domingo, 14 de agosto de 2011

Sharon Hayes (Baltimore, Estados Unidos, 1970)

Después de haber estudiado antropología y de barajar la posibilidad de dedicarse al periodismo, al final optó por el mundo de la performance, el videoarte y la instalación. Y eso fue así después de ver la imposibilidad de acercarse en profundidad a hechos complejos por medio del periodismo, y por la distancia jerárquica que separa a los antropólogos de sus objetos de estudio, al menos desde su punto de vista.

Sus estudios de performance a través del programa Trinity/LaMama Performing Arts en la ciudad de Nueva York, Sharon Hayes encontró el camino que buscaba para desarrollar su libertad creativa y acercarse a su manera a los temas de su interés. Desde ese momento empieza a desarrollar unas obras que tienen en los discursos políticos y de activistas del pasado su punto fundamental de arranque.


Se trata de relecturas de discursos públicos como los que dirigió Reagan a la nación durante los ocho años de su presidencia, el que pedía la aprobación del acta de igualdad de derechos en los años 20, o el de defensa de los derechos de las lesbianas de principios de siglo, o los hechos por Patty Hearst antes de ser asesinada por los secuestradores a los que se terminó por unir. Discursos que Hayes desmenuza en sus detalles, es decir, fijándose en la forma de lanzarlos, a quiénes iban dirigidos, su formulación o el momento en el que se llevaron a cabo.


Con esas palabras prestadas, Hayes hace una suerte de revival histórico trayendo hasta el presente esas proclamas del pasado para ver como muchas de ellas se están reproduciendo en la actualidad sin grandes variaciones, porque los grandes temas siguen siendo los mismos.


Con ello no busca crear conciencia política o transmitir eslóganes contestatarios, sino que busca que nosotros como espectadores nos paremos a pensar en cual es nuestro papel a la hora de recibir esos mensajes y de conformar, en consecuencia, eso que se viene dando en llamar opinión pública.


Hayes lleva esas formas de discurso público o callejero, a nuevos escenarios que nada o poco tienen que ver con los escenarios originales que los acogieron en su primera vez, aunque son espacios relacionados con protestas sociales, explorando como esas formas de protesta del pasado han influido en las de nuestro presente y “como los efectos del discurso público con alteradas en el proceso de documentación”, frase que tomo de la web del Museo Whitney.


Las acciones que lleva a cabo Hayes hacen que las palabras adquieran una nueva dimensión al mismo tiempo que configura de nuevo la figura del manifestante, del agitador social o político, colocándose como figura única en medio de un espacio público provocando la confusión del viandante sorprendido por la exhibición que hace Hayes de esos eslóganes antiguos sostenidos en pancartas. Sin embargo, como apuntaba anteriormente, se trata de un manifestante que no se manifiesta.


“Después de que varias formas de comunicación hubieran fallado, únicamente permanezco en la calle lanzando palabras esperando que encuentren su camino”, en palabras de la propia artista.

4 comentarios:

Balamgo dijo...

Interesante, muy interesante el artículo.
Saludos.

Alfredo dijo...

Gracias. Estaría bien poder ver en vivo una performance de esta manifestante que no se manifiesta, de esa lanzadora de palabras al vacío.

Un abrazo!!

CAS dijo...

Los caminos del señor.... Me impresiona que tu última frase del comentario a Balango sea "lanzadora de palabras al VACIO". No debería ser así. Un esfuerzo original que merece mejores respuestas.
Interesantísimo planteo para la comunicación.
Un fuerte abrazo

Alfredo dijo...

Probablemente más que al vacío, tendría que haber escrito que las deja flotando en las calles a la espera de que algún oyente atento las dote de significado. Coincido contigo en que sus eslóganes merecen mejor fortuna.

Un beso!!