domingo, 5 de agosto de 2012

Carlos Cruz-Díez: “Mis obras tienen como soporte el afecto”



Fisiocromías. Ese es el nombre de una serie de pinturas de este artista venezolano nacido en Caracas en 1923 y que ha desarrollado buena parte de su carrera artística en la capital francesa. Una denominación esa de Fisiocromías en la que se dan la mano dos aspectos fundamentales en la obra de Carlos Cruz-Díez, como son el color y lo físico, entendido esto último no como el soporte de la obra sino como la relación que se plantea la obra con el mundo físico que la rodea, especialmente el espectador.


Y es que es el que mira la obra quien la modifica, la ve cambiar ante sus ojos, y le termina de dar ese punto de vida preciso y fundamental para el remate final de una obra que si no fuera vista, no planteara esa relación con el espectador, sería una obra muerta, fallida, según lo entiende el propio Cruz-Díez.


Antes de llegar a esos experimentos cinéticos, el venezolano se había iniciado, pictóricamente hablando, en los terrenos del realismo allá por los años 50. Un realismo con el que los artistas pretendían producir una suerte de conciencia acerca de los problemas sociales que afectaban a sus países respectivos por aquellos años, muchos de los cuales siguen hoy desgraciadamente vivos.


Esa toma de conciencia social no llegaba a cristalizar, aún a pesar de que los cuadros se vendían bien como el mismo Cruz ha reconocido en alguna ocasión, y eso provocaba una sensación de impotencia que le hizo replantarse la relación entre arte y sociedad. De ese cuestionamiento de lo propio nacerá el estilo que ha hecho mundialmente famoso al venezolano al llegar a la idea “de que la gente participara en la creación de las obras”.


Y de ahí llegaría al mundo del color, un mundo al que “nunca se le había dado importancia que yo le he querido dar”. Explicación que Cruz-Díez amplía en el catálogo de una muestra realizada en el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1960, cuando escribe: “Partiendo del proceso aditivo, he tomado el rojo y el verde como únicos colores primarios, el blanco como fuente de luz o color con más poder reflectivo y el negro como negación de la luz. Esta gama aplicada sobre un plano único produce una mezcla aditiva  de colores que, en realidad, no han sido aplicados. Resulta, pues, un color virtual o subjetivo”.


En una entrevista concedida a Paola Villamarín, da otras claves importantes para comprender su obra, y dice que “en lugar de sugerir el movimiento, el espacio y el tiempo sobre un soporte estático y permanente, nosotros hicimos obras que se desarrollaban, como la realidad misma, en el espacio. Por eso soy un pintor realista. Los paisajistas hacen una transposición de una realidad. En cambio, nuestros cuadros son hechos reales, en ellos está sucediendo una transformación continua de ese soporte”.


El color tiene para Cruz-Díez un componente afectivo, conocedor de las teorías que relacionan los colores con los estados de ánimo de las personas, en lo que puede considerarse una suerte de relación afectiva de tal forma que de las obras de Cruz se pueda decir que tienen “como soporte el afecto, digámoslo así”.