domingo, 7 de julio de 2013

Ansel Adams, el fotógrafo de la América salvaje

Jeffrey Pine.

En dos años sucesivos, nuestro protagonista de hoy se vio obligado a vivir dos acontecimientos que marcaron su niñez. El primero fue el famoso terremoto de San Francisco, seguido de un devastador incendio, en 1906 que le dejó con la nariz rota, y la crisis de 1907 que dejó a su familia en una condición económica precaria y provocó una situación de importante tensión entre sus padres.
Church Taos Pueblo.
Crecido en un ambiente victoriano, Ansel Adams (San Francisco, California, 1902 – Monterrey, California, 1984) fue un niño con problemas para seguir el ritmo escolar de sus compañeros debido a una hiperactividad no diagnosticada y a una dislexia, lo que hizo que fueran su padre y su tío los que se encargaran de su educación en el seno familiar hasta que pudo obtener un título oficial.
Evening, McDonald Lake, Glacier National Park, Montana.
El caso es que Adams se pasaba tiempo fuera de su casa, seguramente como forma de escape del ambiente opresivo familiar, de donde surgiría el gusto por la naturaleza que luego sería determinante para su faceta como fotógrafo. Además, las lecciones de piano, como él mismo reconoció, le dieron un sentido del orden y de la disciplina de los que estaba muy necesitado.

Farm Workers and Mt. Williamson.
De unos inicios fotográficos vinculados a la tradición paisajística decimonónica, dejará unas obras en las que los paisajes del parque nacional de Yosemite serán unos de los grandes protagonistas en una serie de obras que son un auténtico canto a la naturaleza, a la necesidad de preservar esos espacios de la acción de los seres humanos.
Fin Dome, Kings River Canyon, California.
Espacio natural al que empezó a viajar con The Sierra Club, una organización que montaba excursiones con acampada a Yosemite en las que participará durante varios años. Precisamente, sus primeros trabajos fueron para la revista del club y esa asociación organizará sus primeras muestras fotográficas, allá por el año 1928.
Grand Canyon, National Park.
Un año antes había conocido a un mecenas de las artes llamado Albert M. Bender, gracias al cual pudo empezar a despreocuparse de los problemas económicos y volcar todo su quehacer a la fotografía ya de un modo profesional. Un año también importante por ser el momento en el que conocerá a otro gran fotógrafo estadounidense, Edward Weston. En 1933, durante un viaje a Nueva York conocerá a Alfred Stieglitz.
Old Faithful Geiser, Yellowstone National Park.
Su personalidad hiperactiva será la motivadora de un trabajo incesante, en el que se dice que no había ni fines de semana ni vacaciones, siempre a la búsqueda de la imagen, también impelido por las inseguridades económicas que le persiguieron durante buena parte de su vida y que le llevaron a tener que entrar en el terreno de la fotografía publicitaria para ganarse la vida.
Tom Kobayashi, Landscape, Manzanar Relocation Center, California.
Sin embargo, Adams es y seguirá siendo recordado por esos paisajes majestuosos, espectaculares, ante los que es imposible no sentirse sobrecogido y que forman parte del subconsciente del país americano. Paisaje despoblados de la figura humana, algo que le fue muy criticado en su tiempo, e incluso cuando aparecen las personas, como en el caso de los estadounidenses de origen japonés recluidos en reservas o campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, la naturaleza siempre ocupa un lugar preeminente.
Más información: Wikipedia, Zpub, Memory, Wilderness.