domingo, 17 de junio de 2012

Jacques Dupin


El prisionero

Tierra mal abrazada, tierra yerma,
contigo comparto el agua helada de la jarra,
el aire de la reja y el camastro.
Sólo el canto insumiso
se vuelve más pesado aún con tus gavillas,
el canto que es guadaña de sí mismo.
Por una grieta en la pared,
el rocío de una sola rama
nos devolverá todo el espacio vivo,
estrellas,
si tiráis de la otra punta.

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La alianza

¡Este lodo se secará!
Viendo la grieta de la tinaja, el estremecimiento de mi dolor en su ganga, sé
que vuelve el viento.
¡El viento que se dispersa y el viento que reúne, el incomprensible, el vivo! Ya
no dormiremos. Ya no dejaremos de ver. De alimentar el fuego.
¡Oscuro horizonte! Sólo arde el canto de un libro– cuando me aparto.

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La inicial

Polvo fino y seco en el viento,
te llamo, te pertenezco.
Polvo, rasgo por rasgo,
que tu rostro sea el mío,
inescrutable en el viento.

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La ola calcárea y la blancura del viento…

La ola calcárea y la blancura del viento
Atraviesan el pecho del durmiente
cuyos nervios inundados palpitan abajo
y sostienen los jardines espaciados
y apartan las espinas y prolongan
los acordes de los instrumentos nocturnos
hacia la comprensión de la luz
y de su destrucción.
su pasión bifurcada en el yunque
respira
como el trueno
sin alimento ni vino entre los enebros
de la pendiente y el desbarrancadero le insufla
un aire oscuro
para compensar la violencia del lazo

1 comentario:

Balamgo dijo...

Es la primera vez que lo leo, pero lo que no se le puede negar es la profundidad de su mensaje.
Abrazos.