lunes, 25 de febrero de 2008

Tadao Ando (Osaka, 1941)


Las edificaciones de este arquitecto autodidacta japonés, que primero fue boxeador profesional con debut allá por el año 1958, nacen del conflicto, de su peculiar forma de entender la vida y, por extensión, la arquitectura, disciplina a la que decidió dedicarse después de ver como la luz entraba por el óculo del Panteón de Roma. Una arquitectura la suya que tiene más que ver con la experiencia que con el puro intelecto, unos diseños en los que busca plasmar la sabiduría alcanzada a través de las vivencias vitales, una arquitectura que se eleva por encima de las preguntas, las dudas, y también por encima de emociones como el miedo o el sufrimiento, porque Ando ve su trabajo como creador de emociones sublimes y eso sólo es posible transmitirlo al espectador si el arquitecto se juega la vida en cada obra, porque la pasión sólo puede salir del conflicto.

"El boxeo es un deporte de lucha en el que uno sólo cuenta consigo mismo. Durante los meses que preceden a un combate, te dedicas a adiestrar el cuerpo y la mente mediante la práctica y el ayuno. Es un deporte draconiano en el que te juegas la vida, abrazando tanto la soledad como la gloria. Mis experiencias como boxeador, la intensidad de saltar al cuadrilátero, la soledad de tener que luchar completamente solo, sin contar con nadie, se convirtió en mi piedra de toque creativa."

Por ello, encontrarse con una obra de Ando le supone al espectador un momento de profunda emoción, de encontrarse con una geometría clara, nítida, pero muy alejada de los simple. Una sutileza oriental en la que florecen o subyacen, las creencias, la filosofía vital que el arquitecto fue asimilando desde su infancia en Osaka, unido a la observación del trabajo de maestros artesanos, sus recorridos por los barrios de su ciudad y de Kioto y luego el salto a Europa, le dieron un bagaje visual y de experiencias del que nacen sus obras.

Construcciones en las que los muros son un elemento fundamental, construidos con hormigón visto en muchos casos, muestran su naturaleza desnuda, dentro de una gama limitada de materiales, sin adornos y que transmiten una gran fuerza interna, casi como si invitaran a ser tan fuertes y puros como ellos mismos lo son, pero, al mismo tiempo, también pueden ser delicados, acogedores. Son pura esencia y demuestran que el gris hormigón también puede ser cálido y tener una belleza minimalista. Lo sencillo puede ser tremendamente bello.

Ando tampoco se olvida de lo que rodea al edificio, de ahí que la integración de la obra con el cielo sea otra de sus preocupaciones, un cielo que consigue que entre a formar parte de la construcción. Un cielo que enmarca las entradas propiciando un juego de luces y sombras con las paredes de un hormigón tridimensional, que generan una arquitectura dinámica, muy atrayente.

"A primera vista mi arquitectura connota desnudez, como si quisiera crear la clase de espacio abstracto que se obtiene al suprimir todos los elementos prácticos, funcionales y humanos. En realidad, yo no lucho por un espacio abstracto sino por un arquetipo de espacio."

La arquitectura de Ando es de una compleja simplicidad, sólida y delicada, de geometrías claras, rotundas, que imponen su presencia, y, al mismo tiempo, tienen un carácter fuertemente evocador, en unos muros que "casi parecen llenos de dolor", según escribe Masao Furuyama, quien también habla de la "estética de la ausencia", cuando se refiere a la obra de Ando.

"Pienso que la arquitectura se torna interesante cuando se muestra éste doble carácter: la máxima simplicidad posible y, a la vez, toda la complejidad de que pueda dotársela".

5 comentarios:

Milagros Sánchez dijo...

En este campo de la arquitectura no ando muy docta de conocimientos, al contrario sólo me fijo en la forma, proporción, la luz o las sombras, el grosor de los muros, la importancia del verde o de espacios naturales dentro del conjunto arquitectónico y no sé si algún dato más que ahora no recuerdo.
Y por lo que he captado de estas fotografías, Ando tiene un sentido estético muy saludable y bello. La simplicidad parece que lo domina todo, aunque no creo que sea nada fácil crearla, lo más fácil es recargar y confundir.
Besos multicolores con sonrisas.

Alfredo dijo...

Este arquitecto tiene un especial cuidado con el entorno en el que va a levantar su edificio, y así consigue construcciones impresionantes que no destruyen sino que contribuyen a crear paisaje. Algo no siempre fácil de encontrar, y ahí coincido contigo, en momentos en los que meter edificios con calzador y recargarlo todo hasta el absurdo, es una epidemia.

Abrazos!!

Jesús dijo...

Los arquitectos juegan al mas dificil todavía

Bonsaimusic dijo...

La arquitectura es una música congelada. Y a fuerza de construir bien, se llega a ser un buen arquitecto porque el cemento armado es una musa honesta y útil, y quizá en manos de un arquitecto genial sería admirable; pero cuando se desmanda y se siente atrevida, como una cocinera lanzada a cupletista, hace tantos horrores, que hay que sujetarla y llevarla a la cárcel.

Besos felices.

Alfredo dijo...

JESÚS: Los buenos arquitectos, como es este caso, también son creadores de belleza.

Saludos!!

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BONSAIMUSIC: Me ha gustado mucho el comentario que me has dejado, y estoy totalmente de acuerdo con esas apreciaciones.

Besos!!