martes, 20 de septiembre de 2011

Fuego en la nieve (Battleground, William A. Wellman, 1949)

Un escuadrón de la división 101 aerotransportada el ejército de los Estados Unidos está contando las horas que faltan para disfrutar de las navidades de 1944 en París. Un descanso más que merecido para unos hombres que venían combatiendo desde el desembarco de Normandía en junio de ese mismo año.

Ese es el punto de arranque de esta película clásica de cine bélico, rodada muy poco tiempo después de los sucesos históricos que le dan carta de naturaleza. El plácido discurrir de las horas de unos hombres cansados ya de la guerra, se rompe cuando llega la orden de dirigirse a un pueblo, nadie sabe si belga o luxemburgués, llamado Bastogne. Un lugar que se convertirá en tristemente célebre por acoger una de las últimas grandes batallas de la Segunda Guerra Mundial, cuando el ejército alemán intentó su última ofensiva en la zona de Las Ardenas.

La película se sale un poco de los caminos por los que transitaría el cine bélico de las décadas más próximas al conflicto, centrado en destacar el heroísmo de los soldados, su desprecio al peligro cuando se trataba de cumplir con una misión y acabar con esos odiosos alemanes.


Y digo que Fuego en la nieve se aleja de esa visión porque nos muestra a un grupo de hombres que tienen miedo, que sufren congelaciones, heridas graves, hambre y todas las penalidades por las que pasan todos los soldados del mundo.


Soldados a los que en pocas ocasiones vemos combatir de forma directa, más ocupados en cavar trincheras, cambiar de posición en un bosque fantasmagórico merced a una pertinaz niebla que favorece la ofensiva alemana. Un escenario de bordes difusos a los que se asoman como fantasmas, soldados alemanes camuflados para combatir en la nieve en una de las pocas acciones de combate que nos ofrece la película.


El guión deja hueco para la ironía, para el humor y también para la reivindicación de la memoria de un sacrificio, de los que cayeron en esa batalla y de los que volvieron. Al inicio de la cinta, rodada íntegramente en estudios, se dice que está dedicada a los bastardos apaleados de Bastogne, frase anunciadora de que lo que vamos a ver es una historia que buscar más los perfiles de la dura realidad que los de la épica del combate y del patriotismo fácil.

Divertida es la escena en la que altos oficiales alemanes se dirigen a los norteamericanos para pedir su rendición y la respuesta que reciben es “nuts”, palabra que significa “nueces” pero que también se puede traducir por “un cuerno”. El oficial alemán al no terminar de entender la expresión pregunta si tiene un sentido afirmativo o negativo y se le responde que profundamente negativo.

También es destacable la escena del pastor dirigiendo un rezo colectivo en el que hace una reivindicación, ante soldados de diferentes creencias religiosas, procedencias y grupos étnicos, de las razones por las que están luchando todos juntos y sufriendo penalidades, razones que seguramente no van a entender sus compatriotas y que tienen que ver con la derrota del fascismo.

A pesar de estar nominada a un total de seis Oscar y de llevarse el de mejor guión y mejor fotografía en blanco y negro, le película adolece de un mejor desarrollo de las características psicológicas de unos personajes a los que dan vida actores de segunda fila que en algún caso, parecen estar ausentes de la película. Del mismo modo que el guión presenta algunas carencias que hacen que el continuo de la historia se resienta y pase por momentos en los que cae en la monotonía.

5 comentarios:

Natàlia Tàrraco dijo...

Si señor, es una de aquellas películas que se rodaron poco después del conflicto en las cuales se bucea en lo psicológico, en el sufrimiento, en la dureza sin héroes de la guera auténtica, incluidos momentos irónicos, sentido del humor, pues el ser humano, incluso en los momentos más críticos, necesita ser él mismo. Excelente film bélico en la línea de los que últimamente se ruedan, el título lo dice todo.

"La colina de los diablos de acero" de Anthony Mann, 1957, parecido interés por mostrar la guerra, esta vez la de Corea, que acababa de finalizar, bajo parámetros nada gloriosos, críticos, humanos, psicológicos.

Alfredo, tendríamos que revisar ese buen cine clásico, impecable, honesto, crítico que se rodaba en un blanco y negro potente.
Excelente reseña amigo mío.
Besitoooo.

Balamgo dijo...

Gracias a ti por sacarla y a Natalí por comentarla me estoy haciendo un gran cinéfilo.
Abrazos.

Alfredo dijo...

NATALIA: Soy de los que piensan que si el cine no hubiera sido inventado habría que hacerlo. Manifestación artística de primer orden son innumerables los buenos ratos que he pasado viendo algunas de estas películas.

Historias como estas demuestran que desde muy pronto, el antimilitarismo o al menos el enseñar la cara verdadera de la guerra, han sido temas fundamentales.

A pesar de sus carencias, que las tiene, esta película merece la pena echarle un vistazo.

Un beso!!!!

*******

BALAMGO: Solo te puedo animar a que sigas en ese camino:) Hay infinidad de historias que disfrutar.

Un abrazo!!

Jesus dijo...

Gran Blog que sigo desde hace tiempo. El motivo del comentario es que me he permitido nominarte al Premio Sunshine Awards, como uno de los doce blogs que recomiendo. Si quieres leer mas puedes ir a la entrada del Blog: http://fonocopiando.blogspot.com/2011/09/premio-sunshine-award.html, que se acaba de publicar.
Solo darte las gracias por tu Blog, con el que he disfrutado y disfruto mucho
Un Saludo
JEsús

PACO HIDALGO dijo...

Pues no la conocía, y me interesa por su aplicación a las clases de Historia del mundo contemporáneo de bachillerato; por lo que describes, tiene muy buena pinta. Anotada queda. Feliz fin de semana.