martes, 13 de agosto de 2019

Babylon Berlin 1ª temporada: Todo es posible en Berlín



Vaya por delante que una serie que inicia los créditos con guiños al cine expresionista alemán, al diseño de la Bauhaus y con una música con ecos al dodecafonismo, despierta con total seguridad mi curiosidad para echarle un vistazo a un producto que, de mano, ya tiene todo mi interés. Con ese arranque tenía que echarle un vistazo sí o sí, al contenido de la segunda serie de factura alemana con la que me enfrento después de la magnífica Hijos del Tercer Reich (Unsere mütter, unsere väter).




Otro de los grandes atractivos personales que tenía a priori para mí la serie, es la ambientación en el Berlín de 1929, en la capital de una renqueante República de Weimar, salida de las ruinas de la Primera Guerra Mundial, y que nunca terminó de asentarse con la fuerza suficiente como para hacer frente a dos poderosas fuerzas, destinadas a chocar con enorme virulencia unos años más tarde. Una república desgarrada entre las tensiones provocadas por los izquierdistas radicales por un lado, y por la extrema derecha del partido nazi, todavía incipiente, por otro.




Calles de Berlín que acogen, por un lado la miseria de la clase obrera totalmente pauperizada, sin esperanza, obligados a vivir hacinados en condiciones infrahumanas, comiendo la misma carne llena de gusanos que se tira a los perros, eso cuando hay dinero para comprar carne, claro está. Organizados en poderosas organizaciones de izquierdas que toman las calles, promueven huelgas y disturbios ante los que la policía responde sin contemplaciones.




La sangre corre por las calles, de la misma forma que el alcohol lo hace en los clubes nocturnos, controlados por mafias, la droga y la música de swing o de jazz suena a todo trapo para deleite de bailarines, cantantes, transexuales y jóvenes que buscan llevar algo de dinero a su casa traficando con lo único que tienen, su cuerpo.




Un Berlín convulso, en plena ebullición, donde los rusos se matan en sus calles con enorme entusiasmo, tanto que la policía germana ni se molesta en investigar, mientras que un joven inspector llegado de Colonia, Gereon Rath, también afectado por las consecuencias físicas y emocionales de la guerra, tendrá que meterse de lleno en ese mundo para tratar de localizar una película pornográfica que pone en riesgo la carrera política de su suegro.




Entremedias, un misterioso tren procedente de Rusia pondrá la parte política de la trama, y todo terminará por confluir en un único punto, en un Berlín vibrante, frenético, de ex soldados rotos por la guerra, proletarios sin empleo, nostálgicos de las glorias imperiales, trostkistas ingenuos que creen que podrán deshacerse de Stalin para llevar adelante la verdadera revolución, judíos, cristianos, mafiosos armenios, y todos y cada uno de ellos tiene algo que ocultar, llevan a cuestas sus sombras como la propia ciudad cuando cae la noche.




Una buena primera temporada que posiblemente tiene más interés histórico que por como lleva adelante la narrativa, pero que deja las ganas abiertas para ver la segunda temporada.




Mención aparte merece la excelente ambientación musical y una de las mejores coreografías que he visto en mucho tiempo, de la mano del tema Zu Asche zu Staub (A las cenizas, al polvo) que, en esto coincido con la opinión de Javier Olivares, es más que una canción, un himno, cantado por la lituana Severija Janusauskaite, que da vida a Svetlana, otra exiliada rusa que tiene mucho que ver con el tren misterioso. Os dejo el vídeo como remate final.


2 comentarios:

Ikana dijo...

Tiene muy buena pinta :D

Alfredo dijo...

La tiene, la tiene.