martes, 1 de marzo de 2011

Cada siete olas (Daniel Glattauer, Alfaguara, 2010)

A pesar de que sueles tocarle a uno la fibra sensible. ¡¡POR FAVOR, EMMI!! Ahora terminaremos esto. Fue tu explícito deseo, y fue un deseo justo. Prometiste que no destruiríamos lo “nuestro”. Yo me fío de ti, de tu “nuestro”, de mi “nuestro” y de nuestro “nuestro”. ¡Nos veremos cara a cara en un café durante una hora! ¿Cuándo tienes tiempo? ¿El sábado? ¿El domingo? ¿Al mediodía? ¿Por la tarde?

Los que habíamos conocido el primer encuentro entre Emmi Rothner y Leo Leike, correo electrónico mediante, y su peculiar historia de amor epistolar con varias idas y venidas y ningún conocimiento real, esperábamos con cierta expectación la continuación de Contra el viento del norte en Cada siete olas.

Un libro que, igual que su antecesor, nos ofrece una prosa ágil, entretenida, sin mayores pretensiones, de lectura rápida, para seguir la peripecias sentimentales de estos dos austriacos, casada ella y en vías de iniciar una relación él, que le dan vueltas y más vueltas a sus sentimientos y a la duda sobre si estarán realmente enamorados o no.

Siendo un libro que cumple con las expectativas, no puedo evitar tener la sensación de que no era del todo necesario, que si la historia hubiera terminado en la primera novela no hubiera pasado nada. En Cada siete olas (un libro que el propio autor ha reconocido que no tenía intención de escribir y solo el éxito del primero le llevó a seguir con la historia), se le dan, en mi opinión, más vueltas de las que serían necesarias para llegar a un final que me resulta decepcionante.

Por la parte positiva, los dos personajes son reconocibles porque todos conocemos a alguien o incluso puede que nosotros mismos, que haya pasado por situaciones similares porque el amor también tiene mucho de duda, de idas y venidas hasta que se llega a un momento en el que es necesario tomar una decisión que sea definitiva o, al menos, sirva de punto de inflexión.

Porque, porque, porque… Porque no quiero que creas que quiero tener una aventura contigo. Y lo que es casi más importante aún: ¡porque no quiero tener una aventura contigo! Para tener una aventura podríamos habernos ahorrado dos años y medio y treinta y siete metros cúbicos de letras.

9 comentarios:

CAS dijo...

Si consigo al menos el primero de los libros citados, después de leerlo te cuento. Lo de lectura ágil, es una tentación en tiempos que comienza a haber más trabajo!!
cariños

CAS dijo...

Encontré las primeras páginas en pdf para promocionar el libro (al primero me refiero) y realmente me ha hecho reir el diágolo inicial... parece de entretenida lectura de veredad.
cariños

Alfredo dijo...

Es una lectura ágil, ideal para viajes en autobús, salas de espera, y cosas así. Ameno y a ratos divertido, especialmente el primero, el segundo sigue la senda pero ya se vuelve algo más intrincado, más de ida y vuelta.

Un abrazo!!

Balamgo dijo...

Agradezco profundamente tu comentario en profundidad, de las dos novelas y de su autor. A la hora de comprar, siempre es conveniente la opinión de alguien más.
Abrazos.

Alfredo dijo...

Luego ya sabes que esto va en cuestión de gustos, pero sí te puedo decir que conozco a varias personas a las que les han gustado las dos novelas e incluso el final de la segunda :)

Un beso!!

Monik dijo...

Pues lo leí hace ya unos meses y me encantó...recomendada lectura sin lugar a dudas!!!

Alfredo dijo...

Yo también lo terminé hace un poco de tiempo. Está bien, sí, pero mejor el primero. Los dos se dejan leer.

Un abrazo!!

PACO HIDALGO dijo...

Apuntados quedan, pues no los conocía. La lista se empieza a hacer interminable. Creo que necesitaré 12 meses de verano. Un abrazo, Alfredo.

Alfredo dijo...

Eso nos pasa un poco a todos, Paco, se nos acumulan las lecturas, las pelis, los discos... En fin, de uno en uno y a disfrutar de lo que se vaya pudiendo.

Un saludo!!