martes, 24 de noviembre de 2009

Hanneke Beaumont (Maastricht, Holanda, 1947)


Las esculturas de Hanneke Beaumont, artista holandés aunque vive y trabaja desde Bélgica, son capaces de transmitir, desde su estatismo, una gama muy amplia de sensaciones. Una figuración expresionista que, por un lado, arraiga en la tradición greco-romana y que, por otro, se transporta hacia el futuro desde un presente en el que se asientan y del que parece que no pueden o no quieren salir.

Y es las obras de Beaumont aparecen sentadas, reclinadas, de pie, en el suelo, mientras piensan, reflexionan, quién sabe si acerca de una contemporaneidad de ritmo inhumano, o se han quedado congeladas en un tiempo que no quieren abandonar o, tal vez, no encuentran el camino para hacerlo. Las vemos y esperamos que en cualquier momento tomen la decisión y conviertan el pensamiento en acción, ese movimiento que contienen en potencia y que no terminan de desarrollar.


Unas figuras que nos desafían con su actitud, que entran en los laberintos de nuestra mente y su presencia nos cala, nos desconcierta, nos invita a sumarnos a ellas y compartir la serenidad, la calma, el sosiego de sus almas. Son figuras que hablan con su presencia, que, en ocasiones, se miran y comparten conversaciones silenciosas, de esas en las que una mirada dice más que cualquier palabra. Esculturas que no están individualizadas, sus rostros no nos dicen nada de su historia, de su personalidad, del por qué han llegado al momento en el que se encuentran. Son almas que reflexionan.

Seres andróginos, tenuemente vestidos con una suerte de túnicas, en la que, si nos fijamos con detenimiento, vemos que el artista ha intentado diferenciar diferentes tipos de tejidos, eso sí, de una forma muy sutil. Figuras en bronce o terracota, anónimas en su individualidad, algo que comparten con todos nosotros, integrantes de una sociedad en la que la pérdida de identidad y la masificación son cosas con las que convivimos todos los días. A veces las miramos, y casi parece que son ancianos que llevaran toda su vida ahí, congelados, en esa postura, y nos gustaría sentarnos a su lado y dejar que nos contaran su historia, algo que reconocemos como imposible y eso nos deja un poso de tristeza porque no podemos ayudarles.


Obras que representan el cuerpo como una unidad cohesionada en la que los elementos formales y los psicológicos son independientes del material que da forma a unas figuras capaces de modificar nuestro estado de ánimo y de “darnos el coraje de ir a cualquier lugar y de ser alguien sin vergüenza y sin temor”, como dice el crítico de arte y artista, Robert C. Morgan, quien también afirma que Beaumont “es un artista que busca mostrar algo muy real, un momento en el tiempo que contiene un momento emocional muy concreto”. Son magníficos ejemplos de dignidad, de la importancia que tenemos como seres humanos.

7 comentarios:

sonoio dijo...

de verdad muy expresiva!!

grandes saludos

Ana dijo...

estas esculturas tan realistas me dan miedo, aunque parezca una tontería, y si son de gran tamaño, con más razón, je, je

Alfredo dijo...

SONOIO: Dentro de ese hieratismo y estatismo, late algo muy intenso y eso lo notamos.

Abrazos!!

*********

ANA: Son inquietantes, qué duda cabe, y son muchas las preguntas que le vienen a uno a la cabeza en cuanto las ve.

Un beso!!

CAS dijo...

Me ha encantado y me han contagiado su actitud, estas "almas que reflexionan".
besos!

Alfredo dijo...

Ya me gustaría a mí tener un jardín para ponerlas en él y poder sentarme junto a ellas y dejar que me contagiaran, si ello fuera posible, algo de esa energía latente que parecen tener.

Un abrazo!!

Shin dijo...

en tenerife tenemos una escultura igual a la penúltima foto....

Alfredo dijo...

Efectivamente. Tenéis suerte de poder disfrutar esa obra todos los días.