martes, 26 de junio de 2012

Gregory Crewdson, fotografías sin futuro



Los ambientes de urbanizaciones de viviendas unifamiliares en los extrarradios de las ciudades norteamericanas, es uno de los espacios preferidos por el fotógrafo Gregory Crewdson (Brooklyn, Nueva York, 1962), para colocar a los personajes de sus imágenes que deben mucho, como así lo ha reconocido el propio artista en varias ocasiones, a la pintura de Hooper o el cine de David Lynch, especialmente Terciopelo Azul.


Crewdson es el fotógrafo del crepúsculo, de los personajes sumidos en un silencio angustioso y angustiante, de miradas perdidas en un punto indeterminado, desnudos ante un espejo mudo que les devuelve una imagen de un realismo insoportable mientras los amantes se dan la espalda incapaces de afrontar la realidad.


No importa la edad, porque la desolación, la soledad, la incomunicación, no entiende de edades ni de sexos, ni si están en interiores tan deteriorados como sus vidas, tan invadidos por la naturaleza que han perdido toda huella de espacios mínimamente acogedores, ni terminan de estar en comunión con lo que les rodea, mientras coches o taxis salidos de no se sabe dónde, los dejan abandonados a su suerte o están detenidos en medio de una ciudad vacía, más amenazadora que nunca mientras nieblas ocultan amenazantes el horizonte, y los semáforos mantienen el ámbar indeciso.


A veces, algunas veces, aparecen focos de luz al modo de la espilberiana Encuentros en la tercera fase, y los rostros se vuelven hacia esa luz, tal vez buscando una respuesta, una esperanza, una realidad trascendente que les saque de la rutina, de la mediocridad. Pero todo se congela, se detiene y el pasado y el futuro no existen, solo el presente detenido en unas vidas crepusculares, en unas vidas que no sabemos cómo serán cuando la luz del sol por fin se enseñoree del horizonte inmersos como están en un crepúsculo permanente.


Miedos, angustias, temores freudianos nacidos de aquellos espionajes infantiles de Crewdson a su padre psicólogo de la corriente del doctor austriaco, siempre más interesado en su propio padre que en los pacientes, y Crewdson tal vez esté buscando la forma de conjurar sus propios miedos, sus propias zonas oscuras.


Un territorio vital que ahí está, viviendo en el interior de cada uno de nosotros esperando las condiciones ideales para manifestarse en toda su crudeza, un mundo con el que Crewdson crea unas imágenes de una belleza desconcertante, una belleza de suburbio, una belleza en transición entre el antes y el después, congelada en el momento presente, en el momento sin causa originaria y sin consecuencia posterior.


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4 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Siempre solos, mal nos parta un rayo, habitáculos, calles, butacas.
A lo Hopper pero en plan fotograma. Besito.

Balamgo dijo...

Las fotografías me han parecido de un realismo supremo. Me han gustado mucho.
Abrazos.

calamanda dijo...

Qué bueno, cierto, yo también he pensado en Hopper!, es estupendo.

Y ahora tenemos a Hopper en Madrid, después París y es la mejor y más importante de este artista que se hace en Europa.

Saludos,
un beso.-

Alfredo dijo...

NATALIA: Alguna vez le han comentado a este artista si no estaría interesado en hacer cine y dice que no. Que lo suyo es el fotograma congelado, ese momento concreto sin origen y sin punto de destino.

Un beso!!

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BALAMGO: Yo diría que son irrealemente reales, o sea, ya camino de ir un poco más allá de la realidad. En todo caso fantásticas.

Un abrazo!!

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CALAMANDA: Efectivamente, el recuerdo de Hopper salta inmediatamente , y es una pena no poder pasar por Madrid para disfrutar de la exposición.

Besos!!