viernes, 13 de abril de 2007

El expreso de Shanghai (Shanghai Express, Josef von Sternberg, 1932)

Un auténtico lujo. Así se podría definir en pocas palabras la posibilidad que nos dio a los aficionados al buen cine la entidad bancaria Cajastur, con la proyección de El expreso de Shanghai, una más que aclamada película del dúo que formaron Dietrich y von Sternberg, y del que saldrían un puñado de películas absolutamente memorables.

La relación artística entre el director y la diva, porque la Dietrich siempre fue algo más que una actriz, se había iniciado un par de años antes con El ángel azul, película con la que von Sternberg descubre para el cine a Marlene, un film que arrolló en Alemania y después de la cual el director de origen austriaco volvería para continuar su carrera en Hollywood llevándose bajo el brazo a la que se convertiría en la estrella más rutilante del director.

El expreso de Shanghai se desarrolla en el ambiente agitado de una China en plena guerra civil, y en un tren que tarda cuatro días en hacer el recorrido entre la capital del país y la localidad costera cuyo nombre se refleja en el título. En ese tren se dan cita toda clase de personajes variopintos, de unos tipos similares a los que John Ford reuniría en esa obra absolutamente maestra que es La diligencia (1939). Personajes en fuga que buscan ponerse a salvo en el puerto de Shanghai donde les presumimos mayores facilidades para huir del país.

Aventureros que no son lo que parecen, adalides de la moral, apostadores natos, ancianitas que bajo su apariencia respetable no terminan de ser de fiar, militares con uniformes que no les pertenecen, espías, soldados, cocineros charlatanes y dos mujeres de belleza extraordinaria, son algunos de los personajes que coinciden en el ambiente opresivo de un tren que nadie tiene la certeza de que vaya a poder rendir viaje en la estación de Shanghai.

La casualidad hace que coincidan como pasajeros el doctor militar británico Donald Harvey (Clive Brook) y Shanghai Lily (Marlene Dietrich), quienes habían estado prometidos cinco años atrás y que por un malentendido y un exceso de orgullo por las dos partes, vieron como su relación se rompía. El reencuentro reavivará el antiguo fuego, no sin tener que pasar antes por todo tipo de vicisitudes hechas de rencores, reproches mutuos, desconfianza, pero siempre con la fuerza del amor palpitando debajo de cada palabra, cada mirada, cada silencio, cada gesto.

Recordamos el momento en el que Magdalen, auténtico nombre de Shanghai Lily y por el que siempre la llama Donald por lo menos en los momentos de tregua entre ellos, le pide que le diga la hora, dato que no le importa lo más mínimo, pero que le sirve para comprobar como él sigue conservando el reloj que ella le regaló con su fotografía cinco años atrás. Ahora ella sabe que él no la ha podido olvidar, pero ella a él tampoco. Se han intentado olvidar mutuamente, pero ha sido imposible, ni los largos viajes de él, ni los hombres que ha conocido ella han podido borrar el recuerdo de aquella pasión.

Todo el dominio que von Sternberg tenía de la fotografía y de la iluminación, los pone aquí al servicio de su diva, que aparece en todo momento rodeada de un halo de glamour imborrable. Eso se ve muy claramente en un momento determinado en el que Shanghai Lily, después de una discusión con Donald, está en su compartimiento y con la cabeza ligeramente hacia arriba, fuma un cigarrillo, mientras la luz ilumina su rostro entre las veladuras del humo, lo que genera un instante de enorme belleza, acentuada por lo efímero del plano.

Esta película fue el mayor éxito cosechado por el tandem director-actriz, y se llevaría el Oscar a la mejor fotografía, además de estar nominada en los apartados de mejor película y mejor director.

"Hizo falta más de un hombre para que cambiara mi nombre por el de… Shanghai Lily".


jueves, 12 de abril de 2007

Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

"A comienzos del siglo XXI, la Corporación Tyrell llegó a la fase Nexus en la fabricación de robots, con un ser casi idéntico al hombre, conocido como replicante. Los replicantes Nexus 6 eran superiores en fuerza y agilidad, y al menos iguales en inteligencia, a los ingenieros genéticos que los crearon.
Los replicantes fueron utilizados fuera de la Tierra como esclavos en la peligrosa exploración y colonización de otros planetas.
Tras el sangriento motín de un grupo de combate de Nexus 6 en una colonia, los replicantes se declararon proscritos en la Tierra bajo pena de muerte.
Brigadas especiales de policía, las unidades de Blade Runners, debían disparar a matar a cualquier replicante que encontraran en la Tierra. A esto no se le llamaba ejecución, sino retiro."

Así comienza esta película dirigida por Ridley Scott, que el próximo mes de junio cumplirá sus primeros 25 años, ya que fue estrenada en más de 1.200 salas un 25 de junio de 1982. Ese prólogo de la película ya nos acerca, siquiera de lejos, a la enorme complejidad que se esconde bajo una historia que se podría definir como un thriller futurista, basado en la novela Do androids dream of electric sheeps? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) de Philip K. Dick, quien falleció antes de poder ver la película terminada. Una década más tarde, Scott estrenaría su versión, en la que con pequeñísimos cambios modificó sustancialmente la historia.

Un guión que se desarrolla en una ciudad de Los Ángeles que nada tiene que ver con la que aparece reflejada en otras películas, en las que vemos una ciudad radiante, luminosa, de espacios abiertos, y aparentemente idílica. Aquí es sustituida por una mole de metal, de calles opresivas en las que siempre está lloviendo, triste, gris, por las que se mueven unos seres que apenas si son sombras de seres humanos, en un universo hostil que mantiene la libertad en unos límites de control difícilmente soportables.

Ciudad de calles tenebrosas, edificios ruinosos, en los que las sombras cobran una corporeidad casi hipnótica, reflejo de un planeta en completa descomposición que anima a sus habitantes a irse a las colonias exteriores, en un mundo sin futuro y sin identidad.

Precisamente el problema de la identidad, es uno de los aspectos abiertos a la reflexión que ofrece esta inquietante película. Una identidad que se construye de recuerdos, propios o ajenos, adquiridos o aprendidos a lo largo de una vida y que es lo que se supone que diferencia a los humanos de sus replicantes, de esos seres más humanos que el hombre, siempre aferrados a sus fotografías en un intento de autoafirmación y de aferrarse a unos recuerdos que saben que no les pertenecen pero que les permiten mantener a ficción de su humanidad.
Seres creados por otros seres, los autodefinidos como humanos, por medio de una tecnología puesta al servicio del egoísmo, capaz de crear seres vivos para enviarlos a la muerte, a lugares extremos, a los confines más alejados del universo y que cuando plantean sus derechos se les "retira". El debate entre biotecnología y ética está servido, en un mundo, el de la película, en el que todos los límites se han superado y el hombre, representado en la figura de Tyrell, asume el papel de Creador, de Gran Artífice dueño de la vida y de la muerte, porque también dota a sus criaturas de un reloj biológico que corre con enorme rapidez.

Una película que obliga a reflexionar, en definitiva, sobre la necesidad de trascendencia que tenemos los humanos, y la de encontrar un sentido a nuestra esencia y a nuestra existencia, acerca de qué es lo que nos hace humanos. En resumen las tres eternas preguntas: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?

Blade Runner

- Cree que nuestro trabajo no beneficia al pueblo.
- Los replicantes son máquinas. Pueden ser un bien o un peligro. Si son buenos, no son asunto mío.
- ¿Puedo preguntarle algo?
- Claro.
- ¿Ha "retirado" a algún humano por error?
- No.
- Dada su posición, es un riesgo.

Deckard (harrison Ford) y Rachael (Sean Young)

- Es una replicante ¿no?
- Estoy impresionado.
- ¿Cuántas preguntas necesita para detectar uno?
- No lo entiendo.
- ¿Cuántas?
- 20 ó 30 relacionadas.
- Con Rachael ha necesitado 100 ¿no?
- ¿Lo sabe ella?
- Creo que empieza a sospecharlo.
- ¿Cómo puede no saberlo?
- En Tyrell, nuestro objetivo es el comercio. El lema: "Más humano que el hombre". Rachale es un experimento. Empezamos a observar en ellos una extraña obsesión. Después de todo, no tienen experiencia emocional. En pocos años acumulan experiencias que usted y yo damos por supuestas. Si les dotamos de un pasado, creamos un apoyo para sus emociones y los controlamos mejor.
- Recuerdos. ¡Está hablando de recuerdos!

Deckard (Harrison Ford) y Tyrell (Joe Turkel)

- Quería verle. Así que esperé. (A él se le cae la tarjeta-llave) Déjeme ayudarle.
- No necesito ayuda.
- No sé por qué le dijo eso.
- Pregúnteselo a él.
- No me recibe.
- ¿Una copa? ¿No?
- Cree que soy una replicante ¿no? Mire (le enseña una foto) Soy yo con mi madre.
- ¿Sí? ¿Recuerda que a los seis años usted y su hermano entraron en un edificio vacío por la ventana del sótano? ¿Jugaron a los médicos? Él le enseñó su sexo, pero usted se acobardó y echó a correr. ¿Lo recuerda? ¿Se lo contó a su madre? ¿A Tyrell? ¿A alguien? ¿Y recuerda la araña junto a su ventana? ¿Naranja, con patas verdes? ¿La vio tejer una tela? Un día apareció un huevo en ella. Eclosionó.
- Eclosionó…
- ¿Y?
- …y salieron de él 100 arañitas. Y se la comieron.
- Son implantes. No son sus recuerdos. Son de otra persona. De la sobrina de Tyrell. Era una broma. Una broma pesada. No es una replicante. Váyase a casa. De verdad. Lo siento. Váyase a casa.

Deckard (Harrison Ford) y Rachael (Sean Young)

- ¿Estás temblando? Yo también. Tiemblo mucho. Es parte del trabajo.
- Yo no hago ese trabajo. Yo soy ese trabajo. ¿Y si huyera al Norte? Si desapareciera… ¿me perseguirías? ¿Me darías caza?
- No, no lo haría. Te debo un favor. Pero lo haría otro.
- ¿Deckard? La ficha con mis datos… Inicio, longevidad. Esas cosas… ¿la has visto?
- Es confidencial.
- Pero tú eres policía.
- No, no la he visto.
- Esa prueba Voight-Kampff, ¿te la has hecho alguna vez?

Deckard y Rachael

- Me sorprende que no vinieras antes.
- Es duro conocer a tu creador.
- ¿Qué puedo hacer por ti?
- ¿Puede el creador reparar su obra?
- ¿Quieres ser modificado?
- Pensaba en algo más radical.
- ¿Qué…? ¿Qué te preocupa?
- La muerte.
- ¿La muerte? Eso está fuera de mi jurisdicción.
- Quiero vivir más, cabrón.
- La vida es así. Alterar el desarrollo de un sistema orgánico es fatal.

Tyrell y Roy Batty

He visto cosas que vosotros no podríais creer. Naves de ataque ardiendo más allá de Orión. He visto rayos C brillando cerca de la Puerta de Tanhaüser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Roy Batty (Rutger Hauer) y Deckard (Harrison Ford)

miércoles, 11 de abril de 2007

Sol LeWitt

"Los artistas conceptuales son más místicos que racionalistas. Llegan a conclusiones que la lógica no permite alcanzar."

Los medios de comunicación se hacían eco ayer del fallecimiento del pintor norteamericano Sol LeWitt (Hartford, Connecticut, 1928), el pasado domingo en la ciudad de Nueva York cuando contaba 79 años de edad.

Fundamentalmente escultor y grabador, se le consideraba como uno de los fundadores y máximos exponentes tanto del minimalismo como del arte conceptual y, por ello, uno de los más importantes artistas de la segunda mitad del siglo XX.

Sol LeWitt fue uno de los artistas que formó parte de la primera exposición importante que se celebró en Europa en torno al arte minimalista. Exposición itinerante que recorrió las ciudades de La Haya, Düsseldorf y Berlín entre 1968 y 1969, en unos años en los que alegremente se había decretado la muerte de la pintura, de ahí que los elegidos para esa muestra fueran todos escultores.

El proceso creativo de LeWitt le llevaba a primar el trabajo intelectual, la gestación de la idea, por encima de la creación física de la obra, la cual no dudaba en dejar en manos de sus ayudantes, ya que consideraba que una vez que la idea ha tomado cuerpo en la mente del artista y está definida claramente la ejecución final de la misma, la ejecución material se puede hacer a ciegas.

Eso ocurrió con sus Dibujos murales, dibujos muy simples, lineales, en blanco y negro dispuestos para formar horizontales, verticales o diagonales de 45 grados de inclinación, dispuestos de tal forma que adquieren densidad sobre la superficie que les da el apoyo, y que luego traslada a la pared donde serán expuestos de forma directa, apropiándose de la superficie preexistente que pasa así a formar parte de la obra adquiriendo una nueva naturaleza.

En su escultura la preocupación por captar las sensaciones ópticas es una constante, aunque manteniendo un distanciamiento que, en ocasiones, puede llegar a confundirse con frialdad, dentro de una sencillez y depuración formal al servicio siempre del concepto. De ahí su predilección por los cuadrados, primero, y por otras formas igualmente primarias, después, seriadas, en módulos abiertos o cerrados que necesitan de la complicidad del espectador para poner un cierto orden en algo que puede provocar una sensación óptica irregular, en un proceso casi de reconstrucción que convierte al sistema en algo reconocible.

"La idea se convierte en una máquina que crea arte. Este tipo de arte no es teórico ni ilustra teoría alguna: es intuitivo, está implicado en todos los procesos mentales y no tiene ningún objetivo concreto."

martes, 10 de abril de 2007

Raymond Carver (I)

Último fragmento

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.


Dos mundos

En el aire denso
con olor a azafrán,

sensual olor a azafrán,
veo desaparecer un sol limón,

un mar que cambia de azul
a negro aceituna.

Miro el relámpago que brinca desde Asia como
dormido,

mi amor se revuelve y respira y
se vuelve a dormir,

parte de este mundo y, sin embargo,
parte de aquél.


La pequeña habitación

Era un buen ajuste de cuentas.
Palabras arrojadas como piedras contra las ventanas.
Ella gritaba y gritaba, como el ángel del juicio final.

Entonces apareció el sol de repente adensado
el cielo de la mañana.
En el silencio repentino, la pequeña habitación
resultaba extrañamente vacía mientras él secaba las lágrimas.
Se parecía a todas las demás habitaciones pequeñas de la tierra
en las que la luz encuentra dificultades para entrar.

Habitaciones en las que la gente se grita y se hiere.
Y luego siente pena, y soledad.
Incertidumbre. La necesidad de amparo.


Donde hayan vivido

Fuera donde fuera, aquel día andaba
por su propio pasado. Dando puntapiés a jirones
de recuerdos. Mirando las ventanas
que no hace mucho le habían pertenecido.
Trabajo, miseria y pocos cambios.
En aquella época vivían para sus deseos,
decididos a ser invencibles.
Nada les detendría. Al menos
durante muchísimo tiempo.

En la habitación del motel
aquella noche, de madrugada,
abrió una cortina. Vio nubes
cubriendo la luna. Se apoyó
en el cristal. Le traspasó un aire frío
que puso la mano sobre su corazón.
Te amé, pensó.
Te he amado mucho.
Hasta que se me acabó el amor.

lunes, 9 de abril de 2007

Asesinos natos (Natural born killers, Oliver Stone, 1994)


Esta película es mucho más que una historia hiperviolenta, que también lo es. Es una de los largometrajes más impactantes de la historia de cine, en cuyo rodaje se utilizaron hasta 18 formatos diferentes (incluidos los dibujos animados), 3.000 cortes y rodada en un tiempo record de 56 días. El guión es del Quentin Tarantino.

Debajo de esa apariencia real de violencia desatada, irracional, desapasionada, sin sentido, se esconde una muy profunda reflexión sobre las sociedades contemporáneas que vamos construyendo entre todos, y en las que la violencia es un ingrediente con el que convivimos todos los días, que ya forma parte de nuestro paisaje habitual y que, en muchas ocasiones, llegamos a justificar o glorificar, algo en lo que los medios de comunicación tienen mucho que decir, sin olvidarnos del papel que cumple la familia y la educación en todo ello.

Esos son algunos de los parámetros en lo que se mueve la sangrienta historia de Mickey (Woody Harrelson) y Mallory (Juliette Lewis), unos modernos Bonny y Clyde, procedentes de sendas familias en las que la violencia y los abusos sexuales son unas constantes. Con ese contexto previo no extraña la pulsión asesina de estos dos personajes, con lo que el director pone su primer punto de atención en el núcleo familiar, lugar en el que se producen nuestros primeros aprendizajes inconscientes. De entornos violentos tan solo pueden salir conductas violentas, podría ser el primer axioma que fija Oliver Stone en esta película. ¿La violencia es aprendida o innata?


Stone pone a sus personajes en el filo de un siglo, el XX, que fue el siglo más violento de la historia de la humanidad, en el que se ha establecido el genocidio como práctica sistemática desde las sangrientas batallas de la Primera Guerra Mundial, a los terribles bombardeos y los campos de concentración de la segunda, hasta llegar a las matanzas en las guerras que desangraron a la antigua Yugoslavia, o las represiones de las dictaduras sudamericanas, por citar sólo algunos ejemplos. Violencia ejercida no sólo con nuestros congéneres, sino extendida al medio en el que vivimos con tal intensidad que hasta somos capaces a modificar las condiciones naturales de nuestro entorno hasta llegar a provocar un cambio climático en el planeta.

Además, Mickey y Mallory se inscriben dentro de una sociedad como la norteamericana en la que algunos de los héroes del imaginario popular bien lo son por haber masacrado con enorme perseverancia y éxito a las poblaciones indias o son delincuentes o asesinos en serie, y con unos grados de violencia que dejan pequeños a los protagonistas de una película que se dice que es la más experimental de la historia.

También el papel que desempeñan los medios de comunicación se pone bajo el punto de mira de la sátira que contiene Asesinos natos. Son ellos los que convierten a vulgares delincuentes en héroes, en ejemplos a seguir especialmente por los más jóvenes, mostrando una cara atractiva de la violencia en una espiral que se retroalimenta a sí misma. Todo en medio de una audiencia fascinada por la violencia que la consume por televisión y que no la termina por ver real, casi como si fuera algo lejano que les ocurre a otros pero que a nosotros, espectadores pasivos, no nos va a tocar nunca.

Aquí los medios están representados por el presentador de televisión Wayne Gayle (Robert Downey Jr.), un personaje que sucumbirá al olor de la sangre ajena y capaz de hacer lo que sea por asegurarse la audiencia, mientras que Jack Scagnetti (Tom Sizemore) es el policía encargado de la busca y captura de la pareja de asesinos, y que es tanto o más violento que ellos (estrangula a una joven prostituta por placer), porque la violencia injustificada también está en el lado de los que se supone que están para proteger a los ciudadanos. Dwight MacKluskey, un genial Tomy Lee Jones, alcaide de la prisión, no duda en planear la muerte "accidental" de Mickey y Mallory, junto con Scagnetti.

En la prisión se produce la catarsis de violencia final en una escena de gran impacto visual y emocional, en una película torturada y torturadora como el alma de sus protagonistas. Tan oscura como la noche y donde el demonio de la violencia que todos llevamos dentro, cabalga con un libertad desbocada.

Asesinos natos

- ¿Quién eres?
- Mickey, y ¿tú?
- Soy Mallory.
- Deberías llamarte Bella.
- ¿Tu comes mucha carne, Mallory?
- Podría comerla.
- ¿Siempre te vistes así o estabas esperándome a mí?
- ¿Porqué iba a vestirme así para alguien que no conozco?
- A lo mejor te lo pidió algo en tu interior. Ya sabes, el destino ¿Crees en el destino, Mallory?
- Tal vez.
- No pareces feliz ¿Quieres dar un paseo y hablar?

Mickey (Woody Harrelson) y Mallory (Juliette Lewis)



- Dime ¿cómo eres capaz de hacer eso?
- ¿Inocente? ¿Quién es inocente, Wayne?
- Soy inocente, en efecto. De asesinato, desde luego.
- Es sólo un asesinato. Todas las criaturas lo hacen de una forma u otra, pero… mira la selva, una especie mata a otra especie, nuestra especie mata a todas las especies incluida la selva, y lo llaman industria, no asesinato. Conozco a gente que se merece morir. Todo el mundo tiene algo en su pasado, algún pecado, algún horrible secreto. Mucha gente que anda por ahí ya está muerta, sólo hay que sacarla de su miseria y yo soy el mensajero del destino.

Wayne Gale (Robert Downey junior) y Mickey (Woody Harrelson)



Todo el mundo lleva un demonio dentro ¿vale? Vive aquí, en nuestro interior. Se alimenta de tu odio, asesina, viola, mata, usa tu debilidad, tus miedos, sólo los crueles sobreviven. Todos sabemos que somos basura, que no podemos ser libres. Con el tiempo te vuelves malo.

Mickey

No lo entenderás nunca, Wayne. Tú y yo no somos de la misma especie. Yo era como tú, pero evolucioné. Para tu mentalidad eres un hombre. Para mí eres un simio. Ni siquiera un simio, perteneces a los medios. Los medios son como el clima pero un clima hecho por el hombre. ¿Crimen? Es puro. Los medios lo han hecho impuro, ofrecéis violencia, vendéis miedo. Tú dices: ¿por qué? Yo digo: ¿por qué no?

Mickey



- ¿Sabes lo que te digo? Yo digo que nunca vamos a volver a esas celdas. Salgamos de aquí. Busquemos las estrellas, atravesemos la lluvia de balas y cuando muramos, entonces seremos libres.
- Eso es poesía, pero sólo moriremos si no hay más remedio.

Mallory y Mickey



- Venga, no disparéis. No disparéis, por favor. Durante la fuga sentí como se creaba un vínculo entre nosotros.
- No, no es verdad. Eres escoria, Wayne. Sólo querías audiencia. Te la trae floja lo que le pase a cualquiera que no seas tú mismo. Por eso a nadie le importas tú, por eso no despegaron los helicópteros.
- Espera hipócrita. ¿Ya no te acuerdas del indio? Dijiste que no matarías más, que el amor vence al demonio.
- Lo dije y lo mantengo. Pero es que tú vas a ser el último.
- No me mates tío, no me mates.
- No tengo nada contra ti, egocéntrico. Me caes bien, tío.
- Noooo.
- Pero si te dejamos marchar seríamos como todos los demás. Matarte a ti y a lo que representas es una… declaración. No sé exactamente lo que quiere decir, pero… ya sabes, Frankenstein mató al doctor Frankenstein.
- Noooo.
- Wayne, ten un poco de dignidad.
- Vale, soy un maldito parásito. La vida es cruel. Nadie dijo que fuese fácil. Desde el día en que matasteis nos pertenecéis al público, a los medios. Es la realidad y estamos casados ¿no? La cuestión es: ¿qué hacemos ahora? Hagamos algo a lo Salman Rushdie ¿de acuerdo? Libros, entrevistas, no nos escondemos, aparecemos, los despistamos, huimos. Saldremos con Ophra, con Donaghue. ¿Tenéis idea de lo grandes que podríamos ser?
- Vamos a ponerle música, Colorado.
- Espera, espera, espera. Mickey y Mallory ¿no dejan siempre vivo a alguien para que cuente su historia?
- Sí, señor. Tu cámara.
- De acuerdo.

Mickey y Wayne

miércoles, 4 de abril de 2007

Palabras para mujeres

Factoría Norte es un grupo gijonés especializado en teatro infantil, categoría en la que logró el premio principal en una de las ediciones de la mejor feria de teatro infantil de España, como es FETEN y que se celebra todos los años en Gijón.

En este caso, el grupo deja de lado esa línea, para ofrecer un espectáculo para público juvenil y adulto que lleva por título Palabras para mujeres, en el que nos ofrece una serie de textos en los que la mujer es la protagonista principal, más concretamente, las situaciones de opresión de diverso tipo que soporta en diferentes culturas y lugares.

Mujeres que luchan por su libertad individual y colectiva, por el derecho a decidir sobre cómo vestirse o sobre su propio placer, por ser respetadas como lo que son, como seres humanos que sienten y padecen, y librarse del papel tradicional que las condenaba (en ocasiones todavía las condena) a ser dependientes de un hombre y a ser ama de casa hacendosa y reposo del "guerrero".

Ese es mensaje de fondo del que al final del espectáculo se nos quiere hacer transmisores a los espectadores, se nos pide que todos contemos esas historias u otras similares para que todos nos impliquemos en esa tarea absolutamente necesaria. Sin embargo, el espectáculo naufraga a lo largo de los 50 minutos que dura el monólogo de Olga Cuervo, quien en ocasiones se dirige a los espectadores como si fuéramos niños (probable reminiscencia de los trabajos anteriores del grupo), con una interpretación plana apoyada en una gesticulación fallida más propia de un público infantil que de uno adulto.

Una vez más, y ya son demasiadas las veces que se ve esto sobre un escenario, para suscitar la complicidad y la risa del público, se recurre a un tratamiento zafio y facilón del sexo con la utilización del estereotipo de ama de casa sin muchas luces que, gracias a un profesor particular de inglés, descubre los secretos que se ocultan detrás de la palabra orgasmo. Otra vez humor del tipo caca, culo, pedo, pis que, sin embargo, sigue logrando su efecto entre una parte del público.

La protagonista está acompañada en el escenario por el músico Eduardo Espina, quien pone el fondo musical a las palabra de la actriz, destacando un tema que podríamos considerar central con ecos al Michael Nyman de la película El Piano, y que acaba por convertirse en lo mejor del espectáculo.

La dramaturgia y la dirección son de Carmen Gallo y Olga Cuervo.

martes, 3 de abril de 2007

Days of glory (Indigènes, Rachid Bouchareb, 2006)

Una sencilla película bélica. Así me atrevería a resumir el contenido de esta premiada coproducción marroquí, francesa, belga y argelina, en la que se nos cuenta la historia de un olvido. El que sufrieron las tropas coloniales francesas que lucharon por la liberación de una patria que no era la suya y a la que ni siquiera conocían, durante la Segunda Guerra Mundial.

Película sencilla desde distintos puntos de vista, pero no por ello menos interesante, al margen de un final claudicante que está a punto de estropear todos los minutos anteriores. Lo que cuenta y la forma que tiene de contarlo huye de todo alarde espectacular, no busca que el espectador sufra con los protagonistas las agonías propias de una guerra con grandes batallas y mostrándonos la miseria tan de cerca que parece que nos va a salpicar la sangre a la cara.

Aquí los miedos, las angustias, se nos muestran en pequeñas conversaciones, en esporádicos estallidos de violencia que termina por ser contenida, pequeños descubrimientos que nos hacen entender las motivaciones de algunos personajes para actuar de la manera que lo hacen. Tampoco las escenas bélicas son tremendas, sino que se mueven dentro de un terreno casi tan austero como la aridez de la colina en la que reciben el bautismo de fuego.

Tropas coloniales marroquíes y argelinas, que después de foguearse en Italia, pasan a luchar en Francia, el suelo de una metrópoli al fin desagradecida, capaz de ignorar el sufrimiento de los que mueren por ella tan solo por el hecho de venir de lugares lejanos, de colonias donde los hombres sólo son buenos para morir pero no para recibir agasajos o merecidas recompensas, llevándose a cambio el desprecio y el olvido.

lunes, 2 de abril de 2007

Diario de un escándalo (Notes on a scandal, Richard Eyre, 2006)

Esta película nos depara uno de esos duelos interpretativos intensos, descarnados que terminan por quedar en la mente de los espectadores, de la mano de Judi Dench y Cate Blanchett. Un duelo de esos que rompen la pantalla y que te dejan pegado a la butaca en tensa espera para ver como se resuelve, en un intenso combate dialéctico y de personalidades en el que podríamos dar como vencedora a los puntos, a la veterana Judi Dench, aunque después de haber visto a Cate Blanchett en El buen alemán no se puede por menos que alabar este trabajo en el que demuestra que hay vida más allá de los desastres.

Thriller psicológico contemporáneo, en el que dos maestras de una escuela de barrio londinense, inician una relación que termina por convertirse en enfermiza, opresiva, compulsiva, agitada en un mar de secretos inconfesables, instintos reprimidos e irreprimibles, de sexo inconfesado y furtivo, de traiciones que se sienten como tal cuando no lo son, de chantajes emocionales y de elecciones. Todo ello genera una extraordinaria tensión dramática y sexual.

Judi Dench da vida a una más que veterana profesora, Barbara Covett, autoritaria y capaz de imponer su autoridad a una masa de adolescentes exaltados, solterona e incapaz de asumir su verdadera naturaleza, que tiene la costumbre de escribir los acontecimientos de su vida en un diario en el que destripa con una crudeza absoluta y una fría crueldad, las vidas ajenas.

Sheba Hart, personaje que interpreta Cate Blanchett, es, por el contrario, una joven artista casada con un hombre mayor que ella y con dos hijos, uno con síndrome de Down, que se mete a profesora para verse desbordada absolutamente por sus alumnos hasta que Barbara acuda en su ayuda y se inicie una relación en principio de amistad, pero que irá degenerando con el paso de los minutos hasta convertirse en un callejón sin salida donde el chantaje, la mentira y la manipulación sentimental será una constante hasta que se produzca el desenlace final.

Pasiones humanas que nos colocan en los dos lados de la balanza, con sentimientos de adhesión o de condena hacia unas protagonistas que viven en realidades diametralmente opuestas en una trama de doble seducción que explotará en medio del odio, el rencor provocando toda una serie de "daños colaterales" en medio de las ruinas emocionales.

Todo ello aderezado con una excelente banda sonora que firma Philip Glass.