miércoles, 21 de enero de 2015

José Luis Alvite o la estética de la derrota

Ayer me enteraba del fallecimiento de José Luis Alvite, una de esas plumas que cuando las lees ya no las puedes olvidar. Un gallego que nunca visitó los Estados Unidos, pero que sin embargo ha dejado una serie de relatos fantáticos ambientados en el Savoy, un antro de perdedores con aroma a cine negro clásico, y una prosa de ráfaga de ametralladora que, en ocasiones, obliga a parar la lectura, esbozar una sonrisa para poder asimilar unas metáforas demoledoras.

Por las mañanas trabajaba en un banco y por la tarde se dedicaba al periodismo, tanto en radio como en prensa escrita, mientras por las noches era un noctámbulo reconocido, hasta el punto de que muchas veces tenía que "madrugar antes de haberme acostado".

En su recuerdo os dejo el relato con el que abre el libro "Almas del nueve largo. Historias del Savoy", publicado por Ézaro Ediciones en 2007.

A la gente, la raza no se le suele mirar en la piel de la cara sino en el forro de los bolsillos.

Ahora que lo pienso, de los personajes del Savoy en muy contadas ocasiones se me ocurrió precisar su raza. Es una excepción el caso del ex boxeador Sony "Sweet" Sullivan, pero se da la curiosidad de que ni él mismo está seguro del color de su piel porque con las secuelas de su carrera en el ring olvidó por completo su pasado, así que si se pusiese los guantes, probablemente ni siquiera sabría que pertenece a la misma raza que Sammy Davis Jr. Del resto podemos intuir que son blancos los personajes cuyos apellidos delatan su origen italiano, como ocurre con Ernie Loquasto, Tonino Fiore o Jerry Mangano. Dice el columnista Chester Newman que a la gente la raza no se le suele mirar en la piel de la cara sino en el forro de los bolsillos, de modo que "nada blanquea tanto una mano negra como el jodido color del dinero". Según el viejo zorro del Clarion, "Si Leonardo Da Vinci pintase ahora 'La Última Cena', Cristo saldría sentado a la mesa con los Harlem Globe Trotters.

El pianista Larry Williams es un negro con la contención de un blanco. Quiero decir que es un tipo sedentario y poco expresivo que solo se hace notar en las fotos oscuras cuando le convencen para que sonría como si fuese a resucitar. Es conocida la pasión que muchos negros sienten por la extravagancia, lo que explica que se vistan de manera tan llamativa, con el cuello de la camisa montado sobre las solapas del traje y las manos tan adornadas que a veces les ocurre como a Winie Hardy, al que las joyas le pesan más que la pistola y cada vez que dispara es como si el crimen lo estuviese cometiendo una rondalla. No es así Larry Williams. A Larry es como si lo que le sucede en el corazón no le ocurriese en su cara. Solo por su repertorio se puede intuir su estado de ánimo. De él escribió Chester Newman que "en el rostro del pianista de Savoy la felicidad resulta tan extraña como una buena noticia escrita en la tapia de un cementerio". No es así el caso de Winnie Hardy. A Winnie le pierde su estilo distendido y hablador. Es corpulento y decidido pero son pocos los jefes del hampa que confían en él porque Winnie Hardy es uno de esos tipos que incluso parecen incapaces de guardar el secreto de su propia muerte. Cada uno a su estilo, ambos son gente entrañable, Winnie porque podría sonreír con al excusa de un derrame cerebral, y el bueno de Larry, porque es íntimo y personal y porque sé que controla la sed como si temiese que el agua pudiese dañarle para siempre su delicada dentadura de azúcar. "Sweet" Sullivan es un personaje intermedio. Es negro pero da la sensación de ignorarlo. Dicen que los golpes le hicieron olvidar su pasado y su raza, aunque su cara tiene tan poco contraste, que tendría que sudar para verse las facciones en el espejo. ¡Joder!, el bueno de Sony se comporta sin raza, embaucado por el ambiguo sopor del castigo, como si los golpes del boxeo, ¡Dios santo!, le hubiesen transformado en un incoloro personaje de la radio.