jueves, 3 de enero de 2013

Tener y no tener (To have and have not, Howard Hawks, 1944)



Tenemos un bar en el que se dan cita personajes de pelajes muy diversos, un personaje cínico solo preocupado por sí mismo, un pianista, una chica irresistible, miembros de la resistencia, policías vendidos al gobierno de Vichy, estamos en plena Segunda Guerra Mundial.



Con todo eso parece que estemos hablando de Casablanca, ese clásico inmortal de Michael Curtiz rodada en 1942, y sin embargo, lo que tenemos delante es otro clásico no menos inmortal, rodado dos años más tarde por Howard Hawks, uno de esos directores que ha dejado para la historia del cine un puñado de películas inolvidables.



El propio productor, James L. Warner explotó comercialmente los parecidos de partida entre las dos películas, algo que debió de contribuir al éxito de la película pero seguramente menos que la química entre una adolescente Lauren Bacall y un veterano como Humphrey Bogart, que fue mucho más allá de la pantalla y se trasladó a la vida real gracias precisamente a esta película que supuso el estreno en el mundo del cine de Bacall.



Un debut absolutamente inmejorable desde la primera frase, esa mítica petición de fuego para encender un cigarrillo mientras su mirada se desliza por el espacio, para seguir con aquello de: “Conmigo no tienes que fingir. No tienes que decir nada. Si me necesitas, silba. Sabes silbar, ¿no? Sólo tienes que juntar los labios y soplar. Y yo acudiré a tu llamada”.



El flirteo irónico, inteligente, con palabras que se cruzan en una suerte de esgrima verbal de muchos quilates termina de atraparnos incluso más que la peripecia del resto de personajes, y mucho más cuando entra en escena una rubia capaz de despertar los celos de “La Flaca”, lo que genera algunos momentos de esos que se quedan grabados en la mente del espectador.



Lo demás es un viaje hacia la implicación de un capitán de barco que vive de llevar a pescar a compatriotas norteamericanos, mientras alrededor bulle la guerra en una isla como la Martinica, dividida entre los fieles al gobierno fascista de Vichy y los partidarios de la resistencia. Será la agresión a su amigo lo que impulse a Morgan a implicarse en el mundo que le rodea y lo hará poniéndolo todo en riesgo.



Una gran película basada en una novela cuyo autor, Ernest Hemingway bromeaba (o no) diciendo que la había escrito sentado en la taza del váter en un momento en el que el dinero no le hacía falta, y que llegó al cine gracias a una apuesta de Hawks que apostó a que era capaz de convertir en una película de éxito la peor novela de Hemingway. Y lo consiguió, aunque también es cierto que introduciendo cambios significativos en la ambientación y en el desarrollo de alguno de los personajes.



Con eso y con la colaboración de otro Premio Nobel como William Faulkner, junto con Jules Furthman, se generaron los diálogos que tanto tienen que ver en la perdurabilidad de esta película convertida, por derecho propio, en un clásico imprescindible.