miércoles, 4 de junio de 2008

Omar Faruk Tekbilek en el Teatro Jovellanos



Why

El pasado domingo 1 de junio, el gijonés Teatro Jovellanos ofreció un lleno hasta la bandera, para recibir al músico turco, afincado desde hace muchos años en los Estados Unidos, Omar Faruk Tekbilek, quien está en nuestro país dentro de la gira The tree of patience (El árbol de la paciencia), que también es el título de su último disco.

A lo largo y ancho de las casi dos horas de concierto, bises incluidos, Omar hizo un alarde del virtuosismo musical que le caracteriza, y estuvo acompañado por su hijo Murat (percusión), el armenio Paul Guerguerian (percusión), el teclista griego Yannis Dimitriadis, y el guitarrista israelí, Itamar Erez. Todos ellos se conjuraron para ofrecer lo mejor de su talento musical, para dar uno de esos conciertos que se niegan a marcharse de nuestra mente, pleno de energía, de sensibilidad, de virtuosismo, de paisajes sonoros transmutados en sensaciones, con Omar y Murat ofreciendo un "duelo" con sus darbukas, con el excelente y discreto acompañamiento de Guerguerian, que fue uno de los momentos más emotivos de todo el concierto, después del cual padre e hijo se fundieron en un abrazo.

La música de Omar no se puede desligar en ningún momento de su formación en el sufismo, una rama mística del Islam, que ha marcado el profundo sentimiento religioso del músico. Una religiosidad que busca la armonía, la paz con todo lo que nos rodea, empezando por las personas, y el grupo que puso en escena lo demuestra claramente, con la convivencia fértil de nacionalidades que sobre el papel son poco menos que incompatibles.

Omar prácticamente no presentó ni dio título a ninguno de los temas, tampoco hacía falta porque el nombre no tenía ninguna importancia, lo que había que hacer era disfrutar y compartir la energía del quinteto que se subió a las tablas gijonesas, y que recibió constantes muestras de afecto desde el patio de butacas, que Omar agradeció con un profundo sentimiento de gratitud y de humildad, y dio las gracias especialmente a todos los que allí nos habíamos reunido para compartir el momento.

El repertorio musical tuvo sus raíces en el Mediterráneo, ese mar que está en medio de todas partes, y cuyas orillas muestran una fertilidad de culturas, sonidos, gentes, de una riqueza extraordinaria, y así nos fuimos sumergiendo en las percusiones y la riqueza rítmica de la música turca, aderezada con sones jazzísticos en ocasiones, especialmente cuando el teclado se volvía protagonista, o con los aires de la guitarra española, sin dejar de lado la rica tradición musical armenia (no en vano, siempre que es posible, Omar trabaja con Ara Dinkjian y Arto Tunçboyaciyan), para crear un crisol absolutamente maravilloso, plagado de momentos esplendorosos y con un brillo filosófico extraordinario.

9 comentarios:

Un beletrista dijo...

Querido Alfredo,

acabas de revelarme que la música sin carátula ni título que tanto me gusta escuchar cuando no me gusta ninguna otra es, junto con Josef Suk -éste sí con carátula-,de Omar Faruk Tekbilek... Muchas gracias.

Y no sabía que fueras de Gijón. O de Asturias. Últimamente topo con muchos asturianos... Qué bueno.

Un fuerte abrazo,

Carlos

Alfredo dijo...

Josef Suk es un cantante que no conozco en absoluto, pero del que empezaré a buscar alguna cosa para ver a qué suena, sobre todo, si está en la línea de Omar, de quien tengo previsto colgar un comentario más extenso en unos días.

Soy asturiano pero no de Gijón, lo que ocurre que esa ciudad se ha convertido, gracias al Jovellanos y a la Laboral, en mi epicentro cultural. Los asturianos no somos muchos pero estamos muy repartidos, así que es fácil tropezar con nosotros.

Un gusto enorme que me hayas dejado otro comentario.

Un abrazo!!

Un beletrista dijo...

Querido Alfredo,

Josef Suk era un director de orquesta checo que conducía orquestaciones de música clásica. Nunca he escuchado nada grabado que transmita tanto, tan rico en matices. Aunque en las antípodas (sin salir de Europa) de Omar, su manera de manifestarse me toca en el mismo punto ahí adentro...

La revista La Ratonera publica en su número 23 un extenso reportaje acerca de la Laboral... Lo sé por casualidad o causalidad, porque en ese mismo número me han publicado un texto, "Achicorias", del cual me siento mi orgulloso. Y con ellos, muy agradecido.

Un abrazo,

Carlos

PD. Perdona la autopublicidad. :-)))) Bórrame si lo consideras espam. :-))))

Monik dijo...

Suelo ir en los Jardines de los Alcázares de mi ciudad a conciertos de música de este tipo porque me encanta!! Imagínate...un escenario rodeado de árboles, azahar, agua....una delicia!!

Me encanta Omar!! Besotes!!

Jesús dijo...

Un placer para los oidos

Alfredo dijo...

UN BELETRISTA: Gracias por la información acerca de ese músico checo. Trataré de encontrar alguna cosa suya para escuchar.

La Ratonera es una revista que suelo leer con regularidad, aunque el número 23 no lo he leído. Pero como cuelgan los números en su web, seguro que le voy a poder echar un vistazo a tu texto. Gracias por la referencia.

Un saludo!!

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MONIK: Aquí por el verano, también en Gijón, en el Jardín Botánico Atlántico, también organizan conciertos al aire libre y es una gozada por el marco natural.

Abrazos!!

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JESÚS: Para los oidos y para el resto de sentidos.

Saludos.

Estel_Julià dijo...

Alfredo,

Un lujazo el que habéis tenido en Gijón con la música de Omar Faruk.
Una música de orígen turco muy habitual y necesaria en la danza oriental.
Tienen tanta riqueza sus piezas.
Te transportan hasta el cuerno de oro.


Un saludo,


Estel J.

Estel_Julià dijo...

Alfredo,


Como amante de la música árabe, y la danza oriental, no he podido resistirme y te dejo un enlace de un duelo de darbukas que no tiene desperdicio.

Es impresionante, y no te puedes quedar quieta al escucharlo.

http://www.youtube.com/watch?v=9ZKnn7C165g&feature=related

Es una amalgama de distintos ritmos en una muestra muy original.


Un saludo,


Estel J.

Alfredo dijo...

ESTEL: Es cierto que es un lujo haber tenido a Omar en Gijón y haber podido verlo.

Muchas gracias por el video, ese fue es el duelo de darbukas del que hablo en el artículo, exactamente el mismo. Es maravilloso y es imposible permanececer impasible ante semejante ritmo.

Gracias y un abrazo!!