lunes, 23 de febrero de 2015

Bron / Broen: Crímenes en gris.



El puente de Oresund que une Suecia con Dinamarca, vuelve a dar nombre a una segunda temporada absolutamente fantástica, de la mano de una de las parejas de policías más peculiares de la historia de la televisión. Un enorme placer seguir las andanzas de Saga y de Martin, sueca ella, danés él, después de haberlos dejado al borde del abismo en la primera temporada.


Un barco aparece en las pantallas de control del tráfico marítimo sin hacer ningún caso a las indicaciones, en rumbo de colisión contra uno de los pilares del puente, y descubrir que se trata de un barco fantasma con varios cadáveres en su interior. Ese es el punto de partida de una trama mortal, en la que se van cruzando las historias y que vuelve a juntar a una sueca con asperger y a un danés bon vivant.


Esta segunda temporada no sólo tiene interés por saber quién o quiénes provocan la investigación policial, sino que añade las vidas personales de sus personajes principales, dos fracasados en las relaciones sentimentales por razones diferentes. En el caso de Sara por su incapacidad para la empatía, con una sinceridad absoluta a pesar de su lucha por dejar paso a los sentimientos; por el otro lado, afectado por lo vivido en la primera temporada, y que lucha por recuperar su humanidad gravemente afectada.


Los intrincados caminos de una investigación policial compleja, se van a enredar con las peripecias personales, recorriendo los mismos recovecos, poniendo en juego lo más personal, luchando por mantener relaciones sentimentales igualmente complejas. Un drama delictivo y personal abierto, que seguramente volverán a manifestarse en una tercera temporada que ya está anunciada.


Bajo cielos siempre grises, por calles en las que las farolas apenas si lograr apartar la oscuridad, en lujosas casas de interiores luminosos y fríos al mismo tiempo, por oficinas funcionales, o en naves abandonadas van pasando los miedos, la angustia, los egoísmos, las traiciones, los sentimientos, al final, la vida misma en sociedades que desde el sur juzgamos como frías, asépticas, poco dadas a mostrar sus sentimientos, muy marcados por una climatología poco hospitalaria.


De ahí otro de los contrastes divertidos de la serie, sea entre unos suecos muy nórdicos ellos, disciplinados, un tanto fríos en las relaciones personales, y los daneses, muy capaces de tirar colillas al suelo como cualquier mediterráneo, más extravertidos y desorganizados, casi como si fueran los sureños del norte.