miércoles, 2 de abril de 2014

Peaky Blinders: Mafia made in Birmingham



Corre el año 1919 y la industriosa ciudad británica vive una agitación reflejo de la que vive el resto del país. El regreso de los soldados después de la terrible experiencia vivida en los campos de batalla de la Europa continental durante la Primera Guerra Mundial, trae también el regreso de la canalla, de los clanes familiares encargados de manejar los negocios ilegales de la ciudad.


Pero no sólo eso, sino que también se vive una efervescencia política, con una persecución despiadada a los líderes de ideas de izquierda y anarquistas, el IRA tiene ramificaciones no sólo por Irlanda sino también en la Gran Bretaña, y una policía corrupta y violenta. Y todo eso y alguna cosilla más, forma el telón del fondo de una nueva miniserie de la BBC, Peaky Blinders, emitida allí el año pasado y que este año verá la emisión de la segunda temporada.


Thomas Shelby se hace cargo de dirigir a su familia en el arduo camino desde un pequeño local de apuestas de carreras de caballos amañadas, hasta lo que pretende ser el tercer imperio en las apuestas hípicas del país. Por el camino iremos viendo guerras con clanes gitanos, con otro grupo mafioso, manipulaciones, negociaciones inverosímiles, conspiraciones con un cargamento de armas por el medio.


Todo al servicio de contarnos una parte de la historia británica poco contada al menos en televisión, en el marco de unos barrios obreros degradados, de calles llenas de charcos, de locales infectos y con la violencia siempre a punto de estallar cuando no estalla en toda su fuerza. Pero también hay lugar para el sentimiento, para el amor, para la necesidad de asegurar el futuro de la familia, porque aunque el inspector enviado desde Belfast para limpiar la ciudad le diga a Shelby que ambos son iguales porque odian a la gente y son odiados por los demás, Shelby sabe que tiene a su familia a su lado, mientras el inspector tiene que lidiar con su soledad.


Seis capítulos que sirven para concentrar la historia en los asuntos trascendentales, sin giros inverosímiles o que pudieran hacerle perder fuerza, pura historia, pura presentación de personajes y conflictos, incluso los personales, las pesadillas importadas desde la guerra, las ansias de poder, de respeto, de tener bajo control el microcosmos de su existencia.


Bien resuelta la serie añade otro toque original como es el de una banda sonora no compuesta con música de la época, sino con temas de rock de vanguardia que empasta perfectamente con las imágenes, especialmente en los momentos de tensión dramática.

En definitiva, una buena primera temporada que abre las ganas para disfrutar de la segunda.