domingo, 22 de noviembre de 2009

Sospecho que mi marido es una planta (Emilio Méndez, Teatro De Mente)

Lo primero que tengo que decir es que mi opinión, una vez vista la obra, no coincide con la de otras personas con las que compartí el patio de butacas y que salieron encantadas del espectáculo, así que cabe perfectamente la posibilidad de que el raro sea yo, pero lo cierto es que, para ser sincero, me aburrí más que mucho.

Este montaje es uno de los primeros de este grupo recién llegado al panorama del teatro profesional asturiano, y que, por las noticias que tengo, está formado por gente joven licenciada recientemente por la Escuela Superior de Arte Dramático de Gijón. El texto está escrito por Emilio Méndez, también director del montaje y actor en el mismo, y el que a mí me pareció que tenía una mejor presencia escénica, siempre dentro de los cánones de club de la comedia que de lo que deberían de ser cánones estrictamente teatrales. Sus compañeros estuvieron sobre el escenario pero no nos dejaron ni un momento de verdad, apoyando sus acciones en lo meramente externo, y sin que los momentos que se suponían de mayor dramatismo me movieran a implicarme emocionalmente con ellos debido a una sensación de falsedad. Eso sin hablar de la falta de registros vocales y de que a la chica costara trabajo escucharla con claridad desde el patio de butacas.

Un texto que pretende entrar en el terreno del teatro del absurdo, al plantear la boda de una mujer, aquí interpretada por un hombre que hizo gala de todo el amaneramiento del que fue posible sin caminar en ninguna dirección concreta, con una planta. Mujer-hombre que luego se transmuta en hombre homosexual con una escena imposible en medio de la selva feraz, con unos desnudos francamente prescindibles por injustificados, y que se quedaron en nada cuando ya con la obra acabada, uno de los actores enseñó su pene al respetable haciendo unos comentarios acerca del tamaño (al parecer menguado por el frío) mientras nos animaba a que hiciéramos aquello que realmente nos apetecía hacer, y que tal vez suponía que tenía que ver con andar por ahí enseñando los genitales a discreción.

Se salva y mucho, la escenografía muy efectista, muy bien trabajada, que cumple su función con eficacia, y apoyada en un buen juego de luces que produce unas ambientaciones también eficaces, más teniendo en cuenta las pequeñas dimensiones del escenario.

6 comentarios:

calamanda dijo...

Estimado amigo,como ya es habitual,
nos cuentas el desarrollo de la
obra con su puesta en escena estupendamente y acostumbrada a tu
buen gusto que ya tantas veces me
has demostrado...me da la sensación de que no te ha gustado
nada, nada...así que yo por mi lugar de residencia es casi imposible tener oprtunidad de verla...pero no me gusta nada cuando se llama la atención utilizando la provocación o utizando desnudos sin más para atraer al público...es un juego a
cara o cruz...afluencia de público
o fracaso total.

Un beso.

Alfredo dijo...

Dos días más tarde ya me he ido encontrando con más gente que tiene una opinión similar a la mía, lo que quiere decir que no soy tan raro. Ya es un poco cansino que se utilice el sexo o los genitales como forma de llamar la atención del público, sobre todo, cuando está totalmente injustificado, como es el caso. Yo ya he visto muchos desnudos encima de escenarios y cuando van bien incardinados dentro del desarrollo de la obra me parecen estupendos, pero cuando es algo gratuito me parecen fuera de lugar.

Abrazos!!

CAS dijo...

Iba a comentar lo que ya dijo Calamanda: conociendote entre otras cosas por tu buen gusto y porque tu criterio siempre me parece muy avanzado y agiornado, no tengo dudas de lo acertadas de tu impresiones (eso es tenerle fe a los amigos, vio? jajajaj).
Bueno, si paso por Asturias seguro que prescinda de ver este espectáculo y en cuanto al grupo, esperemos a ver que nos ofrezcan otras cosas....
un abrazo desde la otra orilla.

Alfredo dijo...

Gracias por la confianza. La verdad es que dos días después, ya me encontré con gente con una opinión similar a la mía, así que no era yo solo. Por su juventud hay que darles el beneficio de la duda, y si hay otra oportunidad de verlos la intentaré aprovechar.

Besos!!

Ana dijo...

uy pues si lo metemos en el saco del absurdo como Becket o Arrabal, mejor me abstengo de verla, je, je, bastante tuve durante la carrera ja ja aj aja ja

Alfredo dijo...

A mí Beckett me gusta más que Arrabal, pero es que el absurdo es algo que hay que manejar con mucho cuidado porque es fácil quedarse en medio de ninguna parte.

Abrazos!!