jueves, 4 de junio de 2015

Katia Kameli, la artista multicultural


Rebeldes.

Creadora francoargelina radicada en París, Katia Kameli utiliza la fotografía, el video, las instalaciones y el dibujo para desarrollar su talento artístico. Las dos primeras técnicas son las más utilizadas por Kameli, como ella misma ha explicado alguna vez, por razones de espacio ya que su estudio no tiene capacidad para albergar la creación de obras de gran formato.




De todas formas el video, primero en Súper 8, siempre ha sido el medio más utilizado por Kameli, seguidora en buena medida de algunos de los postulados de la Internacional Situacionista, fundada por el francés Guy Debord en 1957, sobre la base de que la situación era la parte fundamental, esa en la cual los individuos asumen un papel activo en la explicación del territorio en el que desarrollan su existencia.




De esa forma Kameli busca en los barrios de Marsella o en las calles argelinas, esos espacios mestizos, esos lugares en los que tradición y modernidad se dan la mano, barrios fronterizos en permanente proceso de aculturación, de superposición de formas contemporáneas con las más profundas tradiciones, lugares de personalidades efímeras, siempre en cambio, que no terminan de ser ni una cosa ni otra, sino que alumbran una nueva realidad.





Eso se debe “a mi propia historia, porque siempre he viajado mucho, he conocido muchos países y nunca me he sentido atada a una única región, y eso se ve reflejado en mi trabajo”, según reconocía la propia artista en una entrevista de 2008.


Aicha.

Más información: Taymour Grahne [en], Delfina Foundation [en], Universe.org [en].

lunes, 1 de junio de 2015

Gregor Schneider y sus interiores inquietantes



Alcanzar la edad de 16 años fue determinante en el devenir vital de este artista alemán nacido en la localidad de Rheydt en 1969. Con esa edad sufrió el fallecimiento de su padre y vio como se le organizaba su primera exposición individual en Mönchengaldbach, al mismo tiempo que daba comienzo a una obra sobre la que todavía hoy está trabajando.


La faceta artística de Schneider está marcada por su obsesión por los interiores, que termina por transformar en una suerte de escultura tridimensional transitable por lo espectadores, que terminan viviendo una serie de emociones contradictorias en las que el miedo es de las más importantes. Y ello es así por la construcción de habitaciones en el interior de las salas de exposiciones, modificando el espacio interior de los museos, creando nuevos espacios capaces de alterar la percepción espacial del visitante.


Precisamente con 16 años empezó a trabajar sobre su casa natal en Rheydt, interviniendo en su interior, construyendo habitaciones dentro de otras habitaciones, espacios que se convierten, en algunos casos, en inaccesibles, habitaciones en las que por una ventana se siente la entrada del aire mientras que por otra luce un sol espléndido, gracias al uso de distintos aparatos para crear diferentes condiciones climáticas.


Lugares en los que hay personas simulando acciones concretas, o en los que se puede encontrar al propio artista ejerciendo al modo de anfitrión en una casa cuyas habitaciones se mueven, donde se entra por la puerta situada en un lado y cuando se quiere salir uno se da cuenta de que ha cambiado de ubicación.


Otras veces se desplaza hasta la famosa playa de Bondi Beach, en Australia, para ubicar una serie de 21 celdas delimitadas por paneles de metacrilato, todas exactamente iguales para reflexionar sobre la uniformidad occidental actual. Otras veces llevará al interior de los museos una recreación de los espacios de la prisión de Guantánamo, pensados para ejercer una presión psicológica sobre los presos, sin que queden marcas externas propias de una tortura física, sustituida ahora por una tortura psicológica igualmente cruel.



Obras no exentas de polémica como en el caso de aquella que planteó para hacer una habitación en el interior de un museo, y en la que pretendía que se pudiera observar la muerte de una persona, como una forma de desdramatizar ese momento vital y como muestra, según el artista, de enseñar la belleza de ese momento. Una pretensión que le valió la crítica de todos los sectores políticos alemanes, amén de una larga colección de amenazas de muerte. Eso no fue óbice para que en otras obras aparezcan fallecidos simulados en otras obras suyas.

Más información: El Cultural, The Guardian [en], Art Gallery [en], Frieze Magazine [en].

martes, 19 de mayo de 2015

1864, el año el que Dinamarca se fue a la guerra




Magnífica serie de ocho episodios la que nos regala la televisión pública danesa, estrenada aprovechando el 150 aniversario del hecho histórico, que no es otro que la guerra entre Dinamarca y Prusia por el domino de los territorios de Schleswig Holstein, en un momento en el cual los prusianos, con Bismarck y Moltke al frente de los ejércitos del Kaiser Guillermo I, estaban dando forma a la potencia militar germánica previa a la definitiva unificación alemana.


Unos años antes, los daneses habían logrado una victoria militar sobre el mismo territorio, aunque desde el punto de vista político no se alcanzó el mismo éxito, y eso les animó a incluir dentro de su constitución la anexión de ese territorio ya de lengua y cultura germánicas. Esa situación provocará la reacción prusiana y la inevitable guerra.


Un conflicto que, como muy bien cuenta la serie, estuvo alimentado por un nacionalismo ciego, con un presidente y predicador, Monrad, con antecedentes de problemas mentales, al que elevan a la categoría de visionario, y con el apoyo de las élites políticas, financieras y culturales, no dudará en lanzar al país a una guerra que no tenía ninguna oportunidad de ganar.


A través de dos hermanos, Peter y Laust, iremos viendo como la alegría de la vida de trabajo duro en un campo lleno de luz, de alegría, de fiestas de la cosecha, se va a convertir en una experiencia primero vivida como una aventura y devenida después en profunda pesadilla, después de la cual ya nada volverá a ser lo mismo, ni las personas, ni la sociedad danesa ni nada de nada.


Hermanos enamorados de la misma mujer, Inge, y esa situación, junto con la guerra, aportará grandes dosis de dramatismo a la historia, en algunos momentos comparables a los grandes dramas decimonónicos, que no hace más que dar más lustre a una gran historia capaz de atrapar tanto por las relaciones entre los personajes como por la forma de contar los aconteceres bélicos, con un nivel comparable al de cualquier superproducción cinematográfica. Tanto es así que no falta quien la compare con grandes series bélicas como Hermanos de sangre, The Pacific o Hijos del Tercer Reich, comparación a mi modo de ver muy acertada.



La parte histórica se une a una historia contemporánea, entre una joven problemática que coquetea con la delincuencia y un anciano dependiente al que empezará a cuidar. A través de la lectura de un antiguo diario, ambos irán descubriendo partes de sus propias historias personales, a través de un relato de un conflicto tan absurdo como la presencia de tropas danesas en Afganistán, siguiendo el paralelismo que de forma sutil se establece entre ambos aconteceres en la propia serie.