miércoles, 28 de octubre de 2009

Rafael Canogar (Toledo, 1935)


En alguna entrevista ha reconocido que se siente más ciudadano que artista, y eso a pesar de que a los 13 años ya tenía claro que lo que quería era dedicarse a la pintura, y de ahí que no se pueda desligar el arte de este castellano-manchego de los avatares históricos y sociales por los que ha pasado España y el propio artista.

Un arte testimonio de su momento y, quizás por eso, un arte en cambio permanente, cruzando de un estilo a otro hasta definir un, llamémosle así, no-estilo, es decir, que la ausencia de un estilo claramente definitorio podría considerarse, y así lo hacen algunos críticos que esto no es aportación original mía, como el estilo de Rafael Canogar.


Los inicios artísticos del toledano, están vinculados a un post cubismo aprendido de la mano de Daniel Vázquez Díaz, con quien se relaciona durante varios años en Madrid, y que le llevará a relacionarse con la forma de hacer de Picasso, de Braque o del Miró surrealista. Desde ahí irá evolucionando hacia la abstracción y el informalismo, lo que le llevará a convertirse en uno de los fundadores de el Grupo El Paso en 1957, grupo en el que coincidirá con Manuel Millares, Antonio Saura, Luis Feito, Manuel Rivera, Pablo Serrano, Juana Francés y Antonio Suárez. Grupo que utilizó el franquismo para dar una pátina simplemente externa, de modernidad en el campo del arte, en lo que fue un soplo de aire fresco en el anquilosado panorama artístico de aquella España gris.


La realidad social de los años 60 pasará luego a convertirse en su fuente de inspiración, dejados ya de lado los postulados informalistas, apoyado en las imágenes que aparecen en los medios de comunicación, mientras que su técnica empieza a introducir elementos nuevos como el poliéster, acrílicos, maderas o fibras de vidrio que dan a su obra una mayor consistencia matérica. Resumiendo mucho su trayectoria artística desde ese momento, las oscilaciones entre una pintura de raíz más figurativa y una más plenamente abstracta, se suceden.

En todo caso, se trata de una obra coherente, muy vinculada a la realidad, testimonio de su época y con la constante de utilizar una paleta de color muy reducida, parca, sobria, en la que destacan el blanco y el negro, no con exclusividad, pero sí con una presencia constante. Colores que, dependiendo del momento artístico, se aplican con violencia, incluso rascándolos con las manos, o de forma más serena en grandes superficies de colores planos que se tocan, se superponen, pero no se mezclan.

6 comentarios:

calamanda dijo...

De los principales representantes
del arte abstracto en España.Encuentro su obra muy completa, muy pasional y espontánea.Como muy bien dices...
llama la atención la paleta de color tan reducida que emplea en sus obras, el blanco y el negro y
que precisamente son mis colores
preferidos.Me gustan muchas de sus
esculturas.

Un beso.

Alfredo dijo...

Es verdad que no he escrito nada acerca de su escultura, también muy interesante, pero me parece que su obra pictórica es la parte más fuerte de su producción, que, por otro lado, has definido muy bien en tu comentario.

Un abrazo!!

ABEL dijo...

Excelente tu entrada Alfredo. Canogar tiene algo que me impacta.Siempre cambia y en el cambio permanente sigue siendo él.
Un abrazo
Abel

Alfredo dijo...

Diversas facetas para un solo artista. La esencia permanece, cambian las maneras.

Un saludo!!

CAS dijo...

Si...pasional es una buena definición.... Me gustan esos retratos, me llegan esas gentes.
Un abrazo y muy buen fin de semana, amigo.

Alfredo dijo...

Me alegro que te haya gustado.

Buen finde!!