jueves, 14 de junio de 2007

Sueños de seductor (Play it again, Sam. Woody Allen, 1972) (I)

Comedia excelente de diálogos chispeantes, inteligentes, brillantes y situaciones más que divertidas, está planteada como un homenaje, primero al Bogart de Casablanca y, después, a toda esa serie de duros que cruzaban aquellas pantallas en blanco y negro y a los que ninguna mujer podía evitar caer rendida a sus pies. Hombres duros, que ocultaban sus sentimientos bajo una capa de cinismo protector y con un código de honor a prueba de sentimentalismos baratos.

El título original es Play it again, Sam, mítica frase de Casablanca, el inicio de la película con el protagonista viendo el final de esa película, lo que enlaza también con el final de la propia historia de Allen en un aeropuerto en el que un Dakota está calentando los motores para despegar mientras el trío de actores se despide, en una parodia absolutamente fantástica de aquella historia inolvidable. Además el personaje que interpreta Allen vive en una casa decorada con multitud de carteles de películas entre las que las de Bogart tienen un lugar muy especial.


Primera película del dúo Allen – Keaton que luego tantos buenos resultados lograría a lo largo de los años, en la que se cuenta como un cinéfilo empedernido ve como su mujer le abandona porque no se ríe lo suficiente con él, lo que le hace entrar en una espiral de inseguridad, de neurosis que tiene mucho de autohipnótica, en una sociedad absolutamente enganchada a los ansiolíticos, los antidepresivos y los divanes de los psicólogos.

El caso es que Allan, que así se llama el personaje de Allen, empieza a tener alucinaciones en las que se le aparece Humphrey Bogart, con su gabardina, su sombrero y su pitillo inmortales, para ofrecerle consejos de cómo ligar con las chicas. Consejos que salen de las películas de los años 30 y que difícilmente son aplicables al San Francisco de inicios de los 70… ¿o sí?

Un matrimonio de amigos, el que forman Dick (Tony Roberts) y Linda (Diane Keaton) le irán presentando chicas con las que Allan tendrá relaciones que nacen y mueren en la misma noche en la que se conocen. Allan no se verá capaz de mostrar lo mejor de sí mismo para iniciar ese proceso de seducción y lo único que conseguirá será portazos en la narices o que se las parten en bares de mala muerte y peor reputación.

Hasta que descubre a una mujer con la que sí consigue ser él mismo, probablemente porque en principio sólo son amigos, pero el sexo vendrá a complicarlo todo y la historia, como en aquellas en blanco y negro, se reconducirá por el camino de la amistad, porque hay cosas que a un amigo no se le hacen, caramba.

4 comentarios:

Luna Agua dijo...

Interesante historia y como siempre con la seña indiscutible de Allen.

Un personaje de Csablanca en estos tiempos?
Creo que los hay por montones todavía y aunque no creas, conmujeres cayendo rendidas a sus pies.
Creo que eso se llama ser "cautivador", lo he leído por ahi... y no hay antídoto.

saludos

Alfredo dijo...

Si me creo lo de las mujeres rendidas a los pies de "cautivadores", es algo que se ve con frecuencia. Ya se sabe, para gustos hay colores y cada ser humano es más que un mundo.

Allen es un genio y esta es una película con la que me divierto muchísimo.

Un abrazo!

harry-o dijo...

Hola.
Aunque la película está dirigida por Herbert Ross y la acción se desarrolla en San Francisco, este es uno de mis filmes favoritos de Allen. Cuando lo vi por vez primera, allá por comienzos de los setenta, mis problemas con las mujeres eran muy parecidos a los de Woody en esta obra, que primigeniamente fue teatral.
Recuerdo un dialogo que me parece de lo más conseguido. Una de las mujeres de Allen decide divorciarse de él y le dice:
- Adiós. Mi abogado hablará con tu abogado.
- Yo no tengo abogado, que hable con mi médico.
Un saludo.

Alfredo dijo...

Gracias por la corrección. Aunque no esté dirigida por Allen es una película que tiene el sello inconfundible del genio, y con un guión maravilloso. La hipocondria de Allen toma aquí, una vez más, total carta de naturaleza. Desternillante.

Un saludo!