierra, capaz de contratar a un indigente para tenerlo metido durante dos semanas en un hueco bajo tierra, a cambio de un salario de 7 dólares la hora para hacerle unas fotografías. En otra edición de la Bienal de Venecia dio dinero a dos centenares de personas a cambio de que aceptaran teñirse de rubio, o pagar 20 dólares a 10 personas a cambio de grabarles con una cámara mientras se masturbaban. Con este tipo de acciones, Sierra está criticando el nivel de comercialización, por un lado, y de explotación por otro, al que han llegado nuestras sociedades, porque los actos que realizan esas personas no son malas o censurables (no lo es teñirse el pelo, no lo es masturbarse, no lo es tatuarse…), sino que lo curioso es que hay personas que son capaces de poner precio a esas cosas, o, dicho de otra manera, hay personas obligadas a vivir en niveles de pobreza tales que son capaces de "vender" su cuerpo.
Sierra volvió a levantar las quejas del público cuando decidió, en la misma galería Lisson, cerrar las puertas de la misma el día en el que se inauguraba una exposición dejando a todos los invitados plantados en la calle. Sus obras no siempre son del agrado de las autoridades, precisamente por el mensaje crítico que subyace en todas ellas, llegando a prohibirse alguna de las acciones que tenía planificadas. Eso le pasó en Ciudad Juárez, un lugar tristemente famoso por las matanzas sistemáticas de mujeres con total impunidad, y donde tenía previsto realizar una acción a la que tituló Sumisión. La idea era excavar, en un descampado próximo a la frontera con los USA, la palabra "sumisión" para luego llenarlas de gasolina y prenderles fuego un día y a una hora determinados. No fue posible debido a la intervención de la policía mexicana.
En la localidad de Stommeln (Alemania) convirtió a una sinagoga abandonada en una gigantesca cámara de gas, utilizando una serie de mangueras que introducían en su interior las emisiones de los tubos de escape de seis coches aparcados fuera del edificio. La tituló 245 metros cúbicos. Los visitantes tenían que entrar equipados con una máscara antigás y acompañados por un bombero, además de firmar previamente un documento en el que se declaraban conocedores de la existencia de monóxido de carbono en el interior. La obra se tuvo que cerrar un mes antes de lo previsto por la polémica que generó.
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