martes, 19 de julio de 2011

Mark Grotjahn (Pasadena, California, Estados Unidos, 1968)


Las pinturas de Grotjahn entran de lleno en el terreno de la abstracción, aunque, dicho esto, también hay que añadir que no es imposible apreciar en sus obras elementos que remiten a referentes reales, casi en una vuelta a los postulados de los primeros pasos del Modernismo en los que realismo y abstracción no eran condiciones excluyentes.

Una forma de pintar que recuerda a Picasso, a quien Grotjahn reconoce como una de sus influencias más permanentes. La obra del malagueño la conocerá a través de libros de arte de su abuelo y a los 15 años ya había leído De lo espiritual en el arte de Kandinsky. Paul Klee o John McLaughlin, un pintor californiano rigurosamente abstracto que consiguió tener una carrera de nivel internacional, son otras de las fuentes de las que bebe nuestro artista.

Una de las obras más conocidas de Grotjahn es su serie Butterfly (Mariposa), basada en los movimientos de esa especie y su representación sobre el lienzo para dar origen a unas obras que contienen un ritmo casi musical, en el que los elementos se nos muestran y se nos esconden, mientras con la mirada buscamos un asidero entre los múltiples puntos de fuga que dibuja el artista.

Una multiplicidad de puntos de vista que rompe con la tradicional perspectiva renacentista para crear profundidad y sensación de tres dimensiones en una superficie que solo tiene dos. Composiciones qua “aluden al desarrollo de las múltiples narrativas que se han ido sucediendo a lo largo de la pintura moderna, desde las visiones utópicas del Constructivismo ruso a las imágenes alucinatorias del Op Art”, como se recoge en la web de la galería Gagosian.


Desde el punto de vista del color, sus obras son básicamente monocromas pero eso no implica monotonía sino todo lo contrario. El color vibra, oscila, cambia y ayuda a crear esas superficies a partir de múltiples puntos de fuga, como decía antes, hasta convertir a las obras en una suerte de elementos totémicos de la cultura contemporánea.

“Siempre estuve interesado en la línea y en el color. Quería encontrar un motivo con el que poder experimentar”, dice el propio artista en esta entrevista, en la que añade que “quería que mis obras se movieran. Por eso las llamé mariposas bailando [dancing butterflies]. El término bailando se refiere a la música y la música a algo de los pioneros del arte abstracto”.

Los elementos que confluyen en la obra de Grotjahn, adquieren la dimensión de símbolos que hay que leer. Eso ocurre con las letras que señalan a la autoría de la obra que se integran en la obra como un elemento más, o esos ojos de babuinos o monos que se insinúan como si nos estuvieran espiando.

Son mundos que nos alumbran nuevos caminos, que abren las posibilidades a la interpretación, que exigen, en definitiva, que los espectadores seamos actores implicados y demos rienda suelta a nuestra curiosidad y, al modo detectivesco, tiremos de los hilos, busquemos pistas y lleguemos a la conclusión que nos parezca más oportuna.

1 comentario:

Balamgo dijo...

Hola Alfredo,
Gracias por la visita.
Todavía ando un poco agobiado con la vuelta, pero seguramente me relajaré en unos días.
Abrazos.