miércoles, 10 de febrero de 2010

Marina Núñez (Palencia, 1966)



“Las histéricas, medusas, momias, monstruas o cíborgs, que pertenecen a ese bando de los anormales, son sin duda una redundancia, un añadido de locura, perversidad, enfermedad o monstruosidad para aquellas que ya son definidas como poseedoras de una razón escasa y turbia y de unos cuerpos grotescos y descontrolados. En ese sentido, intentan poner en evidencia que el cuerpo e identidad femeninos son anómalos según la mirada masculina que los ha construido. La representación de lo monstruoso, de lo disonante, de lo repudiado es, como explica Remo Bodei, una forma de denunciar la violencia excluyente del canon, que bajo su apariencia bella e inocua esconde la persecución implacable de lo diferente.” (Marina Núñez)


Vivimos en un era en la que los seres humanos no dejamos de abrir nuevos campos tecnológicos que están cambiando, no solo la percepción que tenemos de nuestros entornos cada vez más virtuales, sino también la idea que tenemos de nosotros mismos, es decir, de nuestra propia identidad, un territorio que siempre ha estado plagado de dudas y en el que ahora es casi imposible encontrar una mínima certeza a la que agarrarse.

De algo de todo eso habla la obra de Marina Núñez, una artista palentina colocada por derecho propio entre los creadores más poderosos de nuestro arte contemporáneo, y en la que combina técnicas tradicionales con los nuevos lenguajes muy apoyados en ese mundo tecnológico. Todo eso sin renunciar a un compromiso social especialmente con el que tiene que ver con la visibilidad del universo de la mujer. Como escribe José Jiménez en su artículo Alien, dedicado a la obra de esta artista, la figura de la mujer “ocupa un espacio central en ese mapa de exclusiones, una forma de resaltar en la imagen el lugar relegado que tradicionalmente se le ha asignado en la historia de nuestra cultura”.


Y continúa: “Advertimos entonces con qué intensidad esas figuras que portan el signo de la exclusión nos hablan de un mundo alternativo, de la posibilidad de ir más allá de las certeza repetitivas, alienantes, banales, que configuran el universo de la imagen indistinta de la sociedad de masas. La cuestión de la identidad se abre a la experiencia de la metamorfosis: yo soy yo y mi otro. Cuerpo e imagen. Masculino y femenino. Cuerdo y loco. Normal y monstruo. Nativo y extranjero. Ser humano y máquina. Terrícola y alien.”

Una obra que se mueve en un territorio de ciencia-ficción, de un universo post humano, en el que la identidad tiene que ser reformulada para adaptarse a nuevas circunstancias, a un nuevo territorio habitado por seres en mutación, híbridos en los que los límites se disipan, se interrelacionan y desparecen ante nuestros ojos sin que podamos hacer nada por evitarlo.

Seres que, por otro lado, aparecen serenos, lejanos en su belleza serena, ubicados en contextos de referencias difusas, en espacios no referenciales, entre la luz y la sombra y paisajes después de la destrucción de aire hostil, onírico, surrealista.

“Las nuevas tecnologías, muy especialmente la informática y la biotecnología, están situando al ser humano en una encrucijada de cambio sin precedentes. Órganos de los sentidos extendidos en el espacio y el tiempo gracias a la red, prótesis y modificaciones genéticas que hacen de nosotros seres híbridos y artificialmente viables, un nuevo paradigma que nos define como flujos de información… algunos tópicos de la ciencia ficción son actualmente realidad. Pero aunque las películas de ese género nos han acostumbrado a las imágenes de espectaculares transformaciones fisiológicas que reconfiguran el cuerpo humano, rara vez intentan especular sobre qué implicarían –implican ya- estos cambios en nuestra subjetividad. Oscilando entre la tecnofilia y la tecnofobia, entre el deseo y el temor, estamos construyendo una nueva forma de entender nuestra identidad, que algunos filósofos o historiadores han llamado posthumana.” (Marina Núñez)

8 comentarios:

sonoio dijo...

hola alfredo
interesantísimo el pensamiento de marina
pepor lo que puedo apreciar de su obra
que es poco
su estética no termina de espar a ciertos canónes de la ciencia ficción

un abrazo

Alfredo dijo...

En algún sitio he leído que es una gran lectora de ciencia ficción, así que no es de extrañar que su obra tenga ecos de ello.

Saludos!!

CAS dijo...

Impactante...me gusta absorver todo esto, captar tan diversos enfoques y coincidir o disentir, o ambas cosas a la vez (?!?!?).
Algún día me quedaré en silencio y alejada de todas las voces y pareceres para ver qué habita dentro de mi, cual es mi esencia. Quiero que salga con la claridad de estos artistas, tan confusa, tan real, tan dramática, en fin:
me gustó. un abrazo.

Alfredo dijo...

Leí una vez una frase que decía: yo hablo con mis silencios pero nadie me escucha.

Abrazos!!

Eva Magallanes dijo...

Un gran gusto estar aquí y leer este texto de Marina... está todo dicho y muy bien dicho... me identifica plenamente. El tema del canon es absolutamente trascendental en tanto concepto, precepto, imagen que, en definitiva, se transforma en dogma y como tal en medida represiva, discriminadora, abusiva e ignorante.
Viva la maravillosa y sabia diversidad en todos los ámbitos!
Un saludo fraterno desde el confín austral!

Alfredo dijo...

Gracias y espero que sigas manteniendo tu presencia. Estoy de cuerdo en que cualquier canon, en tanto que norma, tiene un componente represivo en tanto en cuanto que marca unos límites que no se pueden traspasar, luego está la libertad de cada uno de seguirlo o no y para eso el territorio del arte es fantástico por la cantidad de caminos que se pueden abrir dentro y fuera del canon establecido.

Un abrazo desde un norte lluvioso!!

Anónimo dijo...

Aparte de ser buena en lo que hace, como profesora es genial. Lo que tiene que decir te lo dice y lo que no también. Te ayuda y se implica por hacerlo. Ojalá muchos aprendieran de ella.

Isabel dijo...

Impactante exposición. He quedado sorprendida porque nunca había visto alguna de las técnicas que utilizas. Enhorabuena paisana. Una palentina.