lunes, 15 de diciembre de 2014

Eddie Hinton: el van Gogh blanco del soul



A poco que sepamos de las vidas de los dos genios a los que hago compartir titular en este artículo, nos daremos cuenta de las similitudes existentes entre sus vidas. Los dos fueron genios en lo suyo, en la música el norteamericano y en la pintura el holandés, ambos compartieron genialidad y problemas mentales que les terminaron por afectar a su arte, y éste fue reflejo, a su vez de ese genio torturado más allá de lo que sus respectivas naturalezas pudieron soportar.
Si a van Gogh la necesidad extrema de llegar a lo más profundo, a lo más auténtico, a lograr transmitir en el lienzo todo lo que sentía, todo lo que llevaba dentro, de meterse en la pintura hasta la médula, en el caso de Eddie Hinton (Jacksonville, Florida, 1944 – Birmingham, Alabama, 1995), parece haber sido la obsesión por conseguir sacar a la luz Te Coleman-Hinton Project, un disco que le habría puesto de forma definitiva bajo el foco del éxito, lo que le terminará por provocar un desequilibrio emocional, unido a problemas con el alcohol y las drogas, que terminaron por provocarle un fatal ataque al corazón cuando únicamente tenía 51 años de edad.
Durante toda su vida, Hinton había sido un músico de un talento descomunal, con una voz negra capaz de cantar soul a la altura de los mejores cantantes negros, con la mayoría de los cuales había trabajado a lo largo de su vida como músico de estudio. La lista sería interminable con nombres como Aretha Franklin, Percy Sledge, Solomon Burke, Otis Redding, e incluso Elvis Presley. El gusto por el soul y el góspel, parece que le vino de la mano de su abuelo, predicador de la Iglesia de Cristo, y esos inicios marcarán decididamente su devenir artístico.


Guitarrista y percusionista de talento, empezó tocando por los alrededores de Tuscaloosa (Alabama), en grupos como The Spook o The Five Minutes, hasta que a finales de los 60 llega a Muscle Shoals, por aquellos años auténtica capital del soul norteamericano, con dos estudios míticos como los FAME Studios y Quinvy Studio, por los que pasaron todos los grandes del momento. En el primer de ellos ofrecerá su talento indiscutible, Hinton, y donde formaría una nueva banda con otros grandes músicos de estudio conocida como The Muscle Shoals Rhythm Section o The Swampers.


Cuando otros ritmos estaban empezando a copar las listas de éxitos en los Estados Unidos, Hinton pudo por fin grabar su primer disco en solitario, Very Extremely Dangerous. Era el año 1978 y las dificultades económicas por las que pasaba la discográfica Capricorn, unido al cambio en el gusto del público, hizo que el trabajo pasara bastante desapercibido, aunque hoy en día es considerado como probablemente el último gran disco de soul sureño. Ese trabajo llegó después de la decepción de ver como su proyecto con Coleman no conseguía el apoyo necesario para su grabación, y cuando su comportamiento confuso, errático, le había apartado un tanto de la primera línea musical.

Situación a la que no ayudó en absoluto, el hecho de que con los años terminara abandonando tres sesiones de grabación, que su vida personal también se viera afectada por la separación de su mujer, y de un abandono físico. Eso sí, su voz seguía igual que siempre, profunda, rota, llena de ceniza, de profundidad, y es imposible no tener la sensación de que cada vez que cantaba, su vida venía a ponerse a su lado y lo miraba de forma torva, dejando una sombra alargada y un poso amargo de alguien que se sabía devorado por su propio genio.

viernes, 5 de diciembre de 2014

The Shadow Line: Nadie es lo que parece



Miniserie de siete episodios salida de la factoría BBC, construida alrededor del submundo del tráfico de drogas con un primer asesinato que ya nos pone todos los sentidos alerta, y empezamos a sospechar que lo que va a venir después no puede ser nada claro, sino más bien todo lo contrario. Y eso sólo es el principio.


A partir de ahí cada capítulo complica un poco más la historia, la sordidez se va extiendo con la misma tranquilidad con la que Gatehouse, va eliminando con una educada frialdad a los protagonistas involuntarios o no, de una historia oscura, negra, en la cual, sin ellos saberlo, son las mujeres las que va a marcar en buena medida su vida incluso de forma dramática.


Y es que las vidas laborales o delictivas, se van engranando con la vida particular de los personajes principales de los dos lados, aportando un grado más de complejidad el desarrollo de una historia rodada con buenas dosis de estilización, mientras se va abriendo la idea de que sólo la desmemoria, bien adquirida de forma accidental o bien de forma voluntaria, parece ser un salvoconducto para la supervivencia.


Todas las líneas se difuminan en una historia que se va enrevesando, que nos obliga a estar con los sentidos alerta intentando desentrañar el nudo Gordiano, distinto para cada uno de los personajes. Desde un policía recién vuelto al trabajo con una bala en la cabeza que le provoca amnesia, un testaferro del capo de la droga asesinado, un sobrino por lo menos psicópata, un asesino silencioso y de exquisita educación, un periodista, un chapero y mandos policiales de todos los colores, forman un ecosistema de tipos humanos a la altura de la complejidad de la historia.


Una narración compleja en la que no se sabe de qué lado de la línea están sus protagonistas, con idas y venidas que se esconden detrás de la niebla, bien la del olvido bien la creada artificialmente para ocultar otro tipo de acciones, y unas relaciones entre narcotráfico y fuerzas del orden que no están nada claras, sino más bien todo lo contrario.



Si el desarrollo de la serie provoca impacto tras impacto en el espectador, qué decir de ese final tan desolador, tan sin esperanza, tan frío, tan simbólico, con el cierre de un círculo que tiene bastante de maldito para abrir uno nuevo, no voy a indicar de qué tipo para no dar ninguna pista al espectador, al que animo a que se acerque a esta serie y la disfrute.