viernes, 14 de marzo de 2008

Santiago Sierra (Madrid, 1966)


El hombre invisible acción 5

Performer, fotógrafo, y video creador, el hispano-mexicano Santiago Sierra, es un artista que saltó a la fama internacional gracias a la obra que presentó en la 50 Bienal de Venecia, celebrada en el año 2003, muestra a la que ya se había asomado en dos ocasiones anteriores. En ese año 2003, Sierra levantó un recinto delimitado por un muro de ladrillo sin acabado a cuyo interior se accedía por medio de una pequeña puerta de servicio en la parte posterior. Ante la puerta se colocó un vigilante uniformado que tenía instrucciones de permitir el paso sólo a aquellas personas que exhibieran un DNI o pasaporte españoles, negando la entrada al resto de posibles espectadores, lo que generó considerables olas de protesta oportunamente aireadas en diferentes medios de comunicación.


Los que pudieron acceder al interior, se encontraron con un espacio vacío con los restos que quedan después de cualquier obra, tirados por doquier. Con ello, el artista quería criticar la política de elevación de muros, de blindaje de fronteras para impedir la llegada de inmigrantes. De esa manera, convirtió a ese espacio en un lugar de fuerte contenido metafórico, relacionado con unas leyes que son arbitrarias en relación al extranjero ya que no todos son tratados por igual, ni tienen que cumplir los mismos requisitos.

En su interior, el 1 de mayo de 2003, realizó, a puerta cerrada la acción a la que tituló Mujer con capirote, y en la que una mujer permaneció sentada por espacio de una hora, sin moverse ni emitir ningún tipo de sonido, y tocada con un capirote negro. Sierra tomó fotografías del momento y también hizo una grabación en video.

Esa es solo una pequeña muestra de la producción de un artista como Santiago Sierra, capaz de contratar a un indigente para tenerlo metido durante dos semanas en un hueco bajo tierra, a cambio de un salario de 7 dólares la hora para hacerle unas fotografías. En otra edición de la Bienal de Venecia dio dinero a dos centenares de personas a cambio de que aceptaran teñirse de rubio, o pagar 20 dólares a 10 personas a cambio de grabarles con una cámara mientras se masturbaban. Con este tipo de acciones, Sierra está criticando el nivel de comercialización, por un lado, y de explotación por otro, al que han llegado nuestras sociedades, porque los actos que realizan esas personas no son malas o censurables (no lo es teñirse el pelo, no lo es masturbarse, no lo es tatuarse…), sino que lo curioso es que hay personas que son capaces de poner precio a esas cosas, o, dicho de otra manera, hay personas obligadas a vivir en niveles de pobreza tales que son capaces de "vender" su cuerpo.

En la galería Lisson de Londres, realizó otra acción cargada de provocación, aunque en este caso estuviera algo disimulada. Sierra presentó en la galería 21 módulos antropométricos, todos ellos de idéntico tamaño geométrico y con un aspecto terroso. La clave de estos 21 módulos está en que el material con el que están hechos son excrementos humanos recogidos en las ciudades de Nueva Delhi y Jaipur por los trabajadores del Sulabh Internacional of India, una institución de carácter sanitario en la que trabajan miembros de la casta de los intocables, muchos de ellos ya desde niños, que se pasan la vida recogiendo esos excrementos como forma de expiación de una vida anterior en la que fueron malvados. Esos desechos de origen humano permanecieron tres años en reposo, hasta que las autoridades sanitarias hindúes los mezclaron con tierra y permitieron su viaje hasta la antigua metrópoli.

Sierra volvió a levantar las quejas del público cuando decidió, en la misma galería Lisson, cerrar las puertas de la misma el día en el que se inauguraba una exposición dejando a todos los invitados plantados en la calle. Sus obras no siempre son del agrado de las autoridades, precisamente por el mensaje crítico que subyace en todas ellas, llegando a prohibirse alguna de las acciones que tenía planificadas. Eso le pasó en Ciudad Juárez, un lugar tristemente famoso por las matanzas sistemáticas de mujeres con total impunidad, y donde tenía previsto realizar una acción a la que tituló Sumisión. La idea era excavar, en un descampado próximo a la frontera con los USA, la palabra "sumisión" para luego llenarlas de gasolina y prenderles fuego un día y a una hora determinados. No fue posible debido a la intervención de la policía mexicana.


En la localidad de Stommeln (Alemania) convirtió a una sinagoga abandonada en una gigantesca cámara de gas, utilizando una serie de mangueras que introducían en su interior las emisiones de los tubos de escape de seis coches aparcados fuera del edificio. La tituló 245 metros cúbicos. Los visitantes tenían que entrar equipados con una máscara antigás y acompañados por un bombero, además de firmar previamente un documento en el que se declaraban conocedores de la existencia de monóxido de carbono en el interior. La obra se tuvo que cerrar un mes antes de lo previsto por la polémica que generó.

También en Alemania, realizó una acción titulada Los castigados, con ciudadanos del país nacidos antes de 1939 a los que puso en distintas ubicaciones de la ciudad de Frankfurt mirando a la pared, como si alguien les hubiera castigado, y en silencio total. La referencia a un sentido de culpa germánico por los sufrimientos causados durante la Segunda Guerra Mundial, es lo que subyace a esta obra.



Art Safari

miércoles, 12 de marzo de 2008

La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your wagon, Joshua Logan, 1969)


En un momento en el que los géneros del musical y del western estaban empezando su decadencia, Joshua Logan, un director de dilatada carrera tanto en el cine como en teatro, logró sacar adelante una película que aúna esos dos géneros, además de la comedia, ofreciendo un particular 3 en 1, muy original, aunque en su momento se llevó un buen varapalo por parte de crítica y de público, lo que no ha impedido que se haya convertido en uno de los hitos más importantes, tanto dentro del musical como del western.

El guión de la película está basado en un musical de Broadway, del mismo título, que contaba la historia de una joven que tiene que elegir entre el amor a su padre y el que siente por un marginado de origen mexicano, ambientada en la época de la fiebre del oro en California. Parece que ese musical pasó por Broadway sin demasiado éxito, lo que no impidió que varias productoras se interesaran por la historia.


Sobre esa base se introdujeron cambios importantes para buscar un producto que pudiera resultar atractivo para la juventud de los Estados Unidos, y tocando el tema de la poligamia, tanto la masculina como la femenina, y es que la protagonista llega al pueblo con un hombre casada con dos maridos y terminará viviendo con dos hombres.

La producción de la película fue tan tumultuosa como la vida en el poblado minero, hasta disparar el presupuesto a los 20 millones de dólares, con conspiraciones para derrocar al director, las amenazas de muerte que recibió Clint Eastwood (Socio) por parte del marido de Jean Seberg (Elizabeth en la película) cuando ésta se enamoró de Clint; Lee Marvin (Ben Rumson) también dio problemas relacionados con el alcohol; o el grupo de hippies contratados como extras se rebelaron cuando se les dijo que tenían que cortar el pelo. Esos fueron algunos de los acontecimientos que convirtieron el rodaje en una verdadera odisea.

La leyenda de la ciudad sin nombre (que fue parodiada en un capítulo de los Simpson, cuando Homer saca la película de un videoclub pensando que era un western al uso, con disparos y violencia, y él y Bart se horrorizan cuando los fornidos vaqueros empiezan a cantar y a pintar una carreta), empieza de forma trágica con la escena en la que una carreta de granjeros se despeña por un terraplén, con el resultado de un único superviviente. Mientras están enterrando al fallecido, Ben grita ¡oro!, y a partir de ahí la película hace un giro radical que le lleva hacia el terreno de la comedia musical ambientada en el Lejano Oeste.

Así, se empieza a construir una historia de amistad, la que se genera entre Ben Rumson y Socio, de honor, de respeto, de amor, desarrollada en medio de un poblado habitado sólo por hombres y en el que las leyes se imparten en el saloon, y se adaptan al medio y las circunstancias. Todo cambiará radicalmente con la llegada del mormón casado con dos mujeres y la venta de una de ellas en una chusca subasta (uno de los aspirantes además de dinero, llega a ofrecer un orinal), a un Ben Rumson en un estado etílico muy poco digno.


Para solucionar el problema de la falta de mujeres, y para que la suya no atraiga todas las miradas, se decide secuestrar un carromato con prostitutas francesas que se dirigen a un poblado próximo. Dicho y hecho, y el poblado empieza a crecer sin freno, hasta que la avaricia termine con la ciudad sin nombre, casi como si de una decimonónica Sodoma se tratara y un dios implacable decidiera terminar con ese templo de vicio y transgresión.

A pesar de los momentos tremendamente divertidos, con unos diálogos brillantes, inteligentes, también contiene escenas en las que la nostalgia y la melancolía brillan con luz propia, consiguiendo momentos de poesía triste de gran belleza. Personajes errantes que se ponen en camino sin que importe el punto de destino, lo único relevante es estar en el camino siguiendo a esa estrella errante, a ese instinto que les indica que se tienen que marchar, que sienten que tienen que renunciar a vivir de una determinada manera, o a emprender una huida cuando descubren que el mundo en el que estaban acostumbrados a vivir va a cambiar de forma radical y ya no tienen sitio en él. "Soy un ex ciudadano de ninguna parte, y a veces hecho de menos mi hogar", dirá Ben en un momento determinado.


I Was Born Under a Wandering Star

Yo nací abajo una estrella errante / Las ruedas se hicieron para rodar / Las mulas para llevar carga / Nunca he visto nada que tuviera mejor aspecto al volver la espalda / Yo nací bajo una estrella errante / El barro puede hacerte prisionero / Y las llanuras pueden dejarte seco / La nieve puede quemarte los ojos / Y sólo la gente puede hacerte llorar / El hogar es para huir en busca de los sueños / Que con suerte nunca se harán realidad / Yo nací bajo una estrella errante / ¿Sé acaso dónde está el infierno? / En el saludo de encuentro / En cambio el cielo es la despedida / Ya es hora de que me vaya / Yo nacía bajo una estrella errante / Cuando llegue al cielo atadme a un árbol / O comenzaré a deambular y pronto sabréis a dónde me dirijo / Yo nací bajo una estrella brillante.

lunes, 10 de marzo de 2008

Barbara Hepworth (Wakefield, Inglaterra, 1903 – St. Ives, Inglaterra, 1975)


"El escultor debe buscar con intensidad apasionada el principio subyacente de la organización de la masa y la tensión, el significado del gesto y la estructura del ritmo".

Esta escultora británica desde muy pronto tuvo claro que su vocación era la escultura, lo que suponía en su tiempo, romper absolutamente con los moldes preestablecidos a los que tenían que ajustarse las mujeres, y, como tantas otras, tuvo que superar las reticencias de sus progenitores para poder cumplir con esa vocación artística. En 1920 consiguió una beca para estudiar en el Leeds School of Art, donde conoció a otro de los grandes escultores británicos del siglo XX, Henry Moore.

Al año siguiente, también con beca, pudo empezar sus estudios en el Royal College of Art de Londres, para luego viajar a Italia, donde estudió el románico, la escultura renacentista primitiva y la obra de pintores como Masaccio, Giotto y Miguel Ángel. En sus viajes a París entraría en contacto con Picasso, Mondrian, Naum Gabo, Moholy-Nagi, Kandinsky, Braque o Brancusi entre otros.

En sus inicios artísticos, la obra de Barbara Hepworth tendrá una fuerte influencia en la vida natural, con figuras de animales que exponía junto a la obra de su primer marido, el también escultor John Skeaping. Con su segundo marido, el pintor Ben Nicholson, en los primeros años 30, su obra entró de lleno en el terreno de la abstracción, y los dos se convertirían en el centro de un grupo de artistas que vivían en Londres, entre los que se encontraban Moore, Naum Gabo y Mondrian. El grupo se mantuvo entre 1936 y 1939.

Al estallar la guerra, se traslada a St. Ives, un pueblo pesquero al que se habían mudado varios artistas atraídos por el buen precio de los estudios. Allí, junto con su marido, fundaría la Penwith Society of Arts, y en 1951 se hizo con el Trewyn Studio donde vivió hasta su muerte en 1975, provocada por un incendio fortuito en su habitación, y donde creó una combinación fascinante entre el mundo natural y su obra abstracta.

La escultura de Hepworth tiene más que ver con la talla que con el modelado, y a lo largo de su vida fueron muchos los materiales que trabajó, con especial incidencia en las maderas de nogal, teca y caoba, mármol y alabastros italianos, y la pizarra propia de la zona de Cornualles. A pesar de algunos intentos anteriores, no sería hasta la década de los 60 cuando utilizó de una manera más intensa los metales.



El salto a la abstracción le llegó gracias al descubrimiento de las obras de Brancusi y de Mondrian, y fue de las primeras artistas en incluir el espacio en sus esculturas, a las que dotó de grandes agujeros que permiten que la escultura se apropie del espacio circundante y lo integre en su propia materialidad. Así crea un diálogo entre masa y vacío que será una de las claves fundamentales de la escultura de la Hepworth y que hace que de sus obras emane una fuerte sensación de poder.

De las primeras tallas en madera, pasó a la fundición en bronce en 1956, una técnica que utilizaría en una de sus mejores piezas que vio la luz en 1966. Se trató de Spring (Primavera), pieza que tuvo como punto de partida una talla en madera de olmo que había hecho el año antes. La adopción de esa técnica le permitió empezar a trabajar en obras para ser expuestas en lugares públicos al aire libre, como fue el caso de Single Form (Forma única, 1963), instalada en el exterior de la sede de las Naciones Unidas como homenaje al por aquel entonces secretario general de la organización, y amigo de la escultora, Dag Hammarskjöld.

Hepworth trabaja las piezas por ella misma, y sólo recurría a ayudantes en el caso de los bronces y piezas de gran tamaño, lo que trajo como consecuencia una producción reducida en comparación con la obra de contemporáneos suyos, pero tiene como contrapartida un fuerte aire de compromiso personal con cada una de las piezas de una artista que quiso hacer "el máximo de buenas esculturas posibles antes de morir".

viernes, 7 de marzo de 2008

Eleftheria Arvanitaki



Thelo konta sou na meino

Desde que abandonara el grupo Opisthodromiki Compania, en los primeros años 80, Eleftheria Arvanitaki se ha convertido en una de las grandes damas de la música griega, y en una de las representantes más cualificada de la música rembetika. Unos años antes, bajo la dictadura de los generales (1967-1974), los jóvenes empezaron a utilizar la música como arma de protesta política, al igual que había ocurrido en otros países antes o estaba ocurriendo en España por aquellos años. Eran tiempos en los que la junta militar había prohibido la música rembetika, un estilo que había nacido allá por los años 20 en los barrios populares de Atenas, en los que se daban cita las clases desarraigadas, los más pobres y refugiados turcos. Precisamente la palabra rembetika deriva del turco "rembet", que significa "arroyo".



Dinata dinata

Con el final de la dictadura llegó la apertura del país a lo que estaba ocurriendo a su alrededor, y musicalmente hablando se gestó un movimiento que tomó la raíz de su música popular para mezclarla con los sonidos que llegaban desde el ámbito anglosajón fundamentalmente. En ese caldo de cultivo empezó la carrera musical de Eleftheria, primero en el grupo Opisthodromiki Compania y luego en solitario.

En los 80, Eleftheria empieza su andadura como solista, convirtiéndose muy rápidamente en una de las voces de referencia de ese tipo de música urbana prohibida durante la dictadura, a la que da un aire nuevo, contemporáneo, enlazándola con el pop y el rock, y colaborando con importantes compositores, letristas y poetas, que le dieron a su música y a sus letras un sabor que ya se considera totalmente clásico en Grecia.



Ta kormia kai ta mahairia

Fue clave su coincidencia con el escritor y compositor Stamatis Sjpanoudakis, con quien firmó el disco Contraband, un trabajo con un concepto muy innovador. Luego llegaría Nykos Xidakis, otro compositor, quien decidió que la voz de Eleftheria era la idónea para cantar sus canciones. En los años 90, con el disco Menos Ektos (Me quedo afuera) cruzó las fronteras de su país.



Do sta lianohortaroudia (live)

miércoles, 5 de marzo de 2008

Ouka Lele (Madrid, 1957)

"Mi tema favorito es la belleza. Intento acceder a ella y todas mis fotos son intentos. Si consiguiera alcanzarla y plasmarla del todo, creo que habría llegado a mi meta. Pero todavía me queda mucho camino."


En 1957 nacía Bárbara Allende Gil de Biedma, o lo que es lo mismo, Ouka Leele, una de las fotógrafas de trayectoria más consolidada en España, y Premio Nacional de Fotografía en el año 2005. El pseudónimo con el que es conocida lo tomó de una obra del pintor "El Hortelano", con quien compartió años de eso que se dio en conocer como la "movida madrileña", autor de un mapa estelar en el que aparecía una constelación a la que llamaba Ouka Lele. A partir de ahí Bárbara decidió tomar eso como nombre artístico, aunque en 1999 empezó a añadirle otra "e" para dejarlo en Ouka Leele.

El hecho de recurrir a un pseudónimo lo explica la propia Ouka de la siguiente manera: "Porque Bárbara al principio se quería esconder. Quería crear un misterio dónde no se supiera ni la edad ni el sexo ni la procedencia ni la época y al crear ese misterio y esa aureola alrededor de mi obra hacerla más deseable. De todas maneras, el tiempo me reveló la traducción de Ouka Leele que quiere decir ‘que des muy bien la vuelta al círculo de la vida’."


Artista que no pudo entrar en la Escuela de Bellas Artes, se adentró en el mundo de la fotografía de una forma autodidacta, y su estilo empezó a ser muy reconocible por el hecho de pintar sus fotografías en blanco y negro con acuarela para llenarlas de color, algo que sigue haciendo.

"De entre todos los avances tecnológicos me fue regalada la fotografía como arma secreta para descubrir el misterio, yo le añadía los colores y se los sigo añadiendo, pues me devuelven la vida que ignorante a veces dejo escapar".

Muy pronto sus fotografías empezaron a llamar la atención y con 18 años vio como algunas de ellas eran publicadas en Principio. Nueve jóvenes fotógrafos españoles. Era 1976, y dos años más tarde se fue a Barcelona, ciudad en la que empezó a desarrollar su estilo personal retomando la antigua técnica de colorear sus fotos a mano. Eso, junto con la relación que establece Ouka Leele con lo que fotografía convierte a sus obras en un poema visual, como ha definido alguna vez ella misma su obra, una forma silenciosa de transmitir mensajes intensos, profundos, de hacernos llegar su forma de entender la vida y el mundo que la rodea, y en lo que su maternidad ha ejercido una poderosa influencia.

El encuadre es algo fundamental para esta fotógrafa que prefiere las cámaras manuales a las digitales. La infancia es un territorio que está muy presente en su obra, tanto la suya como la de su hija, y refleja lo que ve o conoce, en unas fotografías llenas de colores intensos. Ouka es una apasionada de las historias, lo que la ha llevado a hacer incursiones en la escritura y en el cine.

En ocasiones, sus imágenes adquieren un carácter que las acerca a los postulados pop, al menos por lo que se refiere al cromatismo, y que otras veces entran en un terreno que nos remite más a lo metafísico, incluso a lo surrealista. Modifica los colores de los cuerpos, tratados con una carga sensual, de tal forma que se confunden con el entorno, se camuflan de una forma que les da una corporeidad nueva.

Libros que se abren, pulpos, tortugas, elementos todos ellos que coloca sobre cabezas de varones, o afeitadoras como rulos, una cabeza rodeada de limones que recuerda de forma siquiera lejana a la Dama de Elche, nos habla también de un sentido del humor. En otras ocasiones, interactúa o reinterpreta el mundo de la pintura clásica.


"Creo que empecé haciendo poesía visual y poco a poco me di cuenta que me gustaba contar historias y que en cualquier lugar, en cualquier momento (hasta entre las sábanas) con un lápiz y un papel podía crear mundos, ilusiones, imágenes, emociones... Ahora mismo me apasiona escribir. Pienso que puedo crear fotografías, cuadros, imágenes, en la mente de cada lector y allí viven totalmente libres y cada una diferente".

lunes, 3 de marzo de 2008

No es país para viejos (No country for old men, Ethan y Joel Coen, 2007)


Los hermanos Coen siempre han estado entre mis cineastas favoritos, y con esta película me refrendo aún más en esa preferencia. No es país para viejos es una historia que tiene mucho de western crepuscular, de un mundo que está cambiando y en el que las viejas figuras ya están fuera de lugar, superados por los tiempos y, en este caso, por una violencia que estaba empezando a mostrar su cara más dura. Está basada en la obra homónima del escritor Cormac McCarthy, a quien se le apoda como el "Shakespeare del Oeste".

Una violencia casi tan dura como el paisaje que la acoge. Esos desiertos desolados de la zona sur de los Estados Unidos, fronteriza con México, en la que el narcotráfico estaba, en los primeros años 80, empezando a apoderarse de todo con sus secuelas de asesinatos sin cuento. Paisaje duro en el que no es fácil vivir, en el que los hombres se ven obligados a luchar contra la hostilidad natural, y en el que supervivencia y sacrificio van unidos de la mano, lo que también genera un peculiar sentido del humor, como se puede ver en la película.

Un humor desolado y desolador, casi sin esperanza en un mundo habitado por personajes austeros, atrapados en una soledad de arena y sol abrasador, y en el que los personajes se están situando continuamente a los dos lados de la frontera entre el bien y el mal, muchas veces sin conciencia clara de en que lado se está. Josh Brolin, quien interpreta a Llewelyn, lo dijo muy bien: "Es un viaje emocional muy básico que también trata de los principios humanos del bien y del mal, de la tentación y del honor".

Tres son los personajes fundamentales de la película. Por un lado está Llewelyn que es quien pone en marcha el desarrollo de la historia, cuando en medio del desierto se encuentra con un grupo de personas muertas a tiros después de un intercambio de droga fallido. El instinto de cazador de Llewelyn le lleva a localizar dos millones de dólares, y ahí empieza una persecución implacable.

El perseguidor es Antón Chigurh, al que da vida el escarizado Javier Bardem, un personaje enigmático que no parece estar con nadie, y que sólo puede pensar en completar la recuperación del dinero al precio que sea. Un personaje que mata con absoluta y total frialdad, sin que se le altere un solo músculo de su cara, y que no duda en hacerlo a cualquier precio. Es la encarnación humana del concepto de violencia, es la violencia en sí misma, sin ningún rasgo de humanidad, puro instinto de matar. En el fondo se trata de cazar o de ser cazado, en un juego a cara y cruz donde hay que elegir de qué lado se quiere estar.

Tommy Lee Jones, fantástico en su papel de sheriff Bell, es el personaje íntegro, la memoria viva de un tiempo pasado en el que las cosas se hacían de otra manera, y que se ve desbordado por la violencia que se desencadena a su alrededor, lo que le hace sentir que no está preparado para enfrentarse a eso, y mira por la ventana y el mundo que ve ya no es de antaño cuando las cosas se hacían de una manera más honorable.

La película deja en el aire una nota pesimista en relación a la posibilidad de controlar la violencia que sacude a la sociedad. Podemos no querer verla, pero sigue ahí latente, esperando la próxima oportunidad para volver a la luz y dejar su reguero de sangre.

jueves, 28 de febrero de 2008

Maurizio Cattelan (Padua, Italia, 1960)


Italiano residente en Nueva York, Maurizio Cautelan, utiliza los lenguajes de la escultura y la performance, fundamentalmente, para dar a sus obras una dimensión poliédrica, polisémica que necesitan de una contemplación detallada para penetrar más allá de la dimensión física de la obra, para intentar penetrar en la ironía y el sentido transgresor que colocan a este artista como un genio del simulacro capaz de sacar a la luz las partes oscuras de la realidad en la que vivimos.

Así sus obras nos presentan al Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito, mete a Hitler en el cuerpo de un niño de 12 años de rodillas en medio de la sala, cuelga a un caballo del techo, presenta a tres niños ahorcados, o el suicidio de una ardilla. Lo que busca es contraponer la esencia y la apariencia de las cosas poniendo de manifiesto las estrategias de enmascaramiento, de ocultación de las intenciones verdaderas que están detrás de nuestros actos.


Con un sentido del humor muy peculiar, que puede hacer que el espectador se despiste con facilidad, en un camino en el que se ponen en pie de igualdad el proceso de creación artística con un contexto en el que toma vida que está muy cerca del fracaso. Una obra no apta para aquellos que encuentran en la representación mediática de la realidad un lugar de acrítico descanso. Obras que algunos consideran como auténticos poemas visuales, en los que no es difícil que el espectador encuentre fragmentos de su propia memoria, aunque la interpelación que nos lanza la obra obliga a replantearse esos esquemas.

Un artista acostumbrado a ver su obra rodeada el escándalo, como cuando colgó del árbol más antiguo de Milán tres maniquíes representando a otros tantos niños, de tamaño natural, obra que fue agredida por un individuo armado con un hacha. En relación a esta polémica el artista se preguntó: "¿Cómo puede ser la sociedad tan hipócrita que se sorprende por un muñeco colgado de un palo cuando nos encontramos a diario imágenes fantasmagóricas de niños que mueren o que son víctimas de guerras o de otras situaciones?"

El simbolismo relacionado con el mundo de la infancia, lo retomó en su figura de Hitler, representado con un cuerpo de 12 años y arrodillado, casi como si estuviera pidiendo perdón a la Historia, en una alusión a la inutilidad de matar a millones de personas para lograr la inmortalidad. Un verdugo derribado ante un público que no puede evitar sucumbir a la risa y a una cierta sensación de lástima, que, sin duda, no hubiera sido muy del agrado de aquel sanguinario dictador si lo pudiera estar viendo.

En el 2000, expuso en la Royal Academy de Londres una de sus obras más conocidas, como es la titulada La hora nona, en la que aparecía un Juan Pablo II de poliéster derribado sobre una alfombra roja salpicada de cristales, por un meteorito. Detrás del impacto inicial, ciertamente llamativo, se nos va apareciendo poco a poco, una reflexión en torno a lo vulnerables que son los iconos de la humanidad, convertidos en auténticos objetos de veneración extrema. El título incide aún más en esa idea, al hacer referencia a la hora de la muerte de Cristo: La hora nona.


Sobre el mayor basurero de la isla de Sicilia colocó una réplica de la palabra Hollywood situada en Los Ángeles, haciendo convivir en un mismo espacio los sueños de esplendor y de grandeza, con una realidad que se ahoga en su propia basura. En esa obra se dan claramente la mano presupuestos conceptuales y minimalistas, con la esencia del arte pop, para dar origen a una obra sincrética en la que dos mundos contrapuestos, se dan la mano y nos muestran las dos caras de una misma moneda.

La total ausencia de empatía hacía el sufrimiento de los demás, la puso de manifiesto cuando dejó en una calle una figura de un vagabundo de látex, con una apariencia absolutamente real, para ver como nadie se detenía a interesarse por el estado en el que se encontraba el presunto vagabundo. Así, los transeúntes se convirtieron en actores inconscientes de una performance a la que le dieron un contenido espectacular.

lunes, 25 de febrero de 2008

Tadao Ando (Osaka, 1941)


Las edificaciones de este arquitecto autodidacta japonés, que primero fue boxeador profesional con debut allá por el año 1958, nacen del conflicto, de su peculiar forma de entender la vida y, por extensión, la arquitectura, disciplina a la que decidió dedicarse después de ver como la luz entraba por el óculo del Panteón de Roma. Una arquitectura la suya que tiene más que ver con la experiencia que con el puro intelecto, unos diseños en los que busca plasmar la sabiduría alcanzada a través de las vivencias vitales, una arquitectura que se eleva por encima de las preguntas, las dudas, y también por encima de emociones como el miedo o el sufrimiento, porque Ando ve su trabajo como creador de emociones sublimes y eso sólo es posible transmitirlo al espectador si el arquitecto se juega la vida en cada obra, porque la pasión sólo puede salir del conflicto.

"El boxeo es un deporte de lucha en el que uno sólo cuenta consigo mismo. Durante los meses que preceden a un combate, te dedicas a adiestrar el cuerpo y la mente mediante la práctica y el ayuno. Es un deporte draconiano en el que te juegas la vida, abrazando tanto la soledad como la gloria. Mis experiencias como boxeador, la intensidad de saltar al cuadrilátero, la soledad de tener que luchar completamente solo, sin contar con nadie, se convirtió en mi piedra de toque creativa."

Por ello, encontrarse con una obra de Ando le supone al espectador un momento de profunda emoción, de encontrarse con una geometría clara, nítida, pero muy alejada de los simple. Una sutileza oriental en la que florecen o subyacen, las creencias, la filosofía vital que el arquitecto fue asimilando desde su infancia en Osaka, unido a la observación del trabajo de maestros artesanos, sus recorridos por los barrios de su ciudad y de Kioto y luego el salto a Europa, le dieron un bagaje visual y de experiencias del que nacen sus obras.

Construcciones en las que los muros son un elemento fundamental, construidos con hormigón visto en muchos casos, muestran su naturaleza desnuda, dentro de una gama limitada de materiales, sin adornos y que transmiten una gran fuerza interna, casi como si invitaran a ser tan fuertes y puros como ellos mismos lo son, pero, al mismo tiempo, también pueden ser delicados, acogedores. Son pura esencia y demuestran que el gris hormigón también puede ser cálido y tener una belleza minimalista. Lo sencillo puede ser tremendamente bello.

Ando tampoco se olvida de lo que rodea al edificio, de ahí que la integración de la obra con el cielo sea otra de sus preocupaciones, un cielo que consigue que entre a formar parte de la construcción. Un cielo que enmarca las entradas propiciando un juego de luces y sombras con las paredes de un hormigón tridimensional, que generan una arquitectura dinámica, muy atrayente.

"A primera vista mi arquitectura connota desnudez, como si quisiera crear la clase de espacio abstracto que se obtiene al suprimir todos los elementos prácticos, funcionales y humanos. En realidad, yo no lucho por un espacio abstracto sino por un arquetipo de espacio."

La arquitectura de Ando es de una compleja simplicidad, sólida y delicada, de geometrías claras, rotundas, que imponen su presencia, y, al mismo tiempo, tienen un carácter fuertemente evocador, en unos muros que "casi parecen llenos de dolor", según escribe Masao Furuyama, quien también habla de la "estética de la ausencia", cuando se refiere a la obra de Ando.

"Pienso que la arquitectura se torna interesante cuando se muestra éste doble carácter: la máxima simplicidad posible y, a la vez, toda la complejidad de que pueda dotársela".

viernes, 22 de febrero de 2008

Ludovico Einaudi (Turín, 1955)



Le onde

Turinés de nacimiento, Ludovico Einaudi es un compositor y pianista italiano que un buen día decidió empezar a componer para él mismo y empezar a tocar sus propias composiciones, después de notar como le producía una profunda insatisfacción escuchar las interpretaciones que otros músicos hacían de sus partituras. Eso no es nada extraño a nada que nos acerquemos al universo musical de Einaudi, en el que prima la sensibilidad, la belleza en su más alta expresión, con una música profundamente evocadora, de esa que hay que escuchar con exquisita atención para que las imágenes se vayan construyendo en nuestra mente, mientras las notas nos acercan a fronteras más allá de las cuales no sabemos lo que nos espera con exactitud, pero sí sabemos que va a ser de una belleza impactante.



Giorni dispari

Empezó a tocar el piano con 6 años animado por su madre, también pianista, y ahí dio comienzo una carrera de largo recorrido que le ha llevado a explorar distintos universos sonoros, para quedarse, como él mismo reconoce, con aquella música más pegada a la tierra, al folklore y la música popular lo que le abre a toda la dimensión de eso que se conoce como músicas del mundo. Un ejemplo palmario de eso está en su disco Diario Malí (2006), en el que colabora con el músico de ese país africano, Ballaké Sissoko, un virtuoso de la kora (una especie de arpa de 21 cuerdas), estableciendo un diálogo de una riqueza maravillosa entre ambos instrumentos.



Oltre mare

Aunque rechaza las etiquetas que se suelen aplicar a su música, se queda con la de minimalista cuando se utiliza para definir algo elegante, sincero. Lo cierto es que eso le va como anillo al dedo a una música de elegancia prístina, de sinceridad profunda y capaz de crear un oasis de tranquilidad y meditación en medio del caos, el ruido y la velocidad que nos rodea.

Discografía: Time Out (1988), Le Onde (1996), Stanze (1997), Fuori dal mondo (1998), Eden Roc (1999), I giorni (2001), Dr. Zhivago (2002), La Scala Concert (2003), Una mattina (2004), Diario Mali (2006), Divenire (2006).

“Cuando compongo, necesito improvisar pero también meditar mucho tiempo sobre lo que escribo. Progreso en dos niveles aparentemente opuestos: un primer proceso creativo, en una gran diversidad de estilos, y en un estadio posterior, lo reviso todo con un oído racional”.



Inizio

jueves, 21 de febrero de 2008

Otra sorpresa



De nuevo desde Argentina, y otra vez de la mano de Luna de Abril, me ha llegado una sorpresa en forma de premio, además de dedicarme en su espacio unas palabras de una enorme generosidad que está por encima de los valores que creo que atesora este espacio. Premio ilusionante que me llega de la mano de una porteña que está en el top de lectores de este espacio, y que da a la palabra la importancia que yo creo que debe de tener. Muchas gracias.