martes, 23 de noviembre de 2010

Solomon Burke



“El soul no se pasa de moda: habla del amor, de la vida en términos universales; es la música menos sectaria que existe". Cojo prestada esa frase de un artículo publicado en el periódico El País en el año 2003, firmado por Diego A. Manrique. Y lo hago unos días después de que se haya conocido la noticia del fallecimiento de Solomon Burke, autoproclamado rey del soul, luctuoso suceso que aconteció el pasado día 10 del pasado mes de octubre cuando tenía 70 años de edad.

Solomon Burke fue un hombre que a pesar de las aportaciones que hizo al soul y también al rock’n’roll, gozó de menos fama que otros artistas contemporáneos suyos, después de tener una carrera con altibajos que se había vuelto a reactivar a partir del año 2002, cuando fiche por el sello Fat Possum con el que editaría un disco tan memorable como es Don’t give up on me, por el que ganó un Grammy.

Burke lo explica así vía Diego Manrique: “Vinieron a buscarme a un concierto y me dijeron lo que quería oír. Nada de concesiones a los sonidos de moda, pero, al mismo tiempo, tampoco volver al pasado”. Un disco que por fin hacía justicia a los méritos de una voz poderosa que había venido quedando registrada desde 1954. Trabajo en el gente como Bob Dylan, Brian Wilson, Van Morrison, Elvis Costello y Tom Waits compusieron las canciones.



Antes de todo eso, en los 60, Burke había grabado para Atlantic Records, con lo que dejaba atrás, al menos en cierta medida, sus primeros pasos que había dado en el mundo del gospel, ya que desde que tenía 7 años de edad ya era un predicador con un buen número de seguidores siguiendo la estela de su abuelo, y había entrado en los terrenos del gospel como consecuencia lógica.

Criado por sus abuelos ya que Burke nunca llegaría a conocer a su padre biológico, cuando la abuela Eleanor muere, Burke cantó en directo en una emisora de radio local un tema en homenaje a su abuela. Tenía 12 años y un cazatalentos decidió ficharlo para Apollo Records, sello con el que editaría sus primeros trabajos dentro del gospel.

Después de pasar por un sinfín de penurias económicas y vitales, le llegó la oportunidad con Atlantic, selló en el que empezó su andadura como pionero del soul, ritmo que iría combinando con elementos country, del rhyth and blues o del gospel tradicional. Jerry Wexler, a la sazón productor de Atlantic Records, dijo de Burke: “es el mejor cantante soul de todos los tiempos”. Eso gracias a una voz profunda que parecía salir de lo más hondo de sus 200 kilos de peso, adornados por unos trajes brillantes y coloristas que dieron forma indeleble a su imagen sobre los escenarios.



En alguna ocasión, Burke se quejaba de que la industria discográfica no se había portado bien con él a lo largo de los años, algo que atribuía a su carácter rebelde, y eso se puso de manifiesto cuando en los créditos de la película Granujas a todo ritmo (Blues Brothers), en la que se hacía un gran homenaje a algunas de las voces señeras del soul, no apareció su nombre al lado del tema Everybody needs somebody to love, del que es autor. La disculpa que le ofrecieron fue decir que pensaban que había muerto.

“El sexo es una parte maravillosa de la vida y deseo que todos, sean o no miembros de mi Iglesia, sepan disfrutarlo”, dijo alguna vez este predicador que dejó tras de sí una descendencia de 21 hijos con dos mujeres diferentes, 90 nietos y 19 biznietos. Eso, y su gran herencia musical es lo que ha dejado un Solomon Burke definido por Fernando Navarro como “verdadero pionero de los ritmos negros y fiel representante de la edad dorada del soul con sus interpretaciones estilosas, apasionadas y vitalistas, la mayoría obras imperecederas para despertar emociones incontroladas”.

2 comentarios:

carmensabes dijo...

Siempre he adorado a Burke, me ha emocionado a lo largo de muchos años, he sentido su música, he llorado, he reído, he bailado, he pensado en el amor mientras su voz penetraba profundamente en mi alma.

Cuando el otro día me enteré de su fallecimiento, me sentí muy triste pero seguiré escuchando sus canciones y seguirá formando parte de mi vida.

Con tu excelente reportaje querido Alfredo he sabido muchas cosas que desconocía de su vida y especialmente la omisión de su nombre en la canción "Everybody needs somebody to love" que compuso el propio Solomon, me resuta tan decepcionante como injusto.


Te doy las gracias por este magnífico tributo que esta noche me alegra y también me produce cierta melancolía.

Un abrazo enorme amigo.

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Alfredo dijo...

Lo bueno de personas como esta es que cuando ya no están físicamente, siguen estando con nosotros gracias a su obra y la de Burke le ha convertido ya en inmortal, porque siempre habrá alguien dispuesto a dejarse llevar por su música.

Efectivamente, que no le incluyeran en la película fue de una injusticia total. De hecho cuando el representante de Burke se puso en contacto con los productores, éstos le dijeron que pensaban que Burke había muerto.

Un abrazo!!