viernes, 22 de mayo de 2009

Arthur Fellig “Weegee” (1899 - 1968)


“Mi coche se convirtió en mi casa. Tenía dos asientos y una cajuela especial muy grande. Guardaba todo ahí: una cámara, bombillas, de magnesio, soportes adicionales, una máquina de escribir, botas de bombero, cajetillas de cigarros, salami, película infrarroja para fotografiar a oscuras, uniformes, disfraces, una muda de ropa interior y zapatos, calcetines extras.”

Ese era el equipamiento básico que permitió a Arthur Fellig, un emigrante polaco que llegó a los Estados Unidos con 11 años, más conocido por su mote Weegee. Eso convertía a su coche en el apartamento más pequeño de toda la ciudad de Nueva York, y que le permitía una movilidad que le convertía en ser el primero en llegar al lugar del suceso, incluso muchas veces antes que la propia policía. 


Coche que iba equipado con una radio con la que estaba en contacto permanente tanto con la policía como con los bomberos, siendo el único periodista autorizado para tener esa tecnología en su coche, y eso le mantenía constantemente al filo del suceso. De hecho una de las versiones que existen para explicar el mote de este fotógrafo, es el que lo relaciona con la pronunciación de la palabra ouija en inglés, como si Weegee estuviera conectado con otra dimensión que le permitiera recibir las noticias antes que nadie.

Después de aprender el oficio y de trabajar para agencias, cansado de no ver su nombre en las fotografías que hacía, decidió echarse a la calle y convertirse en free lance. Entonces empezó a recorrer las calles de la ciudad y a establecer relaciones con la policía, con camareros, con bomberos, con conductores de ambulancia…, en definitiva con todo aquel que en un momento determinado, y a cambio de unos dólares, le pudiera poner sobre la pista de un suceso.


Atropellos, peleas domésticas, incendios, asesinatos de gángsters, forman parte de las escenas que Weegee inmortaliza en unas fotos en las que el uso del flash es la firma de autor de un fotógrafo que también tiene mucho de mirón, de voyeur, que no duda en colarse en los cines o en recorrer las playas para fotografiar a los amantes, para lo que utiliza una película infrarroja.

Fotógrafo durante décadas de la realidad más dura y sucia de la ciudad, de la pobreza, de las protestas sociales, de los ambientes nocturnos, de los personajes de la alta sociedad retratados con una ironía fantástica, la silueta de Weegee con su traje arrugado y su sombrero perlado de acreditaciones, y su sempiterna presencia le valieron el apellido de El Famoso. En 1941 exhibió su trabajo en la Photo League y la tituló Murder is my Business (El asesinato es mi negocio)


Se mantendría al filo del suceso durante más de una década hasta que en 1946, decidió dejar atrás la ciudad de los rascacielos para emigrar a la emergente Los Ángeles, en la que bullían los estudios de Hollywood, para obtener papeles secundarios en varias películas, hasta que en 1964, recibirá la llamada de Stanley Kubrick para colaborar en la fotografía de la película ¿Teléfono Rojo? volamos hacia Moscú.

“A lo largo de mis safaris y tours de conferencias por el mundo, la gente quiere que les revele el secreto de mi éxito. Es muy simple, he sido siempre yo mismo. Por otra parte, he nacido con un fuerte complejo de inferioridad, lo qué me ha obligado a exigirme al máximo, entregando mi vida y mi energía al trabajo. Lo mío no es hobby como para los vendedores de zapatos, camareros, plomeros, peluqueros, verduleros o pedicuros, para quienes la fotografía no es más que un buen hobby.”

4 comentarios:

so dijo...

Me ha encantado conocer a Arthur Felling, me ha encantado todo: su historia, su manera de moverse en la vida, su pasión por lo que hacía... Su trabajo es espectacular, cada fotografía es como una huella de identidad...

Espectacular al fin y al cabo.

Buen finde!
Abrazos!!

Alfredo dijo...

Pasión en cada fotografía y siempre al filo del suceso, al filo, en definitiva, de la vida, cogiendo el pulso a la vida de las calles, de la noche. Un personaje absolutamente cinematográfico.

Abrazos!!

Fuga dijo...

Lo que está claro es que el éxito no le vino regalado, menuda vida llevó el hombre.



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Muchas gracias por los datos de Anabel, si no hay ningún imprevisto la veré, ya colgaré alguna en el blog a tu salud ;-)

Alfredo dijo...

Un fotógrafo entregado al suceso, y con una vida de cine.

Espero que te guste el concierto que veas de Anabel. Ya me contarás y muchas gracias por adelantado por la dedicatoria.

Y me alegro que salieras ilesa del accidente que tuvo que ser grave. Sé por amigos míos que es difícil volver a coger un coche después de una experiencia de ese tipo.

Besos!!