lunes, 5 de mayo de 2014

Walker Evans: Literatura, fotografía y realidad



La obra de Walker Evans (San Luis, Missouri, 1903 – New Haven, Connecticut, 1975) no se entiende sin tener en cuenta antes su pasión por la literatura, una pasión que le hizo viajar en 1922 hasta París para matricularse en la Sorbona y perseguir su sueño de literato. Si bien no lo consiguió, la influencia de poetas franceses del siglo XIX como Flaubert, unida a la que ya tenía de escritores de la talla de T. S.Eliot, D. H. Lawrence, o James Joyce, va a estar muy presente en el trabajo fotográfico de Evans.


Y es que si bien no llegó a alcanzar las cotas literarias que perseguía, sí se dio cuenta de que esas ansias por contar historias podía hacerlo, y muy bien, a través de la fotografía. Ya de niño era aficionado a coleccionar postales y a hacer fotografías a los miembros de su familia. Inicios que luego enriquecerá al dar una vigorosa estructura narrativa a unas imágenes capaces por sí solas de contar la historia de sus protagonistas.


La naturalidad con la que Evans se acerca al objeto fotográfico, esa falta de contenido ideológico, esa frescura, esa ausencia de subjetividad, le terminarán por convertir en el padre de la fotografía documental en los Estados Unidos, sobre todo gracias al trabajo que hizo para la Farm Security Administration, organismo gubernamental que contrató a varios fotógrafos para que tomaran imágenes propagandísticas que destacaran los esfuerzos de la administración Roosevelt en los tiempos de la Gran Depresión con las comunidades agrarias de la América profunda.


Sin embargo, Evans huyó de darle ese contenido propagandístico, algo que le valió el despido del organismo oficial, para dejar a cambio un poderoso retrato de las duras condiciones de vida de unos agricultores y campesinos a los que la devastación el medio natural había dejado sin nada. Imágenes que muy bien podrían haber salido de Las uvas de la ira, de Faulkner, o de alguna de las canciones de Woody Guthrie.


Familias, iglesias, cementerios, calles de pequeñas poblaciones ignoradas, la vida real de unas comunidades que viven muy alejadas del relumbrón del american way of life, lejos de las luces de las grandes ciudades. Pero también los habitantes de la gran ciudad tendrán su hueco en el universo creativo de Evans, gracias a un conjunto de imágenes tomadas con cámara oculta en los vagones del metro de Nueva York, centrándose en captar las expresiones de los viajeros, hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que no son conscientes de que Evans estaba capturando su alma.



Porque cuando más desnudos estamos es cuando desnudamos nuestra alma, cuando estamos en un lugar en el que creemos que nadie se está fijando en nosotros, cuando vamos tan relajados o tan cansados, que aquello que realmente somos se asoma al balcón de nuestra identidad sin que seamos conscientes de ello. En ese momento nos mostramos como los seres vulnerables que somos, espléndidos en nuestra sinceridad sin máscaras, sin imposturas, sin mentiras.

2 comentarios:

balamgo dijo...

Espléndida entrada. Magnífico fotógrafo.
Un abrazo.

casss dijo...

COmo siempre de total interés tu artículo. Algo que el fotógrafo aficionado desea lograr: captar, pintar, decir con imagenes.

un fuerte abrazo