viernes, 8 de mayo de 2009

Ojos azules (Arturo Pérez Reverte, 2009)

La noche triste. Así se conoce a la, para los españoles, noche del 30 de junio de 1520. En esa fecha las tropas de Hernán Cortés se vieron obligados a salir de la ciudad de Tenochtitlán para buscar refugio en Veracruz. Fue una noche de lluvia y de muerte, con los aztecas decididos a tomarse cumplida venganza de las atrocidades cometidas por las huestes de los conquistadores deslumbradas por el brillo del oro y de las riquezas.

Centrándose en ese episodio, Arturo Pérez Reverte construye un microrelato inspirado por la contemplación de un mural de Rivera en el que vio a una india portando a un niño de ojos azules, en lo que es una muestra del mestizaje que se viviría durante siglos en aquellas tierras, mestizaje que el autor quiso reflejar "de un modo seco, duro, breve y brutal", según sus propias palabras.

Fragmentos

Llovía a cántaros. Llovía, pensó el soldado, como si el dios Tlaloc o la puta que lo parió hubieran roto las compuertas del cielo. Llovía mientras resonaban afuera los tambores, y los capitanes iban llegando cubiertos de hierro, sombríos, con las gotas de agua corriéndoles por los morriones y la cara y las cicatrices y las barbas. Llovía sobre Tenochtitlán, cubriendo la capital azteca de una noche húmeda; lágrimas siniestras que repiqueteaban en los charcos del patio del templo mayor, y se disolvían en regueros pardos las manchas de sangre de la última matanza, la de centenares de indios mexicanos, cuando en plena fiesta el capitán Alvarado mandó cerrar las puertas y los hizo degollar, ris, ras, visto y no visto, hombres, mujeres y niños, por aquello de que al que madruga Dios lo ayuda, y más vale adelantarse que llegar tarde. Los he cogido en el introito, dijo luego Alvarado, cuando Cortés fue a echarle la bronca. Se me fue la mano, jefe, se disculpaba, huraño. Pero por lo bajini se reía, el animal. Los he cogido en el introito.

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Siguió adelante, y ya ningún otro español iba a su lado. Soy el último, pensó. Soy el último de nosotros en este puñetero sitio. Soy la retaguardia de una vanguardia que ya está a una legua de aquí. Soy la retaguardia de Cortés y de su puta madre, y este oro me pesa tanto que ya no puedo caminar. Estaba cubierto de barro y de agua y de sangre suya y mexicana, y los pies se negaban a moverse, y el brazo le dolía de tanto acuchillar. Estaba ronco de dar gritos y le ardían los pulmones y la cabeza; pero el hueco del corazón seguía allí, y no podía dejar de pensar en ella. Estará en alguna parte de esta ciudad con su bastardo en la tripa, mirando lo que pasa. Mirando cómo a los teules nos hacen filetes. Igual hasta piensa en mí. Igual se pregunta si he logrado pasar. Igual hasta siente que me vaya.

6 comentarios:

CASANDRA dijo...

tiempos de barbarie...de un lado y de otro. Cruel, interesante, lo quiero leer, justo tengo pendiente EL pintor de batallas también de Reverte (quiero tiempo para sumergirme en estos planteos interesantes e inteligentes). Me lo anoto en mis lista que ya es una sábana, jajaja. BESOTES!!

Alfredo dijo...

Este relato te va a llevar como máximo 15 minutos, así que no se puede utilizar la disculpa de no tener tiempo.

El pintor de batallas es una gran novela, que te recomiendo vivamente. Me he leído todo lo que Reverte ha ido publicando, y esa me parece una de sus mejores obras.

Buen y literario fin de semana!!

CASANDRA dijo...

te espero particular y afectuosamente este sábdo literario. (acordate que en un momento te recomendé Boves, el Uruguallo, y otro de Aguini: La gesta del marrano, si los lees contame).

Alfredo dijo...

Es verdad que me habías invitado al sábado literario, pero me temo que no voy a poder participar, porque no he hecho nada al respecto, y este fin de semana voy a tener bastante trabajo.

Hoy creo que no voy a terminar hasta las once de la noche, y mañana la cosa también se me complica. Me temo que voy a tener que abusar de tu amabilidad para disculparme.

Y de esos libros que me recomendaste en una ocasión, la verdad es que no he podido localizar ninguno todavía.

Saludos!!

so dijo...

Relato de 15 minutos, ¡menos mal! Este si voy a poder permitírmelo!!

*Que stressante que son estos tiempos. Tantas prisas, tanto ajetreo... que a veces poder disfrutar de algo en 15 minutos es todo un derroche!

BesoSs

Alfredo dijo...

En medio de la vorágine cotidiana hay que encontrar tiempo para pararse y pensarse, y leer, ver una peli o hacer alguna cosa que nos desconecte de la realidad por un rato.

Abrazos!!