lunes, 18 de junio de 2007

La delgada línea roja (The thin red line, Terrence Malick, 1998) (I)


¿Qué significa esta guerra en el corazón de la naturaleza? ¿Por qué la naturaleza compite consigo misma? Como la tierra hace con el mar. ¿Hay alguna fuerza vengadora en la naturaleza? ¿O no sólo una sino dos?

Recuerdo a mi madre cuando estaba a punto de morir. Había encogido y su piel se volvió gris. Le pregunté si estaba asustada. Dijo no con la cabeza. Me dio miedo la forma en que llegó su muerte. No vi belleza ni esperanza cuando ella se reunió con Dios. La gente suele hablar de la inmortalidad, pero yo no la vi. Me preguntaba cómo sería mi muerte. Qué se debe sentir al comprender que ese será tu último aliento. Espero saber afrontarlo del mismo modo que ella. Con la misma… serenidad. Porque ese es el secreto, ahí se oculta la inmortalidad.

He trabajado como un burro. Les he lamido el culo a los generales. Me he degradado por ellos, por mi familia, por mi hogar. Todo lo que sacrificaron por mí se perdió como el agua sobre la tierra. Lo que yo podría haber dado por amor, pero ya era tarde. Mi corazón había muerto lentamente. Cuanto más cerca estás del César, mayor es el temor.

¿Por qué iba a tener miedo a la muerte? Te pertenezco a ti. Si caigo yo primero, te esperaré allí, al otro lado de las oscuras aguas. Te necesito ahora.

¿Quién eres tú que adoptas tan diferentes formas? De tu muerte nadie escapa, pero también eres la fuente de todo lo que ha de nacer. Eres gloria, misericordia, paz, verdad. Aportas calma al espíritu, comprensión, valor y colmas los corazones.

Tal vez los hombres posean una sola alma de la que todos formamos parte. Todos los rostros son el mismo hombre. Un único ser. Todo el mundo busca la salvación por sí mismo, como un ascua separada de la hoguera.

He matado a un hombre. No hay nada peor. Es peor que la violación, pero nadie me condenará por ello.

Encerrados en una tumba de la que no pueden salir, interpretando un papel que no han elegido.

¿Eres honrado? ¿Amable? ¿En esto se basa tu confianza? ¿Todo el mundo te quiere? A mí también me querían ¿Acaso imaginas que tú dolor será menos intenso porque amabas la bondad o la verdad?

Esta terrible crueldad ¿de dónde sale? ¿Cómo ha arraigado en el mundo? ¿De qué semilla, de qué raíz ha brotado? ¿Y de quién es obra? ¿Quién nos mata, nos arrebata la vida y la luz? Se burla de nosotros mostrando lo que podríamos haber conocido. ¿Acaso esta destrucción beneficia a la tierra? ¿Ayuda a que crezca la hierba o que luzca el sol? ¿También en ti hay esta oscuridad? ¿Has vivido esta negra noche?

¿Qué sois para mí? Nada.

Horas como meses. Días como años. Viví una época dorada. Pisé las orillas de un nuevo mundo.

jueves, 14 de junio de 2007

Sueños de seductor (Play it again, Sam. Woody Allen, 1972) (I)

Comedia excelente de diálogos chispeantes, inteligentes, brillantes y situaciones más que divertidas, está planteada como un homenaje, primero al Bogart de Casablanca y, después, a toda esa serie de duros que cruzaban aquellas pantallas en blanco y negro y a los que ninguna mujer podía evitar caer rendida a sus pies. Hombres duros, que ocultaban sus sentimientos bajo una capa de cinismo protector y con un código de honor a prueba de sentimentalismos baratos.

El título original es Play it again, Sam, mítica frase de Casablanca, el inicio de la película con el protagonista viendo el final de esa película, lo que enlaza también con el final de la propia historia de Allen en un aeropuerto en el que un Dakota está calentando los motores para despegar mientras el trío de actores se despide, en una parodia absolutamente fantástica de aquella historia inolvidable. Además el personaje que interpreta Allen vive en una casa decorada con multitud de carteles de películas entre las que las de Bogart tienen un lugar muy especial.


Primera película del dúo Allen – Keaton que luego tantos buenos resultados lograría a lo largo de los años, en la que se cuenta como un cinéfilo empedernido ve como su mujer le abandona porque no se ríe lo suficiente con él, lo que le hace entrar en una espiral de inseguridad, de neurosis que tiene mucho de autohipnótica, en una sociedad absolutamente enganchada a los ansiolíticos, los antidepresivos y los divanes de los psicólogos.

El caso es que Allan, que así se llama el personaje de Allen, empieza a tener alucinaciones en las que se le aparece Humphrey Bogart, con su gabardina, su sombrero y su pitillo inmortales, para ofrecerle consejos de cómo ligar con las chicas. Consejos que salen de las películas de los años 30 y que difícilmente son aplicables al San Francisco de inicios de los 70… ¿o sí?

Un matrimonio de amigos, el que forman Dick (Tony Roberts) y Linda (Diane Keaton) le irán presentando chicas con las que Allan tendrá relaciones que nacen y mueren en la misma noche en la que se conocen. Allan no se verá capaz de mostrar lo mejor de sí mismo para iniciar ese proceso de seducción y lo único que conseguirá será portazos en la narices o que se las parten en bares de mala muerte y peor reputación.

Hasta que descubre a una mujer con la que sí consigue ser él mismo, probablemente porque en principio sólo son amigos, pero el sexo vendrá a complicarlo todo y la historia, como en aquellas en blanco y negro, se reconducirá por el camino de la amistad, porque hay cosas que a un amigo no se le hacen, caramba.

Sueños de seductor (Play it again, Sam. Woody Allen, 1972)

- No quiero pensión alimenticia, puedes quedarte con todo, sólo quiero ser libre.
- ¿No deberíamos discutirlo?
- Lo hemos discutido ya cincuenta veces. Es inútil.
- ¿Por qué?
- No lo sé. No soporto el matrimonio, no te encuentro nada divertido, no me siento atraída por ti, no me interesas físicamente. ¡Oh! Por lo que más quieras Allan, no lo tomes como una cosa personal.
- No lo tomaré como cosa personal, simplemente me mataré y listo

Nancy (Susan Anspach) y Allan (Woody Allen)

- Convertiré esto en un night-club. Ya verán las chicas que traeré aquí. Ya verán: bailarinas, trapecistas, ninfómanas, protésicas dentales…

Allan

- ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo ser un tipo frío? ¿Cuál es el secreto?
- No hay ningún secreto, muchacho. Las mujeres son muy simples. No he conocido a ninguna que no comprendiera lo que significa una bofetada en la boca o una bala del 45.

Allan (Woody Allen) y Bogart (Jerry Lacy)

- ¿Quieres una aspirina también?
- ¡No!
- ¡Oh! Si me las he acabado todas. ¿Quieres Darvan, Linda?
- Bueno, sí. Mi psiquiatra ya me dijo que tomara Darvan cuando tuviera jaqueca.
- Yo también tenía jaquecas, pero me las curó mi psiquiatra. Ahora cojo unos resfriados enormes.
- Yo sigo con las jaquecas pero es debido a la tensión.
- Según mi psiquiatra, para ponerme bien del todo necesito una lobotomía.
- Yo, cuando el mío está de vacaciones, me pongo a morir.
- ¿Porqué no os casáis y vivís en un hospital?
- ¿Quieres agua tónica con el Darvan?
- ¿No tienes zumo de manzana?
- Zumo de manzana y Darvan. Estupenda combinación.
- ¿Has probado el Librum con zumo de tomate?
- Yo no, pero otro neurótico amigo mío me ha dicho que es algo increíble.

Allan, Dick (Tony Roberts) y Linda (Diane Keaton)

- ¿Sabes una cosa? Creo que has invertido los papeles, muchacho. Es ella la que tiene que oler bien para ti. Y no se te ocurra decirle que no bebes, podría tomarte por un boy scout. Y no te pongas nervioso, al fin y al cabo lo único malo que puede pasarte es que resulte ser virgen o policía.
- Con mi suerte será las dos cosas.

Bogart y Allan

- Es un Jackson Pollock precioso.
- Si que lo es.
- ¿Qué le sugiere a usted?
- Ratifica la absoluta negatividad del Universo. El odioso vacío solitario de la existencia. La nada. El predicamento del hombre dedicado a vivir una desierta eternidad sin Dios, como una diminuta llamita que relampaguea en un inmenso vacío donde sólo hay desperdicio, horror y degradación, formando una inútil camisa de fuerza que aprisiona un cosmos absurdo.
- ¿Qué haces el sábado por la noche?
- Me voy a suicidar.

Allan y una desconocida

- Unos tipos se pusieron un poco pesados con Julie y tuve que darles una lección.
- ¿Y estás bien?
- Sí, muy bien. Le aticé con la barbilla al puño de uno y al otro le golpee en plena rodilla con la nariz.
- ¿Dónde está Julie?
- Se ha ido con el más alto. Creo que se van a casar. Ahora estarán camino de México. De todos modos, no había nada que hacer, ella es protestante y yo católico y hay un abismo religioso entre los dos.

Allan y Dick




- ¿Querías hablarme?
- Sí.
- Bien.
- ¿Bebes?
- Sí.
- ¿Whisky?
- Sí.
- ¿Solo?
- No.
- ¿Soda?
- Sí.
- Linda y yo nos queremos.
- Eso es magnífico. Acaba de verme le médico y me da dos meses de vida.
- ¿Entonces, no te importa?
- En absoluto.
- A tu salud.
- A la tuya.

Dick y Allan

- Eso es todo lo que hay que hacer.
- Para ti es fácil porque eres Bogart.
- Todo el mundo lo es, muchacho, en determinados momentos. Tú mismo, ahora vas a hacer algo increíble. Dejar marchar a una mujer estupenda por no hacer daño a un amigo. Si yo hiciera eso no quedaría un solo ojo seco en el cine.
- Ya, pero es que yo lo siento así.
- Razón de más para que puedas enorgullecerte.
- ¿Tú crees?
- Seguro. Muchacho, en la vida hay otras cosas además de las mujeres y una de ellas es saber que has hecho algo bueno por un amigo. Piénsalo, chico.

Bogart y Allan

- Eso ha sido grande. Muchacho, has conseguido crear un estilo propio.
- Sí, tengo un cierto estilo personal ¿verdad?
- Bueno, creo que ya no vas a necesitare más. No hay nada que yo pueda decirte que ya no sepas ahora.
- Creo que es cierto. El secreto consistía no en ser tú sino en ser yo. La verdad es que tú no eres muy alto y sí bastante feo, pero yo también soy lo bastante bajo y feo como para tener éxito por mí mismo.
- Te deseo buena suerte, muchacho.

Bogart y Allan

miércoles, 13 de junio de 2007

Helmut Newton (Berlín, 1929 – Los Angeles 2004)

Retratos, desnudos, moda y paisajes son los cuatro grandes temas en los que se resume la magna obra de uno de los fotógrafos más importantes de la historia, como es Helmut Newton, un judío alemán que escapó de su país en 1938, justo antes de que empezara la persecución sistemática de los judíos, rumbo a Singapur para recalar finalmente en Australia, país del que adoptaría la nacionalidad, y desarrollar completamente los conceptos que había empezado a aprender en el estudio de la fotógrafa Yva. Luego pasaría a vivir con vistas al Mediterráneo desde Montecarlo.

Sexo y glamour son claves en la producción de este fotógrafo (él rechazaba la denominación de artista), con mujeres desnudas o vestidas de una forma andrógina, enmarcadas en paisajes lujosos como vestíbulos de hotel, grandes salones, habitaciones majestuosas o castillos.

Son mujeres orgullosas de serlo, que se saben poderosas y no tienen miedo de mostrar ese poder, sensación que transmiten incluso cuando aparecen vestidas de forma exigua, pero bien maquilladas, con joyas caras y subidas sobre altos zapatos de tacón que les dan un fuerte aire fetichista, pero que también contribuyen a la imagen de lejanía, de frialdad, de colocarse más allá de un espectador al que en ocasiones miran con desdén, o nos se muestran esquivas, en un juego que nos atrapa en la telaraña que el fotógrafo ha tejido después de un largo proceso de elaboración.

Newton lleva el concepto de cuerpo femenino más allá de la feminidad, acercándolo a cánones del clasicismo griego con ese punto de perfección, de equilibrio, de composición armónica tan caro a los griegos del siglo V. Pero la obra de Newton es más compleja que todo eso, porque a pesar de ello, en muchas de sus fotografías nos encontramos con un elemento de incertidumbre casi angustiante, casi como si quisiera que sus modelos fueran rabiosamente contemporáneas y compartieran con el ciudadano de a pie sus mismos sentimientos de encontrarse perdidos en calles paupérrimamente iluminadas o en grandes espacios abiertos donde la naturaleza empequeñece al hombre.

Quizás sea esa perfección en los cuerpos, ese equilibrio y una, por supuesto, enorme carga sugestiva, además del absoluto dominio de la técnica fotográfica, lo que hace que sus obras sean intemporales, tengan un valor trascendente que nos obliga a observar cada una de sus fotografías con la esperanza de penetrar en lo que se oculta allí detrás, incluso a pesar de que Newton afirmaba que “Mi aproximación se aleja de un extremo demasiado intelectual. Es más visceral que intelectual.”

Murió un 23 de enero de 2004, cuando contaba 83 años de edad, al estrellarse con su coche contra el hotel Chateau Marmont en la ciudad estadounidense de Los Angeles.

lunes, 11 de junio de 2007

Guerrilla Girls


En el año 1985 el Metropolitan Museum de Nueva York organizó una exposición con la que pretendía revisar la historia del arte contemporáneo hasta ese momento, para lo que recopiló la obra de alrededor de 180 artistas. La gran mayoría, en concreto 169, eran hombres. La exposición que organizaron bajo el título The Night the Palladium Apologized es el punto de inicio de las Guerrilla Girls.

Este colectivo de mujeres artistas decidió adoptar el anonimato como seña de identidad, de tal forma que sus integrantes firmaban sus manifiestos y obras artísticas utilizando los nombres de mujeres artistas, escritoras o vinculadas de diversas maneras al mundo del arte, como fueron Frida Kahlo, Eva Hesse o Gertrude Stein por citar sólo algunas. En sus inicios se vanagloriaban que sólo sus peluqueros conocían sus identidades. Lo cierto es que se ignora quiénes fueron aquellas Guerrilla Girls iniciales, y que luego tendrían su réplica europea en Francia y Gran Bretaña.


Además adoptaron como disfraz una máscara de gorila, imitando a la incomparable Marlene Dietrich, cuando en La venus rubia vistió un disfraz de gorila que parece que causó hasta pánico entre los espectadores de los años 30. El vestuario se completaba con minifaldas, medias de rejilla y tacones altos.

Todo eso ya nos da la clave irónica en la que se movían sus mensajes e intervenciones, utilizando para ello como vehículo las pancartas publicitarias, los posters y otro tipo de publicaciones capaces de hacer llegar sus propuestas y eslóganes de una forma rápida y directa sin que nada escapara de sus afilados dardos, desde el aborto, la pobreza, la violación. Contrarias a la corrección política, organizaron actos de protesta de lo más variado y crearon falsos premios artísticos para denunciar la manipulación existente en el mundo del arte.


Uno de sus carteles preguntaba: “¿Cuál es la diferencia entre un prisionero de guerra y una persona sin casa? Respuesta. Bajo la convención de Ginebra, un prisionero de guerra tiene derecho a comida, refugio y atención médica.”

Este original movimiento se formalizaría en 1999 como Guerrilla Girls Inc, y un año más tarde, aparecerían las Guerrilla Girls on Tour y otra sección bautizada como Guerrilla Girls Broad Band. Resultado de ello fue el inicio de un litigio judicial en 2003 acerca de la utilización de la denominación Guerrilla Girls, probablemente derivado de la transformación que sufrió un movimiento que nació como una protesta en contra del sexismo en el mundo del arte, para pasar a ser un movimiento integrado en el mercado artístico con la consiguiente generación de beneficios.

Algunos de sus trabajos

Delante del Metropolitan Museum de Nueva York instalaron en 1989 en el que preguntaban: “¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Metropolitan? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos."

Bomba de Estrógenos

Afrontémoslo, a través de la historia han sido los hombres los que se han convertido en guerreros, declarado la guerra a otros y combatido hasta la muerte. Así que se puede decir que la guerra tiene un origen biológico: la raza humana es víctima desde hace mucho de un Envenenamiento de Testosterona Tóxica. Esta infección mortal golpea a los hombres en todos los lugares: les hace creer que tienen la razón y les lleva a la violencia física en forma de combate, terrorismo, maltrato doméstico...

Durante años, las Guerrilla Girls han estado proponiendo un antídoto contra esta infección mortal... el arma de educación masiva que el mundo necesita... ¡la Bomba de Estrógenos! Cuando se deje caer en un área de conflicto creemos que las altas concentraciones de estrógenos provocarán que los combatientes tiren las armas, se den un fuerte abrazo, pidan disculpas y se ofrezcan a limpiar el lío formado. ¡Insistimos en el despliegue inmediato de la Bomba de Estrógenos en Afganistán y Washington! Por favor, comuníquennos cualquier otro lugar donde debería ser lanzada.



El verdadero sistema nacional de alerta terrorista

Bajo: El presidente monta en caballo y pasa la escoba en el rancho.

Moderado: El presidente limita los derechos civiles de los inmigrantes.

Elevado: El presidente tiene una idea: ocupar los campos petrolíferos iraquíes y dárselos a los colegas de la industria del petróleo.

Alto: El presidente ignora la oposición mundial y envía 100.000 soldados al Golfo.

Severo: El presidente ataca y bombardea Iraq: miles de muertos.

El sistema nacional de alerta terrorista para las mujeres

Bajo: El presidente monta en caballo y pasa la escoba en el rancho.

Moderado: El presidente pone a un hombre en la FDA (Foods and Drugs Agency) que piensa que la oración es el mejor tratamiento para el síndrome premenstrual.

Elevado: El presidente nombra a jueces opuestos al derecho a la acción afirmativa y al aborto.

Alto: El presidente se niega a firmar los tratados internacionales sobre la discriminación contra las mujeres.

Severo: El presidente afirma que las mujeres ya tienen derechos: pueden alistarse en el ejército, combatir en una guerra impopular y matar a gente inocente.

Firmado: Guerrilla Girls


jueves, 7 de junio de 2007

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968) (I)

“Los androides también se sienten solos”. Esa frase puesta en boca de la andrilla Pris, creo que resume muy bien el elemento que está presente desde la primera página hasta la última de esta novela escrita por Philip K. Dick en 1968 y que sirvió de base a la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982), como es la soledad.

Un sentimiento que comparten todos los personajes, humanos y andrillos (replicantes en la película), obligados a moverse en un mundo postbélico en ruina, contaminado, con la naturaleza arrasada y donde se invita a los habitantes de la Tierra a buscar tierras de promisión en otros planetas. Edificios ruinosos, abandonados, silenciosos, habitados por unos seres desorientados que se esfuerzan por mantener una apariencia humana siquiera lejana en la que poder reconocerse.

Un mundo sin afecto, donde los sentimientos se pueden regular a voluntad gracias a una máquina que permite escoger el estado de ánimo, incluida la depresión, que ayude a pasar el día mientras el proceso de degradación continúa imparable en una espiral de lo absurdo en una existencia que está llamada a la desaparición sin huella, sin posibilidad de trascendencia. Una vida sin pasado, sin futuro y con un presente que no conduce a parte alguna.

Al escritor alemán Heinrich Böll se le atribuye la frase: “el soldado que empieza a pensar, casi ha dejado de serlo.” Algo de eso le ocurre al protagonista principal de la novela y de la película, Deckard, cuyo trabajo consiste en “retirar” a aquellos andrillos (criaturas artificiales hechas a imagen y semejanza del hombre del que únicamente se diferencian por su falta de empatía) que entran en el planeta Tierra. Cuando empiece a sentir empatía hacia esas criaturas entrará en crisis, en un proceso de deshumanización marcado por su instinto de cazador.

Por su parte, los andrillos ocupan el papel de víctimas, de perseguidos injustamente por querer vivir y hacer lo mismo que los humanos, a los que superan en capacidades intelectivas. Seres perseguidos de una forma inhumana por unos cazadores de bonificaciones (así se les llama en la novela) que hace que el lector no se quede indiferente ante esa persecución despiadada a la que se les somete.

Antes eran simples objetos a “retirar”, y ahora se da cuenta de que son seres vivos que lo único que intentan es sobrevivir como lo haría cualquier humano. Entonces las fronteras que diferencian a unos de otros se difuminan y sólo el amor (o casi se podría decir, la parodia de sentimiento) hacia los animales, sean estos reales o artificiales, parece la última frontera.

¿Podríamos considerar humana a una criatura creada por el hombre de forma artificial siguiendo todos los parámetros humanos? ¿Qué es lo que nos convierte en específicamente humanos?

En http://nataliabook.blogspot.com están colgando una serie de artículos muy interesantes sobre diferentes aspectos de esta novela.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968)

Un silencio que emanaba del suelo y de las paredes y parecía generado por una vasta usina lo golpeó con tremenda energía. Brotaba de la moqueta gris en jirones, de los utensilios total o parcialmente destrozados de la cocina, de las máquinas muertas que no habían funcionado en ningún momento desde que Isidore había llegado. Rezumaba de la inútil lámpara de pie del cuarto de estar, combinándose con el que descendía, vacío y sin palabras del cielorraso manchado por las moscas. En realidad, surgía de todos los objetos que tenía a la vista, como si él – el silencio – se propusiera reemplazar todos los objetos tangibles. Por eso no solamente afectaba sus oídos sino también sus ojos: mientras contemplaba el aparato de televisión inerte sentía el silencio como algo visible y, a su modo, vivo. ¡Vivo! Con frecuencia había percibido antes la severidad de su cercanía: cuando llegaba, irrumpía sin delicadeza, evidentemente incapaz de esperar. El silencio del mundo no podía refrenar su codicia. Y menos ahora, cuando ya virtualmente había vencido.

Las leyes locales prohibían la facultad de invertir tiempo en devolver seres humanos a la vida; se lo dijeron claramente cuando tenía dieciséis años. Pero había continuado haciéndolo secretamente durante un año más, en los bosques que aún quedaban. Y entonces, una anciana a la que jamás había visto ni oído, habló. Y sin el consentimiento de sus padres, ellos – los asesinos – bombardearon aquel nódulo único que se había formado en su cerebro, lo destrozaron con cobalto radiactivo y eso lo hundió en un mundo diferente, de cuya existencia jamás había sospechado. Era un pozo de huesos y cadáveres de donde había salido tras años de esfuerzo. El burro, y en especial el sapo, las criaturas que más le importaban, habían desaparecido, se habían extinguido. Sólo quedaban fragmentos podridos, una cabeza sin ojos, parte de una mano. Por fin un ave que había ido a morir allí le dijo dónde estaba. Había caído en el mundo-tumba. No podría salir mientras los huesos dispersos a su alrededor no volvieran a ser criaturas vivientes: él estaba unido al metabolismo de otras vidas, y no volvería a vivir mientras ellas no vivieran.

Para Rick Deckard, un robot humanoide fugitivo, equipado con una inteligencia superior a la de muchos seres humanos, que hubiera matado a su amo, que no tuviera consideración por los animales ni fuera capaz de sentir alegría empática por el éxito de otra forma de vida, ni dolor por su derrota, era la síntesis de los Asesinos.

- Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce. Por ejemplo, si se va usted a la cama y deja un poco de kippel en la casa, cuando se despierta a la mañana siguiente hay dos veces más. Cada vez hay más. (…)
- Nadie puede vencer al kippel – continuó -, salvo, quizás, en forma temporal y en un punto determinado, como mi apartamento, donde he logrado una especie de equilibrio entre kippel y no-kippel, al menos por ahora. Pero algún día me iré o moriré, y entonces el kippel volverá a dominarlo todo. Es un principio básico: todo el universo avanza hacia una fase final de absoluta kippelización.

Al recordarlo, se preguntó si Mozart había tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya había utilizado todo su breve tiempo. Quizá también yo lo haya hecho, pensó Rick mientras contemplaba el ensayo. Este ensayo terminará, la representación también, los cantantes morirán y finalmente la última partitura de la música será destruida de un modo u otro, el nombre de Mozart se desvanecerá y el polvo habrá vencido, si no en este planeta en otro cualquiera. Sólo podemos escapar por un rato. Y los andrillos pueden escapar de mí, y sobrevivir un rato más. Pero los alcanzaré, o lo hará algún otro cazador de bonificaciones. En cierto modo, observó, yo soy una parte del proceso de destrucción entrópica de las formas. La Rosen Asociation crea y yo destruyo. O al menos, eso debe parecerle a los androides.

Caminó por la cuesta. Cada paso le costaba más. Estaba demasiado fatigado para subir. Se detuvo a secar el sudor que caía sobre sus ojos y las lágrimas saldas, con todo el cuerpo dolorido. Enfadado consigo mismo escupió, con furia, desdén y odio a sí mismo, sobre el suelo yermo. Luego siguió trepando por aquella elevación solitaria y poco familiar, alejada de todo. Nada estaba vivo allí, aparte de él mismo.

miércoles, 6 de junio de 2007

Caricias (Sergi Belbel)

Chica: Había soñado todo esto hace un par de días. Pero era diferente. El sueño era diferente, pero no tanto. Decidíamos romper nuestra relación, se veía venir. Me decías que tu mujer lo sabía. Curiosamente, también estábamos en una estación. Pero eras tú quien tenía que coger el tren. Recuerdo que me insultabas. Más o menos como acabas de hacerlo ahora. Pero lo que recuerdo mejor era lo que yo te decía. Te lo decía gritando, en medio del ruido y rodeada de gente, viajeros con maletas, vendedores de periódicos, revisores, maquinistas, y sobre todo... barrenderos vestidos con nomos de color amarillo (había muchos, muchísimos, miles y miles de barrenderos fosforescentes escuchando boquiabiertos mis palabras, delante de nosotros, sentados en el suelo de la estación, con las escobas a los pies). Yo estaba furiosa pero lúcida. Te decía que las desgracias no son fruto de la casualidad. Los hombres tenéis una peligrosa tendencia a creer que sí. Las mujeres no. yo no. Yo soy una mujer. Y te acusaba. A gritos. Yo te acusaba a ti delante de todos. Tú, el culpable. De todo. Absolutamente todo. Todas tus desgracias: histeria de tu mujer, principio de impotencia, desequilibrio de tu hijo pequeño. Y sobre todo: la muerte de tu hijo mayor. Sí. Tú, el culpable. El único culpable. Y todos me aplaudían. Todos me ovacionaban. Luego, te levantabas y te ibas. Solo. Cogías el tren. Solo, Y descarrilaba. Y veíamos cómo descarrilaba el tren contigo dentro, sólo contigo. Y todos gritaban de alegría. Y yo gritaba de alegría. Y lo celebraba. Y lo celebrábamos. Cuando me desperté, quise creer que se trataba de una pesadilla. Ahora sé que no fue más que una simple premonición. Me voy. No quiero que se escape el tren. ¿No dices nada? ¿Por qué no dices nada?...

Chico: Estoy en blanco. Me he quedado en blanco. En blanco. Te he hecho una pregunta y no me has respondido. No sé cómo nos puede gustar tanto perder el tiempo de esta manera. Me llamas, me llamas, me llamas casi cada día y me repites siempre lo mismo: que vaya a verte, que vaya a verte; ya sé que eres la mejor cocinera del mundo, no lo dudo, no lo he dudado nunca; si supieras la propaganda que hago de ti por ahí, no creerías que lo que digo de ti son palabras mías. Y yo hago alguna concesión y vengo a verte; pero no sé por qué me quede aquí tanto tiempo, quizá por masoquismo, ¿sabes lo que significa?, sí, seguro que sí, seguro que si saber lo que significa sádico, sabrás también lo que significa masoquista; no, no, no te asustes, me he quedado en blanco porque no sé por qué algo está impidiendo que me vaya de aquí sin que antes me hayas respondido; espero tu respuesta de la misma manera que esperabas ansiosamente, desesperadamente mi pregunta (sabes disimular pero te conozco); y tengo que aguantar toda una cena insoportable - buenísima, no digo que no -, pero lenta y pesada, llena de discursos vanos, vacíos... Nos podemos ahorrar la molestia, a partir de hoy, hazme caso; eso de quedarme en blanco, mamá, no me gusta, me pone enfermo; te digo que me hagas un café y no me lo haces, y el tiempo se estira y todo es inútil, porque en realidad estás esperando y yo estoy esperando y esperar cansa y pone enfermo y todo se detiene y nos hace daño y nos echa a perder. Por eso, esta vez no desvíes la respuesta ni te hagas la sorda, porque quiero irme de aquí cuanto antes, mamá, y no preocupes: volveré, volveré otro día, quizá otra semana, quizá otro año, porque soy tu hijo. Cuánto quieres.

martes, 5 de junio de 2007

Marina Abramovic (Belgrado, 1946)

“Estoy interesada en un arte que perturbe y rompa ese momento de peligro; por eso, el público tiene que estar mirando aquí y ahora. Deja que el peligro te concentre; esta es la idea, que te concentres en el ahora.”

Hija de guerrilleros yugoslavos, Marina Abramovic es una artista de largo recorrido lo que la ha convertido en uno de los performers más veteranos y poderosos del panorama artístico contemporáneo con base en su propio cuerpo y su propia mente, además de la relación con los espectadores a los que, en ocasiones, convierte en actores necesarios para el correcto desarrollo de la performance.

Su trabajo ha ido evolucionando con el paso del tiempo, desde unos primeros trabajos en los que buscaba fundamentalmente rebelarse contra una educación que sentía como una losa que le impedía desarrollarse como persona, inmersa en el triste ambiente cultural de la Yugoslavia de Tito, hasta llegar a unas propuestas en las que explora el aspecto espiritual del sexo como hace en la serie Balkan Erotic Epic (Épica Erótica Balcánica).

Lo que no ha perdido por el camino es la simbiosis que siempre busca entre el arte y la vida, uniendo sus propias experiencias vitales con el mundo de la creación entrando de lleno en el mundo del body art (arte corporal o del cuerpo) para llegar hasta los límites más extremos, tanto desde el punto de vista psíquico como mental, hasta llegar incluso a poner su vida en peligro.

A pesar de lo que pudiera parecer en un primer golpe de vista, el trabajo de Marina huye del sensacionalismo; es un trabajo de un profundo trasfondo filosófico donde el miedo, la incomunicación o la soledad, algo aparentemente (pero sólo en apariencia) contradictorio con la necesaria presencia del público, que llega a ser una parte activa con la que la artista dialoga y obliga a enfrentarse a las mismas sensaciones que Marina experimenta en muchos de sus trabajos.

Algún crítico ha definido las performances de Abramovic como “una verdadera radiografía de una sensibilidad intensa y emocional a la búsqueda de una profunda espiritualidad que le confiera el equilibrio vital y un estado de conciencia superior.” En un buceo introspectivo carente de prejuicios o de complejos, encuentra Marina Abramovic el material fundamental que luego se fundirá con referencias multiculturales fruto de sus contactos con la cultura tibetana, con tribus africanas o de sus estancias en los desiertos del Sahara o del Gobi.

Fundamental en el desarrollo de su trabajo fue la relación tanto personal como artística con el artista alemán Ulay, que se extenderá entre 1975 y 1988, relación que se cerrará con la performance titulada Lovers (Los amantes) que fue la que puso fin a la relación entre ambos. Para ello recorrieron 2.000 kilómetros a lo largo de la Gran Muralla China en 90 días para llegar, partiendo cada uno desde un extremo distinto, a la población china de Er Lang Shan un 27 de junio de 1988. Caminaron hasta encontrarse e inmediatamente volver a separarse ya para siempre. “Esta puesta en escena de una geometría del amor hizo que la dolorosa separación de sus biografías individuales pareciera el inevitable resultado de las leyes de la vida”, ha escrito Petra Löffler.

Uno de sus trabajos más recientes es Balkan Erotic Epic, una serie en la que se incluyen diferentes obras grabadas en video o con soporte fotográfico, en la que indaga en torno a la relación entre el sexo y la muerte. Para ello investigó en torno a los antiguos rituales paganos, que todavía hoy perviven en la cristiana Serbia, y que se utilizan con el fin de “propiciar la fertilidad de la tierra, para pedir lluvias, para la sanación... La energía sexual era transformada para el contacto con las energías invisibles.”, tal y como ella misma explicó en una entrevista en el periódico El País.

Sus obras tienen mucho de ritual, de trascendencia más allá del miedo al dolor físico, de lograr un estado mental y físico que le permita entrar en una dimensión en la que esas limitaciones ya no proyecten ninguna sombra sobre su mente ni sobre su vida. La vida.

Videos de sus performances se pueden encontrar en Youtube. No son aptos para todos los públicos.

lunes, 4 de junio de 2007

¿Para cuándo son las reclamaciones diplomáticas?


Después de atravesar por una profunda crisis que ha provocado la renovación total del plantel de actores de Teatro del Norte, el grupo que dirige Etelvino Vázquez desde Lugones, puso en escena el pasado día 2 en la sala de Cajastur en Oviedo, el texto original de Valle-Inclán, ¿Para cuándo son la reclamaciones diplomáticas?

A lo largo de la hora de duración de la representación, Etelvino Vázquez (autor también de la dramaturgia y la dirección), junto con José Troncoso y Cristina Martínez, dieron vida a los diferentes personajes a través de los cuales se trajo hasta los espectadores un trozo especialmente oscuro, convulso y violento de la historia de España, como es el que va desde la pérdida de las últimas colonias (Cuba y Filipinas) a finales del siglo XIX, hasta el asesinato de Eduardo Dato en 1921 (fue el tercer presidente del Consejo asesinado en un periodo de 25 años). Años 20 que otros lugares se denominaron “felices” pero que en España conocieron una dictadura y una sangrienta guerra en Marruecos, entre otros avatares históricos.

Esos saltos cronológicos no siempre están bien resueltos, con momentos en los que el espectador tiene que cambiar su esquema casi sin solución de continuidad lo que llega a generar dudas. La obra se desarrolla sobre un escenario en el que desnudez se impone, con una larga mesa y dos sillas, sobre un suelo y contra un fondo rojo burdeos, y sendos micrófonos, uno a cada lado del escenario (recurso ya utilizado por el grupo en algunos montajes anteriores).

Con el tono típico de Valle-Inclán, se van poniendo de manifiesto las miserias de un país amnésico y miserable para los que por él dan su vida o lo mejor de su pensamiento. Soldados muertos al otro lado de la Mar Océana por una patria que se apresura a olvidarlos, a tratarlos como apestados, que vuelven enfermos, mutilados, abatidos y derrotados, mientras los generales de salón, convertidos en auténticas marionetas reales, se pavonean con sus medallas por los salones de un Madrid borbónico de oropel y cartón piedra.

El Adelantado de Las Hurdes (una región extremeña especialmente pobre por aquellos años y que recibió la visita regia, pero ninguna solución a sus problemas), es un periódico empeñado (en el texto dramático) en apoyar la causa de la derecha, de “disparar” contra todos aquellos que no sean germanófilos (sentimiento muy extendido entre la clase dirigente de la derecha española hasta los años de la Segunda Guerra Mundial) y en transmitir una imagen del país que poco tiene que ver con la realidad que viven unas clases trabajadoras que lo sufren todo: analfabetismo, paro, enfermedades, la guerra.

Algo de todo esto está presente en este montaje teatral, a lo largo del cual el trío de actores despliega un amplio repertorio de recursos técnicos ciertamente notable para lo que es la tónica habitual en el teatro asturiano, apoyado por unos recursos musicales muy bien escogidos en el que los ritmos de las zarzuelas de maestros como Guerrero, Chapí y Bretón, entre otros, unidas a las músicas compuestas por Alberto Rionda.

El esquema general de la obra encaja en una forma de actuar que resulta, en ocasiones, barroquizante, recargada, con un gran despliegue de gestualidad (alguna de ella muy relacionada con la comedia del arte, como ocurre, por ejemplo, el personaje del director del periódico), y en el que los recursos vocales se muestran con firmeza, aunque el hecho de que se utilice durante la mayor parte del tiempo un tono de voz muy por encima del normal, termina por resultar molesto.

En definitiva, un nuevo punto de arranque en la historia de uno de los grupos más veteranos y más arriesgados de la región, y el de mayor proyección más allá de nuestras más que pequeñas fronteras.