lunes, 21 de abril de 2014

Soo Sunny Park: Entre lo real y lo imaginario


Unwoven Light, 2013.

Nacida en Corea del Sur aunque crecida en los Estados Unidos, Soo Sunny Park es a todos los efectos una artista norteamericana, una dualidad que perfectamente se puede llevar al análisis de su obra, un conjunto de instalaciones en las que los límites entre conceptos binarios, son el campo de experimentación y desarrollo artístico de Park.

Fractal Inmersion, 2007.

Conceptos binarios, unas veces opuestos y otras complementarios, que tienen que ver con las fronteras entre el mundo físico y el imaginario, entre lo creado y lo existente, entre las dos dimensiones y la tridimensionalidad, entre la luz y la sombra. Territorios que comparten fronteras en cuyo contacto se desarrolla todo un mundo de sensaciones de enorme riqueza donde Park tiene el caldo de cultivo ideal para sus instalaciones.

Boundary Conditions.

Unas obras pensadas para transformar de forma radical la forma de ver y de sentir del espectador, en las que juega con la luz natural y la artificial creada específicamente para cada obra. Una luz que se refleja en pequeñas piezas de plexiglás de colores con las que crea un universo fascinante, cambiante en función de las condiciones lumínicas, que proyectan sombras de colores con las que juegan sombras pintadas por la propia artista, de tal forma que no se sabe muy bien cual de las dos sombras es más real que la otra.

Refraction Non Building Structure Revisited, 2010.

Y es que la posibilidad de transitar por el interior de las estructuras, potencia la sensación de entrada en un mundo irreal, distinto, en transformación constante a lo largo del día, en el que no salimos del asombro y en el que las fronteras se diluyen, tal vez incluso dejan de tener sentido, para dar realidad a lo que no es del todo real, para dar protagonismo a la luz y plantear un reto intenso a nuestros sentidos.

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Todo ello ayuda a crear un universo transgresor, que va más allá de lo creado y ante el que cada espectador tiene una sensación absolutamente única, gracias a la relación que se ve obligado a establecer con las cualidades cambiantes de la luz cayendo en un asombro similar al que experimentamos cuando vemos esos peces o mariposas de colores maravillosos que cambian de forma repentina en función de las condiciones lumínicas.

Hundred Sheets of Paper, Pounds of Wax and Couple Gallons of Glue, 2000.


Luz capaz de modificar nuestra visión del espacio, nuestra concepción de la realidad o de lo que no lo es, poniendo en solfa cuestiones que, al menos a priori, tenemos muy definidas en nuestra mente y que nos permiten tener una determinada visión de lo que nos rodea y que nos ayuda a movernos de forma segura por nuestra realidad. Conceptos apriorísticos convertidos en relativos en los espacios generados por Soo Sunny Park, en los cuales el diálogo entre lo que parece real y lo que no lo es genera un territorio de frontera nuevo y fértil.

Capturing Resonance, 2011.


lunes, 14 de abril de 2014

Southcliffe tragedia a cámara lenta




La tragedia cocinada a fuego lento termina llegándonos con mucha más fuerza que cuando se diluye detrás de explosiones imposibles, persecuciones interminables y malos malísimos perseguidos por buenos de cartón piedra. Eso que podría ser la definición de muchas de las películas que toman por asalto las pantallas de cine cualquier fin de semana convertidas en producto de consumo rápido y de las que nadie se acuerda al día siguiente, contrasta vivamente con muchas de las cosas que se están viendo en televisión, transformando la llamada “caja tonta” en una “caja” a la que merece la pena prestar atención.




Un ejemplo de ello es Southcliffe, una mini serie de cuatro capítulos del Channel 4 británico, ambientada en un pueblecito inglés de esos que dan el aspecto de que en ellos nunca pasa nada, y que se despierta de la noche de los muertos (uno de noviembre) con el sobresalto de ver como varios de sus vecinos son asesinados a sangre fría.




Y como insinuar siempre es mejor que enseñar, a partir de unos disparos que se oyen en la distancia se genera una historia con continuas idas y venidas temporales, para llegar a conocer los motivos que han puesto en marcha el implacable mecanismo de la tragedia. En ese recorrido tendrá un papel fundamental un periodista, natural del pueblo, que nos servirá de cicerone, a partir de un hecho traumático de su infancia, por los intrincados caminos de una comunidad incapaz de enfrentarse a la tragedia de un modo activo.




El papel de la comunidad, de los medios de comunicación, de los vecinos de forma individual (aquí no hay investigación policial), se pondrán en un terreno de juego gris como el cielo plomizo de Southcliffe y tan resbaladizo como los pantanos de la campiña circundante. Un medio natural a través del cual irán desfilando unas personas que verán sus vidas trágicamente afectadas y un año después, cuando el periodista que también sufrirá las consecuencias del suceso, las cosas sólo han ido a peor.




Con un ritmo pausado pero no por ello menos efectivo se van desgranando los entresijos del suceso que pondrá, aún a su pesar, al pueblo en el mapa al menos informativo, hasta dejarnos una sensación desagradable por el hecho de hacernos pensar si en el origen de determinados comportamientos individuales no habrá también unos comportamientos sociales que los favorecen. Como la incomprensión, la agresividad general con la que nos comportamos en muchas ocasiones, terminan por generar una mezcla incendiaria que sólo está esperando por la chispa adecuada para que todo explosione.




Todo tiene un origen en alguna parte, sin que eso nos lleve a justificar, ni siquiera entender por un instante fugaz, el asesinato, pero sí hay que saber que de las fallas que tienen nuestras sociedades pueden producirse estallidos de violencia que mueven los cimientos de la seguridad en la que nos gusta creer que vivimos.


jueves, 10 de abril de 2014

Jane Harvey, la voz sin edad



Después del fallecimiento de la británica Marian McPartland, figura de la que ya nos ocupamos en este mismo espacio hace unos meses, el mundo del jazz perdió en 2013 a una de esas voces que se mantuvieron durante muchos años por debajo de la señal del radar musical, pero que, sin embargo, gozaba de un amplio respeto dentro del mundo jazzístico. Ella es Jane Harvey (1925-2013).
Cuando después de dos décadas de silencio y ya con 87 años de edad, Harvey volvió a salir a la luz, los aficionados y los críticos se dieron cuenta de que no importaba el tiempo que hubiera pasado, que ahí seguía estando viva una de esas voces por las que no parece pasar el tiempo. Un tiempo que la condujo desde la edad de oro de las big band hasta el circuito de clubes de jazz de la zona de Los Ángeles, donde desarrolló buena parte de su carrera.
Una trayectoria a lo largo de la cual, como no podía ser de otra forma, vivió momentos de decisiones erróneas pero que ella siempre se tomó con humor, aceptando el error como una parte intrínseca del ser humano y sin culpar a otros de esos errores. Son cosas que pasan y es imposible transitar por la vida sin cometer algunos fallos de cálculo.


Sus inicios llegaron nada más terminar su estancia en la enseñanza secundaria en Jersey City, su lugar de nacimiento, cuando un primo suyo le gestionó una primera jira por Baltimore. Una primera experiencia musical sin duda inolvidable, cantando en locales de striptease como interludio musical entre striper y striper, con canciones que tenían que sonar de una forma especial en ese ambiente que llevaban títulos como The Man I Love (El hombre al que quiero).
Mejor le fueron las cosas al verano siguiente, cuando el punto de destino fue la ciudad de Nueva York, donde conocería a una persona que le aseguró una audición con el propietario de un local muy conocido de la ciudad, el Café Society. Su propietario, Barney Josephson, le cambió su nombre real, Phyllis Taff, por el que ya le acompañaría durante toda su carrera musical, Jane Harvey.


En ese local recibió una oferta de esas que son imposibles de rechazar. El gran BennyGoodman, sin ni siquiera saludarla, le lanzó a quemarropa la gran pregunta: “¿Quieres venir a cantar con mi banda?”. No hace falta decir que le faltó tiempo para aceptar la propuesta. Seis meses estuvo con Goodman y participó en un par de sesiones de grabación.
Luego llegaría la colaboración con el cubano Desi Arnaz y su grupo y, en 1958, con la big band de Duke Ellington. Año en el que también se retirará durante un tiempo de los escenarios para dedicarse a criar a su hijo. Unos diez años antes, también había participado con Bob Hope en una serie de actuaciones por Europa para las tropas norteamericanas estacionadas en el continente tras la Segunda Guerra Mundial.
Personas que trabajaron con ella, destacaron siempre a parte de su calidad vocal, sus ideas a la hora de grabar, casi como si fuera más una productora que una cantante, y la muerte, después de una tenaz lucha contra el cáncer, puso fin a un proyecto para hacer una gira de conciertos por Japón. Ahora nos queda su voz y ese indudable toque de clase que supo poner a todas y cada una de sus interpretaciones.


Más información: Wikipedia [en], Billboard [en], Playbill [en], Jazztimes [en], El Mundo, Telegraph [en], Cabaret Exchange.