lunes, 18 de enero de 2016

Winter’s bone: Hace mucho frío en la vida



Televisión mediante hace unos días pude descubrir esta película de 2010, dirigida por Debra Granik, y que ha sido galardonada en diversos festivales incluidos los de Sundance (mejor película dramática y mejor guión) o Berlín, entre otros además de sumar cuatro nominaciones a los Óscar, aunque sin suerte.


Nos encontramos ante una tragedia en el ambiente rural de una zona montañosa entre los estados de Missouri y Arkansas, donde sus pobladores viven de una forma muy similar a la de los pioneros del oeste: cabañas de madera, una mínima ganadería caballar si acaso, y la caza como recurso alimenticio. Un mundo cerrado sobre sí mismo, regido por unas leyes no escritas pero no por ello menos estrictas, y cuya vulneración provoca consecuencias inmediatas.


Un mundo también en el que las mujeres tienen un papel absolutamente fundamental, como guardianas y protectoras, mientras los hombres se dedican al tráfico de drogas, pero son ellas las que toman las decisiones, las encargadas de mantener los estándares morales en ese microcosmos, y, en caso necesario, encargadas de impartir una particular justicia violenta, e incluso cuando se generan momentos de ternura, el trasfondo violento siempre está vivo.


En esta historia protagonizada por una adolescente de 17 años, obligada a convertirse en la cabeza de familia a cargo de una madre enferma y dos hermanos pequeños, con su padre en la cárcel por cocinar metanfetaminas, a punto de perder la casa después de ser puesta como fianza para la salida de la cárcel de un  padre al que todo el mundo busca pero nadie logra encontrar.


La necesidad de proteger a su familia, obliga a la joven, magníficamente interpretada por Jennifer Lawrence, a emprender un camino sin fin cierto para encontrar a su padre. Eso le va a obligar a adentrarse en las oscuridades del microcosmos en la que está inserta, y recorrer caminos vitales tan intrincados como los abiertos en un bosque fantasmal, de árboles desnudos y naturaleza poco o nada amable y que termina convirtiéndose en un protagonista más de la película.



Poco a poco van aumentando las dosis de tensión, las dosis de violencia, eso sí, sin desbordarse en ningún caso, sino surgiendo de repente, de forma inesperada, según se nos van insinuando, porque son pocas las cosas que se nos cuentan con claridad, los secretos de ese mundo en el que la verdad es demasiado terrible.