lunes, 29 de julio de 2019

Richard Gerstl (Viena 1883-Viena 1908): En los albores del expresionismo

Retrato riendo.

Pensamos en la capital austriaca finisecular, todavía capital del Imperio Austrohúngaro, un joven de familia bien rebelde hasta el punto de ser expulsado de todas las instituciones educativas, creciendo en plena Sezession con Gustav Klimt como figura artística de referencia, amigo de Arnold Schönberg influyente compositor musical padre de la atonalidad, y de su esposa Mathilda, seis años mayor que él con la que tendrá un idilio hasta que el marido descubrió el pastel, retiró todo su apoyo al joven pintor y este, después de quemar parte de su obra, terminó suicidándose poniendo así fin a una corta pero muy intensa carrera artística que le llevará a las puertas del expresionismo.

La familia Schönberg (1908)

La agitación interior del artista es muy palpable en parte de una obra en la que los paisajes, los retratos y los interiores, al menos de las pinturas que se conservaron, son los tema fundamentales y dentro de cada uno de esos temas, podemos encontrarnos con visiones artísticas muy diferentes.

Mathilde Schönberg y su hija.

Así, vemos retratos de Schönberg y de su esposa e hija, que tienden al realismo, retratados en habitaciones interiores de su casa perfectamente reconocibles, y con una especial atención a unas miradas que parecen ver más allá del espectador, como si pudieran atravesar la materialidad de nuestros cuerpos y vagar por espacios vedados a los simples mortales. Miradas sin duda inquietantes.


Retrato de grupo (1908)

Otras veces, veremos como esos retratos se convierten en machas de color, en los que es prácticamente imposible adivinar los detalles de los rostros, convertidos en máscaras, casi al modo del belga Ensor, y además difuminadas, sobre cuerpos donde las ropas tiemblan, parecen desplazarse de un modo caprichoso y uno espera que en cualquier momento, toda la composición se venga abajo, todo se diluya.

Autorretrato (1901)

En sus autorretratos (se suicidó ante el espejo que había utilizado muchas veces para pintarse a sí mismo), lo mismo aparece como un ente blanquecino sobre un fondo azul oscuro, casi negro, imponiendo su figura y rodeado de una suerte de aura, quien sabe si como un mensaje pidiendo ser salvado de las sombras interiores que le acompañaban, mientras que otras veces ríe como un loco en un desvarío sobre un fondo de pinceladas cortas, rápidas, oscuras.

Lago Traunsee (1907)

Y los paisajes, unos en los que no parece descabellado pensar en la influencia de Van Gogh, en los que utiliza el color de una forma muy personal, muy valiente, unas veces con pinceladas largas, muy cargadas de color, que convierten la paz del lago Traunsee, en cuyas proximidades tenían su casa los Schönberg, en algo inquietante. Era 1907. Al año siguiente se destapará el romance, y Mathilda optará por seguir con su marido, y Gerstl por el suicidio.

Más información: Wikipedia, Xataka, Viena y yo, Richard Gerstl [en].

lunes, 22 de julio de 2019

La gran belleza (La grande bellezza, Paolo Sorrentino, 2013): El extraño ritual de la decadencia



Llevamos unos segundos de película cuando vemos a un turista suponemos que japonés, alejándose mientras su grupo sigue atentamente las explicaciones de una guía. El turista se asoma a la ciudad de Roma e incapaz de soportar tanta belleza se desploma, ¿simple desmayo? ¿fallecimiento? A nadie le importa, es un simple turista, uno más. “Los únicos habitantes de Roma son los turistas”, dice uno de los personajes en un momento determinado de la película.



Luego saltamos a una desenfrenada fiesta de cumpleaños, concretamente, del 65 cumpleaños de Jep Gambardella, al que da vida un inconmensurable, Toni Servillo, un personaje que en su juventud decidió convertirse en el alma de todas las fiestas de Roma, incluso con el poder para hundirlas. Lo mismo que fluyen las aguas del Tíber o las de ese mar que Jep ve en el techo de su habitación, su vida fue yendo por cenas, fiestas y demás saraos sociales donde se cruzan intelectuales, periodistas, vendedores de juguetes, mujeres socialmente comprometidas o no, de una alta sociedad tan vacua como sus vidas.


Es una película sobre la belleza, por lo tanto sobre lo efímero, sobre la nada que queda después de ese momento de extraordinaria belleza que vamos a recordar para siempre, y que muy bien puede valer por toda una vida. Eso es lo que da algún  resquicio de sentido a la vida de los personajes que van transcurriendo por la película, todos ellos náufragos de una juventud que ya fue y de una senectud que ahí está llamando a las puertas.


Mientras los jóvenes contemporáneos, o bien se refugian en la religión (ese colegio de monjas adolescentes) o en el desorden mental, náufragos también de esa nada inmensa de la que hablaba Ángel González, que les lleva al suicidio o a una creación artística pretendidamente intelectual pero que detrás de la fachada, de nuevo, se esconde una nada igualmente inmensa. 


Belleza hay a raudales en esta película, desde la música, hasta cada uno de los planos, los monumentos de Roma, la magnífica terraza con vistas al Anfiteatro en el que transcurre buena parte de la película, la forma tan elegante con la que Jep deja transcurrir una vida en la que ha dejado de crear, de sentir, a la que se enfrenta desde una hermosa lucidez.



Y Roma, esa ciudad eterna, decadente, un espacio urbano que es más un estado del alma, donde las palabras echan abajo máscaras de pretendida intelectualidad, de compromiso ciudadano impostado mientras se vive rodeado de criados, y se sale en televisión incluso los lunes, un día en el que ni siquiera los “camellos” salen a la calle, como señala Gambardella en uno de los mejores momentos de la película. Os dejo el vídeo por si alguien lo quiere ver.


Mientras tanto la cámara de Sorrentino nos lleva a ver Roma desde las alturas, a bajar al fondo de las criptas de las iglesias, a deambular por viejos pasillos oscuros llenos de esculturas clásicas, por interiores minimalistas, por la decadencia, por la desidia moral, por los caminos, en definitiva, de la vida.


jueves, 18 de julio de 2019

Dog Soldiers (Robert Stone, 1974, Malas Tierras 2019)


Estamos ante la primera novela que traza un paralelismo entre la guerra de Vietnam y las repercusiones que la misma generó en los Estados Unidos, concretamente en el estado de California, patria de los hippies y de los movimientos contraculturales y pacifistas nacidos precisamente al calor del conflicto desarrollado en el sudeste asiático, provocando un tormentoso y doloroso despertar en la sociedad norteamericana que ya no volverá a ser la misma.

Atrás van a quedar el sol y las flores ahogados ambos en la marea de drogas que asolaron a los soldados norteamericanos desplegados en Vietnam, un infierno insoportable como muy bien nos trasladó después del cine, que terminará por llegar al otro lado del océano hasta hacer entrar en crisis el tan traído y llevado sueño americano.

El protagonista es John Converse, un periodista de tercera y un escritor de cuarta, que ejerce como corresponsal de guerra en Saigón de una publicación comunista, dirigida por su suegro, y que busca su particular evasión de la realidad a través de la funesta idea de importar a los Estados Unidos tres kilos de heroína, y lograr así un buen dinero. Para ello involucra a un amigo suyo, marine, y a su mujer, que trabaja en un sórdido cine porno y, claro está, con semejantes ingredientes uno tiene claro que nada bueno puede salir de ahí.

- ¿Qué pasará mañana? preguntó.- ¿No lo pillas? Le puso un dedo en el vientre y lo deslizó hasta que la yema de los dedos le apretó los genitales. Acercó los labios a su oído -. Estamos muertos.

Si la selva asiática está llena de peligros de todo tipo, no lo está menos la selva urbana y desértica de los Estados Unidos, y si los soldados norteamericanos no saben qué es lo que se les ha perdido tan lejos de casa, sus compatriotas están igualmente desnortados, sin encontrar sentido a sus existencia mientras deambulan por calles tristes, moteles tétricos, con un falso Hollywood poniendo un brillo apagado, policías corruptos de un lado y otro de la frontera, y un mal oculto en todos los rincones que termina llegando incluso a aquellos refugios ocultos en montañas donde habitan náufragos de todas las resacas lisérgicas.

Al final, para un hombre como es debido, para un samurái, no hay demasiadas cosas que merezca la pena desear. Pero hay algunas. Y al final, si un hombre como es debido sigue necesitando una ilusión, elige la más valiosa y se compromete con ella. Esa ilusión podía consistir en esperar el día en que una mujer estuviera en sus manos. En estar con ella y estremecerse en el mismo momento. Si dejo esto, pensó, seré viejo: no quedarán más que fantasmas, resacas y dulces recuerdos. A la mierda, pensó, haz lo que sientas. Esta es la ola. Esta es la ola que debo montar hasta que se estrelle.

Probablemente a la misma velocidad con la que el ejército camina hacia la derrota, la sociedad norteamericana está también haciendo su propio camino de autodestrucción, a lomos de las drogas, el nihilismo y los excesos de todo tipo, haciendo estallar el colorido de los años 60 y convertirlo en un oscuro gris, casi negro, de los 70. Sin embargo, la novela también deja espacio al humor, con personajes que bien nos pueden recordar al Gordo y el Flaco, y situaciones francamente divertidas para una historia de regreso, una acción que nunca es fácil, de perdedores condenados a que todo les salga mal o casi.

Nunca se me ha dado bien esto, pensó. Un enamorado, eso es lo que soy. Una pizca de algo en el vacío de todos, un punto de inflexión, algo a lo que agarrarse. Un hombre al que es fácil dejar atrás.

lunes, 15 de julio de 2019

Max Klinger (Leipzig, 1857- Grossjena, 1920): La obra total




Son muchos y muy variados los caminos por los que transitó el arte de este alemán, generalmente etiquetado como un artista simbolista, etiqueta que, como todas, no abarca de forma completa la totalidad de la obra de Max Klinger, cuyos postulados seguirán tiempo después otros artistas alemanes como Käthe Kollwitz o los propios expresionistas.




Y es que dependiendo del medio artístico elegido, los planteamientos estéticos variaban considerablemente en la obra de un Klinger, nacido en el seno de una familia de clase media, que transitó por la escultura, la pintura y el grabado. Una vez hechos sus primeros estudios en la Real Academia de Arte de Berlín allá por 1878, iniciará una serie de viajes por distintos países de Europa que le llevarán a conocer desde el arte de la antigua Grecia, al paisajismo inglés, los impresionistas franceses, y la obra de Goya en España, que tanta influencia va a tener en su trabajo como grabador.




Si sus primeros maestros fueron pintores realistas como Karl Gussov y Adolph von Menzel, Klinger irán más allá para dotar al realismo de sus obras de un contenido simbólico, en temas mitológicos y alegóricos que, en ocasiones, pecan de una frialdad acorde con los postulados estéticos que el propio artista definirá en un ensayo titulado Pintura y dibujo (1895), en el cual defendía que la pintura y la escultura policromada debían de excluir en su concepción factores emocionales que pudieran suponer algún tipo de interferencia en su representación.



Sin embargo, en sus grabados o estampas en blanco y negro, ahí sí abogaba por dejar paso a percepciones subjetivas de la realidad, lo que aumenta la carga emocional de esas obras y donde la representación objetiva se convertía en algo menos relevante. Una subjetividad que le alejaba del realismo social, aún cuando sí es cierto que en algunas de sus obras, como las que dedicó al mundo de la prostitución es posible ver una denuncia de la hipocresía burguesa construida alrededor de ese mundo.




De esa forma anticipa las cuestiones nucleares en la obra de otros artistas alemanes, como la propia Kollwitz, que ponen el acento en la pobreza, la violencia en general, y la sufrida por las mujeres, en particular, en obras de una gran fuerza expresiva.




La música será otra de las artes que tendrán influencia en la obra de Klinger, sobre todo de compositores como Schumann o Brahms, con la creación de obras capaces de sintetizar la música con la poesía o las artes visuales, en una suerte de obras de arte totales. 

miércoles, 10 de julio de 2019

Lovis Corinth (Tapiau [Gvardeysk], Prusia [hoy Rusia] 1858 – Zandvoort, Holanda, 1925): Del realismo al expresionismo

Morgensonne, 1910.

Estamos ante un pintor que recorrió, artísticamente hablando, dos de los grandes movimientos de las vanguardias de finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, como son el impresionismo y el expresionismo, partiendo de un realismo aprendido en las academias de Königsberg y Munich, en las que daría sus primeros pasos en el aprendizaje de oficio de pintor, para luego pasar a la faceta de maestro, con la particularidad de que su primera alumna, Charlotte Berend, veinte años más joven que él, terminaría por ser su mujer y su musa de referencia convirtiéndola en protagonista de muchas de sus obras.

Mar, La Spezia, 1914. 

En 1884 inició un viaje que le llevará a Amberes y París, donde podrá conocer de primera mano la obra de los impresionistas y la pintura al aire libre que luego verán su reflejo en los paisajes de Corinth, además de adentrarse en los secretos de la pintura del desnudo que tanta relevancia tendrá en su obra.


Die Hexen, 1897.

Unos desnudos los de Corinth desprovistos de connotaciones heroicas, históricas o religiosas, que les dieran una coartada, pasando a ser desnudos que le permiten al artista profundizar en algunos de los temas más recurrentes de su obra, como son el amor, el sexo o la muerte, en los que se aprecian ecos claros de otros compatriotas suyos como Otto Dix, George Grosz o Ludwig Meidner.


Las Tres Gracias, 1904.

La figura de Jesucristo, papel en el que se llegó a retratar en alguna ocasión, será una de las fijaciones de Corinth, para reflejar, no la alegría por el sufrimiento que desemboca en la resurrección, el sufrimiento sin disimulos de un hombre sometido a una tortura intensa. Una forma de contar que le enmarca claramente como un pintor subversivo, decidido a romper los convencionalismos por medio de un estilo lleno de dramatismo y con un punto visionario. 


El Nacimiento de Venus, 1923.

Los cuerpos y la carne, entendido esta última al modo de las escenas de matadero de Rembrandt, las fusiona Corinth en obras en las que aparecen unidos los desnudos con los esqueletos de los animales, en obras en las que nos parece estar oyendo, a través de una pintura ya sí plenamente expresionista, los gritos rompiendo nuestros oídos.


Mujer con lirios.

Posiblemente sea en sus paisajes en donde se muestre Corinth como más abiertamente impresionista, al menos en el concepto de pintura al aire libre, en la plasmación en el lienzo de un mismo paisaje en distintos momentos del día o en diferentes estaciones, obras en las que el color cobra una autonomía absoluta, donde las formas se difuminan y la pincelada se pone al servicio de la expresividad de la obra.

Eduard von Keyserling, 1900.

En sus retratos y autorretratos es donde mejor se percibe la evolución estilística del prusiano, con la particularidad de que todos los años en el momento de acercarse su cumpleaños tiene la costumbre de retratarse a sí mismo, una costumbre que no tiene parangón en la época. En 1911 sufrió una apoplejía que, sin embargo, no le impidió seguir pintando, momento a partir del cual la vertiente expresionista de su pintura será hegemónica.

Con todo ello no es para nada extraño que los nazis declararan su pintura como arte degenerado.

Más información: Wikipedia, Museo Thyssen, Museo de Orsay.

miércoles, 3 de julio de 2019

Leonardo Alenza y Nieto (Madrid 1807-1845): Tipismo romántico

La muerte de Daoiz en el parque de artillería de Monteleón (1835)

El pintor que seguramente más ironizó sobre el suicidio romántico que tan de moda se había puesto entre la juventud española de la época, no pudo escapar a un destino tan propio de los artistas del momento, como fue el fallecimiento, sin haber cumplido los 38 años de edad, por tuberculosis en medio de la mayor de las indigencias, hasta el punto de que tuvieron que ser sus amigos quienes costearan su enterramiento en un nicho, para evitar que su cuerpo fuera inhumado en una fosa común.


La azotaina (1830)

Un pintor que vivió una infancia en medio de la guerra contra las tropas napoleónicas, la posterior restauración fernandina y el reinado de Isabel II, pasando por la primera de las tres guerras carlistas.


El sacamuelas (1844)

Leonardo Alenza, nacido en el seno de una familia modesta, siguió una formación artística convencional con el paso por la Academia de San Fernando, primero en el estudio que la institución tenía en el convento de la Merced, y luego en la propia academia, donde tendrá como principales profesores a Cástor González Velázquez, Juan Antonio de Ribera o José de Madrazo, entre otros.


El triunfo de Baco (1844)

Lógicamente, sus primeras obras se atendrán a los estándares academicistas, con predominio de los temas de historia como se puede ver en su obra David con la Cabeza de Goliat o La muerte de Daoiz en el parque de artillería de Monteleón, por citar tan solo dos de ellos. Obras con las que perseguía, como se afirma en la reseña del Museo del Prado, “no solo el reconocimiento público de su arte, sino también alcanzar un puesto de prestigio en el entramado artístico, sin abandonar una clara postura de originalidad en cuanto al tratamiento iconográfico y estilístico de sus obras.”


Caballeros conversando en el Café Levante de Madrid (c. 1830)

También va a ser un destacado retratista, con una serie de obras en las que destaca el estudio psicológico de unos retratados que destacan sobre fondos de tonalidades oscuras y neutras, de tal forma que la atención del espectador no es distraída por nada para que concentre su mirada únicamente sobre el retratado.


El viático (1840)

La sólida formación como dibujante, que le va a llevar a ilustrar obras literarias y a publicar dibujos y grabados en revistas de la época, queda puesta de manifiesto en las estampas de género que terminarán por convertirse en la parte de su obra más conocida por el gran público. Son tipos del Madrid isabelino, muy inspiradas por las de Teniers y Woumermans, en escenas de viáticos, romerías, riñas, posadas, músicos, manolas, brujas; o tipos aislados como castañeras, aguadores, gitanas, mendigos, presidiarios, entre otros muchos.


En el garlito (c. 1835)

Una obra más irónica que satírica, deudora del último Goya, con un estilo rápido, desenvuelto, poniendo el acento en los aspectos más grotescos de las clases bajas de la capital de España que forman parte, por derecho propio, de eso que se conoció como veta brava del costumbrismo romántico, también cultivada por otros pintores del romanticismo español.

Sátira del suicidio romántico (c. 1839)

miércoles, 26 de junio de 2019

St. George Hare (Limerick 1857-Londres 1933): El desnudo victoriano

Mariposas negras

Nacido en la isla de Irlanda en el seno de una familia de padre cirujano dental y de religión metodista, Hare empezó sus estudios de dibujo y pintura durante tres años, en la escuela de arte de su ciudad natal, para luego seguir con ellos en la capital británica durante siete años.

En plena era victoriana la educación artística de Hare fue, lógicamente, de corte academicista lo que significaba que los temas históricos eran los de mayor valoración entre maestros, críticos y público en general, además de los relacionados con la mitología o las escenas bíblicas. Una época especialmente conservadora en todos los órdenes sociales y vitales.

La puerta de Venus

Así no es nada extraño que obtuviera una medalla de oro merced a una cuadro titulado La muerte de Guillermo el Conquistador, una de las figuras señeras de la historia británica, que expuso en el año 1886.

Durante su vida contó con el inestimable apoyo de la acomodada familia de banqueros Hoare, hasta el punto de llegar a ser amigo personal de uno de sus miembros, Henry Colt Arthur, que sería el modelo, además de su mujer, de varios retratos pintados por Hare. Henry Colt Arthur, murió durante la Primera Guerra Mundial, como capitán del ejército británico y fue enterrado en el cementerio militar de Alejandría.

Henry Arthur Colt Hoare

En medio del ambiente puritano marcado por la reina Victoria, llamaron la atención las pinturas de Hare que incluían desnudos femeninos, especialmente el titulado El triunfo de la fe, en el que podemos ver a dos esclavas, una blanca y otra negra desnudas acostadas sobre un lecho de paja en una suerte de celda, tal vez a la espera de ser vendidas al mejor postor.

Una escena que alteró los ánimos del público más pacato, que veía una escena extrañamente perturbadora de dos mujeres, que más que un mensaje moralizante relacionado con la capacidad de la fe cristiana para llegar a todos los rincones del planeta, parecía estar más vinculado a una escena de amor lésbico y además interracial, con lo que el escándalo estaba servido.

El triunfo de la fe

No será la única vez en la que veamos reflejada la sensualidad de los cuerpos femeninos en la obra de Hare, como en El Adiós o Amor de Ángel, cuadro con una mujer que se ha desprendido de todas lo terrenal, ropajes incluidos, mientras es arrastrada por el pelo por un ángel con una apariencia de lo más masculina y alejado de los clásicos estereotipos querubínicos.

El adiós o Amor de Ángel

La jaula dorada, también conocida como Esclava con cadenas, son otras obras donde el cuerpo femenino es protagonista absoluto y que corren paralelas a lo que se conoció en el ámbito anglosajón como el white slavery panic, cuando los activistas antiprostitución iniciaron sus campañas de denuncia acerca del tráfico de mujeres blancas, sobre todo en los Estados Unidos, con destino a la explotación sexual.

La jaula dorada o La esclava con cadenas
Más información: El dibujante, Limerick [en], Visual Arts [en].

lunes, 27 de marzo de 2017

Manifiesto del Día Mundial del Teatro 2017

Hoy se celebra el Día Mundial del Teatro 2017, y aquí os dejo el manifiesto escrito por la actriz francesa Isabelle Huppert.

Bueno, aquí estamos otra vez. Reunidos de nuevo en primavera, 55 años después de nuestra reunión fundacional, para celebrar el #Día Mundial del Teatro. Un solo día, 24 horas, que comienzan de la mano del teatro NO y del Bunraku que pasan por la Ópera de Pekín y el Kathakali, brillando entre Grecia y Escandinavia, de Esquilo a Ibsen, de Sófocles a Strinberg, entre Inglaterra e Italia, de Sara Kane a Pirandello, y también Francia entre otros, donde nos encontramos, y donde París es la ciudad del mundo que atrae a más grupos de teatro internacional. En esas 24 horas podemos ir de Francia a Rusia, de Racine y Molière a Chejov, e incluso atravesar el Atlántico para acabar en un Campamento californiano, tentando a jóvenes a reinventar, quizás, el teatro.

De hecho, el teatro renace cada día de sus cenizas. No es sino una convención que hay que abolir incansablemente. Así es como sigue vivo. El teatro tiene una vida abundante que desafía el espacio y el tiempo, y las obras más contemporáneas se nutren de los siglos pasados, los repertorios más clásicos se hacen modernos cada vez que son subidos de nuevo a escena.

El Día Mundial del Teatro no es pues, obviamente, un día cualquiera de nuestras vidas que deba ser tomado de forma banal. Hace revivir un inmenso espacio-tiempo y, para evocarlo, querría citar a un dramaturgo francés tan genial como discreto, Jean Tardieu: Hablando del espacio, se pregunta 'cuál es el camino más largo para ir de un punto a otro.' Sobre el tiempo, sugiere 'medir, en décimas de segundo, el tiempo que se tarda en pronunciar la palabra 'eternidad''. Sobre el espacio-tiempo, también dice: 'Antes de dormir, fija tu mente en dos puntos del espacio, y calcula cuánto tiempo se tarda, en un sueño, en ir de uno a otro'.

Es la frase 'en un sueño' la que siempre me da vueltas en la cabeza. Pareciera que Jean Tardieu y Bob Wilson se hubieran encontrado.

También podemos resumir nuestro Día Mundial del Teatro, citando las palabras de Samuel Beckett que hace decir a Winnie en su estilo expeditivo: '¡Oh, qué hermoso día habrá sido!'

Al pensar en este Mensaje que tengo el honor de que me hayan pedido que escriba, he recordado todos los sueños de estas escenas. Por eso puedo decir que no he venido a esta sala de la UNESCO yo sola. Todos los personajes que he interpretado en escena me acompañan. Personajes que parecieron irse cuando caía el telón, pero que han cavado una vida subterránea en mí, dispuestos a ayudar o destruir los personajes que les sucedieron. Fedra, Araminte, Orlando, Hedda Gabbler, Medea, Merteuil, Blanche Dubois... Me acompañan también todos los personajes que he adorado y aplaudido como espectadora. Y por eso es por lo que pertenezco al mundo. Soy griega, africana, siria, veneciana, rusa, brasileña, persa, romana, japonesa, marsellesa, neoyorkina, filipina, argentina, noruega, coreana, alemana, austriaca, inglesa, realmente del mundo entero. Esa es la auténtica globalización.

En 1964, con ocasión de este #Día Mundial del Teatro, Laurence Olivier anunció que, tras más de un siglo de lucha, por fin se acababa de crear en Inglaterra un teatro nacional que él quiso transformar inmediatamente en un teatro internacional, al menos por su repertorio. El tenía muy claro que Shakespeare pertenecía al mundo.

Me ha encantado saber que el primer Mensaje de estos Días Mundiales del Teatro, en 1962, se le confió a Jean Cocteau, por ser autor del libro 'La vuelta al mundo en 80 días otra vez'. Yo he dado la vuelta al mundo de forma diferente. La he dado en 80 espectáculos u 80 películas. Incluyo aquí películas en las que no distingo entre hacer teatro o cine, que sorprende cada vez que lo digo pero es cierto, es como es. Ninguna diferencia.

Al hablar aquí no soy yo. No soy una actriz. Soy solo uno de esos incontables personajes gracias a los cuales el teatro sigue existiendo. Es un poco nuestro deber. Y nuestra necesidad. Cómo expresarlo... Nosotros no hacemos que el teatro exista. Es gracias al teatro que nosotros existimos.

El teatro es muy fuerte, resiste, sobrevive a todo, a las guerras, a las censuras, a la falta de dinero. Es suficiente con decir 'la escena es un escenario vacío de un tiempo indeterminado' y hacer entrar a un actor. O una actriz. ¿Qué va a hacer? ¿Qué va a decir? ¿Van a hablar? El público espera, se va a saber, ese público sin el que no existe el teatro, no lo olvidemos nunca. Una sola persona de público, es público. ¡Esperemos que no haya muchas sillas vacías! Salvo en la obra de Ionesco. Al final la Vieja dice: 'Sí, sí, muramos en plena gloria... Muramos para entrar en la leyenda... Al menos tendremos nuestra calle.'

El Día Mundial del Teatro existe desde hace ahora 55 años. En 55 años soy la octava mujer a la que se le pide pronunciar un mensaje, bueno, no sé si la palabra 'mensaje' es la adecuada. Mis predecesores (¡se impone el masculino!) hablaron del teatro de la imaginación, de libertad, del origen, evocaron la multiculturalidad, la belleza, las preguntas sin respuestas... En 2013, hace tan solo 4 años, Darío Fo dijo: 'la única solución a la crisis, reside en la esperanza de una gran caza de brujas contra nosotros, especialmente contra los jóvenes que quieren aprender el arte del teatro: así surgirá una nueva diáspora de comediantes, que hará surgir de estas limitaciones unos beneficios inimaginables para una nueva representación.'

Beneficios inimaginables es una fórmula digna de aparecer en un programa político, ¿no? Como estoy en París poco antes de unas elecciones presidenciales, sugeriría a aquellos que pretenden gobernarnos, que estén atentos a los beneficios inimaginables aportados por el teatro. Y por supuesto, ¡nada de caza de brujas!

El teatro para mí es el otro, el diálogo, la ausencia de odio. La amistad entre los pueblos. No sé ahora mismo qué significa exactamente, pero creo en la comunidad, en la amistad de los espectadores y los actores, en la unión de todos a los que reúne el teatro, los que lo escriben, los que lo traducen, los que lo explican, los que lo visten, los que lo decoran, los que lo interpretan, incluso, los que van. El teatro nos protege, nos acoge... Creo de veras que nos ama... tanto como le amamos.

Recuerdo a un viejo director de la vieja escuela, que antes de que se levantara el telón, entre bambalinas, decía cada noche con voz firme: '¡Paso al teatro!'

Estas serán mis últimas palabras. Gracias.

jueves, 12 de enero de 2017

Destino. Walt Disney y Salvador Dalí

En 1946, Walt Disney empezó a trabajar con Salvador Dalí en un corto de animación, titulado Destino que quedó inacabado en su momento y hubo que esperar hasta los principios de los años 2000 para poder ver el resultado final, y es este.


lunes, 2 de enero de 2017

The Honourable Woman: ¿Es posible confiar en alguien?




“¿En quién confías? ¿Cómo sabes en quién confiar? ¿Por su apariencia? ¿O por lo qué dicen, lo qué hacen? Todos tenemos secretos, pero, a veces, pocas, algo puede pasar que no te deja otra opción más que revelarlos para que el mundo vea quién eres realmente, tu yo secreto. Pero casi siempre contamos mentiras, ocultamos nuestros secretos a los demás, a nosotros mismos. Así que cuando piensas en ello de esa manera, es asombroso que confiemos en alguien.”




La voz pausada de Nessa Stein, a la que da vida una más que magnífica Maggie Gyllenhall que borda una actuación en la más absoluta de las excelencias, repite al inicio de cada uno de los ocho capítulos de esta serie, una letanía que marca una de las claves de lo que vamos a ver en cada uno de los episodios.




Cantaban Heroes del Silencio “quien no guarda un secreto no es de fiar” y en  la película El escándalo Blaze, la madre del personaje que interpretaba Lolita Davidovic le daba este consejo: "no confíes en un hombre que te diga que puedes confiar en él". Ambas afirmaciones son perfectamente válidas en el caso de The Honorauble Woman, donde si algo hay son secretos y personas que te dicen que puedes fiarte de ellas, todos en medio de un juego sin reglas que se desarrolla en la convulsa zona de Oriente Medio en medio del conflicto entre israelíes y palestinos, un lugar que Nessa Stein intenta ayudar a pacificar por medio de un proyecto educativo y de comunicaciones, después de que su padre hubiera sido conocido como fabricante de armas utilizadas por el estado israelí en sus guerras con los árabes que lo rodean.




A lo largo de los ochos capítulos de esta serie producida por la BBC y Sundance Channel, salida de la imaginación de Hugo Blick, también responsable de la sensacional The Shadow Line, asistiremos con incredulidad a un cruce de intereses que se conjugarán para convertir un proyecto altruista en un elemento crucial de un juego político, en el que los idealistas, sean del tipo que sean, no tienen cabida en un ambiente tan enrevesado y en el que casi nadie tiene la intención de pararlo.




Una serie en la cual los acontecimientos van cayendo lentamente, sin prisa, sin pausa, con un dramatismo contenido que no hace sino acentuarlo, hasta llegar a un paroxismo final en forma de dos episodios en los cuales los sucesos van cayendo en cascada, uno tras otro, como fichas de un dominó, cerrando un círculo maldito en una tierra que parece condenada a no encontrar nunca el camino de la convivencia pacífica.





Otro de los grandes atractivos de la serie es el protagonismo de las mujeres, que aquí no están reducidas al papel de acompañantes del héroe varón, sino que son ellas los auténticos motores de la serie, mostrándose en una espléndida complejidad, mujeres auténticas, sin estereotipos, atractivas o no, ejecutoras o víctimas, madres, esposas, amantes, profesionales, auténticas protagonistas de un destino caprichoso manejado por vientos procelosos mientras intentan mantener un rumbo fijo en medio de la tempestad.