lunes, 10 de marzo de 2014

Georgia O'Keeffe: "Me esfuerzo en crear con el color un equivalente para el mundo, para la vida tal como yo la veo”

Amapolas orientales, 1929.

“Yo me decía: tengo cosas en la cabeza que nada tienen que ver con lo que me han enseñado, formas e ideas que me son tan familiares, que responden tanto a mi forma de vivir y de pensar, que no se me ha ocurrido plasmarlas. Me decidí a empezar de nuevo, a olvidar lo que me habían enseñado y a aceptar como cierta mi propia visión de las cosas (…) Estaba sola, totalmente libre, sólo trabajaba para mí misma, era todavía desconocida y no necesitaba agradar a nadie, sólo a mí misma. (…)”

“Sé que no puedo pintar una flor. No puedo pintar cómo brilla el sol sobre el desierto en una resplandeciente mañana de verano, pero quizá pueda manifestar a través del color mi experiencia con la flor o la experiencia que la flor, en un determinado momento, me ha hecho sentir importante.”


Música - rosa y azul II, 1919.

“Estoy sorprendida de cómo hay tanta gente que separa la figuración de las abstracción. La pintura figurativa no es buena mientras no lo sea en un sentido abstracto. Una colina o un árbol no crean por sí mismos un buen cuadro, tan sólo porque se pueda ver una colina o un árbol. Todo depende de la interrelación de líneas y colores, con ella se crea expresión. Para mí eso es justamente la base de la pintura. La forma abstracta es, a menudo, la forma más clara para lo indeterminado en mí, que sólo puedo explicar a través de la pintura.”

“Una flor es relativamente pequeña. Todo el mundo hace asociaciones con una flor, con la idea de flor. (…) Sin embargo, en cierto modo nadie contempla realmente una flor. Es tan pequeña –no tenemos tiempos-, pero para mirar se necesita tiempo de la misma forma que las amistades requieren tiempo. (…) Entonces, me dije, voy a pintar lo que veo, lo que significa la flor para mí. Pero voy a pintarla grande para persuadir a la gente de que se tome el tiempo necesario para contemplarla. Conseguiré incluso que lo hagan los atareados neoyorquinos.”


Iride clara, 1924.

“La gran flor blanca con el interior dorado muestra algo de lo que quiero decir sobre el tema del blanco; aquí, el blanco tiene un significado totalmente diferente para mí que antes. Si es a la flor o al color al que le corresponde la mayor importancia, eso no lo sé. Sólo sé que, si he pintado la flor tan grande, es para comunicar la experiencia que ha surgido de mi contacto con la flor; ¿y qué es mi experiencia con la flor sino una experiencia con el color? (…) El color es una de las cosas maravillosas que para mí hacen de la vida algo valioso, y como ahora reflexiono sobre la pintura, me esfuerzo en crear con el color un equivalente para el mundo, para la vida tal como yo la veo.”

“No se puede pintar Nueva York como es, sino más bien como uno la siente.”


Noche en la ciudad, 1926.

“Aquí fuera, en estos terrenos baldíos, Badlands, que se extienden durante millas y millas se ven todos los colores de tierra de la paleta de un pintor, desde el amarillo de Nápoles pálido hasta llegar incluso a suaves tonos de verde, pasando por los tonos ocres, naranja, rojo y púrpura.”

“Siempre he recogido flores allí donde las he encontrado, he recogido caracolas y piedras y trozos de madera donde había caracolas y piedras y trozos de madera que me gustaban… De la misma forma, cuando encontré en el desierto los hermosos huesos blancos los recogí y me los llevé a casa… He pintado estos objetos para expresar lo que significan para mí la amplitud y el milagro del mundo en el que vivo.”


El árbol Lawrence, 1929.

“Los huesos parecen conducir al centro de lo que está más vivo en el desierto, aunque éste sea grande y vacío e intocable y aunque a pesar de toda su belleza no conozca la amabilidad.”

“El cielo y el terreno son tan monstruosamente grandes y cada detalle puede apreciarse tan bien que, independientemente del lugar, uno se encuentra aislado entre cosas muy grandes y otras diminutas, rodeado por una luminosidad deslumbrante. Todo está al lado, debajo y sobre uno y los relojes se han quedado parados.”


Desde la lejana cercanía, 1937.

“Creo que una forma verdaderamente viva resulta necesariamente del esfuerzo de un solo individuo por representar lo vivo en un arriesgado viaje del espíritu a lo desconocido en el que ha vivido y sentido algo que no ha entendido; y de esta experiencia surge el deseo de dar a conocer lo desconocido, (…) de explicar algo, lo que se siente pero no se puede comprender totalmente. (…) Creo que esto, en cierto modo, está claro para cualquiera en el momento de nacer, pero que es destruido en la mayoría de las personas.”

“Al empezar a pintar los huesos de la pelvis me interesaban sobre todo los huecos de los huesos; es decir, lo que veía cuando miraba a través de ellos. Especialmente me interesaba el azul que se hacía visible cuando mantenía los huesos al sol, dirigidos al cielo, cosa a la que uno tiende cuando parece tener en su mundo más cielo que tierra: ante el azul parecían más hermosos, el azul que siempre estará allí, como ahora, incluso después de que se consuma la destrucción emprendida por el hombre.”


Escalera a la luna, 1958.


“Un día, cuando volvía en avión a Nuevo México, las nubes que había debajo de nosotros eran tan extraordinariamente hermosas, espesas y blancas. Todo parecía tan firme que pensé que podría caminar por encima de ellas hasta el horizonte si alguien me abriera la puerta. El cielo encima de ellas era de un límpido azul pálido. El panorama era tan bello que apenas podía esperar el momento de llegar a casa y ponerme a pintar”.


Era azul y verde, 1960.

Todos estos párrafos están extraídos de la monografía escrita por Britta Benke y publicada en Taschen.