lunes, 26 de octubre de 2009

Saber perder (David Trueba, Editorial Anagrama, 2008)

El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.

Así empieza el todopoderoso narrador de la última novela del también director de cine, David Trueba, Saber perder. Una historia en la que viven cuatro personajes, Sylvia (chica de 16 años a la que un accidente la hará entrar en otra fase de su evolución vital), Lorenzo (su padre, al que un amigo engaña en los negocios y al que su mujer deja por otro hombre), Leandro (su abuelo, que encuentra en el sexo mercenario la forma de escapar al derrumbe del andamio de su existencia), y Ariel Burano (un prometedor jugador de fútbol argentino que llega a un equipo de la capital)

Todos ellos forman una galería de supervivientes, de personas que son más que personajes literarios, son personas de carne y hueso, con vidas cotidianas atravesadas de rutina y que, al mismo tiempo, van transitando por los lugares escabrosos de la existencia, sobre esa línea tan fina que separa lo que se considera el éxito de lo que se considera como fracaso. Los cuatro se encuentran en momentos determinados en encrucijadas en las que sólo el amor, adopte esta palabra la forma que adopte, parece ser lo que les puede sacar del fracaso o hundirlos un poco más en él.

Casi podríamos decir que son personajes, como todos nosotros, condenados a volver a levantarse después de un golpe o de una auténtica paliza, para recuperar una cierta noción de normalidad, de volver a encajar las complejas piezas del puzzle de la existencia. Por esos caminos nos lleva esa voz omnipotente del narrador que sabe todo lo que les ha ocurrido, cómo han llegado hasta donde están y hacia donde se dirigen, y que, de vez en cuando, les cede la voz para que sepamos de qué hablan, qué es lo que sienten.

Diálogos que aparecen imbricados de forma directa en la narración, sin ningún signo de puntuación que los señale, formando un todo único que funciona a la perfección, como un mecanismo de la más alta precisión, para formar 500 páginas de buena literatura.

“Sobrevivir sigue siendo la gran aventura, no tiene nada que ver con el mundo ficticio de las encuestas, los medios de comunicación, el ocio o la cultura” dice el propio autor en una entrevista, y precisamente por eso nos deja unos personajes que “me gusta que hagan cosas feas y que aún así te obliguen a acompañarlos en el viaje.” ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlos? ¿Quién es nadie para juzgar a nadie?

8 comentarios:

Balamgo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Balamgo dijo...

Me identifico mucho con la temática que utiliza Trueba en su "Saber perder"
Casi siempre, por no decir siempre, la vida es así, tal cual la describe él con sus personajes.
Excelente post.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Cuatro personajes a los que mueve el deseo o el deseo de desear, satisfecho o no. Y es cierto que podemos decir que está anclada de forma muy sólida en la realidad.

Saludos!!

Lucía dijo...

El comienzo es portentoso, me está picando el gusanillo. Cuando pase el concierto de Kroke me leo porque ahora ni te cuento, estoy con la maratón de la pega del cartel.
Y antes de salir pitando, me ha gustado como has acabado la entrada.
Un abrazo.

Alfredo dijo...

Espero que te guste. Ya me dirás. Y espero que el concierto sea un éxito.

Un beso!!

Lucía dijo...

Alfredo, soy yo otra vez.
¿Te gustaría, si tienes tiempo, escribir algo sobre Kroke para publicarlo en el blog de La ideal?
Si es así mándame un mail a:
produccioneslaideal(gmail)(punto)com
Un abrazo.

CAS dijo...

quienes somos nosotros...? si ese libro habla de nosotros. Somos lo que nos podemos ver reflejados, somos lo que podemos entender, somos los que nos podemos meter en la historia y jugar con esos personajes que buscan el amor. Creo que todo en la vida se resume a eso, no un amor edulcorad de color rosado y músicas pegadizas, sino el amor por la vida misma, el que nos llena de deseo y de desear y de tener ganas de vivir.
Un abrazo amigo y gracias una vez más por lo que nos cuentas y nos aportas.

Alfredo dijo...

La vida, entre otras cosas, está hecho de eso, de deseos que unas veces se cumplen y otras no, de deseos que una vez que alcanzamos descubrimos que no nos llenan, que no son lo que parecían ser, y de deseos que nos colman.

Las cosas son así.

Un abrazo!!