lunes, 25 de mayo de 2009

El marido de la peluquera (Le mari de la coiffeuse, Patrice Leconte, 1990)


Una sencilla historia de amor, erotismo, sensualidad y, por qué no, de fetichismo, es la que nos presenta el francés Patrice Leconte en esta película que tiene un algo también de fábula, de cuento, de historia de aquellas que se inicia con un “pues tenía yo un amigo…” o un “cuando yo era un crío…”

Un cuento para adultos en el que un protagonista, un efectivo Jean Rochefort, una tarde de verano vislumbra a través de la bata entreabierta de la peluquera del pueblo, un seno blanco, redondo, acogedor, y con esa imagen en la retina el niño ya no tendrá más ambición en la vida que la de ser marido de una peluquera, algo que le valdrá un soberano castigo cuando su padre un día, durante la comida familiar, le pregunte qué es lo que quiere ser de mayor y sin pensarlo diga que lo que quiere es casarse con una peluquera.


Con esa visión carnal da comienzo una historia de enamoramiento platónico que también será la introducción a la tragedia, probablemente porque no puede haber amor sin dolor. Pasión infantil que pervivirá durante toda una vida y que se verá colmada ya entrada la madurez, cuando un día la casualidad haga que el protagonista entre en la peluquería que regenta una hermosa peluquera a la que da vida una fantástica, desde todos los puntos de vista, Anna Galiena, actriz que dota a su personaje de un erotismo diríamos que discreto pero al mismo tiempo enormemente perceptible.


Ahí se inicia una nueva historia de amor, esta vez consumada, de juego erótico, aderezada por una excelente banda sonora de Michael Nyman, y por una serie de músicas procedentes del Magreb que le dan a la historia un tono exótico y, al mismo tiempo, un tono humorístico que encaja a la perfección con las pequeñas historias que van pasando por el pequeño salón en el que prácticamente se desarrolla la totalidad de la película, con un momento especialmente divertido cuando entra la madre con el niño rebelde y al que consigue “hipnotizar” con su jocoso baile Leconte como si de un encantador de serpientes se tratara.

Un despertar preadolescente a la fantasía erótica en un círculo que devendrá perfecto en la madurez, perfecto en su simplicidad, con un amor que llena el pequeño universo del salón convertido en un oasis de sensualidad en medio de una de esas ciudades provincianas en las que raramente sucede algo que pueda sacar a sus habitantes del tedio, y que el director convierte en historia grande la pequeña anécdota y nos regala una pequeña gran obra maestra.

5 comentarios:

carmensabes dijo...

Preciosa película, que me impactó, y solo la vi una vez, volveré a verla, sin duda, me apetece sumergirme de nuevo en esta original y encantadora historia.

Besiños!!!

so dijo...

He conseguido la película aunque aun no la he visto.
Por lo pronto, tiene buena pinta. Aunque ya te contaré

Besos**

Alfredo dijo...

CARMENSABES: Te ha pasado lo mismo que a mí. También la vi en su día y ahora la he recuperado con el mismo placer. Sin duda, merece verla por lo menos dos veces en la vida.

Besos!!

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SO: Espero que te guste. Es una historia de una gran ternura y sensualidad. Espero a que me cuentes tus impresiones.

Abrazos!!

CASANDRA dijo...

"pequeña gran obra maestra", tal cual, lo pude comprobar, y volveré hacerlo, porque vale la pena. Será que no hay amor sin dolor....?
Bueno, si la consigo primero, nos la vemos todos juntos, sí, yo pongo el pop (palomitas de maiz, pochoclo, en fin no se como le dirán en Asturias....jajaj) Besotes.

Alfredo dijo...

La grandeza de las cosas pequeñas, y efectivamente el amor también es dolor, dos cosas que van de la mano. Venga, me apunto a la sesión de cine palomitas (así decimos por aquí) incluidas

Abrazos!!