jueves, 23 de mayo de 2013

Philip Pearlstein: La piel como superficie y como frontera.


Girl on Iron Bench, 1972.

A pesar de su modestia, sus padres supieron ver pronto que la vocación de Philip Pearlstein (Pittsburgh, 1924) iba encaminada de forma irremediable hacia el mundo del arte. Las clases de los sábados por la mañana en el Carnegie Museum of Art, marcaron los inicios de un rumbo que luego seguiría durante su estancia en el Ejército, donde fue destinado a una sección dedicada a producir diagramas y señales.

Iron Bed and Plastic Chair, 1999.

De la mano del Ejército, coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial, estuvo destacado en Italia, país en el que pudo conocer a algunos de los grandes maestros del Renacimiento, un conocimiento que luego le valdría para definir algunas de las características que le definirán como pintor.

Model with Flamingo, 2006.

De regreso a los Estados Unidos para finalizar sus estudios artísticos, se mudará a Nueva York junto con AndyWarhol. En plena efervescencia del expresionismo abstracto, los primeros cuadros de Pearlstein van a ser paisajes enmarcados en esa corriente artística en la que seguirá alrededor de una década.

Model with Ostrich, Eagle and Duck, 2009.

Después de asistir a clases de dibujo, en 1961 empezará a pintar a parejas desnudas, en lo que será el inicio de una nueva y definitiva etapa en su producción. A partir de ahí los desnudos femeninos serán la bandera que enarbole en la recuperación de la tradición figurativa de la pintura norteamericana, abriendo así un camino que seguirían otros pintores de su generación.

Model with Whirlygig, 2006.

Unos desnudos que lo enlazan con el espíritu de Courbet, con ese cuidado por la anatomía y con Picabia por el interés en contestar a los tabúes recibidos por el ambiente cultural. Y no se trata de un acto contestatario de índole radical, sino que tiene más que ver con un poner de manifiesto la posibilidad de pintar de una forma distinta a la que venía marcada por la ola principal.

Models and Horses, 1992.

Aunque sus inicios tuvieron que ver con el paisaje, cuando decida centrarse en la figura humana femenina, el exterior queda olvidado para colocar a sus modelos en espacios interiores, en posiciones complejas, inusuales, que incluso pueden dejar partes del cuerpo al límite del cuadro o directamente fuera de él. Como dejó dicho el propio Pearlstein, lo que quería con ello era poner de manifiesto como su arte “está fuertemente condicionado por los procedimientos”.

Nude Model with Banner and Fish Weathervenes, 2009.

Desnudos que no tienen nada de voyerísticos y, en palabras de Robert Hughes, lo que pone de manifiesto Pearlstein es el “hecho de que la piel es al mismo tiempo una frontera y una superficie”, en una suerte de retratos que tienen al mismo tiempo algo de trasnochados y algo de postmodernos.

Nude with Red Model Airplane.

Para completar el enigma pictórico, acompaña a las modelos de animales (cocodrilos, cisnes, perros…), y de juguetes y otros objetos extraños, que contribuyen a la creación de una atmósfera desconcertante, de unos interiores de un esplendor lánguido, mientras las mujeres dejan pasar el tiempo inmersas en sus pensamientos o durmiendo plácidamente, hermosas en su naturalidad.

domingo, 19 de mayo de 2013

Fairfield Porter: Realismo a contracorriente

The Roofs of Cambridge, 1917.


El grueso de la trayectoria artística de Fairfield Porter (1907-1975) se desarrolló en coincidencia con los años de esplendor del expresionismo abstracto. Sin embargo, Porter se mantuvo siempre fiel a su estilo figurativo que definió de forma muy clara la trayectoria de una figura a la que la crítica norteamericana ha empezado a recuperar hace unos años reivindicando su papel como una de las figuras fundamentales de lo que ellos definen como el clasicismo norteamericano.

A Sudden Change of Wind, 1975.

Uno de esos críticos es HiltonKramer, quien encuentra que la trayectoria artística de Porter viene definida por tres cuestiones fundamentales. La primera tiene que ver con el viaje que Porter hizo a Europa a finales de los años 20, después de terminar sus estudios en Harvard. Un viaje pensado para recorrer Francia en bicicleta, y que terminó extendiéndose a Berlín y Moscú.

Henry Sitting in Chair, 1958.

En la capital rusa parece que tuvo la oportunidad de entrevistarse con León Trotsky, encuentro que resultaría clave para la evolución política de Porter hacia postulados de izquierda, y desarrollar una concepción del arte como algo destinado a mejorar la vida de las personas, al mismo tiempo que buscaba un camino que le permitiera conjugar el arte y sus intereses políticos y sociales.

Molly and Walter Barelss, 1959.

Siguiendo con la teoría de Kramer, nuestro artista pensaba que el arte que se estaba desarrollando en los años 30, al menos el más directamente vinculado al modernismo, tenía una esencia excesivamente esteticista, algo que lo alejaba del compromiso social que Porter estimaba como necesario. “En los años 30 a Porter lo podemos caracterizar como un radical en lo político y un conservador en lo artístico”, resume Kramer.

The Bedroom, 1949.

Como tercer hito explicativo, el crítico norteamericano se fija en la pronta relación que Porter tuvo con los grandes maestros europeos. Eso sería durante un segundo viaje por el viejo continente, en 1931, esta vez para visitar los grandes museos y empezar a admirar la obra de pintores como Velázquez, por ejemplo. Con Vuillard y Bonnard entrará en contacto a través de una exposición que tuvo lugar en los Estados Unidos.

The Harbour. Great Spruce Head, 1974.

Del primero llegará a decir Porter que en sus escenas de la vida burguesa “lo que representa parece algo ordinario, pero lo extraordinario está por todas partes”, y añadió que “es concreto en el detalle y abstracto en el todo”. Asimismo admiró el uso del color en un pintor que “organizó los descubrimientos de los impresionistas sobre el color en un todo coherente”, además de “convertir al impresionismo en algo sólido y duradero”.

Wild Roses, 1961.

Con todas esas bases, además de los estudios de filosofía en Harvard y los de pintura en la Art StudentsLeague, en Nueva York, los temas de su pintura van a ser los paisajes rurales de la zona en la que su familia solía pasar las vacaciones, retratos de amigos o familiares, las casas, las flores, aspectos a los que siempre fue fiel y que le llevó a ser el portador de la antorcha de la figuración en medio de las huestes del expresionismo abstracto.

Más información: Artchive, The Art Story, New Criterion.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Jacques Henri Lartigue: La fotografía de la felicidad



Probablemente por haber sido un niño de salud frágil lo que le permitió comprender lo efímeros que resultan los buenos momentos, la felicidad y la alegría de vivir fueron los temas fundamentales que retrató Jacques Henri Lartigue (Courbevoie, 1894 – Niza, 1986), a lo largo de su dilatada carrera artística.


Con siete años su padre le regaló su primera cámara y a pesar de que durante toda su vida no se consideró más que un aficionado, nunca dejaría de tomar instantáneas de todo lo que le rodeaba. Sus inicios infantiles tuvieron que ver con los deportes de motor o mujeres que paseaban por los parques y jardines parisinos. Unas imágenes que ya reflejaban una sensibilidad especial y una querencia por los temas que marcarán toda su trayectoria fotográfica.


Con el tiempo tendrá amistad con personajes muy relevantes de la intelectualidad francesa, del mundo del arte, la música y el deporte, que serán retratados por Lartigue. Ese mundo de mueres hermosas, de intrépidos pioneros del aire, de artistas de vanguardia, de ganadoras del Open de Francia de tenis, algunas de esos cantantes de voces inolvidables, se asomarán al objetivo de Lartigue.


Un fotógrafo que, sin embargo, vivió básicamente de su pintura, por más que de vez en cuando publicara artículos y fotografías en algunas revistas deportivas. No será hasta 1963 cuando sus imágenes se publiquen en la revista norteamericana Life, en un número que coincidió con el publicado por el aniversario del asesinato del presidente Kennedy en Dallas, y al año siguiente se le organice una exposición en el MOMA de Nueva York.


Allí se pudieron ver por primera vez en una gran muestra, esas imágenes que Lartigue había ido captando a lo largo de su vida, en medio de un mundo en constante cambio, azotado por dos guerras mundiales y una revolución rusa por el medio, y con unos personajes inmunes a lo que pasaba a su alrededor, una sociedad del lujo capaz de mantener su ritmo de vida, sus distracciones, su alegría por vivir en un mundo a su medida.


Esos instantes de felicidad que Lartigue había empezado a captar desde los siete años, con fotografías en las que se veía a sus hermanos jugando, a adultos en poses despreocupadas, lejos del mundanal ruido y de los sufrimientos causados por guerras y revoluciones. Lartigue nunca buscó ese lado duro, amargo, difícil, de la realidad, sino que se decantó por dar protagonismo a un mundo feliz y en decadencia al mismo tiempo.


Una forma la de Lartigue como cualquier otra de aferrarse a la magia del instante fugaz, de tomar el antídoto contra el paso del tiempo y de la vida, atrapando con su objetivo breves momentos amables elevados a la categoría de momento inmortal gracias a la magia de la fotografía.

Más información: Wikipedia [en], Fotógrafo digital.

domingo, 12 de mayo de 2013

Grace Hartigan: Expresionismo abstracto figurativo

Juana de Arco.

Aunque la frase que utilizo para titular este artículo pueda parecer contradictoria, no lo es tanto cuando vemos un poco la trayectoria artística de Grace Hartigan (Newark, Nueva Jersey – Baltimore, Maryland, 2008), una mujer que formó parte de la segunda generación de los artistas a los que se etiquetó como expresionistas abstractos.

New England, octubre 1957.

Sin embargo, Hartigan a pesar de compartir postulados artísticos con ese movimiento, y de ser amiga y discípula de otras figuras destacadas del momento, como Jackson Pollock o Willem de Kooning, y como éste último, nunca perdió de vista la figuración si bien interpretada a su modo personal.

Palas Atenea, Tierra (1961).

Casada a los diecisiete años, pionera en Alaska con su marido, embarazada en California, esposo en la guerra mundial, y algunos matrimonios más a lo largo de los años, fue precisamente durante los años del conflicto bélico cuando empezó a entrar en contacto con el mundo del arte de la mano de un compañero de trabajo que la llevó a ver una exposición de Matisse que la marcó hasta el punto de que alguna vez reconoció que desde ese momento deseó pintar como el francés.

Autorretrato.

En 1945 se va a Nueva York y consigue integrarse en el mundo pictórico de la conocida como Escuela de Nueva York, para empezar a hacerse un hueco importante, hasta el punto de ser la única mujer seleccionada para la muestra The New American Painting, una exposición que giró por Europa durante 1958 y 1959, trayendo al viejo continente la nueva forma de afrontar el arte pictórico del nuevo continente.

Naturaleza muerta, motivo japonés.

“Yo no escogí la pintura, la pintura me escogió a mí. Yo no tenía ningún talento, solo tenía genio”, dejó dicho Grace Hartigan. Un genio que la mantuvo como una figura de referencia hasta el estallido del Pop y del Minimalismo, dos corrientes que se llevaron por delante todo lo demás. A eso se unió el hecho de que Hartigan se mudó con su marido a la ciudad de Baltimore, algo que en los años 60 era algo así como mudarse a la Siberia artística. Allí seguirá pintando e impartiendo clases en la universidad, pero ya no volverá a ocupar un lugar destacado en el escalafón artístico.

La masacre (1952).

A lo largo de su trayectoria como pintora, Hartigan se caracterizó por la utilización de unos colores intensos para dar forma a unas composiciones en las que se servía de imágenes obtenidas de la historia del arte (en esta línea realizó un cuadro en el que dispuso unos maniquíes de moda reproduciendo el cuadro de Goya, La familia de Carlos IV), referencias al mundo de la publicidad y los escaparates de las tiendas (en ese sentido algunos la consideran una precursora de la estética pop), además de referencias muy personales.

Spot the Ball.

“Ahora como antes es lo vulgar y su vitalidad y la posibilidad de convertirlo en algo hermoso, es lo que me sigue atrayendo y fascinando” (Grace Hartigan)