miércoles, 10 de agosto de 2011

Mark Titchner (Luton, Inglaterra, 1973)


El mismo artista ha contado alguna vez que estando un día sentado en el patio trasero de la casa de su madre, se dio cuenta que el camino artístico que había seguido hasta ese momento, enmarcado dentro de la abstracción geométrica, ya no le servía, ya no le encontraba razón de ser.


En ese momento tomó la determinación de empezar a jugar con el lenguaje, con las palabras, los eslóganes, con el fin de llegar de una manera más directa al público, un público que muy bien podía ver una de sus obras anteriores sin pararse a pensar en las motivaciones que podría tener el artista para realizarla.


Desde entonces y estamos hablando de que Titchner se licenció en el Central Saint Martins College of Art and Design como pintor abstracto en 1995, este artista, que estuvo nominado al Premio Turner de 2006, tiene en lo conceptual su punto de anclaje artístico.


Combinando las modernas tecnologías con técnicas que podríamos considerar como tradicionales, Titchner pone delante de los ojos del espectador sus frases cortas, directas, imposibles de no leer hasta el final, con las que busca devolver el poder al espectador, el poder de apreciarlas desde un punto de vista irónico, analizarlas como mensajes de hondo calado personal o político, o como lo quiera hacer.

Y es que Titchner huye de los dogmatismos, de las certezas, de las verdades inmutables, esas que a todos nos han grabado en algún momento de nuestra vida y por las que regimos nuestra forma de ser y de entender la vida. Son frases de orígenes muy dispares, ya que lo mismo están salidas de una canción de heavy metal, como de algún filósofo olvidado por la historia, un artículo científico o un eslogan político, muchas veces combinados entre sí para crear un nuevo mensaje suma de todos los anteriores con los que reflexiona y, de paso, intenta hacernos reflexionar acerca de los mecanismos de apropiación de los mensajes que tenemos los seres humanos y de la complejidad existente en los procesos comunicativos.

Con esa amalgama de mensajes de procedencias tan diversas, Titchner lo que hace es poner en pie de igualdad todos ellos, sin discriminación, sin hacernos llegar cual puede ser su idea al respecto, no critica, no juzga. Ese es un papel que reserva escrupulosamente para el espectador.

Mensajes ensamblados en cajas luminosas, en anuncios de neón, en murales, en instalaciones. Todo ello con el interés puesto en la “disolución de las fronteras, la migración de las ideas y de las estéticas de una disciplina a otra”, con la persistencia “de la dimensión conceptual o espiritual que está en la base de su creación”, como escribe Lizzie Carey-Thomas en la web de la Tate.

Titchner ha descrito su obra como un “diálogo acerca de cómo recibes los pensamientos y las ideas”, poniendo el énfasis en la “fragilidad de nuestros sentidos y de nuestro entendimiento”, según las frases que tomo de la página digital del Premio Turner.

2 comentarios:

Inventia (Rosalía López) dijo...

Me ha parecido superinteresante la forma que tiene el artista de ver los beneficios de introducir el lenguaje dentro de una obra pictórica. El buscar una comunicación directa con el espectador, y que este devuelva el poder de la interacción, es tremendo.

Esperemos ver muchas cosas más suyas. Saludos!

Alfredo dijo...

INVENTIA: Se trata de uno de los artistas que más relevancia está adquiriendo en el arte conceptual. Así, como tú apuntas, se genera una comunicación entre artista y espectador muy fuerte pq es prácticamente imposible leer sus frases y quedarse indifierente.

Un abrazo!!