miércoles, 12 de marzo de 2008

La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your wagon, Joshua Logan, 1969)


En un momento en el que los géneros del musical y del western estaban empezando su decadencia, Joshua Logan, un director de dilatada carrera tanto en el cine como en teatro, logró sacar adelante una película que aúna esos dos géneros, además de la comedia, ofreciendo un particular 3 en 1, muy original, aunque en su momento se llevó un buen varapalo por parte de crítica y de público, lo que no ha impedido que se haya convertido en uno de los hitos más importantes, tanto dentro del musical como del western.

El guión de la película está basado en un musical de Broadway, del mismo título, que contaba la historia de una joven que tiene que elegir entre el amor a su padre y el que siente por un marginado de origen mexicano, ambientada en la época de la fiebre del oro en California. Parece que ese musical pasó por Broadway sin demasiado éxito, lo que no impidió que varias productoras se interesaran por la historia.


Sobre esa base se introdujeron cambios importantes para buscar un producto que pudiera resultar atractivo para la juventud de los Estados Unidos, y tocando el tema de la poligamia, tanto la masculina como la femenina, y es que la protagonista llega al pueblo con un hombre casada con dos maridos y terminará viviendo con dos hombres.

La producción de la película fue tan tumultuosa como la vida en el poblado minero, hasta disparar el presupuesto a los 20 millones de dólares, con conspiraciones para derrocar al director, las amenazas de muerte que recibió Clint Eastwood (Socio) por parte del marido de Jean Seberg (Elizabeth en la película) cuando ésta se enamoró de Clint; Lee Marvin (Ben Rumson) también dio problemas relacionados con el alcohol; o el grupo de hippies contratados como extras se rebelaron cuando se les dijo que tenían que cortar el pelo. Esos fueron algunos de los acontecimientos que convirtieron el rodaje en una verdadera odisea.

La leyenda de la ciudad sin nombre (que fue parodiada en un capítulo de los Simpson, cuando Homer saca la película de un videoclub pensando que era un western al uso, con disparos y violencia, y él y Bart se horrorizan cuando los fornidos vaqueros empiezan a cantar y a pintar una carreta), empieza de forma trágica con la escena en la que una carreta de granjeros se despeña por un terraplén, con el resultado de un único superviviente. Mientras están enterrando al fallecido, Ben grita ¡oro!, y a partir de ahí la película hace un giro radical que le lleva hacia el terreno de la comedia musical ambientada en el Lejano Oeste.

Así, se empieza a construir una historia de amistad, la que se genera entre Ben Rumson y Socio, de honor, de respeto, de amor, desarrollada en medio de un poblado habitado sólo por hombres y en el que las leyes se imparten en el saloon, y se adaptan al medio y las circunstancias. Todo cambiará radicalmente con la llegada del mormón casado con dos mujeres y la venta de una de ellas en una chusca subasta (uno de los aspirantes además de dinero, llega a ofrecer un orinal), a un Ben Rumson en un estado etílico muy poco digno.


Para solucionar el problema de la falta de mujeres, y para que la suya no atraiga todas las miradas, se decide secuestrar un carromato con prostitutas francesas que se dirigen a un poblado próximo. Dicho y hecho, y el poblado empieza a crecer sin freno, hasta que la avaricia termine con la ciudad sin nombre, casi como si de una decimonónica Sodoma se tratara y un dios implacable decidiera terminar con ese templo de vicio y transgresión.

A pesar de los momentos tremendamente divertidos, con unos diálogos brillantes, inteligentes, también contiene escenas en las que la nostalgia y la melancolía brillan con luz propia, consiguiendo momentos de poesía triste de gran belleza. Personajes errantes que se ponen en camino sin que importe el punto de destino, lo único relevante es estar en el camino siguiendo a esa estrella errante, a ese instinto que les indica que se tienen que marchar, que sienten que tienen que renunciar a vivir de una determinada manera, o a emprender una huida cuando descubren que el mundo en el que estaban acostumbrados a vivir va a cambiar de forma radical y ya no tienen sitio en él. "Soy un ex ciudadano de ninguna parte, y a veces hecho de menos mi hogar", dirá Ben en un momento determinado.


I Was Born Under a Wandering Star

Yo nací abajo una estrella errante / Las ruedas se hicieron para rodar / Las mulas para llevar carga / Nunca he visto nada que tuviera mejor aspecto al volver la espalda / Yo nací bajo una estrella errante / El barro puede hacerte prisionero / Y las llanuras pueden dejarte seco / La nieve puede quemarte los ojos / Y sólo la gente puede hacerte llorar / El hogar es para huir en busca de los sueños / Que con suerte nunca se harán realidad / Yo nací bajo una estrella errante / ¿Sé acaso dónde está el infierno? / En el saludo de encuentro / En cambio el cielo es la despedida / Ya es hora de que me vaya / Yo nacía bajo una estrella errante / Cuando llegue al cielo atadme a un árbol / O comenzaré a deambular y pronto sabréis a dónde me dirijo / Yo nací bajo una estrella brillante.

2 comentarios:

Milagros Sánchez dijo...

Guardo muy buenos recuerdos de esta película que a raiz de la nominación al Óscar a la mejor música en 1970 se puso de moda en todo el mundo y me parece todo un logro de su realizador Joshua Logan que acabó aquí su carrera cinematográfica.
Esta canción, "Estrella errante" también me gusta muchísimo.
Besos multicolores de nuestra parte.

Alfredo dijo...

Una película que me parece tremendamente divertida y muy inteligente, además de tener un puñado de canciones fantásticas.

Abrazos para vosotras y buen finde!!