domingo, 6 de marzo de 2011

El cementerio de Praga (Umberto Eco, Editorial Lumen, 2010)

24 de marzo de 1897

Siento cierto apuro, como si estuviera desnudando mi alma, en ponerme a escribir por orden -¡no, válgame Dios!, digamos por sugerencia- de un judío alemán (o austriaco, lo mismo da). ¿Quién soy? Quizá resulte más útil interrogarme sobre mis pasiones, de las que tal vez siga adoleciendo, que sobre los hechos de mi vida. ¿A quién amo? No me pasan por la cabeza rostros amados. Sé que amo la buena cocina: sólo con pronunciar el nombre de La Tour d’Argent experimento una suerte de escalofrío por todo el cuerpo. ¿Es amor?

¿A quién odio? A los judíos, se me antojaría contestar, pero el hecho de que esté cediendo tan servilmente a las incitaciones de ese doctor austriaco (o alemán) me dice que no tengo nada contra esos malditos judíos.

Así empieza el segundo capítulo de la última novela escrita por el italiano Umberto Eco y que ha sido definida por el periódico oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, como “una sinfonía maligna”, y sin que tampoco haya terminado de agradar a la comunidad judía el menos en Italia. Y es que el personaje principal de la novela, y el único que es inventado, Simonini es un personaje de esos que no nos termina de caer simpático pero al que, sin duda, vamos a recordar.

Amante de la buena cocina, misógino, antisemita, conspirador, asesino, falsificador y muchas otras cosas más, para intentar recuperar su auténtica personalidad iniciará una suerte de diario, que tendrá que ir completando una tercera persona, para adentrarse por los intrincados caminos de una personalidad que corre en el abad Dalla Piccola y la que da forma al capitán Simone Simonini.

Hábil falsificador se introducirá en el mundo de los servicios de espionaje y para justificar la existencia de una conspiración judía para hacerse con el dominio del mundo, utilizará Los protocolos de los sabios de Sión como fuente para redactar documentos que apoyen esa tesis. Lo inquietante del caso es que esos Protocolos existieron realmente ya que vieron la luz en la Rusia zarista de principios del siglo XX, y a pesar de haberse probado su falsedad, serán uno de los pilares en el que los nazis construirán su teoría antisemita y todavía hoy hay países árabes musulmanes en los que se les da credibilidad.

A través de los recuerdos de tan singular villano, Eco nos lleva a recorrer los caminos de la historia de un atormentado siglo XIX en Europa, desde la unificación italiana hasta la guerra franco prusiana, y los levantamientos sociales en el París decimonónico. Una novela que dispara contra todo y contra todos (la iglesia católica, los jesuitas, la política, los servicios secretos, los masones, las sectas esotéricas…) y, sobre todo, pone de manifiesto como se fue desarrollando a través de todo el siglo el antisemitismo que tan trágicas consecuencias tendría en el siglo XX.


Un texto en el que se ponen negro sobre blanco todos los tópicos del momento relacionados con los judíos, pero también con otros países europeos o estamentos sociales. Así, por ejemplo, dirá que los alemanes son “el más bajo nivel de humanidad concebible”, de los franceses que son “orgullosos más allá de todo límite”, que los curas afirman que “su reino no es de este mundo, pero ponen las manos encima de todo lo que pueden mangonear”, entre otros muchos.

En definitiva, una novela que hace transcurrir su acción por el delgado borde que separa realidad y ficción, lo que parece ser verdad de lo que es manifiestamente falso. Una novela irreverente que, sin duda ninguna, hay que leer.

6 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Estoy decidida a leerla, Eco suele ser garantía de calidad.
Otra cosa son las reacciones reaccionarias previsibles que ha provocado esta obra, lo cual, le otorga una publicidad añadida.
Siempre me ha intrigado que alguna gente confunda la ficción de un relato con las opiniones de quien lo ha escrito, identificando autor con personajes, ridículo. A este paso dirían que Shakespeare era anti judio por "el Mercader" o racista por "Othelo".
!Salve! amigo.

Alfredo dijo...

Comparto contigo el interés por la obra de Umberto Eco. En este caso deja una novela incómoda porque le recuerda a todo el mundo que son muchos los que han colaborado en difundir los sentimientos antisemitas basados, además, en un documento que se sabe positivamente que es falso.

Besotes!!

Balamgo dijo...

Siempre que he leído algo de Eco, he salido con buen sabor de boca.
Así que te haré una vez más caso.
Gracias.

Alfredo dijo...

BALAMGO: Yo tengo la misma sensación que tú cuando tengo un libro de Eco entre las manos. Siempre ofrece algo bueno.

Un abrazo!!

Natàlia Tàrraco dijo...

A título informativo: No me sube la última entrada de hoy a vuestras listas de blogs, problemas técnicos que últimamente me atacan sin piedad. Lo digo por si quieres o te apetece verla.
Un abrazo amigo

Alfredo dijo...

Gracias por el aviso. Me paso.