domingo, 15 de noviembre de 2009

Hamlet (Kenneth Branagh, 1996)


La relación que ha establecido este actor y director con Shakespeare, nos ha dejado a los aficionados a ambos mundos, el cinematográfico y el teatral, un puñado de películas realmente apreciables, y un claro ejemplo de ello es este Hamlet convertido por valor propio como la mejor adaptación contemporánea de la genial tragedia del genio de Stratford upon Avon.

Branagh nos regala una versión íntegra del texto de Shakespeare (aunque también hay un montaje de dos horas de duración), en el que se rehúye el ambiente opresivo, oscuro, envuelto en una neblina constante, y lo sustituye por unos interiores plagados de luz, de color, en medio de un invierno que transcurre en un palacio real decimonónico, alejado del estereotipo de castillo medieval de Elsinore.

Una película en la que los personajes tampoco son esos seres permanentemente atormentados, sino que son personas reales con sus luces y sus sombras, capaces de mostrar generosidad, caballerosidad y poseedores de un profundo sentido del honor, que se contrapone con la capacidad para la crueldad, para provocar dolor, para la intriga más canallesca. En fin, nada que no veamos todos los días a nuestro alrededor.


Además de la soberbia actuación que nos ofrece Kenneth Branagh, se rodea de un plantel de auténtico lujo con la presencia de actores como Julie Christie, Kate Winslet, Jack Lemmon, Robin Williams, Charlton Heston, Richard Attenborough o John Gielgud, por citar a algunos. Nombres que ya nos hablan de la importancia que cobran en esta película los personajes considerados como secundarios, y que aquí son algo más que esas piezas pequeñas pero imprescindibles para que todo el engranaje funcione a la perfección.

Un texto en el que la palabra es la protagonista fundamental, todo se pone a su servicio: las actuaciones, la fotografía, la música, el vestuario…, para dar forma a una historia de suspense, no exenta de un fino sentido del humor, que mantiene todo el aspecto épico y toda la pasión que se concentra en los personajes de la tragedia, que luego da paso a una segunda parte que se vuelve más intimista, con una evolución más sosegada hasta llegar al culmen mortal y la entrada en escena del ambicioso Fortimbrás al frente de sus ejércitos.


Un final de película, recordemos que ambientada en un momento indeterminado del siglo XIX, que también parece hablar del final de una época, de la extinción de una estirpe de caballeros que tenían en el código de honor su orientación vital, que, en este caso, es la causa misma de su extinción ya que es lo que obliga a Laertes y a Hamlet a enfrentarse en mortal duelo para lavar con sangre las afrentas que el honor ha sufrido, y que servirá de excusa al ambicioso rey para buscar la forma de deshacerse de su hijastro con las funestas consecuencias que todos conocemos.


En medio de un ambiente luminoso presidido por un magnífico salón de suelos que se asemejan a un gran tablero de ajedrez sobre los que se van moviendo las diferentes piezas de la trama, Branagh nos ofrece un melodrama en el que Horacio termina condenado a vivir como protector de la memoria para que la historia de Hamlet no caiga en el olvido, y el sacrificio no haya sido en vano.

7 comentarios:

Mimí dijo...

¿Qué tal es la traducción?
Después de ver algunas de sus obras en teatro, me muero de curiosidad por ver esta versión.
Nunca pensé que pudiera gustarme tanto.

Un abrazo desde Extremadura

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Hola cinéfilo Alfredo, versión algo barroca, trasladada a época romántica, menudos decorados, música, vestuarios... pero deslumbrante, siempre hay que verla en V.O, nada de doblajes, PORFA. Un espectáculo por lo grande.
¿Te acuerdas de : "Mucho ruído y pocas nueces"? Otra del Shak, a K. Branagh le encanta ponerse en la piel y en la dirección del monstruo sin citar al Frankenstein que versionó a su estilo, muy creativo y siempre pelín teatral a mi modo de ver.

Alfredo dijo...

MIMI: La peli la vi en versión original (con subtítulos que mi inglés no da para virtuosismos), y el guión me parece sensacional, con una puesta en escena fantástica y unos actores que están muy bien, especialmente Branagh. Una película de esas que hay que ver.

Un beso!!

********

NATALIA: Siempre que puedo las películas siempre en versión original, sea en el idioma que sea, es lo que hace que se puedan percibir matices que de otra forma se pierden. El encuentro entre Branagh y Shak es uno de los más fructíferos de la historia del cine, y coincido en tu valoración del estilo teatral que destilan las películas, algo que a mí personalmente me gusta mucho (soy un gran aficionado al teatro), y ayuda a dotar a las películas de un sabor especial.

Un abrazo!!

calamanda dijo...

Has hecho un magnífico artículo,
como ya es habitual en ti.Si tuviera la posibilidad de verla ya,
hoy sería el día...por lo que nos
muestras, creo que la puesta en escena en su conjunto me va a gustar...

Un beso.

Alfredo dijo...

Ideal para una tarde como la que tenemos por aquí, gris y de lluvia. Sofá y sesión de gran cine, pero también es verdad que para lo bueno todos los días son ideales. Si la ves, ya me dirás que te pareció.

Abrazos!!

CAS dijo...

Sofá y sesión de gran cine, nada de doblajes, y que nadie coma pop (palomitas de maiz, o como le digan por ahí). Ya has hecho una crónica tan buena, que lo mío sería un exceso (y hablar por hablar, jajaja). Mejor trato de ver la película y me guío por tan buenos comentarios (como siempre).
Un abrazo

Alfredo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. De hecho los comedores de palomitas y su falta de vergüenza y de educación hacen que cada vez me cueste más ir al cine. Esta es una gran película y te la recomiendo vivamente.

Besotes!!