jueves, 3 de julio de 2014

Borgen, una serie poliédrica e imprescindible


Esta es la tercera serie televisiva procedente de Dinamarca que he visto, y la sensación es la misma que ante Forbrydelsen (The Killing) y Bron/Broen (suecodanesa), es decir, la de estar ante un pedazo de buena televisión, ante una serie imprescindible y con treinta episodios repartidos en tres temporadas (parece ser que la televisión pública danesa, responsable de esta serie, dedica más de tres campañas a una serie) memorables.


Treinta episodios de ficción política (casualmente la primera temporada se emitió en Dinamarca en 2010 y en 2011 llegaba al poder la primera mujer en la historia danesa), con el protagonismo absoluto para Brigitte Nyborg, una mujer que logra alcanzar la máxima jefatura política de su país.


Pero no sólo se habla de política, sino que se habla de personas, de cómo el poder cambia a las personas, las relaciones, cómo se puede seguir manteniendo una vida familiar y sentimental, en medio de la vorágine de una vida condicionada por la trascendencia que tiene para el país las decisiones que tiene que tomar una mujer que tiene que lidiar con una frágil coalición gubernamental y navegar en un mundo de hombres.


La ética en la política, el idealismo necesario para sacar adelante cuestiones vitales para un país, el papel de los medios de comunicación, la tentación de los medios de convertir la información política en un espectáculo, la relación de los políticos con los medios, la difícil conciliación de la vida profesional y la laboral para las mujeres (a lo que parece, incluso en esos países nórdicos a los que muchas veces miramos como ejemplo), son algunas de las muchas cuestiones que se combinan para cocinar una serie memorable.


Nada es fácil para ninguno de los personajes de la serie, de la misma manera que nada es fácil en la vida real, son personajes con aristas, con ambiciones, sueños, y que pasan por distintas vicisitudes profesionales y vitales. De hecho, me parece tremendamente atractivo ver un personaje femenino de mediana edad con tanto interés como el de Brigitte Nyborg, toda vez que no siempre es posible ver este tipo de personajes especialmente en el cine.


En política como en la vida no todo vale y la lección de integridad, de sinceridad que deja el personaje de Brigitte Nyborg es una de los elementos más aprovechables de la serie; el papel agresivo de la prensa sensacionalista capaz de llevar a las personas a situaciones insostenibles; los ejecutivos televisivos de nuevo cuño únicamente preocupados por los índices de audiencia más que en el papel de servicio social que tienen que cumplir; el papel de los directores de comunicación de los partidos políticos; los entresijos de las negociaciones políticas; la necesidad de dejar de lado las diferencias ideológicas para alcanzar acuerdos objetivamente buenos para el país; en definitiva, la vida y la política, dos elementos inseparables.



El episodio final de la serie deja, por un lado, la buena sensación de haber disfrutado de un momento de buena televisión y, por otro, la tristeza de pensar que una serie así nunca será posible en nuestro país.