viernes, 11 de abril de 2008

Spoken World (día 3)

Como todo llega a su fin, el último día del Spoken World tuvo lugar el domingo 9 con un cartel en el que se reunían Mr. Master y Sr. Mansilla, John Cooper Clarke y Alessandro Baricco y Marlango, o lo que es lo mismo el recitado de tintes surrealistas con la poesía punk y la sensibilidad, respectivamente, y para que la fiesta fuera completa, el patio de butacas presentó el mejor aspecto de los tres días.

El dramaturgo y poeta Fernando Mansilla, transmutado para la ocasión en Sr. Mansilla, salió al escenario acompañado por un dúo minimalista, de trompeta y contrabajo, escondido bajo el nombre de Mr. Master, y que fueron un eficaz acompañamiento a la historia del entierro de un grillo de los montes de Toledo, fallecido por el pie de un asesino infantil equipado con unos zapatos de charol negro en los que se reflejaba la luna y la muerte, en lo que fue un juego de inteligencia brillante, divertido, y plagado de originalidad.

Mansilla, vestido con traje gris, narró, cantó y casi rapeó una historia en la que brilló con luz propia un lenguaje de asociaciones insólitas, dentro de un estilo que unos denomina rap-teatro, y otros literatura de baile. El nombre es lo de menos cuando uno se encuentra con un espectáculo que se mueve en esa tierra ignota en el que sólo de adentran los valientes, y en la que la música y el teatro se fusionan para dar frutos exóticos y cargados de vitaminas, en este caso para el intelecto.


John Cooper Clarke

En los finales de los 70 este poeta se erigió como una de las figuras de culto dentro de los poetas asociados al movimiento punk, con una fuerte relación con grupos de la época como The Sex Pistols o The Buzzcocks. Como muchas personas por aquellos años se enganchó a la heroína, adicción que logró superar, y en los 90 volvió a las andadas literarias.

A pesar de la pésima traducción simultánea del discurso que iba desgranando entre poema y poema, el público pudo disfrutar de un recitado a una velocidad increíble, casi de tableteo de ametralladora, para unos textos, la mayoría de ellos ya de cierta antigüedad (de hecho preguntó si había británicos entre el público, y al recibir respuesta afirmativa se disculpó con ellos, porque los textos que iba a recitar ya los habrían escuchado cientos de veces), aderezados con mucho fuck y fucking, claro reflejo del ambiente contra cultural en el que nacieron. Como él mismo dice, más que recitar poesía lo que pretende es divertir a la gente y eso sí lo consiguió.


Baricco y Marlango

La combinación del escritor italiano y el grupo liderado por Leonor Watling, fue el broche de oro a los tres días de Spoken World, en lo que fue una simbiosis perfecta, en la que la música cedió protagonismo a la palabra, limitándose, que no es poco, a apoyar de forma perfecta las palabras que iban saliendo de las bocas del escritor y de la cantante.

Baricco explicó que venía de una región del norte de Italia donde llueve mucho, tanto que esa lluvia llega a calar por dentro a las personas, generando un tipo especial de persona, un tanto reacia a la hora de mostrar sus sentimientos. Ejemplo de ello fueron las lecturas que escogió de algunos de sus autores italianos favoritos, especialmente la historia del niño que se da cuenta de que su padre se va a suicidar y es el único de la familia que se da cuenta. Una historia de gran sensibilidad que revela los pasadizos más recónditos del alma humana.

Fue Leonor Watling (quien está en el reparto de la primera película del italiano que lleva por título Twenty one) la encargada de leer un fragmente de la obra de Baricco titulada Oceano Mare, un ejemplo más de la riqueza expresiva y de la profundidad que se esconde bajo las palabras del aclamado autor de Seda y admirador de Borges o de Alice Monroe.

Momentos especialmente intensos se vivieron cuando Baricco y Watling recitaron juntos El penal más largo del mundo, narración breve del argentino Osvaldo Soriano, una historia de una belleza extraordinaria que puso el colofón perfecto a tres días de gran intensidad narrativa y musical, que dejaron en el ánimo en la necesidad de que el año próximo se vuelva a repetir.

miércoles, 9 de abril de 2008

Spoken World (día 2)

EVENTUALMENTE PASO DÍAS ENTEROS SANGRANDO
(POR NEGARME A SER MADRE)

El vientre vacío sangra / exagerado e implacable como una mujer enamorada. / Si los hijos no salieran nunca / del cuerpo de sus madres / juro que tendría uno ahora mismo / para sentirlo crecer dentro de mí / hasta poseerme como en una sesión espiritista / o como si mi bebé y yo / fuéramos muñecas rusas / una llena de la otra / mamá llena de bebé. / También tendría un hijo / si ellos siempre fueran bebés / y pudiera sostenerlo en mis brazos por encima de la realidad / para que mi niño nunca pusiera los pies en la tierra. / Pero ellos llegan a ser / tan viejos como uno. / No alimentaré a nadie con mi cuerpo / para que viva este suicidio en cuotas que vivo yo. / Por eso sangro y tengo cólicos / y me aprieto este vientre vacío / y trago pastillas hasta dormirme y olvidar / que me desangro en mi negación.

El segundo día del Spoken World dio comienzo con la recitación a cargo de la poetisa gallega de Ourense, Miriam Reyes, quien desde los 8 años vivió en Caracas donde estudió en la Universidad Central de Venezuela, y que se ha convertido en una de las principales representantes del spoken world en nuestro país.

Lo que trajo hasta la Laboral fue un conjunto de poemas acompañados por una proyección de imágenes acompañadas de música, que contribuyeron a apoyar muy bien lo que sus palabras querían transmitir. Palabras en las que flota una verdad intensa, primigenia, que tiene que ver con experiencias vitales, y con un conocimiento profundo de una personalidad intensamente femenina, y capaz de llegar a profundidades de esas en las que la presión es muy difícil de resistir.

Nos habló del amor, de la infancia, del sexo, de la soledad, de las decepciones, de una trayectoria vital en suma que se nos revela y nos hipnotiza, para llevarnos a un terreno en el que nos sentimos tímidos, en una zona muy íntima, llena de verdad descarnada y de un concepto muy profundo de mujer.

INMÓVIL

Abandonado a tu pesadez de hombre inmóvil / me miras con antiquísimos resentimientos. / Óyeme bien / soy inocente de tu pasado / no soy tu puta madre / ni tu enferma madre / ni tu loca madre / aunque sea puta loca. / No merezco recibir agresiones ajenas / retrasadas y caducas. / No proyectes sobre mí los espectros de tu niñez / tengo forma, color y dimensiones propias. / Tampoco vengas a mí / llorando como un niño / cuando no lo eres. / Este regazo que te acoge también te desea. / No sobreactúes / a mí también me expulsaron del paraíso / antes de tiempo / y sin notificación previa / ¿a quién no? / Anda hombre / levántate de ti.

Henry Rollins

Cuando Miriam Reyes dejó vacío el escenario, y con sus palabras todavía flotando en el aire, tomó su lugar el norteamericano Henry Rollins, considerado como el auténtico pionero del spoken world. Cantante, compositor, editor, artista de spoken world, escritor y actor, Henry Rollins hizo una puesta en escena de una sobriedad imposible de reducir. En solitario, sin ningún instrumento, proyección o música enlatada, solo, vestido de negro y con el micrófono en su mano izquierda, empezó a hablar y ya no paró hasta pasada una hora.

Discurso muy pegado a la vida, pero sobre todo a la muerte, un elemento éste último en el que no encuentra nada heroico, valeroso, bonito, sino todo lo contrario. Habló de algunos de sus múltiples viajes, y del contacto que tuvo con la muerte en muchos de ellos, incluyendo el más reciente a Pakistán que coincidió con la muerte de Benazir Bhuto.

Un día en el colegio, un niño le pegó mientras le acusaba de haber matado a Martin Luther King, y cuando llegó a casa y se lo contó a su madre, ésta le aconsejó que la próxima vez extendiera su mano y dijera con la mayor de las sonrisas: hola, me llamo Henry y quiero ser tu amigo. Eso no hizo que le pegaran menos, pero con esa filosofía ha ido por todos los rincones del mundo, y dice que esa actitud le ha abierto muchas puertas.

No dejó de lado las críticas al gobierno norteamericano de George W. Bush, un presidente del que dijo que no se preocupa por la economía, ni por la sanidad, ni por la seguridad, sino que nada más que sabe hacer la guerra, y pidió que no se juzgara a todos sus compatriotas por su presidente.

Recordó un primer viaje adolescente a España, con la consiguiente visita a una plaza de toros para ver una corrida, para dejar en el aire una crítica al maltrato que sufre el toro y una metáfora que despertó la hilaridad general, al llamar a los toreros "carniceros muy sexys", por los trajes de luces.

Henry Rollins nos dejó un canto a la vida, al entendimiento, y a acercarnos a los demás con una mente abierta, sin superioridades de ningún tipo, y, a veces, basta con alargar la mano y sonreír para que las puertas se abran. Luego sólo hay que entrar.

lunes, 7 de abril de 2008

Spoken World (día 1)

A lo largo de tres días el teatro de la Universidad Laboral de Gijón, ahora renombrada como Ciudad de la Cultura, acogió el IV Festival Internacional de Spoken World, que por vez primer se celebró de forma simultánea en Palma de Mallorca y Sevilla, además de Gijón. Así, entre el viernes 4 y el domingo 6, se ofrecieron un total de 7 espectáculos en los que la música y la literatura se dieron la mano para formar un binomio mágico.

En el programa del festival se explicaba así: “Palabra y Música no es un festival de poesía con música de fondo, ni un ciclo de música con contenido poético. Es un festival de spoken world, ese género híbrido de espíritu beat en el que se unen recitados de textos (poesía, prosa o prosa poética) con música concebida única y exclusivamente para acompañar a esas palabras. O viceversa. En el spoken world el texto es el protagonista, pero la música se convierte en un elemento indisoluble, sin el que la palabra no tiene el mismo sentido”.

El primer día el cartel acogió por un lado a los poetas asturianos Sofía Castañón y Pablo Texón, quienes compartieron escenario con el grupo holandés Veenfabriek, capaz de hacer una música realmente asombrosa, de una potencia desmedida pero también capaces de crear momentos de una enorme sutileza, y que hacía difícil concentrarse en los poemas a los que les robaron mucho protagonismo, posiblemente debido a la falta de un número suficiente de ensayos previos que hubieran podido mejorar el ritmo de recitado en un caso, y de vocalización en el otro.

Aunque a la gran mayoría de grupos y artistas que pasaron por el escenario de la Laboral no los conocía en absoluto, para mí el gran descubrimiento han sido estos holandeses. Un quinteto que integra en sus propuestas diferentes disciplinas para crear un conjunto que es realmente impactante.

Voet / Foot

Luego tomaría el relevo en el escenario, el norteamericano Willy Vautin, a la sazón cantante del grupo Richmond Fontaine, y que salió a las tablas acompañado por una guitarra y de otro músico que tocó la steel guitar y la trompeta, mientras nos desgranaba textos de su novela Vida de motel, en la que cuenta la vida de dos hermanos que no se pelean, y que por un accidente se ven obligados a cambiar totalmente su vida. Entre lectura y lectura, ofreció algunas canciones en lo que yo creo que fue la actuación más floja de todo el programa, ya que los textos quedaron muy colgados en el aire y sin terminar de quedar cerrados, lo que dejó una sensación de insatisfacción final.

Temas musicales de estética country, menos canónica de lo que estamos acostumbrados a escuchar por estos lares, pero que tampoco dejó nada especialmente reseñable en el aire.

viernes, 4 de abril de 2008

MASH



Mobile Army Surgical Hospital, o lo que es lo mismo, Hospital Quirúrgico Móvil del Ejército, es lo que se oculta detrás de la sigla MASH, que fue el título de una serie que se emitió en Estados Unidos desde 1972 a 1983, producida por la CBS, con un enorme éxito. Serie que tiene su punto de origen en la película del mismo título que dirigió Robert Altman en 1970 y que ganó la Palma de Oro en el festival de Cannes, un Óscar al mejor guión adaptado y tuvo otras cuatro nominaciones.

El argumento de la película y luego el de la serie, se centra en contar con un ácido sentido del humor, las peripecias de un grupo de médicos y enfermeras durante la guerra de Corea, a los que dieron vida en sus principales papeles Alan Alda, Wayne Rogers, Mike Farrell y Loretta Swit.

Probablemente la única manera de mantener algo de cordura en una situación tan difícil como la que supone la guerra, sea poniéndose la coraza del humor negro, de la crítica ácida, para intentar robar a la mutilación y a la muerte algo de dramatismo para hacer mínimamente soportable lo que no lo es. De eso están llenos todos y cada uno de los episodios de esta serie, de cuya crítica no se libra nadie, ni políticos, ni estamento militar.

Hawkeye (Alan Alda) y Traper (Wayne Rogers) son dos auténticos anarquistas que comparten tienda, a la que cariñosamente llaman "La ciénaga", con Frank (Larry Linville), un personaje fanático de las ordenanzas, del orden y que mantiene una guerra sorda con sus compañeros cirujanos, mientras mantiene una relación con la mayor Hullahand (jefa de enfermeras, Loretta Swit). Hawkeye y Traper son dos crápulas simpáticos que cuando no están trabajando están bebiendo la ginebra que elaboran en su propio alambique o persiguiendo enfermeras. Un jefe de unidad (Malean Stevenson, un buen hombre sin afición al mando que sólo piensa en volver a casa con su mujer y sus hijos y pescar, y que se ve metido en todo tipo de problemas "gracias" a sus cirujanos, de los que en muchas ocasiones se libra gracias a su asistente, "Radar" (Gary Burghoff), mote que le viene porque es capaz de oír a los helicópteros antes que nadie, además de ser capaz de adelantarse a los pensamientos del jefe de la unidad.

La interrelación entre todos ellos, provocará un sin fin de situaciones chuscas, tan surrealistas como la propia guerra.

miércoles, 2 de abril de 2008

Solos de trompeta y saxo. Teatro Pausa.

Otra casa, otra Bernarda, Y Antígona trajo el viento, Las noches de amor en el olivar de Liberata la Mora, y Solos de trompeta y saxo. Esos son los montajes que he visto a lo largo de los años, y ya son unos cuantos, del grupo Teatro Pausa que no hace mucho tiempo que ha dado el salto desde la categoría amateur a la profesional. De hecho Solos de trompeta y saxo, sobre texto de Javier Villanueva que también es el director de la compañía, es el primer montaje que yo he visto de este grupo desde su paso a profesionales.

Según declaraciones del propio autor y director en la prensa regional, se trata de un texto descarnado que busca transmitir al espectador la dura realidad de la prostitución, para lo que ha elegido una ambientación de ciudad portuaria en la que se mueven prostitutas sin rumbo fijo, auténticos naufragios humanos. Para ello utiliza una estructura dividida en 7 historias unidas entre sí por la aparición, al término de cada una de ellas, bien de un trompetista o de una saxofonista para que el público sepa cuando termina una y empieza otra.

Una vez vista la obra y conocido el texto, mi sensación es la de una suma de tópicos ya muy vistos en infinidad de películas y en multitud de novelas, y que para nada reflejan la situación real de las profesionales más viejas del mundo, si lo que se quiere es, como se dice, contar la dura situación personal a la que se enfrentan esas mujeres. Ni las situaciones, ni el lenguaje, en ocasiones de un cultismo que sorprende, y mucho, que está a años luz de una realidad aquí convertida en poco menos que en una parodia.

Se trata de un texto muy difícil de defender por actores y actrices de enjundia y verdad, y mucho más por un elenco que muestra deficiencias sorprendentes, como dificultades para moverse por el escenario, entiéndase con naturalidad, mientras que los sentimientos quedan convertidos en muecas, en recitados vacíos de energía, de vitalidad, de eso que separa una interpretación verosímil de una mentira, de un simulacro.

Hay momentos en los que los personajes sufren asombrosas transformaciones, ya que pasan en un segundo de casi no poder andar a, cuando toca el final de escena, pasar a moverse de un modo absolutamente natural cuando se trata de abandonar el escenario, sin esperar a estar en una zona en la que sean invisibles para el público, por no hablar de una borrachera que se diluye con una sorprende velocidad de una frase a la siguiente.

Pretensión de trasladarnos la dureza del mundo de la prostitución, y de lo que hay detrás del sexo mercenario, mujeres con historias duras, con la piel marcada a fuego, que nos deja absolutamente indiferentes, y que recibió el aplauso frío del público.

Pregunta sin respuesta: ¿Por qué se leyó el manifiesto del Día Mundial del Teatro al final de la función y no al principio como es lo habitual y normal?

lunes, 31 de marzo de 2008

Solo a ciegas (Con lágrimas azules). Olga Mesa


Después de haber podido ver dos espectáculos de la bailarina y coreógrafa asturiana, Olga Mesa, lo que me queda claro es que hay que acercarse a su trabajo con una mente totalmente libre de prejuicios y con una absoluta disponibilidad a dejarse sorprender, a entrar en un mundo de referencias que no lo son y en el que los bordes entre cuerpo, voz e imagen se diluyen hasta desaparecer para conformar un todo único.

En 2003, la entidad bancaria Cajastur trajo a Oviedo dentro de su programa Encuentros en Asturias, a Olga Mesa con su espectáculo Suite au dernier mot: au fond tout est en surface (Continuación a la última palabra: en el fondo todo está en la superficie) que era el tercero de los cinco movimientos de los que constaba el proyecto Más público más privado, y uno de mis primeros contactos con la danza contemporánea.

Un espectáculo en el que planteó un trabajo de enorme cercanía al público, en el que daba una gran importancia a las palabras (de hecho habló mucho más que bailó), hasta colocarnos a los espectadores en una situación casi de amistad, como si estuviéramos todos en una gran salón compartiendo confidencias. "He querido crear un poema biográfico documental sobre los espacios intermedios entre la memoria, su experiencia, su formulación y su presentación", dijo Olga Mesa en relación a ese espectáculo. Palabras, movimientos que seducen al público, en una especie de invitación subliminal para formar parte de lo que está viendo.

Ahora he podido ver, en Laboral Escena, su último montaje que lleva por título Solo a ciegas (Con lágrimas azules), que comparte con aquel de 2003 un escenario desnudo, en el que apenas si aparece un proyector, un espejo-pantalla, una mesa de luces, un micrófono y otros dos espejos.

Montaje absolutamente reducido a lo sustancial, a la esencia de un cuerpo que se mueve a impulsos subjetivos, impelido por una fuerza interior que le conduce por un espacio desnudo, minimalista. La luz se enciende y se apaga, se mueve en medio de la oscuridad, apenas si somos conscientes de donde se encuentra el cuerpo, mientras oímos fragmentos de textos políglotas, y músicas en las que se entrecruzan Puccini (Madame Butterfly), Jason Kahn (Fields), Julio Sosa cantando La Comparsita, y la japonesa Saeki interpretando La balada para un loco de Astor Piazzolla (eso se dice en el programa aunque la voz que se oye es masculina).

Una representación intuitiva en medio de territorios visuales, sonoros, de referencias difusas, inmediata, sensible en el que es el cuerpo el elemento del que se extraen sonidos que remiten a estados profundos de la mente, a sensaciones íntimas, en un proceso que tiene algo de rito y en el que interpela al público con la mirada y con un interrogante repetido: ¿puedo comenzar? Hay voces que provienen del otro lado, de una lejanía tecnológica, mientras el cuerpo se nos muestra en su desnudez sin imponer nada, sólo cuerpo aceptado, tan desnudo como las palabras, las músicas y las imágenes con las que comparte espacio y tiempo.

Sensación extraña de ver un patio de butacas vacío, y los espectadores en el escenario convertidos por un momento en actores sin pretenderlo, con las miradas abiertas a un horizonte que parece que ahora nos mira, en un juego de miradas invisibles. Interrogantes aleatorios.

"Solo a Ciegas, ¿por qué este título? Quizás porque mi mirada quiere situarse de nuevo en el cuerpo a través de una práctica sutil, comprometida, (no) visible y arriesgada en el espacio, simplemente. Sé que esto es sólo un principio posible en donde comenzar a esbozar un paisaje de memorias escondidas, en donde buscar la historia de una presencia que se desprende de su propia imagen y su propia formulación". (Olga Mesa. Dedicado a Antón y Angelina).



Taller de Olga Mesa: El cuerpo próximo



Olga Mesa. Work in progress.

jueves, 27 de marzo de 2008

Día Mundial del Teatro

MENSAJE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO 2008

Existen numerosas hipótesis sobre los orígenes del teatro, pero la que más me llama la atención es la que tiene forma de fábula:

Una noche, en tiempos inmemoriales, un grupo de hombres estaban reunidos en una cueva para calentarse alrededor del fuego y contarse historias. De repente, uno de ellos tuvo la idea de levantarse y usar su sombra para ilustrar su relato.

Ayudándose de la luz de las llamas, hizo aparecer sobre las paredes personajes más grandes que los de la realidad. Sus compañeros, deslumbrados, reconocieron enseguida al fuerte y al débil; al opresor y al oprimido, al dios y al mortal.

Hoy en día, la luz de los proyectores ha reemplazado al fuego original y la maquinaria escénica, los muros de la cueva. Y por mal que les pese a algunos puristas, esta fábula nos recuerda que la tecnología está en el origen mismo del teatro y que no debiera ser percibida como una amenaza sino como un elemento aglutinador.

La supervivencia del arte teatral depende de su capacidad para reinventarse integrando las nuevas herramientas y los nuevos lenguajes. Si no, ¿cómo podría el teatro seguir siendo testigo de las grandes apuestas de su época y promover el entendimiento entre los pueblos, si no da él mismo prueba de apertura? ¿Cómo podría jactarse de ofrecer soluciones a los problemas de la intolerancia, de exclusión y racismo, si, en su propia práctica, se negara a todo mestizaje y a toda integración?

Para representar el mundo en toda su complejidad, el artista debe proponer formas e ideas nuevas y tener confianza en la inteligencia del espectador, que es capaz de distinguir la silueta de la humanidad dentro de ese perpetuo juego de luz y sombra.

Y es cierto que de tanto jugar con fuego el hombre corre el riesgo de quemarse, pero también la posibilidad de deslumbrar e iluminar.

Robert Lepage
Québec, le 17 février 2008
World Theatre Day, 27 March 2008
International Message by Robert Lepage

miércoles, 26 de marzo de 2008

Un regalo



Alfredo con su blog La vida no imita al arte porque ya formas parte de nuestra "aventura" blogger y hemos compartido muchas cosas que nos han dejado una profunda huella como para sentirnos muy orgullosas de tenerte a nuestro lado y demostrarte nuestra admiración y cariño.

Eso han escrito Mila y Bonsaimusic en su espacio multicolor y solidario Cogidas de la mano. Ante esa afirmación reconozco que no tengo palabras para agradecer tamaña generosidad, y sólo me queda alegrarme de que la casualidad nos haya puesto en contacto a nuestros respectivos espacios. Si quieren entrar en un lugar lleno de color, de optimismo, de comentarios inteligentes, y en el que se defiende a capa y espada el derecho de las personas a vivir sus vidas como mejor les parezca, sin imposiciones externas de ninguna clase, si buscan un espacio valiente, entonces pasen y visítenlas.

Muchas gracias chicas.

lunes, 24 de marzo de 2008

Jan Garbarek

object width="425" height="355">

Jan Garbarek Quartet. Twelve moons

El pasado 4 de marzo, el saxofonista noruego Jan Garbarek, cumplió 61 años de prolífica actividad musical desde que a los 14, este hijo de un prisionero polaco y una campesina noruega, escuchara en la radio a John Coltrane tomara la decisión de dedicar su vida a ese instrumento. Se compró un método de aprendizaje y empezó a practicar la digitación incluso antes de tener el instrumento en sus manos. Esos primeros pasos fueron sólidos, ya que en 1961 ganó un concurso musical para aficionados y a los 18 años, ya estaba en la orquesta de George Russell y participó en la grabación del disco Otello Ballet.

Mucho ha sido el camino que ha recorrido este noruego, hasta convertirse en el único saxo tenor jazz europeo capaz de ejercer una profunda influencia en el panorama jazzístico norteamericano, a pesar de que sus orígenes musicales no tienen nada que ver con la raíz afroamericana del jazz nacido en los Estados Unidos.

En 1968 formó su primer trío con el contrabajista, Arold Andersen, y el baterista, Jon Christensen, a los que se incorporaría, al año siguiente, el guitarrista, Terje Rypdal. En ese mismo año grabaría su primer disco Esoteric Circle, que les abrió las puertas del sello alemán ECM en lo que fue el inicio de una larga y fructífera relación. Sin embargo, el momento que se puede considerar clave en la definición del sonido absolutamente personal que define a Garbarek, fue el contacto con Don Cherry, que en aquel entonces, mediados de los años 60, era uno de los pioneros del free-jazz y de lo que hoy se denomina World Music o Músicas del Mundo.



Jan Garbarek & Ustad Fateh Ali Khan. Saga

Fue ese trompetista el que le animó a explorar el potencial de la música folclórica del lejano norte en el que tenía sus orígenes para incorporarle los conceptos improvisatorios propios del jazz. En esa línea, Jan Garbarek publicó en 1972 el disco que tituló Triptykon, en el que por vez primera, toma los elementos propios del folclore de su país para darle un aire completamente nuevo gracias a los esquemas procedentes del jazz.

A partir de ahí el camino que emprendió Garbarek, le ha llevado a explorar el potencial musical de los países que conforman el Oriente Medio, la India, las canciones medievales noruegas o el canto gregoriano, con tal éxito que ha conseguido colar sus discos en las listas de jazz, clásica, e incluso de rock y pop, lo que habla de una versatilidad ciertamente extraordinaria. En este punto, destacan con luz propia las colaboraciones que ha tenido con músicos como el indio Ravi Shankar; el virtuoso del laúd, el tunecino Anouar Brahem; el bajista checo, Miroslav Vitous, o el coro británico The Hilliard Ensemble, con el que grabaría dos discos imprescindibles como son Officium (1994) y Mnemosyne (1999). Ragas and Sagas (1992) es un disco fruto de la colaboración con el músico pakistaní Ustad Fateh Ali Khan.

A lo largo de su discografía, en la que se reúnen una treintena de títulos, destaca poderosamente el sonido que Garbarek es capaz de sacar de su saxo, tenor o soprano, para dar vida a unas notas que quedan flotando en el aire con limpieza, y seguridad, mientras que la solidez de su timbre le sirve para dar a su música un aire melódico, triste, capaz de poner la piel de gallina al oyente más insensible. El tono de su música es austero, huye de la complacencia melódica para convertirse en un instrumento capaz de evocar paisajes, vistas, sentimientos, y una complejidad oculta debajo de una sencillez capaz de hacernos llegar momentos de enorme ternura. Digamos que nos dibuja paisajes sencillos y, al mismo tiempo, tan inmensamente complejos como inmensas son los paisajes noruegos ocultos bajo la nieve de los largos inviernos nórdicos.

Los silencios, que son otro elemento que vendría a definir su estilo, contribuyen a redondear una música de una suave intensidad, con textura de terciopelo, y un punto contemplativo. En resumen, una música desprovista de todo lo superficial, en la que la emoción y el sentimiento son los elementos que priman.


Jan Garbarek y Keith Jarrett. Spiral dance

lunes, 17 de marzo de 2008

Los que ríen los últimos (La Zaranda)


El grupo andaluz (de Andalucía la Baja) La Zaranda, trajo hasta Laboral Escena su último montaje estrenado en 2006, y que se desarrolla fuera de los parámetros tradicionales de planteamiento, nudo y desenlace, para contarnos una historia triste, nostálgica, de sueños perdidos y, al mismo tiempo, divertida.

Los que ríen los últimos es la crónica de un viaje por los extensos territorios de la memoria, de la reflexión en torno a las vidas de tres viejos payasos (los hermanos Zarandini) en crisis existencial en un mundo en el que la gente cuando habla no emite más que ruido, y en el que los niños ya no se saben reír.

Con muy pocos elementos logran construir un mundo de fantasía por el que nos llevan a los espectadores con una ternura exquisita, para que nos emocionemos con sus peripecias por caminos que cruzan el inmenso vertedero en el que hemos convertido al planeta, y en el que seguir el rumbo de las estrellas más brillantes es una quimera más cuando los sueños se persiguen pero no se alcanzan, porque si se llega a ellos ya no son sueños.


Los hermanos Zarandini, últimos representantes de una estirpe que se remonta a cinco generaciones, nos llevan a un viaje en el tiempo, a lugares remotos, recónditos, desconocidos deformados por una memoria que sólo recuerda los buenos momentos, un viaje para el que la risa es el billete que hay que sacar, y lo único que permite mantener un atisbo de esperanza en medio de la crudeza de un mundo que va a la deriva.

Los confetis de colores, los oropeles gastados, el maquillaje tantas veces utilizado, apenas si logran ocultar un sentimiento de falta de sentido, de desequilibrio, en el que frágiles escaleras conducen a un cielo incierto, al reino de los no vivos, a ese lugar en el que intentar hacer reír a la muerte.

Hay dos cosas que acompañan a los hermanos (interpretados por Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, bajo la dirección de Paco de La Zaranda, y con texto de Eusebio Calonge), a lo largo de su periplo, como son la esperanza y el cansancio. Esperanza en encontrar una encrucijada que les sacara del camino de la decadencia y les devolviera el brillo de antaño, y cansancio físico y vital.

En el programa de la función escriben: "¿Sirvió de algo el sacrificio? Acaso para que no pudieran alterar su itinerario hacia lo imposible, someter sus vidas, amordazar sus risas. La risa de los que mantienen la esperanza. La risa de los que aún sienten la nostalgia del paraíso, frente a la carcajada desdentada del tiempo".

Como espectador no tengo respuesta a la pregunta, pero lo que sí tengo claro es que mereció la pena acercarse hasta la Laboral para ver el peculiar viaje a ninguna parte, que nos propuso La Zaranda. Teatro de lo sencillo, cercano, sentimental y tristemente divertido.