domingo, 15 de agosto de 2010

Quiero la cabeza de Alfredo García (Bring me the head of Alfredo García, Sam Peckinpah, 1974)

Después de haber dedicado artículos a Grupo Salvaje (1969), Perros de paja (1971) Pat Garret y Billy the Kid (1973) y La cruz de hierro (1977), sigo con la que es la película más auténtica de este director “maldito”.

Y eso es así porque por primera y última vez, tuvo el control absoluto sobre su obra y pudo rodar lo que quiso, como quiso y montarlo de la manera que él quería. El resultado fue una obra áspera, dura, polvorienta, violenta que fue rechazada por la crítica, que los estudios estuvieron a punto de no estrenar y que en Suecia, Argentina o Alemania fue prohibida su exhibición.

La película empieza con un terrateniente mejicano preguntándole a su hija quién es el padre del hijo que espera. Como ella se niega a contestar, dos esbirros, a indicación del padre, le rompen un brazo y ella confiesa que el padre es Alfredo García. A partir de ese momento, con recompensa de un millón de dólares por el medio, se inicia la búsqueda de Alfredo García “vivo o muerto”.


Lo que se desarrolla a continuación es una suerte de road movie con aroma a western crepuscular, “aunque lo que mejor le viene es un adjetivo como surrealista. Tiene momentos de un intenso lirismo, otros de una gran desesperación, y algunos en los que la violencia corta el aliento”, como escribe Hilario J. Rodríguez.

El personaje principal, al que da vida uno de los actores fetiche de Peckinpah, Warren Oates, es un ex soldado norteamericano que se esconde en México, que se gana la vida tocando el piano en antros de mala muerte y al que le sirve con sobrevivir un día más. Un perdedor al que acompañará una prostituta, interpretada por Isela Vega, con la que mantiene una extraña historia de amor.


La otra gran protagonista es la cabeza de Alfredo García, de quien nunca llegamos a conocer su aspecto, que es el codiciado objeto por el que se desencadenará una inusitada violencia en medio de ninguna parte, entre el polvo que sirve de mortaja a los cadáveres.

Una historia otra vez de perdedores, de personajes que viven a caballo entre una época que está a punto de morir y otra que está a punto de nacer, y en la que ya no encajan, un mundo en el que la suciedad moral se transforma en suciedad física, en dolor, en muerte.


Un mundo en el que el único camino hacia la paz, hacia la libertad, es la muerte y tal vez por eso, el final de la película recuerda al sacrificio final del Grupo Salvaje, con absoluta conciencia de que para ellos ya no hay otro camino, porque a lo largo del camino que llevan recorrido han ido dejando todo aquello que los mantenía sujetos a una cierta cordura.

4 comentarios:

sonoio dijo...

habrá que verla entonces
pero estuve leyendo tus post anteriores sobre roma y asturias, fascinantes... es comprensible entonces lo importante que fué españa para el imperio...

un gran abrazo

Alfredo dijo...

Para mí esta es una película muy recomendable, y si eres aficionado al cine es de las que hay que ver.

La relación entre Roma y España llegó a ser tan importante que de aquí llegaron a salir emperadores y algunos grandes pensadores, eso además de las riquezas agrícolas, ganaderas y minerales. El intercambio fue muy intenso.

Abrazos!!

Balamgo dijo...

Magnífica sinopsis de la película.
Trataré de verla, pues según tu crítica merece la pena.
Abrazos.

Alfredo dijo...

Dura e intensa, y con una cabeza como gran protagonista. Sí me parece necesaria para conocer el cine de este director de vida tan atormentada.

Un saludo!!