viernes, 27 de junio de 2008

Alexander Calder (Pennsylvania 1898 - New York 1976)



El norteamericano Calder pasa por ser, y con todo el derecho, como uno de los escultores más innovadores del siglo XX, y es conocido por el gran público por sus móviles, frágiles estructuras metálicas a las que la más mínima corriente de aire hace que se muevan en el espacio con una delicadeza extraordinaria. Eso, unido a sus estabiles, contribuirá muy mucho a la redefinición del concepto de escultura.

Antes de llegar a ese punto de su carrera, Calder había obtenido un título de ingeniería, para luego empezar una proyección artística que tuvo su centro de arranque en la pintura con su entrada en la Art Students League de Nueva York, y su estilo apresurado y ciertamente furioso le valió para entrar como ilustrador en la revista satírica National Police Gazette. En un momento determinado, a Calder se le pide en la revista que haga unas ilustraciones de los espectáculos del Circo Ringling Bros, donde empezaría su fascinación por ese mundo.

En 1926 se traslada a París, y allí creará el Circo Calder, formado por figuras construidas en alambre y que levantaría el interés de reputados representantes de la vanguardia artística de aquel momento como Mondrian, Léger, Arp, Man Ray, entre otros, quienes se dejaron seducir por una nueva forma de acercarse a la escultura, que luego sería bautizado como escultura cinética, de un modo casi juguetón, lúdico y desenfadado.

Pero sería la visita que hace al estudio de Mondrian, en 1931, la que le supuso el impulso definitivo a su modo de hacer cuando se le ocurrió dotar de movimiento a las estructuras pictóricas del holandés, con lo que dejará de lado definitivamente la vertiente figurativa que le había definido hasta ese momento. Así, empezará a crear unas piezas que buscarán una peculiar relación con el espacio que las define y dota de significado, y que el artista delimitará con elementos visuales y sonoros.

A partir de ahí, la obra de Calder, a grandes rasgos, se volverá dicotómica, ya que por un lado estarán los conocidos como móviles y, por otro, los estables (por el medio crearía el móvil de pie o standing mobile, es decir, una pieza formada por una base fija a la que se adhieren piezas que cuelgan con libertad). En el caso de los móviles, estamos ante piezas enormemente delicadas, de gran lirismo, en las que predominan las formas orgánicas, que al principio se movían gracias a ingenios mecánicos que abandonaría pronto, para luego dejarlas a merced del aire. En esas piezas fusiona los contornos dinámicos de Magnelli y las formas de Miró, a las que suspende de delgadas varillas de hierro dejando todo el conjunto colgado, de tal forma que sea el movimiento del aire el que dote de movilidad al elemento.

Los estables, por su parte, ya no tienen la gracilidad y la calidad poética de sus hermanos pequeños, sino que imponen su presencia de una forma rotunda, aunque tienen una raíz en la tierra que les sirve de apoyo, ya que sus formas tienen reminiscencias antropomorfas y zoomorfas, normalmente realizados en acero pintado de rojo lo que hace que la monumentalidad de estas piezas destace poderosamente en el entorno, convirtiéndose en elementos definitorios de lo que es el arte urbano.

4 comentarios:

Mila-mores dijo...

No importa el tamaño de las obras de Calder, su delicadeza está impresa.

Me gustan mucho tus entradas, me siento "dentro" del arte.

Un beso desde Perú
Mila

Monik dijo...

No lo conocía...Me ha encantado!! Gracias.

Besillos!!

Jesús dijo...

¿No has pensado en escribir un libro de arte? O mejor aun una web, una Wikypedia artistica....

Alfredo dijo...

MILA MORES: Una vez más te tengo que dar las gracias por tu generosidad a la hora de dejar tus comentarios. Ciertamente, no importa la escala de su obra, siempre te llega y te deja un instante de enorme delicadeza.

Besos transoceánicos!!

MONIK: Es un escultor que merece la pena acercarse a su obra, que es de una enorme delicadeza, en el caso de sus móviles, especialmente los pequeños, y capaz de crear poesía en el aire.

Abrazos!!!

JESÚS: Gracias por el apoyo, pero me temo que mis obligaciones no me dejan tiempo suficiente para afrontar una tarea como esa. Para escribir algo de ese nivel que me comentas hace falta mucho tiempo y unos conocimientos más profundos de los que yo tengo.